miércoles, 6 de mayo de 2026

La Gran Comisión

 



“Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” 


Mateo 28:16-20

 

 

Desarrollo

 

Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.

 

Los apóstoles eran similares a nosotros, hombres con dudas, tambaleantes. No eran lo mejor de la época, recordemos a Juan con su anhelo de rayos destructores sobre la gente, o a Pedro negando al Señor, o el mismo Tomás, incrédulo. Desde siempre el Señor ha optado con trabajar con instrumentos débiles e imperfectos, no con los poderosos del mundo presente.

 

Sin embargo, en contraste con esta debilidad humana, la confianza viene del hecho que el Reino de Dios es dirigido por Cristo. Según su oficio mediador, como Dios-hombre, al Señor después de su resurrección se le ha “coronado” de una “investidura” oficial, un “nombramiento”. El Hijo Eterno siempre ha reinado, pero ahora el Cristo encarnado y glorificado lo hace investido de plena potestad. Juan Calvino enseña que “Cristo recibe lo que ya era suyo, pero ahora en calidad de mediador”. 

 

Debemos recordar siempre que la misión es del Señor, no de los hombres. Él nos da el poder y la autoridad para predicar a los pecadores. Nosotros no somos gente apta, es el Señor quien nos hace útiles a su propósito. El poder es de Dios, “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo” (Hechos 1:8)

 

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;

 

I. “Por tanto, id”

 

¿Dónde debemos ir? Debemos ir los pecadores de todo lugar. La necesidad de Cristo no es económica ni social. Note que la expresión es un imperativo, una orden, no una sugerencia. El reino avanza contigo o sin ti.

 

El Reino de Dios tiene una lógica incremental de expansión. El Señor dice que seremos testigos de él en “en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8). Si alguien quiere ser misionero en la India, se asume que ya ha predicado a su familia, amigos y vecinos.

 

Todos debemos predicar el evangelio, no solo los evangelistas, que son los hermanos dotados con una capacidad especial para predicar el mensaje de salvación.

 

Autoevaluación: Como iglesia, ¿estamos yendo? ¿Tenemos evangelistas? 

 

 

II. “y haced discípulos”. 

 

En un sentido todos somos discípulos de Cristo. No obstante, entre nosotros hay hermanos que se inician en la fe y otros ya son experimentados y con conocimiento. Recordemos que el escritor de Hebreos se queja de la falta de maestros en el pueblo de Dios: “Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios…” (Hebreos 5:12)

 

El discipulado es el proceso de instrucción inicial en los fundamentos de la fe. Se trata de un espacio de confianza y de compañerismo entre el maestro y el discípulo. El proceso de discipulado implica enseñanza, evangelismo, bautismo, más enseñanza y ejemplo en guardar la Palabra de Dios. 

 

Los presbiterianos tenemos estandarizado esto en la Confesión de Fe de Westminster y en los catecismos. Note que la gran comisión dice “haced discípulos”, no meramente prosélitos temporales, personas registradas como creyentes por levantar una mano en una reunión de campaña.

 

Autoevaluación: ¿estamos haciendo discípulos?

 

 

III. “a todas las naciones”. 

 

En su ministerio terrenal el Señor limitó su trabajo al pueblo judío (“No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. Mt 15:24). Progresivamente fue ampliando el destinatario de las buenas nuevas, en cumplimiento con la promesa dada a Abraham: “En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz” (Gn 22:18).

 

Por esta razón son necesarias las misiones, hay que ir a todas las naciones. Recordemos que la misión se entiende como evangelismo -enviado por una iglesia local- más allá de las fronteras políticas o culturales.

 

¿Por qué es necesario ir? hay personas que creen que hay salvación en todas las culturas, sin embargo, la Palabra de Dios es concluyente al respecto: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

 

El misionero es un oficio relevante en la Iglesia de Cristo, no cualquiera debiera ser elegido para tal tarea. Al Señor no le agrada la displicencia ni la ligereza de su pueblo. Un misionero a las naciones debe cumplir los mismos requisitos bíblicos que son exigidos a los pastores. Recordemos la advertencia del apóstol Pablo a los que envían con ligereza a cualquier persona: “No impongas con ligereza las manos a ninguno, ni participes en pecados ajenos. Consérvate puro.” 1° Tim 5:22.

 

 

Autoevaluación ¿Estamos enviando misioneros? ¿hay hermanos con ese llamado?

 

 

IV. “bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;”

 

El bautismo es el sello del pacto de gracia. En el bautismo confesamos al Dios trino, único (EL NOMBRE), en tres personas:

 

-      Padre: nos adopta como hijos y herederos.

-      El Hijo: nos lava nuestros pecados por su preciosa sangre

-      Espíritu Santo: mora en nosotros y nos santifica

 

“estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;” (Filipenses 1:6)

 

“enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado;” 

 

Note que el texto no dice solo “enseñar”, sino “enseñar a guardar”. El “enseñar a guardar” es algo que muchas veces se logra a través del ejemplo, los discípulos aprenden a amar al próximo tanto por los reiterados mandatos bíblicos al respecto, como por el ejemplo concreto de ver cómo los hermanos nos expresamos un amor real.

 

Por otro lado, no debemos nunca dejar temáticas fuera de la enseñanza por considerarlas complejas o controversiales. Recordemos que el apóstol Pablo se glorió de haber enseñado todo el consejo de Dios: “Por tanto, yo os protesto en el día de hoy, que estoy limpio de la sangre de todos; porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios (Hechos 20:26-27).

 

 

“y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

 

Por el Espíritu Santo nos movemos a hacer cosas, a dar recursos, tiempo y trabajo. Muchas veces el inconverso se pregunta qué nos mueve a servir. La respuesta es sencilla: el poder de Dios. Por el poder del Señor hace que hombres imperfectos podamos hacer el trabajo que Dios nos pide. Cristo prometió que recibiríamos poder una vez que hubiera venido el Espíritu Santo.

 

Hechos 1:6-8 “Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? 7 Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; 8 pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”

 

 

Conclusión

 

Este es el trabajo encargado por el Señor, no otros que usualmente nos inventamos. Tenemos ministerios con dudosa base bíblica, pero ¿tenemos ministerio de evangelismo? ¿en qué medida lo que estamos haciendo tributa a esta Gran Comisión?

 

Debemos saber que aunque nos inventemos otras funciones, Dios nos evaluará por esta gran comisión y por el uso de nuestro don.


Sabemos que en el día postrero el Señor evaluará nuestro trabajo, como en la parábola de los talentos.

martes, 6 de enero de 2026

La centralidad del mensaje de Cristo crucificado

 



La centralidad del mensaje de Cristo crucificado
1° Corintios 2:1-5
04.01.26
 
Lectura
 
Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.
  
Introducción
 
Pablo estuvo en Corinto durante su 2° viaje misionero, aproximadamente un año y medio, fundando la iglesia en la ciudad. La carta que conocemos como 1° de Corintios surge de informaciones recibidas por Pablo sobre una serie de problemas que se han dado en la iglesia durante su etapa de formación, “Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas” (1° Co 1:11). 
 
Pablo escribe 1° de Corintios en su tercer viaje misionero, estando en Éfeso. Se estima que entre la fundación de la iglesia en Corinto y el momento en que Pablo escribe esta carta transcurrieron 3 o 4 años. 
 
El apóstol estaba siendo informado de lo siguiente: habían divisiones (1:10), descalificación a su ministerio como apóstol, un hombre tenía relaciones sexuales con la esposa de su padre (5:1), se llevaban litigios entre hermanos a juzgados civiles (6:1), problemas relacionados con personas separadas o divorciadas (capítulo 7), problemas con comer carne sacrificada a los ídolos (8:1), problemas relacionados con la actitud que se tenía al celebrar la santa cena, problemas relacionados con los dones espirituales y problemas doctrinales, donde algunos miembros negaban que existiese resurrección (15:12).
 
Esta avalancha de problemas motiva a Pablo a escribir la carta que conocemos como 1° de Corintios, con el propósito de corregir todo lo anteriormente mencionado. 
  
Desarrollo
 
Verso 1. "Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría"
 
Antes de abordar problemas específicos Pablo recuerda su tarea principal cuando estuvo en Corinto, el anuncio del testimonio de Dios, el evangelio. ¿Qué es el evangelio? El mensaje de Dios en Cristo obrando sacrificialmente en favor del pueblo de Dios. Un mensaje que no sólo se debe oír, sino al que se debe responder en fe y arrepentimiento. El mundo griego amaba el despliegue de sabiduría humana, oratoria y retórica. Pablo teniendo una formación que le permitía hacer un discurso más floreado, evita subordinarse a los estándares de la supuesta sabiduría humana. En 1° Co 1:17 Pablo señala: “Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo”. A través de la sabiduría humana no se puede alcanzar salvación.
  
Verso 2. "Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado"

Pablo hace una hipérbole para enfatizar que el mensaje de Dios no trata sobre otra cosa, sino de Cristo crucificado, no es que su enseñanza sea la bondad de no saber nada. Dios lo encomendó predicar a Cristo y este crucificado. Note el énfasis “y este crucificado”. Es paradójico que muchos de los denominados “evangélicos” prediquen cualquier mensaje menos el que Dios nos ha encomendado: Cristo crucificado.

o   Se estima al evangelio como fuera de época, no responde a los problemas actuales. 
o   Se estima al evangelio un mensaje muy oscuro, que trata sobre temas lejanos y complejos.
o   Muchos acuden a la Biblia para hallar consejos para una mejor vida, incluso predican al Jesús de los evangelios, pero Getsemaní siempre es el límite.
o   En otros casos el evangelio es diluido, y se entiende como una expresión genérica de “amor”.

Ilustración. Donald Barnhouse, pastor de la Décima Iglesia Presbiteriana de Filadelfia, Pennsylvania, años atrás predicó un mensaje que se transmitió por la emisora radial CBS. En este mensaje especuló acerca de cuál sería la más diabólica estrategia que Satanás podría tramar contra la iglesia en los años siguientes teniendo libertad para gobernar la sociedad. El resultado sería una sociedad sin problemas de ningún tipo, con abundancia de iglesias, pero sin la predicación de la cruz.
 
Verso 3. "Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor;"
 
El apóstol Pablo había llegado a Atenas escapando de una persecución desde Berea. En Atenas Pablo no tuvo buenos resultados en sus discusiones en el Areópago, lo que probablemente también minaron su ánimo. Lo trataron de “palabrero”, no porque hablara mucho, sino porque su discurso sonaba tosco, bruto. En Corinto también enfrentó la persecución de los judíos (Hch 18:6), lo llevaron ante el procónsul Galión, el que finalmente desistió tratar temas religiosos. Los corintios eran cosmopolitas y no respetaban a Pablo, lo veían como un simple armador de carpas. Términos “temor y temblor” usualmente significan ansiedad. 

El desánimo era real, el mismo Señor en visión le dijo a Pablo: “No temas, sino habla, y no calles; porque yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti la mano para hacerte mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad” (Hch 18:10). El apóstol Pablo era un humano como nosotros. Pero todo esto revela la vida cristiana, la iglesia o el despliegue del Reino de Dios como una guerra espiritual: 
 
Efesios 6:11-12 “vestíos de toda armadura espiritual”2° Corintios 10:3-5 “.. las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios”2° Timoteo 2:3-4 “Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo”. 
  
Verso 4. "y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder,"
 
El poder del Evangelio está en el mensaje mismo (Rm 1:16), no en el evangelista ni en la capacidad retórica, lingüística o intelectual que éste pueda tener. En Hechos 1:6, al Señor le preguntan los apóstoles: “¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” ¿Qué responde el Señor?  No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hch 1:6-8). En Tesalonicenses, Pablo expresa: “pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabéis cuáles fuimos entre vosotros por amor de vosotros” (1° Ts 1:5).

El evangelio tiene tal poder que incluso puede tener efectos salvíficos si es predicado con malas intenciones, Filipenses 1:16-18 dice: “Los unos anuncian a Cristo por contención, no sinceramente, pensando añadir aflicción a mis prisiones; pero los otros por amor, sabiendo que estoy puesto para la defensa del evangelio. ¿Qué, pues? Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo, y me gozaré aún”. 
 
Verso 5. "para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios."
 
 Si la fe salvífica proviniera de una retórica sofisticada, entonces los hombres tendrían mérito. La salvación es una obra completamente de Dios. En teología eso se llama “monergismo”. Por eso la gloria es solo de Dios, no es compartida con nosotros. 

“La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero”. (Apocalipsis 7:10). 
- “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9).
 
Fe fundada en el poder de Dios
 
1. “siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1° Pedro 1:23)
2.  “Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas” (Santiago 1:18).
3.  “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Rm 10:17).
 
Conclusión

I. El Evangelio es el tema central de la fe, no otro. Desde en Antiguo Testamento se anuncia, desde el Nuevo Testamento se revela.

II. Cuando las iglesias desplazan la relevancia del mensaje de Cristo crucificado por cualquier otro, comienza la debacle espiritual. 

III. Si queremos agradar a Dios debemos esforzarnos en conocer y en predicar el evangelio.

La Gran Comisión

  “Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos duda...