sábado, 3 de junio de 2023

Bosquejo 1º Pedro 1:17-25

 



1º Pedro 1:17-25


Sección I

 

17 Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; 

 

Los cristianos nacidos de nuevo (Jn 3:3), somos llamados a ser santos (1º Pe 1:16). A su vez, somos los que invocamos a Dios en toda situación siendo oídos por él, lo cual es una bendición inmensurable. Además, Dios nos ha colmado de bendiciones espirituales (Ef 1:3), -nos ha adoptado como hijos, nos ha redimido del poder del pecado, ha anulado la condena que pesaba sobre nosotros, nos ha hecho participantes de la naturaleza divina, etc-. No obstante lo anterior, Dios sigue siendo juez de toda la humanidad (He 12:23), lo que incluye a los creyentes. Dios sigue juzgando nuestra conducta, pensamientos, habla, etc. y si bien por la gracia de Dios ya no tenemos parte en la condenación eterna, Dios nos puede disciplinar, amonestar y también probar por diversas razones. 

 

Un cristiano no debiera buscar la santidad por temor al castigo de Dios, sino por el mero hecho que ahora conocemos a Dios, y su revelación nos impulsa a vivir con temor (v. 17) en nuestra vida terrenal; "el tiempo de vuestra peregrinación" (Rm 6:22; 1º Ts 4:3;7). "La tierra no se venderá a perpetuidad, porque la tierra mía es; pues vosotros forasteros y extranjeros sois para conmigo" (Lv 25:23).


Varios son los pasajes que llaman al creyente -sí, al creyente- a tener una conducta sobria (1º Ts 5:6, Ti 2:2, 1º Pe 1:13), sabia en este mundo (Ef 5:15), a velad (Mt 24:42, 1º Co 15:34) y a cuidar la salvación (He 2:3, Fil 2:12). El Reino de Dios es como un tesoro en un campo hallado por un hombre, el cual vende todo para quedarse con el campo que contiene el tesoro (Mt 13:44). Esta parábola refiere a la importancia que debe tener la salvación que Dios nos ha dado, la que si bien es otorgada al hombre por la gracia de Dios, fue conseguida por la obra de Cristo en la cruz.

 


Sección II

 

18 sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, 20 ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, 21 y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios.

 

Uno de los pasajes que resume de mejor manera esa "vana manera de vivir" se encuentra en Tito 3:3: "Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros."

 

La congregación de creyentes no es un mero agregado de gente, sino que es nada más y nada menos que lo adquirido por la sangre que el Señor vertió: "Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre" (Hch 20:28). El decreto de Dios estableció el plan de redención, "antes de la fundación del mundo", y cada persona de la Trinidad juega un rol específico en su ejecución (1º Pe 1:2).

 

Como señalamos, la redención no se pagó con un metal terrenal de valor humano, sino con la vida del Hijo de Dios, simbolizada en su sangre. El valor de esta vida es infinito, por tratarse del Hijo de Dios, y por esta precisa razón su sacrificio fue capaz de pagar la sentencia asignada a nuestra transgresión contra Dios (la cual también es de valor infinito en contra nuestra).  

 

La muerte del Señor ha provisto del único pago que satisface la justicia de Dios por el pecado que cargamos. Cristo es el mediador entre un Dios santo, justo, amoroso y una humanidad caída en pecado. Es la acción de Dios en Cristo, a favor del pecador, el que le libra de la condenación eterna y le abre la entrada a los lugares celestiales. 

 

Al creer en Cristo el hombre pone su deuda en el Salvador, le imputa su sentencia de condenación eterna. Así Cristo se hace ofrenda por el pecado (2ª Cor 5:21), paga la sentencia y cancela la deuda del hombre con Dios. La justicia de Dios es satisfecha y se hace posible el perdón al ser humano, perdón que sin mediar la obra de Cristo habría transgredido la justicia de Dios. El hombre recibe este beneficio por gracia, o sea, sin apelación a méritos propios, ni siquiera a potenciales acciones que pudiera realizar. La salvación es por obras, pero la obra de Cristo.

 

El mensaje del evangelio interpela al hombre en dos direcciones, arrepentimiento y fe; “arrepentíos y creed en el evangelio” (Mr 1:15). Cristo carga los pecados de su pueblo bajo la solemne advertencia: “el que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Jn 3:36).


 

Sección III

 

22 Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro; (RV 1960)

 

22 Puesto que en obediencia a la verdad habéis purificado vuestras almas para un amor sincero de hermanos, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro. (LBLA)

 

"Espero en el Señor Jesús enviaros pronto a Timoteo, para que yo también esté de buen ánimo al saber de vuestro estado; pues a ninguno tengo del mismo ánimo, y que tan sinceramente se interese por vosotros. Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús." (Fil 2:19-21) 

 

Después de haber apelado al Cesar, y de su posterior travesía por el Mediterráneo, Pablo estaba en reclusión domiciliaria en Roma a la espera de ser recibido por Nerón. En este contexto escribía la carta a los Filipenses, iglesia que había fundado en su segundo viaje misionero. En su día a día Pablo recibía visitas tanto de judíos como de cristianos y les predicaba el Evangelio.

 

Pablo quería contactar a los filipenses, Timoteo fue el primer considerado en ese momento para ir a Filipo y llevar una correspondencia, lo triste es que parece ser el único idóneo. El enviado debía ser alguien con un amor sincero por los hermanos, pues el amor a Dios se debe expresar siempre en amor a los hermanos (1ª Jn 2:9), amor sin fingimiento (Rm 12:9). El Señor asigna valor a la bondad sincera, y recurrentemente expresa rechazo profundo a la hipocresía. En Mateo 23 el Señor Jesucristo es muy severo con los Fariseos, y entre las principales acusaciones destaca la hipocresía. El amor de un creyente debe brotar de un "corazón puro", sin dobles intenciones.

 

 

Sección IV

 

23 siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. 24 Porque:

Toda carne es como hierba,

Y toda la gloria del hombre como flor de la hierba.

La hierba se seca, y la flor se cae;

25 Mas la palabra del Señor permanece para siempre.

Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada.

 

Una idea similar expresa Santiago en su carta: "Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas" (Stgo 1:18). Sólo Dios es partícipe en el nuevo nacimiento del creyente, y la manera que Él estableció es que sea el poder de su Palabra la que vivifique al ser humano muerto en delitos y pecados. De la misma manera que su Palabra hizo los cielos y la tierra, y creó la vida desde la nada, él también ha ordenado que este "nuevo nacimiento" sea impartido, gestado o generado a través de la Palabra, en particular, del evangelio que los mensajeros de Dios predican. Recordemos que el Evangelio es poder de Dios para salvación, por lo que no somos nosotros ni nuestros métodos, sino la Palabra de Dios la que tiene el poder de "revivir" a un perdido (Rm 1:16). De ahí la importancia a ser fiel a la Palabra, puesto que cualquier "creatividad" humana que intervenga en el mensaje, sólo traerá consecuencias negativas. 


"Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí" (Jn 5:39).

sábado, 20 de mayo de 2023

Bosquejo 1º Pedro 1:13-16

 





1º Pedro 1:13-16

 

Sección I

 

13. Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado; (RV1960)

 

13. Por tanto, ceñid vuestro entendimiento para la acción; sed sobrios en espíritu, poned vuestra esperanza completamente en la gracia que se os traerá en la revelación de Jesucristo. (LBLA)

 

Exhortaciones:

 

Ceñid los lomos de vuestro entendimiento: lit: apretar un cinturón, amarrar una cuerda. Metafóricamente: hacer un esfuerzo consciente en disciplinar pensamientos (Rm 12:2), vivir e interpretar la existencia según prioridades bíblicas (Mt 6:33), despegarse de estorbos pecaminosos del mundo (He 12:1). 

 

La lectura y meditación constante y disciplinada en la Palabra de Dios construye una estructura mental de pensamientos, opiniones, juicios, todos de acuerdo a la mente de Dios. Pensar bíblicamente es pensar de acuerdo a la voluntad de Dios. Importancia de poseer claridad teológica para analizar los distintos eventos de la existencia, ya sean cotidianos como temas de sociedad (Salmo 1:2).

 

Sed sobrios. No perder control de la mente y la acción (Ef 5:18, Col 3:16). Contrapone la embriaguez, disolución, negligencia o irresponsabilidad por beber vino en exceso, a la sobriedad del hombre espiritual. No perder la autoridad espiritual al absorber el sistema pecaminoso del mundo.

 

Esperad en la gracia. De principio a fin la obra de salvación es por gracia, o sea, inmerecida para nosotros, por medio de la fe. La elección, la redención y la santificación (1º Pe 1:2) las recibimos sin merecerlas (y sin ser capaces de hacer nada potencialmente para merecerlas) y la culminación de todo también será un regalo de gracia que debemos anhelar. Esperanza en el regreso del Señor (1º Juan 3:2, 2º Tim 4:8).

 

 

Sección II

 

14 como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; 

 

Hijos obedientes, condición opuesta a los hijos de desobediencia (Ef 2:2). 

 

El hijo de desobediencia pasa a ser un hijo obediente a través del nuevo nacimiento (1º Pe 1:3), obra sobrenatural realizada por Dios en el corazón del hombre elegido antes de la fundación del mundo (Ef 1:4). Dios pone su Espíritu en el hombre, haciéndolo partícipe de la naturaleza divina (2 Pe 1:4), lo habilita y mandata a crecer en santificación (1º Ts 4:7). Nuevo nacimiento, regeneración, renacimiento, conversión: es una obra objetiva de Dios, el hombre la recibe desde el exterior, desde Dios (2º Co 5:17). No nos hacemos renacer a nosotros mismos.

 

Conformarnos a los deseos que teníamos estando en nuestra ignorancia. La misma palabra de Romanos 12:2 "No os conforméis a este siglo...".

 

Deseos que teníamos siendo ignorantes de Dios: "en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás" (Ef 2:2-3; Juan 3:36).

 

"Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros." (Tit 3:3)

 

 

Sección III

 

15 sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; 16 porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.

 

Cita del AT.

 

"1 Habló Jehová a Moisés, diciendo:

2 Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios. 3 Cada uno temerá a su madre y a su padre, y mis días de reposo guardaréis. Yo Jehová vuestro Dios. 4 No os volveréis a los ídolos, ni haréis para vosotros dioses de fundición. Yo Jehová vuestro Dios." (Lv 19:1-4)

 

"Santificaos, pues, y sed santos, porque yo Jehová soy vuestro Dios" (Lv 20:7). 

 

El mandato viene desde el mismo Dios, por eso se repite tanto la expresión de autoría o firma en Levítico 19: "yo soy el Señor vuestro Dios" o "yo soy el Señor".


Dios demanda santidad porque Él es el santo. Dios es santo en 2 sentidos: 

 

1. "Dios es inherentemente y absolutamente grande, distinto a todas sus criaturas en majestad infinita, de un modo trascendental"

 

2. "Es apartado del pecado, y es moral y éticamente perfecto, aborrece el pecado y exige pureza en sus criaturas morales"

 

La demanda de Dios para su pueblo es ser santo en el segundo sentido. Imitando a Dios. Claramente no podemos serlo en el primero.

 

La santidad se manifiesta en obedecer las Escrituras en la vida cotidiana, en lo público, en lo privado, en la mente, habla y acción. Nuevo nacimiento, obra objetiva de Dios, no fe simulada. 

 

Exhortaciones contra la fe o amor simulados:

 

1. "Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida," (1º Tim 1:5)

  

2. "Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro;" (1º Pe 1:22)

  

3. "El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno" (Rm 12:9)

 

La santidad comienza en el hogar, en lo privado: "que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?)" (1º Tim 3:4-5). Integridad (concepto neutro): equivalencia entre conducta privada y pública. 

 

No puede haber un área de obediencia y otra de desobediencia. "... sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir..." (v.15)

 

Como Dios es santo (atributo de Dios, teología), debemos vivir santamente (vida práctica). El impacto del estudio de Dios en la vida práctica.

viernes, 28 de abril de 2023

Bosquejo 1º Pedro 1:1-12

 





I. Sección 1


Parte I. Saludos a los destinatarios.


"Pedro, apóstol de Jesucristo, a los expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia" (v.1)

 

- Contexto general: persecución y padecimientos por causa del evangelio.

- Propósito: animar a los hermanos y resistir en la fe.

 

El apóstol Pedro le escribe a los cristianos dispersos por Asia Menor, la actual Turquía. Escribe esta carta cerca del final de sus días, probablemente antes de la muerte del apóstol Pablo (a.C. 64). Hay consenso, debido a su referencia a "Babilonia", en que Pedro escribió esta carta desde Roma (1º Pe 5:13).

 

La expresión "expatriados" o "extranjeros" hace referencia a la vida regenerada del creyente, la que contrasta y muchas veces contradice los patrones tradicionales de conducta de la gente (1º Pe 2:11-12). Si la carta fue escrita en el año 64 o posteriormente, la dispersión mencionada estaría relacionada con la falsa inculpación que hizo Nerón a los cristianos por el incendio de Roma. En caso contrario, la dispersión y persecución mencionadas son motivadas por la actitud hostil desarrollada por romanos y griegos contra los creyentes, los que se negaron a asimilar el trasfondo pecaminoso de la cultura de la época.

 

- ¿El contexto histórico de 1º de Pedro es similar a nuestros tiempos? ¿Estamos actualmente experimentando persecución?

 

- Diagnóstico: avance de persecución política, disminución de persecución social.

 

 

II. Sección 2

 

Parte I. Saludos a los destinatarios. Bendiciones Espirituales: la Trinidad de Dios obra en nuestro favor

 

"elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas". (v.2)

 

Este verso sintetiza la obra de salvación y nos revela la bendición espiritual que recibimos por la gracia de Dios. Esto es sencillamente la esencia de la fe cristiana.

 

- Se establece claramente el rol de la trinidad obrando en nuestro favor.

 

Si bien es lo más trascendente de la historia eterna, parece no ser realmente relevante para nuestro día a día. Se trata de temas intangibles difíciles de asimilar en el "aquí y ahora" en que vivimos. Somos seres finitos, nuestra naturaleza es buscar la satisfacción inmediata. Lo futuro nos parece lejano (ejemplo del sistema de pensiones).

 

- La gracia de Dios (obra según su voluntad, es externa a nosotros, nada en nosotros la pudo haber generado), "según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad" (Efesios 1:4-5)

 

- Recapitulación: Rol de la Trinidad de Dios obrando en nuestro favor.

 

 

Parte II. Bendiciones espirituales: Dios nos ha hecho nacer de nuevo

 

"Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos" (v.3) 

 

- La misericordia como atributo de Dios aplicada al creyente, "Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca" (Rm 9:15). Dios tiene misericordia temporal del inconverso, pero sólo del cristiano tiene misericordia eterna.

 

- El nuevo nacimiento, obra sobrenatural de Dios que recibimos solo por gracia (Jn 3:3, 2º Co 5:17, Ti 3:5).

 

- La esperanza viva, la vida eterna: ante todo, ver y estar con el Señor, "Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor" (1º Ts 4:17).

 

 

Parte III. Bendiciones espirituales: Dios nos promete una herencia y nos manda a mirar ahí

 

"para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros" (v.4)

 

"Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo" (Efesios 1:3)

 

"Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios". (Colosenses 3:1)

 

"Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman" (1º Co 2:9).

 

Parte IV. Bendiciones espirituales: Dios nos guarda con su poder

 

"que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero" (v.5)

 

- Mala noticia para todos: la naturaleza pecaminosa permanece en nosotros.

"No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias" (Rm 6:12)

 

"como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia" (1º Pe 1:14)

 

- Es necesario el poder de Dios para asegurar nuestra salvación. No podemos solos. A tanto llega nuestra maldad, que somos seres putrefactos ante el Señor.

 

"Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría" (Judas 1:24)

 

"estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo" (Fil 1:6)

 

 

III. Sección 3

 

Parte I. Vivimos en parte los sufrimientos de Cristo

 

"En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo" (v. 6-7). 

 

- Pruebas de distinta naturaleza que las que menciona Santiago. Pruebas relacionadas a persecución por el evangelio.

 

"Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros". (Mateo 5:10-12)

 

- Persecución por causa del evangelio. Heraldos del mensaje de salvación. El evangelio confronta al ser humano.

 

"Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él, teniendo el mismo conflicto que habéis visto en mí, y ahora oís que hay en mí" (Fil. 1:29-30)

 

"Y convinieron con él; y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los pusieron en libertad. Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre. Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo". (Hechos 5: 40-42)

 

"sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría." (1º Pe 4:13).

 

Parte II. Alegría y gozo incluso en las pruebas

 

"a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas" (v.8-9).

 

- La gracia de Dios nos permite amarle sin haberle visto, a diferencia de Pedro. Poder amar al Señor es motivo de gozo inefable, "Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron" (Jn 20:29)

 

- El amor por Cristo, cuyo origen no es humano, demuestra la salvación que hemos obtenido por gracia, "Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero" (1º Jn 4:19, Rm 5:5). 

 

- El mundo no ama al Señor, le aborrece, son enemigos de Dios y receptores de la ira de Dios (Jn 3:36, Ef 2:3). Sólo un renacido puede amar al Señor.

 

 

IV. Sección 4

 

Parte I. Tiempos oscuros por la persecución, buenos tiempos por la revelación

 

"Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos. A estos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles". (v. 10-12)

 

- Bendición de tener la revelación completa (He 1:1-2)

- Los profetas del AT anunciaban eventos que se concretarían en otra generación, en otro tiempo. Además, no comprendían todo lo que recibían de Dios. Recibieron revelación, pero no iluminación.

- En cambio, nosotros conocemos a Cristo, el tiempo de su venida, su obra redentora y nuestra posición de receptores del favor divino, sólo por gracia (Gal 4:4). 

 

 

V. Conclusiones

 

·      Todo lo descrito en el pasaje lo hemos recibido por la gracia de Dios.

·      Seamos conscientes, agradecidos de aquello.

·      Andar gozosos no es una opción, es la condición natural del cristiano conocedor del plan de Dios.

·      Centremos nuestra vida en las bendiciones espirituales, en las cosas de arriba, no en las de la tierra.

·      La gracia de Dios es suficiente para enfrentar las pruebas.



Pasaje Gálatas 4:8-20

  Gálatas 4:8-20 49 d.C. Antioquía de Siria   “Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son d...