martes, 6 de enero de 2026

La centralidad del mensaje de Cristo crucificado

 



La centralidad del mensaje de Cristo crucificado
1° Corintios 2:1-5
04.01.26
 
Lectura
 
Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.
  
Introducción
 
Pablo estuvo en Corinto durante su 2° viaje misionero, aproximadamente un año y medio, fundando la iglesia en la ciudad. La carta que conocemos como 1° de Corintios surge de informaciones recibidas por Pablo sobre una serie de problemas que se han dado en la iglesia durante su etapa de formación, “Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas” (1° Co 1:11). 
 
Pablo escribe 1° de Corintios en su tercer viaje misionero, estando en Éfeso. Se estima que entre la fundación de la iglesia en Corinto y el momento en que Pablo escribe esta carta transcurrieron 3 o 4 años. 
 
El apóstol estaba siendo informado de lo siguiente: habían divisiones (1:10), descalificación a su ministerio como apóstol, un hombre tenía relaciones sexuales con la esposa de su padre (5:1), se llevaban litigios entre hermanos a juzgados civiles (6:1), problemas relacionados con personas separadas o divorciadas (capítulo 7), problemas con comer carne sacrificada a los ídolos (8:1), problemas relacionados con la actitud que se tenía al celebrar la santa cena, problemas relacionados con los dones espirituales y problemas doctrinales, donde algunos miembros negaban que existiese resurrección (15:12).
 
Esta avalancha de problemas motiva a Pablo a escribir la carta que conocemos como 1° de Corintios, con el propósito de corregir todo lo anteriormente mencionado. 
  
Desarrollo
 
Verso 1. "Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría"
 
Antes de abordar problemas específicos Pablo recuerda su tarea principal cuando estuvo en Corinto, el anuncio del testimonio de Dios, el evangelio. ¿Qué es el evangelio? El mensaje de Dios en Cristo obrando sacrificialmente en favor del pueblo de Dios. Un mensaje que no sólo se debe oír, sino al que se debe responder en fe y arrepentimiento. El mundo griego amaba el despliegue de sabiduría humana, oratoria y retórica. Pablo teniendo una formación que le permitía hacer un discurso más floreado, evita subordinarse a los estándares de la supuesta sabiduría humana. En 1° Co 1:17 Pablo señala: “Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo”. A través de la sabiduría humana no se puede alcanzar salvación.
  
Verso 2. "Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado"

Pablo hace una hipérbole para enfatizar que el mensaje de Dios no trata sobre otra cosa, sino de Cristo crucificado, no es que su enseñanza sea la bondad de no saber nada. Dios lo encomendó predicar a Cristo y este crucificado. Note el énfasis “y este crucificado”. Es paradójico que muchos de los denominados “evangélicos” prediquen cualquier mensaje menos el que Dios nos ha encomendado: Cristo crucificado.

o   Se estima al evangelio como fuera de época, no responde a los problemas actuales. 
o   Se estima al evangelio un mensaje muy oscuro, que trata sobre temas lejanos y complejos.
o   Muchos acuden a la Biblia para hallar consejos para una mejor vida, incluso predican al Jesús de los evangelios, pero Getsemaní siempre es el límite.
o   En otros casos el evangelio es diluido, y se entiende como una expresión genérica de “amor”.

Ilustración. Donald Barnhouse, pastor de la Décima Iglesia Presbiteriana de Filadelfia, Pennsylvania, años atrás predicó un mensaje que se transmitió por la emisora radial CBS. En este mensaje especuló acerca de cuál sería la más diabólica estrategia que Satanás podría tramar contra la iglesia en los años siguientes teniendo libertad para gobernar la sociedad. El resultado sería una sociedad sin problemas de ningún tipo, con abundancia de iglesias, pero sin la predicación de la cruz.
 
Verso 3. "Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor;"
 
El apóstol Pablo había llegado a Atenas escapando de una persecución desde Berea. En Atenas Pablo no tuvo buenos resultados en sus discusiones en el Areópago, lo que probablemente también minaron su ánimo. Lo trataron de “palabrero”, no porque hablara mucho, sino porque su discurso sonaba tosco, bruto. En Corinto también enfrentó la persecución de los judíos (Hch 18:6), lo llevaron ante el procónsul Galión, el que finalmente desistió tratar temas religiosos. Los corintios eran cosmopolitas y no respetaban a Pablo, lo veían como un simple armador de carpas. Términos “temor y temblor” usualmente significan ansiedad. 

El desánimo era real, el mismo Señor en visión le dijo a Pablo: “No temas, sino habla, y no calles; porque yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti la mano para hacerte mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad” (Hch 18:10). El apóstol Pablo era un humano como nosotros. Pero todo esto revela la vida cristiana, la iglesia o el despliegue del Reino de Dios como una guerra espiritual: 
 
Efesios 6:11-12 “vestíos de toda armadura espiritual”2° Corintios 10:3-5 “.. las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios”2° Timoteo 2:3-4 “Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo”. 
  
Verso 4. "y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder,"
 
El poder del Evangelio está en el mensaje mismo (Rm 1:16), no en el evangelista ni en la capacidad retórica, lingüística o intelectual que éste pueda tener. En Hechos 1:6, al Señor le preguntan los apóstoles: “¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” ¿Qué responde el Señor?  No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hch 1:6-8). En Tesalonicenses, Pablo expresa: “pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabéis cuáles fuimos entre vosotros por amor de vosotros” (1° Ts 1:5).

El evangelio tiene tal poder que incluso puede tener efectos salvíficos si es predicado con malas intenciones, Filipenses 1:16-18 dice: “Los unos anuncian a Cristo por contención, no sinceramente, pensando añadir aflicción a mis prisiones; pero los otros por amor, sabiendo que estoy puesto para la defensa del evangelio. ¿Qué, pues? Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo, y me gozaré aún”. 
 
Verso 5. "para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios."
 
 Si la fe salvífica proviniera de una retórica sofisticada, entonces los hombres tendrían mérito. La salvación es una obra completamente de Dios. En teología eso se llama “monergismo”. Por eso la gloria es solo de Dios, no es compartida con nosotros. 

“La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero”. (Apocalipsis 7:10). 
- “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9).
 
Fe fundada en el poder de Dios
 
1. “siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1° Pedro 1:23)
2.  “Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas” (Santiago 1:18).
3.  “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Rm 10:17).
 
Conclusión

I. El Evangelio es el tema central de la fe, no otro. Desde en Antiguo Testamento se anuncia, desde el Nuevo Testamento se revela.

II. Cuando las iglesias desplazan la relevancia del mensaje de Cristo crucificado por cualquier otro, comienza la debacle espiritual. 

III. Si queremos agradar a Dios debemos esforzarnos en conocer y en predicar el evangelio.

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