domingo, 10 de julio de 2022

¿Qué ha sucedido con los evangélicos en Chile?

 


Históricamente, el pueblo evangélico chileno mostró un crecimiento con tendencia al alza constante, década tras década, al menos esos eran los resultados oficiales de los censos y algunos sondeos de opinión. Recuerdo bien cuando los expertos, por allá por los años noventa, estimaban que en las segunda década del siglo XXI Chile tendría un tercio de habitantes profesando la religión evangélica, lo que era consistente con la profecía siempre recurrida que "Chile sería para Cristo". Personalmente creía en esta proyección, sobre todo considerando la evolución siempre al alza de la proporción de cristianos en el país.

 

Ahora estamos en ese futuro proyectado en los años noventa y podemos contrastar el pronóstico con la realidad. Tristemente -hay que decirlo- no es cierto que los cristianos sean igual a un tercio de los chilenos, de hecho, me atrevería a decir que en vez de ir creciendo, los evangélicos en Chile han ido disminuyendo desde ese entonces. Sólo a modo descriptivo, a diferencia de lo que sucedía años atrás, actualmente no es posible reconocer visualmente a un cristiano evangélico que asiste a la iglesia; la vestimenta no es distintiva y la Biblia ha sido reemplazada por un teléfono celular (es algo entendible, pesa mucho). 

 

Más allá de los cambios en las formas, hay un hecho de fondo que exige una explicación ¿Por qué se ha revertido la tendencia al alza en el número de evangélicos? ¿Será un fenómeno que afecta a todas las religiones por igual? Intentaré 3 hipótesis internas para intentar explicar esto. 

 

Hipótesis 1. Con incomodidades y padecimientos, además de esfuerzo y fidelidad, se proclama el mensaje de Cristo crucificado pagando la sentencia del pecado de su pueblo, demandando arrepentimiento y fe en los hombres. Los cristianos son fieles a este mensaje original, pero parecen "ciegos" a las nuevas circunstancias. 

 

Hipótesis 2. El evangelio bíblico necesita una actualización, por lo que ha sido paulatinamente edulcorado. Si bien los evangélicos mantienen la cruz de Cristo dentro de los temas importantes, se han agregado otras temáticas más actuales, las que le darían una nueva "razón de ser" a la iglesia. En este caso tendríamos evangélicos que mantienen cierta fidelidad al mensaje original, pero al mismo tiempo están conscientes que la cruz de Cristo no es suficiente para captar la atención del hombre contemporáneo.

 

Hipótesis 3. Los evangélicos creen que el evangelio es un mensaje obsoleto, anacrónico, sin capacidad de interpretar al hombre actual ni dar respuesta a los nuevos problemas que surgen, los que serían muy distintos a los de hace 2000 años. Ahora predominaría un discurso de crecimiento personal, habilidades psico sociales y éxito en todas las dimensiones de la vida (no sólo en la financiera, ya que el evangelio de la prosperidad está demasiado desprestigiado).

 

El contraste con la realidad

 

Creo que estas 3 hipótesis son reales en el evangelismo chileno. Me aventuraré en asignar los porcentajes en que estás 3 formas de "cristianismo" conviven en nuestro país. En un acto de imaginación sociológica estimaré las siguientes cifras:

 

a) cristianismo de hipótesis 1: 5%

b) cristianismo de hipótesis 2: 15%

c) cristianismo de hipótesis 3: 80% 

 

Por lo tanto, la respuesta a la pregunta de por qué el cristianismo evangélico está en descenso está en el predominio de la hipótesis 3. Es triste decirlo, pero creo que la mayoría de los denominados "líderes evangélicos" tienen la convicción que el mensaje bíblico original no está a la altura de los tiempos, no entrega las respuestas adecuadas a los problemas contemporáneos y no capta la atención de las personas. En otras palabras, los evangélicos dejaron de ser evangélicos.

 

1º Corintios 2:1-2

 

"Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado... "

viernes, 24 de junio de 2022

Los ídolos en el siglo XXI

 


“Ustedes no se harán ídolos, ni se levantarán imagen tallada ni pilares sagrados, ni pondrán en su tierra piedra grabada para inclinarse ante ella; porque yo soy el Señor su Dios” (Levítico 16:1)

 

Muchos son los pasajes del Antiguo Testamento que describen la aberración de la idolatría. El Nuevo Testamento también hace mención de aquello, pero con menos énfasis. Sin duda alguna, la idolatría fue uno de los pecados capitales de Israel, la causa raíz del por qué el pueblo escogido por Dios terminó sancionado una y otra vez en distintos cautiverios y esclavitudes.

 

¿Por qué razón cautivaba tanto la idolatría? Se puede argumentar que la fascinación que genera el ídolo se debe a que tras él opera un poder demoníaco, enloqueciendo la mente de los hombres alrededor. Esta hipótesis se puede sustentar en pasajes como Levítico 17:7 “No ofrecerán más sus sacrificios a los demonios, en pos de los cuales se han prostituido” (NKJV) o en Deuteronomio 32:16-17 “Le provocaron a celos con dioses extraños; con abominaciones lo provocaron a ira. Sacrificaban a demonios que no eran dioses, a dioses que nunca habían conocido, a dioses nuevos que habían llegado recientemente, a quienes vuestros padres nunca habían temido” (NVI). Es altamente probable que esta sea la razón, después de todo las potestades del aire anhelan encender la enemistad existente entre Dios y sus criaturas. Por otro lado, no se explica fácilmente por qué seres racionales se entregaban tan fácilmente a la adoración de objetos creados por sus propias manos, algo que la Biblia se encarga de denunciar una y otra vez: “Los ídolos de ellos son plata y oro, obra de manos de hombre” (Salmo 115:4), “También su tierra se ha llenado de ídolos. Adoran la obra de sus manos, lo que han hecho sus dedos” (Isaías 2:8). 

 

Lo anterior me hace pensar en un poder sobrenatural para seducir a la mente humana. Las imágenes pueden haber adquirido cierta aura de vida al ser observadas por los hombres. Estas obras humanas suelen ser muy expresivas, con una increíble capacidad de comunicar emociones, además pudieron haber recibido una chispa de expresividad sobrenatural de parte de los demonios. Por otro lado, para que el cuadro sea completo, Satanás pudo haber dado respuesta al clamor idolátrico del hombre, intensificando aún más su obscena adoración.

 

Está claro que el sentido primario de este fenómeno son los objetos creados por manos humanas. Dios prohibió expresamente el rendir culto a cualquier objeto que se pretenda receptor de adoración. En este sentido, los ídolos son elaboraciones humanas con el propósito definido de constituirse en dioses sustitutos, trastornando aún más la mente humana vendida al pecado. La idolatría tiene este significado primario, de adoración concreta. Prueba de esto es el contraste entre Dios y los ídolos que hace el Salmo 115:3-8:

 

Nuestro Dios está en los cielos;

Todo lo que quiso ha hecho.

Los ídolos de ellos son plata y oro,

Obra de manos de hombres.

Tienen boca, mas no hablan;

Tienen ojos, mas no ven;

Orejas tienen, mas no oyen;

Tienen narices, mas no huelen;

Manos tienen, mas no palpan;

Tienen pies, mas no andan;

No hablan con su garganta.

Semejantes a ellos son los que los hacen,

Y cualquiera que confía en ellos.

  

Como se dijo, los dioses denunciados por el Antiguo Testamento son entidades con que los hombres buscaron encauzar su necesidad de adoración de manera pecaminosa. Los ídolos tenían forma definida, eran concretos y objetivos. La idolatría generó en Dios ira destructiva: “Destruiré sus lugares altos, derribaré sus altares de incienso y amontonaré sus cadáveres sobre los cadáveres de sus ídolos, pues mi alma los aborrecerá” (Levítico 16:30). Los ídolos bíblicos incluso tenían nombres reconocidos: "Astarot" o "Asera", "Baal", "Quemos", "Dagón", "Milcom", etc. 

 

Ahora bien, ¿qué sucede en la actualidad? ¿nos hemos liberado de la práctica de la idolatría? En el sentido del Antiguo Testamento, creo que el pueblo de Dios sí se ha librado de la práctica idolátrica. No es habitual saber que un cristiano posea un altar de culto idolátrico, al menos yo nunca he sabido de algo así. Esto es motivo de alegría, ya que esta abominable práctica no es predominante en la vida de la Iglesia. No obstante, podríamos hablar de idolatría en un sentido secundario, ¿a qué me refiero con esto? A que existen fenómenos, asimilables a un objeto idolátrico, que gatillan la misma fascinación que los ídolos veterotestamentarios, ¿se han fijado en la pasión cuasi religiosa que generan los equipos de futbol -o selecciones- en algunos hermanos en Cristo? ¿Han observado el ritual de "adoración" que se ofrenda domingo a domingo en ciertos estadios de futbol con los cánticos, lienzos y fuegos de artificio? Creo que esto es bastante asimilable a la idolatría, y lo triste es que muchos cristianos son partícipes de aquello. Algo similar sucede con los músicos o bandas famosas, las que pueden generar el fervor más increíble en algunas personas. Esto es pecado sin duda, y es muy similar a la descripción idolátrica del Antiguo Testamento.

 

Finalmente, tenemos una idolatría en un sentido terciario. Me tomo de la frase de Juan Calvino al respecto: "El corazón del hombre caído es una fábrica de ídolos; Una forja perpetua, un refugio corruptible de idolatría". Calvino va a un nivel más simbólico, y establece una definición de idolatría donde no importa tanto el objeto receptor de la adoración, sino más bien el corazón infiel del hombre. En este marco conceptual siempre habrá algo o alguien más importante que Dios, por lo que podemos catalogar como ídolos a muchas cosas: el trabajo, el dinero, la salud, el matrimonio, los hijos, el cónyuge, el estatus social, etc. De repente nos damos cuenta que estamos constantemente poniendo cosas materiales o inmateriales a un nivel de importancia por sobre Dios mismo, y al hacer eso nos convertimos lamentablemente en aborrecibles idólatras. El apóstol Juan nos advierte a no amar al mundo ni las cosas que están en el mundo (1º Juan 2:15), en nuestro corazón no pueden convivir simultáneamente el amor por Cristo y un amor mayor a otra cosa. El Señor nos mandató a amarlo por sobre todas las cosas: "Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento" (Mateo 22:36-38).

 

1º Corintios 8:4 dice que para un cristiano, un ídolo no es "nada". Así debe serlo, tanto en el sentido primario, en el secundario y sobre todo, en el simbólico.

 

domingo, 22 de mayo de 2022

El pecado del orgullo

 

"Lo odio y lo amo.

Me enfrento a él, y lo abrazo.

Me aterra, y sin embargo,

Le permito reposar en mi pecho.

 

Se sentirá tan cálido en un monasterio

como en un burdel,

y se deleitará tanto

con una buena oración

como con una sucia injuria"

 

John Berridge (1716-1793)



La lucha contra el orgullo

 

El orgullo es uno de los pecados más complejos de enfrentar, odiado y amado al mismo tiempo, nos entrega un placer silencioso e inconsciente hasta que lo detectamos. Cuando nos descubrimos orgullosos, buscamos ser humildes y lo somos hasta que alguien -nuevamente- nos sorprende satisfechos al oír los halagos de los demás. 

 

El orgullo se relaciona con la reputación social, con el temor al qué dirán, a la opinión que los demás tienen de nosotros. Un concepto de la psicología social, el "otro generalizado", sostiene que uno cree de si mismo algo así como el promedio de las percepciones que imaginamos que los demás tienen de nosotros, o sea, lo que nosotros pensamos de nosotros mismos está relacionado con lo que creemos que los demás piensan de nosotros. Esto funciona a nivel inconsciente y nunca deja de operar. Por eso nos importa tanto el tener una buena "reputación" ante los demás, porque desde ahí surge la idea que tenemos de nosotros mismos (y siempre queremos que esa idea sea la mejor). El problema es que esa "reputación" se construye en base a los parámetros de este mundo y no desde el conocimiento de Dios. Es probable que los desórdenes financieros de muchos estén relacionados con el deseo de mostrarnos más exitosos, más interesantes y más atractivos de lo que en realidad somos.

 

El orgullo parte de creernos mejores a los demás. La palabra de Dios apunta exactamente contra esto cuando nos manda a "considerad a los demás como superiores a vosotros mismos" (Fil 2:3). No siempre es grato pensar que cuando realizamos un buen ministerio el verdadero agente detrás de lo visible sea Dios mismo, todos queremos ser reconocidos en aquella hazaña.

 

Sin embargo, a Dios le agrada el hombre humilde, de hecho, son éstos los que reciben gracia de parte de Dios para obrar según el estándar divino. Santiago cita el Salmo 147:6 en su carta: "Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes" (Santiago 4:6). Exactamente el mismo texto es citado por el apóstol Pedro: "Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes" (1º Pedro 5:5). El mismo Pedro nos manda a humillarnos delante de Dios: "Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo" (1º Pedro 5:6).

 

El Señor Jesucristo señaló que el Reino de los Cielos es de los pobres de espíritu (Mt 5:3), aludiendo directamente a la condición humilde del ser humano, capaz de ver su pobreza, miseria y pecado espiritual sin acusar una agresión personal. El Señor mismo es el ejemplo supremo de humildad para todo cristiano: "Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas" (Mt 11:29). El conocido pasaje de Filipenses 2 muestra la actitud de humildad y sumisión de Cristo, el que no tuvo problemas en hacerse hombre y morir en una cruz siendo Dios mismo.

  

El orgullo como un pecado basal

 

Pareciera que todo pecado humano incluye una determinada dosis de orgullo. Siempre nos anima reivindicar ante los demás lo que somos y lo que merecemos. Es natural el deseo de poner a los demás "en su lugar" cuando no nos dan el reconocimiento que esperamos.

 

Es imposible agradar a Dios si vivimos centrados en nosotros mismos. "Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, Mas al altivo mira de lejos" (Salmos 138:6). Incluso, cuando leemos estos pasajes confrontativos, siempre pensamos que están describiendo a otra persona, a un amigo, a un familiar, a un vecino; pero nunca a nosotros mismos. Piense en la casi imposibilidad de predicar el evangelio cuando vivimos orgullosamente. El evangelio presenta a Cristo como el justo pago de la sentencia por nuestro pecado, al Dios-hombre que nos ha curado a través de su llaga, al que nos provee reconciliación con Dios y salvación por medio de su obra, que nos hace aceptos ante Dios. Ahora imagínese usted mismo viviendo en la vanagloria de esta vida, jactándose por sus logros materiales y por las credenciales que tiene en el ámbito que sea: es imposible predicar a Cristo cuando sólo nos dedicamos a exaltar nuestra persona.

 

El orgullo es el pecado base de la humanidad caída. Recordemos que Satanás instaló en su ser la idea de ser "semejante al Altísimo" en cuanto a estatus, posición, importancia. Este fue el comienzo del mal: "¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo." (Isaías 14:12-14)

 

"Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión." (Rm 12:16)

 

 

domingo, 10 de abril de 2022

Pablo atrapado en el Templo de Jerusalén (Hechos 21:27-40)

 


"Pero cuando estaban para cumplirse los siete días, unos judíos de Asia, al verle en el templo, alborotaron a toda la multitud y le echaron mano, dando voces: ¡Varones israelitas, ayudad! Este es el hombre que por todas partes enseña a todos contra el pueblo, la ley y este lugar; y además de esto, ha metido a griegos en el templo, y ha profanado este santo lugar. Porque antes habían visto con él en la ciudad a Trófimo, de Éfeso, a quien pensaban que Pablo había metido en el templo. Así que toda la ciudad se conmovió, y se agolpó el pueblo; y apoderándose de Pablo, le arrastraron fuera del templo, e inmediatamente cerraron las puertas. Y procurando ellos matarle, se le avisó al tribuno de la compañía, que toda la ciudad de Jerusalén estaba alborotada. Este, tomando luego soldados y centuriones, corrió a ellos. Y cuando ellos vieron al tribuno y a los soldados, dejaron de golpear a Pablo. Entonces, llegando el tribuno, le prendió y le mandó atar con dos cadenas, y preguntó quién era y qué había hecho. Pero entre la multitud, unos gritaban una cosa, y otros otra; y como no podía entender nada de cierto a causa del alboroto, le mandó llevar a la fortaleza. Al llegar a las gradas, aconteció que era llevado en peso por los soldados a causa de la violencia de la multitud; porque la muchedumbre del pueblo venía detrás, gritando: ¡Muera!" 

(Hechos 21:27-36)

 

La predicción de Agabo se hizo realidad: "Así atarán los judíos en Jerusalén al varón de quien es este cinto, y le entregarán en manos de los gentiles" (Hch 21:11). El apóstol es atrapado por una turba de judíos, los cuales lo golpean alegando una serie de acusaciones falsas en su contra.

 

Quisiera centrarme en los padecimientos de Pablo más que en la justificación de los judíos para golpearlo. Como hemos mencionado otras veces, los padecimientos son parte de la vida del cristiano. Cuando el apóstol fue llamado por Dios, el Señor mismo le dijo: "Ve, porque instrumento escogido me es este, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre" (Hch 9:15-16). El apóstol Pedro alienta en su primera carta a los cristianos que están sufriendo la persecución: “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría” (1 Pe 4:12-13). El misterio del sufrimiento por causa de la justicia se profundiza cuando el apóstol Pablo, en referencia a las tribulaciones, le escribe a los tesalonicenses: “A fin de que nadie se inquiete por estas tribulaciones; porque vosotros mismos sabéis que para esto estamos puestos” (1º Ts 3:3).

 

Se debe mencionar, además, que esta turba violenta que golpea a Pablo en el templo no es ni la primera agresión que recibe, ni tampoco la más violenta. Recordemos que el apóstol sufrió una especie de lapidación en la localidad de Listra, en el contexto de su primer viaje misionero, donde fue apedreado y llevado fuera de la ciudad inconsciente. Muchos pensaron que estaba muerto. Sin embargo, “rodeándole los discípulos, se levantó y entró en la ciudad; y al día siguiente salió con Bernabé para Derbe” (Hch 14:20). Con toda probabilidad, Dios intervino de forma milagrosa en la vida de Pablo impidiendo que muriera producto de los piedrazos recibidos. Algo similar sucede en el presente pasaje, donde Dios interviene a través de soldados romanos para impedir que la golpiza llevara al apóstol a morir. 

 

La valentía de Pablo no era meramente dicursiva. El texto bíblico varias veces menciona que su predicación era hecha con denuedo, por ejemplo: "entrando Pablo en la sinagoga, habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios" (Hch 19:8). Sin embargo, vemos claramente que la confianza en Dios de Pablo lo llevó a enfrentar sin vacilación alguna varias situaciones que comprometieron su vida, como la que narra el presente texto. De esta manera, la valentía de Pablo fue ampliamente comprobada con su testimonio.

 

Los judíos que incitaron este ataque al evangelio se inventaron y convencieron de que había razones para hacerlo. Presentaron una serie de acusaciones contra Pablo, sin embargo, nada de lo que plantearon era efectivamente cierto. Como escribe John MacArthur: "En primer lugar lo acusaron de ser antisemita, un enemigo del pueblo judío y de su religión. Pero Pablo no era enemigo de los judíos, como lo aclaran Romanos 9:1-5 y 10:1. En ninguna parte él enseñó a los judíos creyentes a abandonar sus costumbres, sino simplemente que a los gentiles no se les debía presionar a que las observaran. Una segunda acusación fue que Pablo se oponía a la ley. Acusarlo en este tiempo de enseñar contra la ley era un modo seguro de enfurecer a las multitudes. Por último, lo acusaron falsamente de hablar contra el templo, puesto que el judío reverenciaba el templo, una acusación de blasfemar contra este o de profanarlo era un asunto grave" (1)

 

A todo se sumó la acusación particular de haber hecho ingresar a un gentil al templo, Trófimo, oriundo de Éfeso, lugar donde Pablo estuvo tres años (Hch 20:31). Todo lo anterior sencillamente no era verdad, pero sirvió de combustible para instigar a la multitud contra el apóstol.   

 

Como mencionamos, el Señor actuó a través de los soldados romanos liberando al apóstol de la violencia de la multitud. Como lectores modernos, es difícil el asimilar la agresividad de la multitud, pero lo cierto es que los soldados debieron intervenir para evitar una posible muerte instantánea de Pablo. 

 

Pablo habla a los judíos

 

"Cuando comenzaron a meter a Pablo en la fortaleza, dijo al tribuno: ¿Se me permite decirte algo? Y él dijo: ¿Sabes griego? ¿No eres tú aquel egipcio que levantó una sedición antes de estos días, y sacó al desierto los cuatro mil sicarios? Entonces dijo Pablo: Yo de cierto soy hombre judío de Tarso, ciudadano de una ciudad no insignificante de Cilicia; pero te ruego que me permitas hablar al pueblo. Y cuando él se lo permitió, Pablo, estando en pie en las gradas, hizo señal con la mano al pueblo. Y hecho gran silencio, habló en lengua hebrea, diciendo..." (Hechos 21:27-36)

 

Una vez retirado de las cercanías del Templo, Pablo fue llevado a la fortaleza romana. En aquel lugar fue confundido con un instigador egipcio, un líder criminal de una legión de sicarios. Ante la confusión, Pablo se identifica y solicita poder dirigirse al pueblo en idioma hebreo. Probablemente, al hablar en hebreo Pablo buscó dos objetivos: mostrar una credencial irrefutable de su origen nacional y también intentar apaciguar los ánimos de la multitud, identificándose con ella en términos culturales.



[1] John Macarthur, Comentario del Nuevo Testamento: Hechos, Editorial Portavoz, USA, 2014. Pág. 558.

sábado, 12 de marzo de 2022

Pablo se reúne con la Iglesia de Jerusalén (Hechos 21: 17:26)

 


El gozo de la comunión en Jerusalén

 

Cuando llegamos a Jerusalén, los hermanos nos recibieron con gozo. Y al día siguiente Pablo entró con nosotros a ver a Jacobo, y se hallaban reunidos todos los ancianos; a los cuales, después de haberles saludado, les contó una por una las cosas que Dios había hecho entre los gentiles por su ministerio. 

 

Los hermanos de Jerusalén hospedaron en sus casas amablemente a la comitiva, la cual incluía gentiles incircuncisos. Probablemente en este momento Pablo entrega la ofrenda levantada durante su tercer viaje misionero. Es de destacar el hecho que en un periodo marcado por un fuerte resurgimiento del nacionalismo judaico, los hermanos en Jerusalén se hubieran abierto a recibir en sus propias casas a hermanos gentiles.

 

La comunión entre hermanos debe ser motivo de gozo espontáneo (v. 17). La vida cristiana al interior de cualquier congregación debiese ser motivo de alegría pues es el Señor Jesucristo el adorado por personas en las que habita el Espíritu Santo, el cual glorifica al Hijo: "Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber" (Jn 16:14-15). 

 

Si establecemos como supuesto que toda congregación tiene actividades que giran en torno al Señor, realmente no se puede entender el porqué algunos miembros de la iglesia no sólo no se interesan en estar presentes en las reuniones, sino que en algunos casos no se sienten cómodos participando. Como la realidad suele ser más compleja, evaluaremos dos posibilidades: Si una congregación -como la iglesia de Jerusalén- está centrada en Cristo y en el evangelio, conversa sobre las "cosas que Dios ha hecho entre los gentiles", y tiene claridad que su propósito es adorar a Cristo, entonces los miembros que se sienten incómodos son los que tienen que observar con más detención su propia fe (2º Co 13:5). En caso contrario, si la congregación no tiene a Jesucristo como su razón de ser, y en su lugar está el bienestar de los asistentes (con cierto barniz espiritual, por cierto), entonces los que tienen que observar con más detención su propia fe son los liderazgos de aquella congregación.

 

Pablo tratando con las tradiciones judías

 

Cuando ellos lo oyeron, glorificaron a Dios, y le dijeron: Ya ves, hermano, cuántos millares de judíos hay que han creído; y todos son celosos por la ley. Pero se les ha informado en cuanto a ti, que enseñas a todos los judíos que están entre los gentiles a apostatar de Moisés, diciéndoles que no circunciden a sus hijos, ni observen las costumbres. ¿Qué hay, pues? La multitud se reunirá de cierto, porque oirán que has venido. Haz, pues, esto que te decimos: Hay entre nosotros cuatro hombres que tienen obligación de cumplir voto. Tómalos contigo, purifícate con ellos, y paga sus gastos para que se rasuren la cabeza; y todos comprenderán que no hay nada de lo que se les informó acerca de ti, sino que tú también andas ordenadamente, guardando la ley. Pero en cuanto a los gentiles que han creído, nosotros les hemos escrito determinando que no guarden nada de esto; solamente que se abstengan de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación. Entonces Pablo tomó consigo a aquellos hombres, y al día siguiente, habiéndose purificado con ellos, entró en el templo, para anunciar el cumplimiento de los días de la purificación, cuando había de presentarse la ofrenda por cada uno de ellos.

 

Como mencionamos, el contexto histórico de este periodo es de un fuerte nacionalismo judaico. Los cristianos judíos de Jerusalén aceptaron la ofrenda de los gentiles, pero al hacerlo se enfrentaron a un conflicto con su cultura. Habían tensiones en Jerusalén, en el templo habían sicarios que daban muerte a aristócratas judíos por colaborar con gentiles. El nacionalismo judío estaba en aumento (lo que dará lugar finalmente a la revuelta del año 70), y no toleraban mantener relaciones estrechas con miembros de otros pueblos. El apóstol Pablo se ve forzado a demostrar la integridad de su naturaleza judía sin comprometer su misión hacia los gentiles (1).

 

La palabra "celosos" por la ley (v. 20) se podría traducir también como "fanáticos" por la ley. Valga esta mención como contexto para entender lo que viene. Estos eran cristianos judíos que seguían siendo leales a los aspectos ceremoniales de la ley, si bien "no veían a la ley como medio de salvación, aún observaban las fiestas requeridas, las regulaciones de días de reposo, los votos rituales y las restricciones dietéticas de la ley" (2).

 

Para entender este pasaje es necesario tener presente los siguientes antecedentes: 


1. Estos judíos celosos de la ley hicieron una clara distinción entre cristianos judíos (los nacionales que mantenían sus costumbres ancestrales) y los cristianos gentiles (creyentes de otras naciones que nunca tuvieron relación con la cultura hebrea). La palabra gentil expresa a todo aquel que no es judío. Con posterioridad el cristianismo utilizó la misma expresión para denotar a todo aquel que "no es cristiano". La palabra "gentil" se podría entender como "extranjero", alguien que está fuera de la comunidad cultural.


2. Los apóstoles y otros líderes de la iglesia en Jerusalén no se oponían a la continuación de las prácticas de la ley judaica. De hecho, en ninguna parte del Nuevo Testamento se condena a los cristianos judíos por practicarlas (3). 


3. Los cristianos judíos, antes de la revuelta contra Roma y la consiguiente destrucción de Jerusalén, tenían predominio numérico sobre los gentiles en la iglesia. Recordemos la prioridad en el Evangelio, el cual es "...poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente..." (Rm 1:16). Con posterioridad esta relación se invirtió y el cristianismo se convirtió en una fe predominantemente gentil, la iglesia en Jerusalén desapareció, mientras Antioquía y Alejandría se pusieron a la vanguardia. 


4. La predicación de Pablo se iniciaba de forma distinta según su audiencia. Cuando predicaba a una audiencia judía, por ejemplo, en Antioquía de Pisidia, Pablo comenzaba con los patriarcas y seguía con la historia de Israel (véase Hechos 13:16 en adelante), pero cuando predicaba a gentiles partía proclamando a Dios creador de los cielos y de la tierra (véase Hechos 17:24). Esto demuestra que tanto judíos como gentiles son comprendidos como grupos con cosmovisiones diferentes. Se entendía que los gentiles no tenían relación ni con Abraham, ni con Isaac ni con Jacob, ni menos con la historia posterior de Israel.

 

Recordemos que el problema que originó el Concilio de Jerusalén (48 d.C.) fue el tratamiento que se le daba a la legislación del Antiguo Pacto en la vida de la iglesia de Cristo. Las conclusiones del concilio fueron claras, el judío nacional puede continuar con su sistema de costumbres ancestrales, pero no debe obligar a los gentiles a adoptar las costumbres judaicas. Lo único que se haría explícito como prohibición sería "que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien" (Hch 15:29).

 

Entre el Concilio de Jerusalén (48 d.C.) y esta nueva visita de Pablo a Jerusalén (57 d.C), han transcurrido casi 10 años. La situación ahora es distinta y el problema suscitado es prácticamente el inverso al del concilio. Si diez años atrás el conflicto estaba en que algunos querían obligar a los gentiles a judaizar, ahora la acusación es que algunos querían supuestamente "des-judaizar" a los cristianos judíos. Si consideramos el segundo punto antes enumerado, el Nuevo Testamento no obliga a los cristianos de trasfondo hebreo a renunciar a sus costumbres ancestrales. Después de todo Dios fue tolerante durante este periodo de transición del Antiguo al Nuevo Pacto, "Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer" (Hebreos 8:13). Nótese que el Antiguo Pacto es algo que está "próximo a desaparecer", lo que claramente sugiere una transición. El Nuevo pacto es un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas, donde el mediador es perfecto, sin defecto, sacrificado una vez y para siempre.

 

Sin embargo, la pregunta permanece: ¿por qué Pablo consintió en judaizar siendo que el Antiguo Pacto está por desaparecer? La respuesta es la actitud humilde de Pablo hacía sus connacionales, los cuales además eran "fanáticos de la ley", por lo que no era sencillo hacerles ver lo innecesario del cumplimiento de leyes rituales ni civiles. Las leyes rituales están abolidas por la nueva realidad de Cristo morando en el corazón del creyente "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas" (2º Co 5:17) o "el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica" (2º Co 3:6). A Dios no se le busca en un templo, ahora mora en el corazón del creyente. Por otro lado, en lo que respecta a la ley civil, un ciudadano en cualquier parte del mundo rige su vida social por el código civil, penal y comercial de su propio país, y no por las leyes israelitas dadas a Moisés hace 3500 años. 

 

Pablo mismo explica su proceder en su primera carta a los Corintios: "Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley;" (1º Co 9:20). Los cristianos judíos eran débiles, por no comprender la grandeza de la gracia de Dios en Cristo Jesús, por lo que la actitud de los creyentes fuertes fue de condescendencia, procurando no ofenderles en lo que a esto respecta.

 

Como conclusión observamos que en este periodo de transición Dios permitió a los cristianos judíos la práctica de sus costumbres ancestrales. Sin embargo, el fenómeno opuesto, o sea, exigirle a un gentil vivir de acuerdo al Antiguo Pacto es algo que no solo no se prescribe en el Nuevo Testamento, sino que es gravemente condenado cuando se lo considera como medio de salvación. En su carta a los gálatas Pablo hace mención a los judaizantes al interior de la iglesia, los que obligaban a los hermanos a la circuncisión. Quizá lo más relevante de este pasaje es que los judaizantes son descritos como "falsos hermanos". 

 

"Mas ni aun Tito, que estaba conmigo, con todo y ser griego, fue obligado a circuncidarse; y esto a pesar de los falsos hermanos introducidos a escondidas, que entraban para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a esclavitud, a los cuales ni por un momento accedimos a someternos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros" (Gál 2:3-5)

 



[1] Craig S. Keener, Comentario del Contexto Cultural de la Biblia. Nuevo Testamento. Editorial Mundo Hispano, Colombia, 2019. Pág. 386.

[2] John Macarthur, Comentario del Nuevo Testamento: Hechos, Editorial Portavoz, USA, 2014. Pág. 549.

[3] Ibid.

miércoles, 23 de febrero de 2022

El retorno a Jerusalén (Hechos 21:1-16)



Después de la reunión con los ancianos de Éfeso, Pablo y los hermanos se embarcaron rumbo a Jerusalén bordeando las localidades de Cos, Rodas y Pátara. En este último lugar hacen transbordo a una nueva nave, mucho más grande y resistente que la que estaban usando, para así poder cruzar el mediterráneo mar adentro en vez de estar ceñidos a la orilla de la costa (1). La ruta de regreso tuvo como primer destino el puerto de Tiro, lugar al que llegaron para descargar mercadería. En Tiro los hermanos estuvieron siete días, y Pablo fue advertido de sus futuros padecimientos en Jerusalén: "Y hallados los discípulos, nos quedamos allí siete días; y ellos decían a Pablo por el Espíritu, que no subiese a Jerusalén" (Hch 21:4). 

 

Lamentablemente, esta advertencia de los hermanos ha generado ciertos malos entendidos. Se ha dicho que Pablo obstinadamente desobedeció la voz del Espíritu Santo, el que le advertía sobre lo que sucedería en Jerusalén. Para clarificar este asunto es pertinente comparar esta situación con otra similar que vivió Pablo durante su segundo viaje misionero: "Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia" (Hch 16:6). Como se puede observar, este versículo muestra al Espíritu Santo dando una clara instrucción al apóstol, el cual obedeció de inmediato. En Tiro, en cambio, los hermanos no comunican a Pablo instrucción u orden alguna, sólo advierten sobre los futuros padecimientos que tendría en Jerusalén. Con toda probabilidad, los hermanos incorporaron sus humanos deseos de bien para el apóstol en el contexto de esta revelación. 

 

Después de estos siete días en Tiro, los hermanos parten a Tolemaida, localizada a 40 kilómetros al sur. En este lugar Pablo no perdió la oportunidad de saludar y ministrar a los hermanos presentes, apresurándose para partir al próximo destino, Cesarea, ubicada a 65 kilómetros al sur.

 

Cesarea, puerto de Jerusalén, estaba a unos 100 kilómetros de distancia de la ciudad santa. En este lugar vivía Felipe, evangelista y uno de los siete diáconos de Hechos 6. La Palabra de Dios registra ampliamente su predicación al eunuco etíope, lo que lo constituye en uno de los pioneros en predicar el evangelio a no judíos. La familia de Felipe incluía "...cuatro hijas doncellas que profetizaban" (Hch 21:9). No se añade mas información al respecto. John MacArthur señala que un "profeta" es algo diferente a un creyente individual con el don de profecía (1º Co 12:10), distinción dada -entre otras cosas- por el alcance de la revelación que entregan. Esto es concordante con el hecho que el Nuevo Testamento no permite que mujeres asuman roles de predicadoras o maestras en la congregación (1º Co 14:34-36; 1º Ti 2:11-12), por lo que difícilmente estas doncellas podrían haber desempeñado un rol profético de la forma tradicional. Por esta razón, es probable que Lucas haga esta mención como una manera de destacar la participación de toda aquella familia en el Reino de Dios. 

 

En este contexto de revelaciones espirituales aparece el profeta Agabo, el cual ya tuvo una participación registrada en las Escrituras (Hechos 11). En aquel pasaje el profeta predijo una hambruna para el tiempo de Claudio "Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio" (Hch 11:28). De esta manera, Agabo era un profeta genuino, de los últimos que desarrollaban este oficio a la manera del Antiguo Testamento. De hecho, la dramática representación que hace Agabo del futuro arresto de Pablo en Jerusalén evoca a los profetas del Antiguo Pacto (Is 20:2-6; Jer 13:1-11; Ez 4-5). 

 

Agabo le dice a Pablo: "Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los judíos en Jerusalén al varón de quien es este cinto, y le entregarán en manos de los gentiles" (Hch 21:11). Esta revelación confirma lo expresado por los hermanos en Tiro, e impulsó a los compañeros del apóstol a rogarle a no viajar a la ciudad santa. Nótese que el profeta sólo advierte lo que sucederá en Jerusalén, no entrega ningún tipo de instrucción o prohibición de visitarla. De esta manera, la voluntad de Pablo no debe ser considerada como obstinación, sino como la expresión palpable del valor de la convicción verdadera. 

 

El texto sugiere que entre los hermanos se estaba dando un cuadro de tristeza, llanto y ruegos para que Pablo no viajara, coaccionándolo emocionalmente. La respuesta de Pablo fue: "¿Qué hacéis llorando y quebrantándome el corazón? Porque yo estoy dispuesto no solo a ser atado, mas aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús." (Hch 21:13). La respuesta del apóstol fue categórica, él siempre estuvo dispuesto a morir por Cristo, como lo declaró posteriormente: "Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia" (Fil 1:21).

 

Los hermanos descansaron en la voluntad de Dios, "como no le pudimos persuadir, desistimos, diciendo: Hágase la voluntad del Señor" (Hch 21:14). Finalmente, Pablo llega a Jerusalén desde Cesarea. En esta última localidad se sumo Mnasón, de Chipre, el cual participó facilitando el hospedaje en la ciudad.



[1] John Macarthur, Comentario del Nuevo Testamento: Hechos, Editorial Portavoz, USA, 2014. Pág. 537.

martes, 1 de febrero de 2022

Tercer viaje misionero: discurso de despedida (Hechos 20:17-38)


El apóstol Pablo quería llegar a Jerusalén en las fechas de Pentecostés, por lo que no podía desviarse de la ruta que lo llevaba al puerto de Mileto. Por esta razón pidió a los ancianos de Éfeso que fuesen a Mileto para tener ahí una reunión de despedida con ellos. 


En este pasaje Lucas registra el discurso de Pablo con extraordinaria fidelidad, por lo que es posible reconocer el estilo personal del apóstol en el uso de palabras y expresiones típicas. En lo sucesivo analizaremos el discurso que Pablo dejó a los ancianos de Mileto, y consideraremos la importancia de cada temática tratada para la Iglesia de Cristo de todas las épocas.

 

Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia, sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos;

 

El apóstol apela al ejemplo que él mismo ha dado, sirviendo a las distintas iglesias que se han creado en torno a sus viajes misioneros, a partir de las cuales el cristianismo ha comenzado a diseminarse por el mundo por entonces conocido. El mismo Pablo se caracteriza como alguien "humilde", lo que pareciera un contrasentido, pero no lo es. La humildad de Pablo consiste en no atribuirse la autoría de las buenas obras realizadas para el Reino de Dios, sino de reconocer que él ha sido un "mero instrumento" en las manos de Dios. "Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Fil 2:13). El Señor trató a Pablo como un "instrumento escogido" (Rm 9:15), dejando en claro quién es el autor de toda buena obra. 

 

La humildad debe fluir en el cristiano controlado por el Espíritu Santo. El ejemplo supremo es el de Cristo Jesús "el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres" (Fil 2:6-7). El Señor Jesucristo fue claro al describirse a si mismo como un siervo, "Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos" (Mr 10:45). La verdadera humildad no consiste en auto flagelación, ni en auto humillación, sino en un corazón que estima a los demás como mejores a si mismo "Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo" (Fil 2:3). La verdadera humildad glorifica a Dios por las buenas obras y no tiene interés en crearse un buen nombre entre los hombres, "Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo." (Gal 1:10). 

 

De esta manera, el cristiano humilde no lo anima una austeridad franciscana, ni tampoco disfruta publicando su miseria. El humilde no tiene temor al hombre, en otras palabras, no vive interesado en la "reputación" que tiene entre los demás, sólo se preocupa de lo que Dios piensa de él. 

 

Las lágrimas que menciona el apóstol Pablo no fueron sorpresivas. Cuando fue llamado por Dios, el Señor mismo le dijo: "Ve, porque instrumento escogido me es este, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre" (Hch 9:15-16). No es un misterio que la Palabra de Dios presenta la vida cristiana como una vida de persecución y padecimientos. El apóstol Pedro alienta en su primera carta a los cristianos que están sufriendo la persecución: “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría” (1 Pe 4:12-13). El misterio se profundiza cuando el apóstol Pablo, en referencia a las tribulaciones, le escribe a los Tesalonicenses: “A fin de que nadie se inquiete por estas tribulaciones; porque vosotros mismos sabéis que para esto estamos puestos” (1º Ts 3:3).

 

y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas,  testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo.

 

El ministerio de Pablo consistía básicamente en predicar el evangelio, tanto a judíos como a gentiles. El Evangelio, el testimonio de Dios, es el mensaje de Cristo crucificado pagando la sentencia del pecado de su pueblo, y reconciliando a los hombres con Dios. Pablo se propuso no saber algo diferente para entregar a los hombres; "Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado" (1º Co 2:2). El Señor Jesucristo proclamaba "El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio" (Mr 1:15) y de igual manera, Pablo llamaba a los hombres a la fe en Cristo y al arrepentimiento. El mensaje de Cristo crucificado es el único que tiene poder para regenerar al pecador, sólo en el Evangelio hay poder de Dios para salvación (Rm 1:16), no en argumentos persuasivos ni en experiencias sobrenaturales que el hombre pueda contar. Si la conversión del hombre se debiera a la excelencia de la argumentación humana, entonces la fe cristiana se fundamentaría en la sabiduría de los hombres y no en el poder de Dios (1º Co 2:4-5).

 

Ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me ha de acontecer; salvo que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones. Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.

 

La expresión de Pablo en esta sección del pasaje me recuerda una idea similar a la de la parábola de Mateo 13:44, donde el Señor Jesucristo ilustra al Reino de los Cielos como algo semejante a un tesoro escondido en un campo, el que llena de gozo al hombre que lo halla, movilizándolo a vender todas sus pertenencias para comprar aquel campo. La idea es expresar el inmenso valor que tiene para el cristiano la persona de Jesucristo y su obra de salvación, nada en este mundo es comparable con el hecho de conocer al Señor. La idea clave en la parábola es el valor del reino de Dios, no que la salvación se pueda comprar.

 

Pablo vuelve a expresar una idea similar en su carta a los Filipenses: "Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia" (Fil 1:21). En Colosenses Pablo nos exhorta a tener el centro de nuestra vida en el Reino de Dios, no en las cosas de la tierra: "Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria" (Col 3:4). Para el cristiano, Cristo no puede significar menos que "su propia vida".

 

Pablo tenía claridad absoluta sobre el contenido que debía comunicar en cada localidad donde se detenía, no importando las consecuencias negativas que pudiera generar el mensaje del Evangelio. En 1º Corintios 2:1 el apóstol indica: "Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios..". El testimonio de Dios es la obra de Cristo en la cruz del calvario, obrando en favor de su pueblo, por lo que no tenemos derecho a reemplazar el testimonio de Dios por cualquier relato personal.

 

La gracia de Dios es revelada plenamente en el Evangelio. Dios escoge según su propia voluntad justificar a sus escogidos, los cuales no tuvieron mérito alguno para ser elegidos por parte de Dios. "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros..." (Ef: 2:8), en este verso es clave la expresión "y esto no de vosotros" (RV60) o "esto no procede de ustedes" (NVI).

 

Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro. Por tanto, yo os protesto en el día de hoy, que estoy limpio de la sangre de todos; porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios.

 

El versículo 37 hace referencia a la tristeza de los oyentes al saber que nunca más verían a Pablo. El apóstol seguramente debe corresponder en ese sentimiento, pero no se deja llevar por la emoción, sino que hace una advertencia: "estoy limpio de la sangre de todos" (Hch 20:26). ¿A qué se refiere con esta expresión? Pablo se desliga de cualquier responsabilidad en cuanto al destino eterno de sus oyentes, pues él fue fiel en la predicación del Evangelio. La traducción "Palabra de Dios para Todos" (PDT) dice: "Hoy les puedo decir algo de lo que estoy seguro: Dios no me castigará si algunos de ustedes no se salvan" (Hch 20:26), lo que es una referencia al atalaya que no advierte a los impíos que se vuelvan de su camino (Eze 3:18-20; 33:8,9) (1). La lectura opuesta de esta idea sería la siguiente: un creyente podría no estar limpio de la sangre de los hombres si es que no ha sido fiel en la predicación del Evangelio. A la luz de Gálatas 1:8, claramente hay una responsabilidad asociada al hombre que predica un evangelio distinto, el cual no tiene poder de salvación.

 

Pablo no rehuyó predicar "todo el consejo de Dios", o sea, consideró su deber de predicar todas las doctrinas contenidas en la Biblia. Pienso que la lectura más adecuada de este concepto es el deber de no rehuir ninguna doctrina en favor de otra, o tener preferencia de algunos pasajes o temas en desmedro de otros. La Biblia tiene como pináculo la cruz de Cristo, y por ende, toda predicación debe de alguna manera converger en él. No obstante, el predicador debe abordar las diferentes temáticas que aparecen en la Biblia no importando si son o no agradables al oyente.

 

Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos. Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno.

 

La congregación de creyentes no es un mero agregado de gente, sino que es nada mas y nada menos que el resultado de la sangre que el Señor vertió. La tarea para pastorear una congregación la concede el Espíritu Santo, lo que se hace concreto en el don respectivo que todo pastor debe tener. La iglesia de Cristo también es referida como "columna y baluarte de la verdad" (1º Tim 3:15), grupo de hombres que Dios se ha reservado y ha limpiado por medio de su propio sacrificio. Por todas estas razones, la actitud correcta de cualquier pastor es la solemnidad de estar sirviendo al pueblo de Dios, el cual es valioso debido al costo que tuvo que pagar el Hijo de Dios. 

 

El accionar diabólico contra la Iglesia de Cristo se expresa principalmente en contra de la verdad bíblica. En el huerto del Edén se pudo observar el procedimiento que siglo tras siglo ha utilizado Satanás; mentir y tergiversar la verdad. El Señor Jesucristo llama al diablo como "padre de mentira" (Jn 8:44), y los que hablan mentira, demuestran la paternidad espiritual que tienen. Pablo le advertía a Timoteo sobre los tiempos venideros: "Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio" (2º Tim 4:1-4). 

 

Pablo también le recuerda a los Romanos "Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos. Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos." (Rm 16:17-18). Por otro lado, el apóstol Pedro también escribió: "Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina" (2º Pe 2:1).

 

Las advertencias sobre falsos maestros, falsas doctrinas y engaños diversos hacen aparición en prácticamente todos y cada uno de los libros del Nuevo Testamento. A excepción del evangelio y sus doctrinas derivadas, no hay otra temática con una presencia tan persistente a lo largo del Nuevo Pacto. Además, existen porciones significativas en el Antiguo Testamente referidas a denuncia de falsos profetas y su falso contenido de gestación humana.

 

Si esta advertencia aparece tan profusamente en la Biblia, realmente no se entiende la resistencia a obedecerla, o al menos a considerarla prioritariamente. En vez de enfrentar valientemente la intención de engaño, muchos optan por ser conciliadores y pacíficos, evadiendo la necesaria confrontación. El Señor Jesucristo no estableció amistad con los fariseos -que invalidaban la Palabra de Dios por preferir sus tradiciones-, sino que derechamente los confrontó, y no siempre en los mejores términos: "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia" (Mt 23:27). Al parecer muchos están más preocupados por no tener reputación de "conflictivos" en vez de defender con valor la fe dada a los santos.

 

Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados. Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado. Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido. En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir.

 

Pablo estableció una relación cercana con Aquila en Corinto debido a que ambos se dedicaban al mismo oficio, ser curtidores de pieles. Esto está indicando que el apóstol, a la vez que predicaba el evangelio en distintas localidades, procuraba no ser un peso para nadie, por lo que se esforzaba en generar sus propios recursos, o al menos aportar en esa dirección. En 1º de Tesalonicenses 2:9 Pablo señala: "Porque os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga; cómo trabajando de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios". Esta misma idea, de duro trabajo diurno y nocturno para sobrevivir, se vuelve a repetir en 2 Tesalonicenses 3:7-8: "Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos; pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros, ni comimos de balde el pan de nadie, sino que trabajamos con afán y fatiga día y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros". Finalmente, "Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma." (2 Ts 3:10).

 

Creo que la idea en estos pasajes es que ningún creyente debería llevar un estilo de vida irresponsable o abusivo. En el caso de los pastores de la iglesia, ellos cumplen una labor que requiere una remuneración para ser llevada a cabo (1º Tim 5:18). Pablo, en su afán por evitar cualquier tipo de murmuración, se esforzó doblemente al generar sus propios recursos. 

 

Cuando hubo dicho estas cosas, se puso de rodillas, y oró con todos ellos. Entonces hubo gran llanto de todos; y echándose al cuello de Pablo, le besaban, doliéndose en gran manera por la palabra que dijo, de que no verían más su rostro. Y le acompañaron al barco.

 

Estaban todos tristes, pues nunca más verían a Pablo. Recordemos que el apóstol estuvo tres años en Éfeso al comenzar su tercer viaje misionero, por lo que su recuerdo y presencia eran recientes. Su buen testimonio y la bendición que su ministerio significó para la ciudad se expresan en cada lágrima de tristeza que los ancianos vertieron.  



[1] Craig S. Keener, Comentario del Contexto Cultural de la Biblia. Nuevo Testamento. Editorial Mundo Hispano, Colombia, 2019. Pág. 384.

Pasaje Gálatas 4:8-20

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