lunes, 10 de agosto de 2026

Permaneciendo en el Evangelio - 1° Corintios 15:1-6

 



Permaneciendo en el Evangelio

1° Corintios 15:1-6

 

Texto

 

Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.

 

Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen.

 

 

Introducción

 

El apóstol Pablo funda la iglesia de Corinto en el año 51 d.C., en el marco de su segundo viaje misionero. Sólo cuatro años más tarde escribe la primera carta a los Corintios, iglesia situada en una gran ciudad de la provincia romana de Acaya, zona sur de la actual Grecia, la que tenía a su disposición dos puertos, Licaonia (oeste) y Cencrea (este), por lo que se trataba de una zona comercial y de mucho tránsito de personas. Por la misma razón, la cosmopolita Corinto se caracterizaba por tener templos para una variedad de deidades paganas, siendo el principal el dedicado a Afrodita, en el cual trabajaban cerca de 1000 prostitutas. 

 

En este marco cultural de gran oposición espiritual y moral al cristianismo se registra la exhortación que Pablo hace a los corintos. En esta sección particular Pablo hace un llamado a permanecer en el evangelio, tanto en doctrina como en conducta.

 

Permaneciendo en el Evangelio

 

Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; 

 

Es interesante constatar que Pablo comienza y termina esta primera carta a los corintios profundizando en las verdades del evangelio, enfatizando que sólo Cristo y este crucificado -y además resucitado- debe ser el tema central de la predicación cristiana. Como mencioné, al cerrar esta carta retoma el mensaje de salvación que ya había desarrollado en los primeros dos capítulos, pero esta vez enfatizando en la resurrección de los muertos, la cual era negada sobre todo por los creyentes de trasfondo griego. Importante es recordar que los evangélicos nos hemos llamado así históricamente por predicar el mensaje de Cristo reconciliando al hombre con Dios a través de su muerte en la cruz. De esta manera, todos los creyentes debiéramos ser expertos en la materia.

 

El evangelio muestra tanto la justicia como el amor de Dios, este último expresado en que “siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rm 5:8). La muerte del Señor ha provisto del único pago que satisface la justicia de Dios por el pecado que cargamos. Cristo es el mediador entre un Dios santo, justo, amoroso y una humanidad caída en pecado. Es la acción de Dios en Cristo, a favor del pecador, la que le libra de la condenación eterna y le abre la entrada a los lugares celestiales. 

 

El hombre que cree en Cristo le imputa sus pecados al salvador, para que éste pague la sentencia correspondiente a éstos en la cruz del calvario. Así Cristo se hace ofrenda por el pecado de los hombres que creen en él (2ª Corintios 5:21), paga la sentencia y cancela la deuda de esos hombres con Dios. La justicia de Dios es satisfecha y se hace posible el perdón, pues sólo Cristo podía satisfacer la justicia del Padre. El hombre recibe este beneficio por gracia mediante la fe, o sea, sin apelación a méritos propios, ni siquiera a potenciales acciones que se pudieran realizar. 

 

El mensaje del evangelio interpela al hombre en dos direcciones, arrepentimiento y fe; “arrepentíos y creed en el evangelio” (Mr 1:15). Cristo carga los pecados de su pueblo bajo la solemne advertencia: “el que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Jn 3:36).

 

Importante es enfatizar que el evangelio es un mensaje que se debe comunicar o por escrito o por palabra hablada. En el contexto de la parábola del sembrador (Mt 13:23), el Señor dice que la semilla que da fruto corresponde al hombre que “oye y entiende la palabra”. El evangelio es un mensaje con contenido racional, lógico, es algo que se debe comprender, se debe comunicar con palabras. No a lo Francisco de Asís, hombre al que se le atribuye la desafortunada sentencia: “predica en todo lugar, y si es necesario, habla”. El evangelio se debe expresar mediante el lenguaje y la tarea encomendada al pueblo de Dios es conocerlo para poder predicarlo.

 

Los cristianos debemos perseverar en el evangelio en dos sentidos: conceptual y conductual, entre los cuales debe existir un balance. Filipenses 1:27 “Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo”. Se subentiende, nuevamente, que para tener un comportamiento digno del evangelio de Cristo, se requiere conocerlo.

 

por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.

 

Una característica propia del verdadero cristiano es que Dios le persevera en sus caminos, le capacita para retener su palabra tanto en lo doctrinal como en lo conductual, como lo señala el apóstol Juan: “Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ese sí tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido! Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras” (2° Jn 1:9-11). 

 

Es tal la importancia de retener la Palabra de Dios en general y el mensaje de Cristo crucificado en particular, que su conocimiento se constituye automáticamente en un criterio demarcatorio entre salvos y no salvos. Un cristiano necesariamente debe conocer el mensaje que declara creer, de lo contrario estaríamos en un absurdo. Pablo es categórico al respecto, la vida cristiana no es un menú para escoger qué queremos creer, sino que se estructura en torno a una gran comisión encargada por el Señor, comisión que exige diligencia por parte del pueblo de Dios en cuanto a instrucción y estudio fiel. 

 

Por otro lado, el evangelio está vivo en el contexto de una persona que obedece la voluntad de Dios. Una vida de pecado desenfrenado y escandaloso demuestra que aquella persona no ha retenido la palabra.

 

Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 

 

Pablo transmite lo que recibió del mismo Cristo camino a Damasco. El énfasis en este versículo es que los creyentes o evangelistas sólo somos administradores de este mensaje, meros “distribuidores” del evangelio de Dios. El cristiano no participa creando un mensaje, ni siquiera ajustándolo. La demanda de Dios no es creatividad, sino fidelidad a su palabra, y justamente eso significa retenerla: “Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.” (Gálatas 1:11-12)

 

Note que el apóstol Pablo usa en este versículo la palabra Cristo en vez de Jesús, el título mesiánico del Señor, probablemente apuntando al profeta Isaías: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; más Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.” (Isaías 53:4-6).

 

Regularmente los creyentes obedecemos el sacramento de la Santa Cena, el cual tiene entre otros propósitos el conmemorar la obra expiatoria de Cristo, el cual se dio a si mismo por nuestros pecados: «Esto es mi sangre del pacto, que es derramada por muchos para el perdón de pecados» (Mt. 26:28).

 

y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; 

 

La muerte no podía retener a Cristo, “al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.” (Hch 2:24). Recordemos que Cristo fue a la cruz de forma excepcional, él fue a la muerte por pecados ajenos, no por alguna iniquidad cometida por él. A diferencia de los hombres que poseen un cuerpo con una naturaleza caída que no termina de pecar, Cristo no podía ser retenido por la muerte, ya que no tenía naturaleza caída. Los seres humanos comunes mueren sin Cristo y su condenación es eterna, ya que su naturaleza caída es irredimible. En cambio Cristo murió una vez por pecados ajenos, pero cuando se halló su impecabilidad, la muerte fue incapaz de retenerlo, por esta razón el salmista escribe: “Porque no dejarás mi alma en el Seol, Ni permitirás que tu santo vea corrupción.” (Sal 16:10). Tanto Pedro (Hechos 2) como Pablo (Hechos 13) lo citan en referencia al Señor.

 

Cristo vence la muerte en la resurrección. Cristo resucita para vida eterna, no como otros hombres que la misma Biblia ha registrado resucitando pero finalmente volviendo a morir.

 

Algunos pasajes relacionados:  

 

Isaías 53:10 “Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.”

 

Salmo 110:1 “Jehová dijo a mi Señor:

Siéntate a mi diestra,

Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.”

 

En la resurrección Dios proclama públicamente que el sacrificio de Cristo es aceptado y la muerte es vencida, pues ha perdido, por primera vez, capacidad de retener a todos los hombres. Para los cristianos la muerte ya no es una condena eterna sino solo un paso a la eternidad.

 

y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen.

 

Estos son testigos de la resurrección de Cristo. Por eso la mención “otros ya duermen”. El Señor mismo adelantó varias veces el hecho que iba a morir y resucitar: “Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día” (Mt 16:21).

 

Como mencionamos en un principio, los que negaban la resurrección probablemente estaban influenciados por el pensamiento griego, el que consideraba el cuerpo material como inferior al alma. Ellos solo aceptaban una existencia espiritual después de la muerte, no una resurrección corporal. Por esto el apóstol Pablo señala que la salvación cristiana no consiste en abandonar el cuerpo, sino en que Dios resucita y transforma el cuerpo presente. De esta manera, la resurrección de Cristo se constituye en el modelo de lo que sucederá a cada cristiano, por lo que negar la resurrección de los creyentes implica, lógicamente, negar también la resurrección de Cristo y vaciar de contenido la fe. 

 

La resurrección de Cristo había tenido muchos testigos, como lo registra Lucas en su Evangelio: “Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos” (Lc 24:36-43). 

 

Incluso el mismo Señor se tuvo que enfrentar a sus discípulos incrédulos, como cuando trató con Tomás: “Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Jn 20:27-29).

 

Conclusión

 

No basta con permanecer en la iglesia, hay que permanecer en el evangelio.

viernes, 31 de julio de 2026

Pasaje Gálatas 4:8-20

 


Gálatas 4:8-20

49 d.C. Antioquía de Siria

 

“Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses; más ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar? Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años. Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros.

 

Os ruego, hermanos, que os hagáis como yo, porque yo también me hice como vosotros. Ningún agravio me habéis hecho. Pues vosotros sabéis que a causa de una enfermedad del cuerpo os anuncié el evangelio al principio; y no me despreciasteis ni desechasteis por la prueba que tenía en mi cuerpo, antes bien me recibisteis como a un ángel de Dios, como a Cristo Jesús. ¿Dónde, pues, está esa satisfacción que experimentabais? Porque os doy testimonio de que si hubieseis podido, os hubierais sacado vuestros propios ojos para dármelos. ¿Me he hecho, pues, vuestro enemigo, por deciros la verdad? Tienen celo por vosotros, pero no para bien, sino que quieren apartaros de nosotros para que vosotros tengáis celo por ellos. Bueno es mostrar celo en lo bueno siempre, y no solamente cuando estoy presente con vosotros. Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros, quisiera estar con vosotros ahora mismo y cambiar de tono, pues estoy perplejo en cuanto a vosotros.”

 

 

Introducción

 

Este pasaje destaca el sentimiento del apóstol ante el problema judaizante. Pablo debe haber experimentado un dolor muy personal por lo que estaba sucediendo en las iglesias de Galacia, la constatación de un cambio diametral en los “corazones” de los miembros de las congregaciones fue un golpe muy duro, de ahí su “perplejidad” (v. 20). El problema de fondo era muy serio, por eso la carta a los gálatas es la más severa de todas las paulinas, pues el problema vulnera el evangelio de la gracia de Dios y anula la eficacia de la justificación por la sola fe. En resumidas cuentas, lo que sucedía en las iglesias de Galacia era un claro retroceso para sus miembros, los que supuestamente habían sido liberados de la esclavitud de la ley y del pecado, pero que ahora estaban volviendo penosamente a esclavizarse a si mismos. 

 

El problema

 

Pablo no tenía por qué dudar que los gálatas habían sido salvados por la gracia de Dios, que habían sido rescatados desde la oscuridad, la ignorancia, la esclavitud del pecado e idolatría. Dios regenera al ser humano permitiéndole convertirse de todo corazón y el Espíritu comienza a morar en la vida del creyente, guiándole e iluminándole por la verdad de las Escrituras. Como perspicazmente recalca el apóstol (v. 9), lo realmente importante es que nosotros seamos reconocidos por Dios y no que nosotros digamos conocerle. Al respecto, pasajes pertinentes son Mateo 7:23 “Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” o 2° Timoteo 2:19 “Conoce el Señor a los que son suyos” (2 Tim 2:19).

 

De esta manera, Pablo fue impactado por el retroceso en los gálatas, los que habiendo partido en la gracia se habrían desligado para esclavizarse nuevamente en la ley. Se puede apreciar el movimiento casi sincrónico en la dirección opuesta:

 

      I.   Esclavitud en el pecado (v. 8) 

    II.    Conociendo a Dios, o sea, liberados de la esclavitud (v. 9) 

   III.   Nuevamente en la esclavitud del pecado al confiar en las obras de la ley, como días, meses, años, fiestas, ley civil, moral, mandamientos de hombres, etc. (v. 9 y 10)

 

El problema específico es el retroceso, el volverse a la oscuridad una vez conocida la gracia de Dios, la verdad del evangelio: “volvéis de nuevo”, “volver a esclavizar” (v. 9). Tan serio es el asunto que un poco más adelante el apóstol declara a los gálatas: “De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído” (Gálatas 5:4).

 

Este retroceso tiene consecuencias serias. Pablo instala la duda sobre su trabajo en estas ciudades, de hecho, en aquel momento específico cree que trabajó en vano (v. 11). Los pecados de conducta convierten a un cristiano en alguien con necesidad de disciplina y restauración, pero los pecados que apuntan a convicciones en temas cruciales acercan peligrosamente a una persona a la apostasía. Como lo declara Juan en su segunda carta “Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ese sí tiene al Padre y al Hijo” (2° Jn 1:9).

 

¿Los gálatas fueron hábilmente engañados y ahora sufren por su inocencia, o son culpables de no mantenerse firmes en la verdad? Pablo es categórico, los gálatas no son víctimas, han sido negligentes y desobedientes al descuidar el evangelio, la responsabilidad es del creyente. Por esa razón Pablo es tan duro: “¡Oh gálatas insensatos! ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado?” (Gálatas 3:1) 

 

¿Hay elementos judaizantes en las iglesias de nuestro tiempo? La verdad que a excepción de unos pocos lunáticos, creo que no hay mayor presencia de elementos de ese tipo. Sin embargo, esto no invalida el problema de fondo que sucedía en Galacia. El evangelio estaba siendo distorsionado por conceptos externos, hábilmente introducidos y mezclados con la fe. Creo que algo similar sucede en nuestra época, en vez de tener un evangelio puro tenemos sistemas religiosos compuestos de actividades, programas, roles, asambleas, resoluciones, protocolos que rara vez miran a la cruz. Nos hemos llenado de programas enfocados en las necesidades del público objetivo: jóvenes, matrimonios, tercera edad, programas de baile, futbol, etc. 

 

¿Qué tienen que ver las anteriores actividades con el propósito de la institución que Cristo ganó por su propia sangre? Tristemente, muchas congregaciones parecen "Cajas de Compensación" y no lugares de adoración al Dios vivo y verdadero. Hemos incorporado una lógica comercial o transaccional, la que exige obras o méritos para obtener un beneficio de parte de Dios.

 

Todo este “folklore evangélico” es contrario a la gracia de Dios que se recibe por la fe en Jesús. 

 

La razón de la perplejidad

 

La perplejidad de Pablo (v. 20) se debe a que conoció personalmente a los gálatas antes de la influencia judaizante, tiempo en que le expresaron la alegría de haber conocido a Cristo y la libertad que significaba abrazar el evangelio. Es más, dijeron que verlo era como ver a Cristo mismo, que parecía un ángel de Dios (v. 14), incluso estaban dispuestos a donarle sus ojos (v. 15). Por tanto, lo que genera la perplejidad del apóstol es este retroceso ¿Cómo es posible este cambio? 

 

Creo que la explicación base del retroceso es el pecado que mora aún en el cristiano. Recordemos las palabras de Pablo a los Romanos “Porque sabemos que la ley es espiritual; más yo soy carnal, vendido al pecado” (Rom 7:14). Tal como sucedió con nuestros primeros padres en el huerto del Edén, el hombre siempre ha optado por transgredir. En este caso la situación es similar, el mandato de Dios es “cree en Cristo y serás salvo por la gracia de Dios”, pero al hombre le parece inseguro confiar solo en Dios y siente la necesidad imperiosa de actuar en favor de sí mismo. 

 

La presente situación nos pone en dos escenarios de análisis, con conclusiones bastante distintas. Por un lado, si los gálatas eran creyentes significa que por las negligencias en nuestra vida espiritual podemos pasar de una plena satisfacción en Cristo (v. 15) a estar al borde de la apostasía (v. 11). Por otro lado, si los gálatas no eran creyentes genuinos (Gal 5:4), significa que una recepción emocional (v. 15), pero superficial del evangelio, no garantiza fe salvífica.

 

Los agentes de la apostasía

 

Pablo los describió como gente que “Tienen celo por vosotros, pero no para bien, sino que quieren apartaros de nosotros para que vosotros tengáis celo por ellos” (v. 17). Se trata de los tan advertidos “falsos maestros”, que considero son un tema poco predicado en relación con la cantidad y persistencia de su aparición en el Nuevo Testamento. Básicamente se trata de emisarios de Satanás obrando al interior de las congregaciones. Las advertencias son abundantes y prácticamente no necesitan ser explicadas:

 

Mateo 24:11 “Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos;”

 

Hechos 20:29 “Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño”

 

Romanos 16:17-18 “Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos. Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos.”

 

Judas 16 “Estos son murmuradores, querellosos, que andan según sus propios deseos, cuya boca habla cosas infladas, adulando a las personas para sacar provecho.”

 

Filipenses 3:2 "Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros..."

 

A pesar de este triste escenario, Pablo cierra esta sección con un párrafo que arroja cierta luz de optimismo. El apóstol no desecha a los gálatas, sino que se propone enfrentar el error con la verdad. Él volverá a trabajar con estas congregaciones “Hasta que Cristo sea formado en vosotros” (v. 19)

 

Hay varios pasajes que nos estimulan a la persuasión en favor de la verdad: “Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados” (St 5:19-20). El mismo apóstol Pablo reportaba a los filipenses sobre su permanente defensa de la causa de Cristo, “pero los otros por amor, sabiendo que estoy puesto para la defensa del evangelio” (Fil 1:17).

 

 

Conclusión: religión verdadera y una falsa

 

El salvo por gracia sirve a Cristo en agradecimiento a lo que Dios en Cristo hizo en el calvario por él, no sirve para ganarse en favor de Dios.

 
El salvo por gracia buscar glorificar a Cristo, no glorificarse a sí mismo.
 
El salvo por gracia tiene al evangelio en el centro de su fe, no vive un sistema religioso lejos de Dios.
 
El salvo por gracia sirve al Señor con humildad, porque sabe que todo lo que tiene no lo merece, y eso es justamente la gracia.


Procuremos que nuestra vida cristiana esté siempre centrada en el evangelio, y contendamos por el evangelio con valentía.

miércoles, 6 de mayo de 2026

La Gran Comisión

 



“Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” 


Mateo 28:16-20

 

 

Desarrollo

 

Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.

 

Los apóstoles eran similares a nosotros, hombres con dudas, tambaleantes. No eran lo mejor de la época, recordemos a Juan con su anhelo de rayos destructores sobre la gente, o a Pedro negando al Señor, o el mismo Tomás, incrédulo. Desde siempre el Señor ha optado con trabajar con instrumentos débiles e imperfectos, no con los poderosos del mundo presente.

 

Sin embargo, en contraste con esta debilidad humana, la confianza viene del hecho que el Reino de Dios es dirigido por Cristo. Según su oficio mediador, como Dios-hombre, al Señor después de su resurrección se le ha “coronado” de una “investidura” oficial, un “nombramiento”. El Hijo Eterno siempre ha reinado, pero ahora el Cristo encarnado y glorificado lo hace investido de plena potestad. Juan Calvino enseña que “Cristo recibe lo que ya era suyo, pero ahora en calidad de mediador”. 

 

Debemos recordar siempre que la misión es del Señor, no de los hombres. Él nos da el poder y la autoridad para predicar a los pecadores. Nosotros no somos gente apta, es el Señor quien nos hace útiles a su propósito. El poder es de Dios, “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo” (Hechos 1:8)

 

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;

 

I. “Por tanto, id”

 

¿Dónde debemos ir? Debemos ir los pecadores de todo lugar. La necesidad de Cristo no es económica ni social. Note que la expresión es un imperativo, una orden, no una sugerencia. El reino avanza contigo o sin ti.

 

El Reino de Dios tiene una lógica incremental de expansión. El Señor dice que seremos testigos de él en “en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8). Si alguien quiere ser misionero en la India, se asume que ya ha predicado a su familia, amigos y vecinos.

 

Todos debemos predicar el evangelio, no solo los evangelistas, que son los hermanos dotados con una capacidad especial para predicar el mensaje de salvación.

 

Autoevaluación: Como iglesia, ¿estamos yendo? ¿Tenemos evangelistas? 

 

 

II. “y haced discípulos”. 

 

En un sentido todos somos discípulos de Cristo. No obstante, entre nosotros hay hermanos que se inician en la fe y otros ya son experimentados y con conocimiento. Recordemos que el escritor de Hebreos se queja de la falta de maestros en el pueblo de Dios: “Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios…” (Hebreos 5:12)

 

El discipulado es el proceso de instrucción inicial en los fundamentos de la fe. Se trata de un espacio de confianza y de compañerismo entre el maestro y el discípulo. El proceso de discipulado implica enseñanza, evangelismo, bautismo, más enseñanza y ejemplo en guardar la Palabra de Dios. 

 

Los presbiterianos tenemos estandarizado esto en la Confesión de Fe de Westminster y en los catecismos. Note que la gran comisión dice “haced discípulos”, no meramente prosélitos temporales, personas registradas como creyentes por levantar una mano en una reunión de campaña.

 

Autoevaluación: ¿estamos haciendo discípulos?

 

 

III. “a todas las naciones”. 

 

En su ministerio terrenal el Señor limitó su trabajo al pueblo judío (“No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. Mt 15:24). Progresivamente fue ampliando el destinatario de las buenas nuevas, en cumplimiento con la promesa dada a Abraham: “En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz” (Gn 22:18).

 

Por esta razón son necesarias las misiones, hay que ir a todas las naciones. Recordemos que la misión se entiende como evangelismo -enviado por una iglesia local- más allá de las fronteras políticas o culturales.

 

¿Por qué es necesario ir? hay personas que creen que hay salvación en todas las culturas, sin embargo, la Palabra de Dios es concluyente al respecto: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

 

El misionero es un oficio relevante en la Iglesia de Cristo, no cualquiera debiera ser elegido para tal tarea. Al Señor no le agrada la displicencia ni la ligereza de su pueblo. Un misionero a las naciones debe cumplir los mismos requisitos bíblicos que son exigidos a los pastores. Recordemos la advertencia del apóstol Pablo a los que envían con ligereza a cualquier persona: “No impongas con ligereza las manos a ninguno, ni participes en pecados ajenos. Consérvate puro.” 1° Tim 5:22.

 

 

Autoevaluación ¿Estamos enviando misioneros? ¿hay hermanos con ese llamado?

 

 

IV. “bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;”

 

El bautismo es el sello del pacto de gracia. En el bautismo confesamos al Dios trino, único (EL NOMBRE), en tres personas:

 

-      Padre: nos adopta como hijos y herederos.

-      El Hijo: nos lava nuestros pecados por su preciosa sangre

-      Espíritu Santo: mora en nosotros y nos santifica

 

“estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;” (Filipenses 1:6)

 

“enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado;” 

 

Note que el texto no dice solo “enseñar”, sino “enseñar a guardar”. El “enseñar a guardar” es algo que muchas veces se logra a través del ejemplo, los discípulos aprenden a amar al próximo tanto por los reiterados mandatos bíblicos al respecto, como por el ejemplo concreto de ver cómo los hermanos nos expresamos un amor real.

 

Por otro lado, no debemos nunca dejar temáticas fuera de la enseñanza por considerarlas complejas o controversiales. Recordemos que el apóstol Pablo se glorió de haber enseñado todo el consejo de Dios: “Por tanto, yo os protesto en el día de hoy, que estoy limpio de la sangre de todos; porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios (Hechos 20:26-27).

 

 

“y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

 

Por el Espíritu Santo nos movemos a hacer cosas, a dar recursos, tiempo y trabajo. Muchas veces el inconverso se pregunta qué nos mueve a servir. La respuesta es sencilla: el poder de Dios. Por el poder del Señor hace que hombres imperfectos podamos hacer el trabajo que Dios nos pide. Cristo prometió que recibiríamos poder una vez que hubiera venido el Espíritu Santo.

 

Hechos 1:6-8 “Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? 7 Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; 8 pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”

 

 

Conclusión

 

Este es el trabajo encargado por el Señor, no otros que usualmente nos inventamos. Tenemos ministerios con dudosa base bíblica, pero ¿tenemos ministerio de evangelismo? ¿en qué medida lo que estamos haciendo tributa a esta Gran Comisión?

 

Debemos saber que aunque nos inventemos otras funciones, Dios nos evaluará por esta gran comisión y por el uso de nuestro don.


Sabemos que en el día postrero el Señor evaluará nuestro trabajo, como en la parábola de los talentos.

Permaneciendo en el Evangelio - 1° Corintios 15:1-6

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