sábado, 23 de septiembre de 2023

Bosquejo 1º Pedro 3:8-17

 


1º Pedro 3:8-17

 

Conducta para vivir y amar la buena vida

 

8 Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; 9 no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición. 

 

El apóstol finaliza acá la sección comenzada en 2:11, referida al testimonio cristiano en un mundo hostil, especificando varias esferas de la vida humana: "Tras referencias específicas a las relaciones civiles (2:13-17), a las relaciones en el lugar de trabajo (2:18-20), y a las relaciones con cónyuges incrédulos (3:1-7), Pedro ofrece a todos los creyentes una exhortación general, que les abrirá las puertas a la vida de bendición que Dios desea que disfruten".

 

Los miembros de la iglesia deben ser de un mismo sentir, expresión que apunta a mantener una unidad de propósito en todo tiempo, incluso enfrentando una persecución. El Señor Jesucristo oró con gran pasión por la unidad espiritual de todos los creyentes (Jn. 17:20-23), oración que fue contestada: los creyentes somos uno en Cristo (Ef. 4:4-6; cp. 1 Co. 6:17; 8:6). Esta realidad espiritual debería ser la base para la armonía visible en la iglesia. El elemento aglutinador de los miembros de la congregación es la morada del Espíritu Santo y el respectivo deseo de adorar a Cristo. Pues bien, cuando este "elemento aglutinador" pierde relevancia y presencia en la congregación, es fácilmente reemplazado por aspectos de tipo terrenal y lamentablemente, también de tipo carnal, lo que va en desmedro de la necesaria armonía que debe reinar en la iglesia. Cuando el Espíritu no está presente en la congregación, se tienden a reproducir los patrones mundanos de orden y afinidad, por lo que ya no es Cristo el que nos unifica, sino nuestros intereses y posiciones en la sociedad.

 

Compasivos significa "tener en común el mismo sentimiento", la compasión es una característica y/o atributo de Dios, Él muestra compasión de los hombres, tanto de sus hijos como de los que no lo son, permitiendo que todos puedan experimentar las bondades de la naturaleza: "Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 45 para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos" (Mt 5:44-45). Ser compasivo significa no ser insensible, indiferente ni crítico, ni siquiera con los perdidos. El amor fraternal que la palabra de Dios nos exhorta a vivir es un atributo de Dios íntimamente relacionado con la compasión. 

 

La misericordia que el apóstol nos llama a mostrar también se relaciona con la compasión y el amor fraternal. En otras palabras, no es posible ser compasivo pero no misericordioso y viceversa. La misericordia -al igual que la compasión- es un concepto que implica el accionar de sentimientos, en este caso referidos a "sintonizar" con alguien que nos ha dañado, evitando la retribución negativa que estimamos "se merece".

 

La expresión "amigables" está gramaticalmente relacionada con la humildad, la cual es una de las mayores virtudes en la vida cristiana (Mt 5:3, Lc 14:11, Ef 4:1-2). La humildad de Pablo viene de no atribuirse las fuerzas ni la capacidad de llevar a cabo las obras hechas, sino de reconocer siempre que ha sido un mero "instrumento" en las manos de Dios: "Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Fil 2:13). El Señor mismo trató a Pablo como un instrumento "porque instrumento escogido me es este" (Rm 9:15), dejando en claro que el autor de toda buena obra es Dios. 

 

La humildad es un rasgo que debería fluir automáticamente en el cristiano, o al menos en el que se encuentra lleno del Espíritu. El ejemplo supremo de humildad es el de Cristo Jesús "el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres" (Fil 2:6-7). El Señor Jesucristo fue claro al describirse a sí mismo como un siervo, "Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos" (Mr 10:45). La verdadera humildad no consiste en la auto flagelación, ni en la auto humillación, sino en un corazón que estima a los demás como mejores a sí mismo: "Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo" (Fil 2:3). La verdadera humildad reconoce a Dios como el autor de las buenas obras realizadas. El humilde busca agradar a Dios y no tiene interés en crearse un buen nombre entre los hombres: "Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo." (Gal 1:10). 

 

De esta manera, el cristiano humilde no es el que lo anima una lógica franciscana de vida, ni tampoco el que publica su miseria. Se trata de alguien que glorifica a Dios con su vida, busca en primer lugar agradar a Dios siéndole fiel a sus estatutos, y no tiene temor al hombre, en otras palabras, no está interesado en la "reputación social" que puede construir en esta vida. 

 

Finalmente, la exhortación de no devolver mal por mal ni maldición por maldición, revela el corazón del amor de Dios derramado en el creyente (Rm 5:5). Es necesario la participación de un poder sobrenatural para que los hombres podamos hacer algo que es completamente contra naturaleza, dar bien por mal, como lo hizo el Señor: "Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros" (Rm 5:8). Aun siendo pecadores, o sea, ofensores de su santísima dignidad, aun así, Cristo murió en nuestro favor. Eso es la expresión máxima de devolver bien por mal. 

  

10 Porque:

El que quiere amar la vida

Y ver días buenos,

Refrene su lengua de mal,

Y sus labios no hablen engaño;

11 Apártese del mal, y haga el bien;

Busque la paz, y sígala.

12 Porque los ojos del Señor están sobre los justos,

Y sus oídos atentos a sus oraciones;

Pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal.

 

Esta es una cita del Salmo 34:12-16. Parte estableciendo una especie de "oferta" retórica, para todo aquel que quiera ver buenos días y amar la vida. Primero, debe ser capaz de controlar su boca, y evitar el engaño. En términos generales no debe evitar solo el engaño, sino también toda expresión que provenga de un mal subyacente. La palabra de Dios dedica extensas secciones al poder de "la lengua", simbolizando la capacidad del hombre de expresar contenidos pecaminosos: "Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal" (St 3:6-8). Evitar hablar engaño es estar comprometido con la verdad en todo lugar, y también contra toda mentira e hipocresía. 

 

La vida buena contemporánea -y quizá en toda época- asocia la "buena vida" a hacer lo que uno quiere hacer, o hacer lo que a uno le gusta. Sin embargo, Pedro nos mandata a hacer "el bien". Para el creyente no es difícil saber dónde está el "bien". El bien es Cristo y su voluntad expresada en su Palabra. Ahí está el secreto de la buena vida cristiana. De ahí se sigue el buscar la paz y seguirla. Los cristianos buscamos la paz de forma activa, tanto en la congregación como también con los que no conocen a Cristo. El único límite de la paz o de la actitud pacificadora de los cristianos esté en no comprometer la verdad.

 

Finalmente, el estímulo máximo para la buena vida es hallar el favor del Dios soberano que gobierna todo. "Los ojos del Señor" es una frase común del Antiguo Testamento que se relaciona con la vigilancia bondadosa y especial de Dios sobre su pueblo (Pr. 5:21; Zac. 4:10). El Señor está siempre consciente de todo en la vida de sus hijos. Esto ya debería ser un gran incentivo para la vida y para la tranquilidad y seguridad del creyente, saber que Dios está siempre pendiente de nuestras necesidades. En contraste, el Señor está en contra de aquellos que hacen el mal, y en su omnisciencia que lo ve todo, nadie podrá escapar. La ira de Dios es contra aquellos que hacen el mal y contra aquellos que desobedecen su Palabra (cp. Ap. 6:16).

 

13 ¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien? 14 Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis, 15 sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; 16 teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo. 17 Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal. 

 

Cuando el cristiano sigue el "bien", o sea, una vida caracterizada por generosidad, altruismo, amabilidad y consideración hacia los demás, tal estilo de vida tiene la capacidad de refrenar el accionar incluso de los enemigos más acérrimos del evangelio. Está el impacto de la constatación de coherencia entre el discurso y la vida, se desencadena un respeto por la persona que vive de esta manera.

 

El versículo 14 nuevamente nos expone la bienaventuranza de padecer por causa del Evangelio. En Hechos 5:41, la sesión del concilio culmina con una nueva advertencia para Pedro y Juan: “no hablen en el nombre de Jesús”. Después de dicho esto son azotados y puestos en libertad. Lo realmente asombroso es la actitud de los apóstoles ante tal intimidación, pues se sintieron “gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre”. El apóstol Pedro, que siente gozo al ser tenido digno de padecer por Cristo, es el que alienta en su primera carta a los cristianos que están sufriendo la persecución: “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría” (1 Pe 4:12-13). El misterio se profundiza cuando el apóstol Pablo, en referencia a las tribulaciones, dice: “A fin de que nadie se inquiete por estas tribulaciones; porque vosotros mismos sabéis que para esto estamos puestos” (1º Ts 3:3).

 

El mandato de "presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo aquel que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros" podemos analizarlo en dos aspectos: si la persona que nos solicita explicaciones no es creyente, entonces lo que debemos presentarle con toda reverencia y mansedumbre es el Evangelio. No es necesario agregar más. Por otro lado, si la solicitud se relaciona con aspectos controversiales de la fe, entonces de la misma manera -mansa y reverente- debemos presentar argumentos para defender la sana doctrina. La pureza doctrinal es fundamental, más aún si entendemos que el ministerio de estorbar y distorsionar la Palabra de Dios corresponde a las huestes de maldad. La responsabilidad de custodiar y velar por la pureza doctrinal está reservada preferentemente a los pastores, los cuales por lo mismo no deben ser neófitos (1º Tm 3:6) y aptos para enseñar (1º Tm 3:3), distinguiendo claramente la verdad del error (Ti 2:1). 

 

Debemos saber diferenciar errores doctrinales de carácter involuntario de otros que son parte de estrategias activas de engaño y maquinación (2º Cor 2:11). Hay errores que necesitan corrección, pero también hay posturas más generales que son imposibles de corregir, y que sólo dan cuenta de la condición espiritual de quien las emite.

 

Finalmente, todas las exhortaciones presentadas tienen por propósito que el cristiano guarde un buen testimonio ante el mundo circundante. En su carta a Tito, en el capítulo 2, el apóstol Pablo comienza con una serie de exhortaciones sobre ser sobrios, serios, prudentes, no calumniadores, etc. El punto es que al finalizar su exhortación en el verso 5 señala: "...para que la palabra de Dios no sea blasfemada". En otras palabras, cuida tu testimonio tanto por beneficio propio, pero sobre todo, cuida tu testimonio porque es el marco del Evangelio, de la sana doctrina. En el mismo capítulo 2, versículos 9-10, el apóstol señala: "Exhorta a los siervos a que se sujeten a sus amos, que agraden en todo, que no sean respondones; no defraudando, sino mostrándose fieles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador".

domingo, 27 de agosto de 2023

Bosquejo 1 Pedro 3.1-7

 


1º Pedro 3:1-7

 

Deberes conyugales

 

1 Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, 2 considerando vuestra conducta casta y respetuosa. 

 

Continuando con la línea de exhortación para tener un testimonio de vida cristiano, el apóstol Pedro entrega una serie de mandatos para la buena conducta en el contexto del matrimonio. Recordemos que un cristiano enfrentaba en aquel entonces -igual que ahora- constantes hostilidades en la vida cotidiana, debido a que las costumbres de la vida imperial eran muy distintas a las cristianas, en forma y fondo. Para las mujeres, las instrucciones son tanto de carácter como de apariencia, y en ambos sentidos el propósito es facilitar que ella pueda llevar a Cristo al marido no era creyente. 

 

La instrucción relativa a la sumisión de la mujer se debe comprender a la luz de la cultura romana. En ésta las mujeres recibían poca consideración o respeto, viviendo siempre bajo el poder del padre (cuando vivían con sus progenitores) y posteriormente bajo el poder del esposo (que gozaba de un poder sobre su mujer similar al que tiene el padre). Como señala John MacArthur: "la sociedad relacionaba a las mujeres como simples siervas que debían quedarse en casa y obedecer a sus esposos". De esta manera, en caso que el evangelio llegara sólo a la mujer en el contexto de un matrimonio, y no al esposo, la decisión de cambiar desde los ídolos imperiales a la fe en Cristo podía traer por consecuencia un grave maltrato por parte del marido no salvo. Por esta razón, ocurrida la conversión, la mujer debía saber cómo responder a su esposo no sólo para evitar el sufrimiento, sino que para llevarlo a Cristo también.

 

"Una actitud encantadora, amable y sumisa es la herramienta de evangelización más eficaz que tiene la esposa creyente (cp. Pr. 31:26; Mt. 5:16; Fil. 2:15; Tit. 2:3-5). Relacionado con eso se encuentra la responsabilidad de ellas de mostrar una conducta casta y respetuosa, manifestando su santificación a través de Cristo por medio de una vida compuesta de comportamiento irreprochable y puro hacia Dios y hacia sus esposos" (John MacArthur, Comentario a 1º y 2º de Pedro).

 

Es importante hacer mención que el pasaje en cuestión no indica que el hombre inconverso pueda llegar a los pies de Cristo sólo por observar la conducta adecuada de su mujer. De hecho, el capítulo 1 de esta misma carta señala que los cristianos somos “... renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1º Pe 1:23). De esta manera, queda más que claro que es la predicación de la Palabra de Dios por parte de la esposa la que puede salvar al pecador. La idea acá es que la esposa que vive en el marco de una vida en sujeción matrimonial al esposo, con una conducta casta y respetuosa, hará que el hombre tenga una mejor disposición a escucharla, y posiblemente salvarse.

 

Finalmente, es importante mencionar que el pasaje exhorta a la sumisión femenina desde un punto de vista meramente funcional. La Palabra de Dios establece claramente que no existen diferencias intrínsecas entre hombres o mujeres, por lo que no es correcto decir que los primeros sean más importantes o valiosos que las segundas. Gálatas 3:27-28 indica: “Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”.

 

3 Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, 4 sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios. 5 Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos; 6 como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza.

 

Como en toda cultura, lo considerado bello o atractivo tenía su particularidad en la Roma de aquellos años. La mujer, cuando quería arreglar su apariencia de forma especial, usaba "cabello trenzado en elaboradas formas, las mujeres pudientes trataban de mantenerse al día con las últimas y más costosas modas. Los llamativos adornos de las mujeres ricas, tenían el propósito de atraer la atención hacia ellas" (1). Al igual que en nuestros tiempos, la cultura grecorromana abundaba en aspectos superficiales: uso de cosméticos, tinturas de cabello con colores extravagantes, peinados ostentosos y porte de costosas joyas. En otras palabras, se buscaba lograr una apariencia extravagante, llamativa, la cual no excluía sugerencias de carácter sexual. Se entiende que es imposible, o al menos difícil, poder combinar en una misma persona una sumisión a las modas romanas con una actitud humilde y sobria, que exige el Señor. Por otro lado, una vestimenta inadecuada no es muy consistente con una disposición a predicar el evangelio. 

 

No obstante, y a modo de evitar una acusación de legalismo o fariseísmo, se debe señalar que este pasaje no está enseñando que la mujer sea desinteresada en su apariencia, o que andar a "cara deslavada" signifique "espiritualidad". Por ejemplo, la mujer en el Cantar de los Cantares aparecía como "hermosamente adornada", pero la diferencia está en el énfasis o en el grado de importancia que se le concede a estos aspectos.

 

La contraposición que hace el texto de la apariencia frívolamente trabajada es la de un corazón espiritual que expresa un espíritu afable, apacible en carácter, algo muy valorado por el Señor. Para desarrollar un carácter de este tipo se requiere tener una perspectiva espiritual de la vida, humilde, con dependencia y satisfacción en el Señor. La palabra "afable" refiere a una actitud humilde, mientras que la palabra "apacible" significa "calmado" o "tranquilo". Estos atributos estaban presentes en grado supremo y perfecto en el Señor Jesucristo, por lo que cuando una mujer los desarrolla sabiamente se convierte en alguien de gran estima para Dios. 

 

El texto describe que el atavío de una mujer debe ser el de un "incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible" (v.4), lo que es la situación inversa a seguir las modas pasajeras que constantemente provee este mundo: "Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre" (1º Jn 2:17). Sin duda que la influencia de este mundo se impone drásticamente sobre los hombres, y los cristianos no estamos exentos de aquello, no es fácil el vencer la influencia explícita o tácita de la cultura circundante.   

 

7 Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.

 

Las instrucciones no sólo son para las mujeres, sino que también hay deberes para los hombres. La palabra "igualmente", del versículo 7, indica que en alguna medida los deberes de los esposos también tienen que ver con sometimiento, en este caso, a la voluntad de Dios.

 

La expresión "vivir con ellas sabiamente", en el contexto de esta carta, tiene que referirse a vivir de tal manera que la esposa reciba un trato digno de un hombre transformado por el poder de Dios. En el capítulo 2 el apóstol instruye al creyente a comportarse adecuadamente ante las autoridades civiles, de modo que el evangelio no sea blasfemado, también se instruye a tener una buena conducta en el contexto laboral, de modo que ahí tampoco hayan motivos para que el evangelio sea atacado. Continuando con este tipo de exhortaciones, Pedro mandata al hombre creyente a comportarse con su mujer de la misma manera que Cristo trató a su Iglesia, el cual es el ejemplo máximo de sabiduría y perfección. Describir una conducta sabia es un ejercicio muy amplio, puede abarcar todo tipo de situaciones, desde formas de expresión verbal o no verbal, el nivel de atención, la consideración, el respeto, fidelidad, etc. 

 

La mujer es llamada "un vaso más frágil" no por una condición intrínseca de valor inferior al varón, sino más bien se refiere a su fuerza física. Recordemos que en aquellos tiempos la provisión para el hogar se generaba casi siempre en base a un duro y arduo trabajo físico. Entre las ocupaciones en el imperio se cuentan las referidas a la agricultura, ganadería y elaboración de diversos elementos en metal. En un nivel más alto estaba la carrera militar, la que también incluía una serie de sacrificios físicos. Sólo una minoría tenía acceso a trabajos donde predominaba la actividad intelectual, como abogados e incluso contadores. 

 

Finalmente, la idea de la mujer como "coheredera de la gracia de la vida" hace referencia al compañerismo entre los cónyuges. En el Imperio, por lo general los esposos no estaban interesados en tener amistad con sus esposas, y esperaban simplemente que ellas mantuvieran cuidada la casa y criaran a los hijos. Como muchos podrán notar, este "formato familiar" no se agotó en el imperio antiguo, sino que también sirve para describir lo que eran las relaciones matrimoniales sólo pocas décadas atrás, en nuestros países. Ante esto, el apóstol instruye al creyente a crear una relación de compañerismo y amistad mutua entre los cónyuges, entendiendo que la relación conyugal es una de las mayores bendiciones que el Señor ha dado a los hombres, tanto creyentes como no creyentes. La relación matrimonial se debe caracterizar por una comunicación horizontal y respetuosa. Parece una receta de libro de autoayuda, pero es la exhortación de la Palabra de Dios. 



[1] Craig S. Keener, Comentario del Contexto Cultural de la Biblia. Nuevo Testamento. Editorial Mundo Hispano, Colombia, 2019. Pág. 709.

sábado, 29 de julio de 2023

Bosquejo 1º Pedro 2:11-25



 

Sección I. Mostrar buena conducta ante los gentiles

 

11 Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, 12 manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras.

 

La expresión "extranjeros y peregrinos" alude al pueblo de Dios esparcido entre las naciones, de la misma manera que el pueblo de Dios en el AT también era referido, "La tierra no se venderá a perpetuidad, porque la tierra mía es; pues vosotros forasteros y extranjeros sois para conmigo" (Lv 25:23). Los cristianos del primer siglo vivían repartidos entre las naciones, mientras el pueblo de Dios del AT vivía junto, pero rodeado de naciones paganas, por lo que su vivencia en esta tierra también se entendía en términos de extranjería y peregrinaje. Los "deseos que batallan contra el alma" refieren a las pasiones carnales que son contra el Espíritu, eso en particular se desprende de la palabra "deseo". Estos no se agotan en lo sexual, sino también a otros deseos humanos que gatillan toda clase de codicia, avaricia, celos, envidias, etc.

 

Como hemos mencionado antes, los cristianos en esta época temprana recibían un trato bastante hostil de parte de la gente común no creyente, tanto gentiles como judíos. Los gentiles normalmente atacaban a los judíos, pero con el tiempo fueron ampliando el destino de sus ataques a los cristianos, a los cuales entendían como una secta dentro del judaísmo. Justamente por esta razón Pedro entrega este "código de conducta", que se desarrolla entre 2:13 y 3:12, la idea es que la gente no tuviera razón válida para criticar o denostar a los creyentes. 

 

La apelación al "día de la visitación" es otra forma de expresar el día del juicio final, momento en que todo ser humano, incluido los gentiles, tendrán que dar cuenta a Dios de su vida. En nuestra teología, el cristiano redimido tendrá un lugar distinto en este evento, ya que ha sido salvado por la sangre de Cristo y no tiene parte en la condenación eterna.

 

En general, todas las exhortaciones que entrega Pedro son tanto un fin como un medio. ¿En qué sentido son un fin? Dios demanda a sus hijos santidad: "porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo" (1º Pe 1:16). ¿Por qué son un medio? porque tienen por propósito construir carácter cristiano en el creyente, de modo que este "carácter cristiano" sea un marco adecuado para la predicación de la Palabra de Dios. 



Sección II. Subordinación a las instituciones humanas

 

13 Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, 14 ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien. 15 Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos; 16 como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios. 17 Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey.

 

El término traducido "gobernantes" incluye a los diferentes personeros que ocupaban puestos de mando en el imperio, tanto quienes gobernaban las provincias imperiales como representantes del emperador y procónsules. Estos representantes de Roma gobernaban la mayor parte del imperio. Todos estos eran enviados por el emperador y se esperaba que administraran la justicia. Dado que la mayoría de los lectores de Pedro estaban directamente bajo el mando de gobernadores (puestos por el emperador), cuando Pedro hace mención al "rey" (v. 13) probablemente se está refiriendo al emperador romano. Los reyes súbditos de otras regiones del imperio ejercían su mando en subordinación a los intereses de Roma. No es probable que Pedro tuviera en mente a este tipo de reyes al hacer la mención en el verso 13. Como mencionamos más arriba, estas exhortaciones tienen por propósito disminuir las hostilidades que los gentiles le propinaban al pueblo de Dios.

 

Esta sección escrita por el apóstol Pedro es muy similar a lo expresado por Pablo en Romanos 13: "Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos". 

 

Ambos pasajes podrían ser controversiales, sin embargo el creyente debe tener claro que antes que cualquier posición política o cultural personal o particular, está la obediencia a la Palabra de Dios. La instrucción bíblica debe tener una prerrogativa sobre las preferencias personales o familiares. 

 

En segundo lugar, hay que entender correctamente el sentido de estos versículos. La Palabra de Dios de ninguna manera exige del creyente un culto o una adoración al líder, ni tampoco compartir el punto de vista de la autoridad de turno. Lo que la Biblia exige del cristiano es respeto y reconocimiento hacia la autoridad; es posible el disenso e incluso la crítica, pero ambas deben ser expresadas en el marco del respeto a la institucionalidad existente. 

 

En definitiva, el sometimiento a la autoridad exhorta al respeto y obediencia a la estructura política del Imperio Romano, instrucción que actualizada a nuestros días -como diría un abogado- equivaldría al debido respeto al Estado de Derecho, a la Constitución y a las leyes. 

 

Sección III. El ejemplo de Cristo

 

18 Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos; no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar. 19 Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente. 20 Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. 21 Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; 22 el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; 23 quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente; 24 quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados. 25 Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.

 

Esta sección hace un paralelo entre los padecimientos injustos que sufrían los esclavos en este periodo, con el sufrimiento del Señor Jesucristo. Como señaló un erudito: "La paciencia mientras se sufre un castigo merecido no es una virtud, pero el cristiano está llamado a aceptar aun el tratamiento rudo de un amo injusto. Esto le hace ganar la alabanza del Señor. El perseverar en hacer el bien, y el ser pacientes bajo el sufrimiento, aún pueden ser considerados como el llamado del cristiano, así como fue una parte de los sufrimientos de Cristo". 

 

El Señor Jesucristo señaló algo similar: "Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto." (Mt 5:43-48).

 

El paralelo es una forma de expresar el amor de Dios, el cual se ofrece a hombres que pecan directamente contra él mismo Dios: "Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros" (Rm 5:8). Esta actitud refleja un carácter humano cambiado de forma sobrenatural por Dios. Un escritor una vez dijo lo siguiente:

 

Devolver mal por bien es de un demonio

Devolver mal por mal es de una bestia

Devolver bien por bien es humano

Devolver bien por mal es de Dios

 

Sólo un corazón regenerado por el poder de Dios puede llegar a dar algo bueno a quien le ha reportado padecimientos injustos.

 

El Señor "no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente". El Señor mostró humildad y dominio propio, y utiliza justamente a hombres humildes como instrumentos para llevar a cabo sus planes. Santiago cita el Salmo 147:6 en su carta: "Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes" (Santiago 4:6). Exactamente el mismo texto es citado por el apóstol Pedro: "Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes" (1º Pedro 5:5). 

 

Los últimos versículos, citas del profeta Isaías, profundizan en la obra redentora de Cristo. La muerte del Señor ha provisto del único pago que satisface la justicia de Dios por el pecado que cargamos. Cristo es el mediador entre un Dios santo, justo, amoroso y una humanidad caída en pecado. Es la acción de Dios en Cristo, a favor del pecador, el que le libra de la condenación eterna y abre la entrada a los lugares celestiales. 

 

Al creer en Cristo el hombre pone su deuda en el Salvador, le imputa su pecado. Así Cristo se hace ofrenda por el pecado (2ª Chor 5:21), paga la sentencia y cancela la deuda del hombre con Dios. La justicia de Dios es satisfecha y se hace posible que el hombre reciba el perdón, ya que Cristo pudo satisfacer la sentencia por el pecado que había establecido el Padre. El hombre recibe este beneficio por gracia, o sea, sin apelación a méritos propios, ni siquiera a potenciales. 

 

domingo, 18 de junio de 2023

Bosquejo 1º Pedro 2:1-10

 



 

Sección 1

 

1 Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, 2 desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, 3 si es que habéis gustado la benignidad del Señor.

 

El capítulo 1 se cierra con una exhortación central: "amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro" (1º Pe 1:22). No es sorpresa saber que todo renacido tiene que manifestar amor por sus hermanos (1º Jn 2:9-11), y ese amor, producto del Espíritu de Dios que habita en nosotros (Rm 5:5), nos habilita a crecer en santidad, una vida de integridad, no de simulación o hipocresía. Se debe luchar activamente contra los pecados de la carne, hipocresía y envidia incluidas. También se debe luchar contra otras "detracciones", palabra que apunta a toda forma de difamación: maledicencia, calumnia, murmuración.

 

El Señor señaló: "Escrito está: «No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios»" (Mt 4:4). Al ser salvados, los cristianos conocemos la bondad de Dios y eso nos impulsa a buscarle para crecer espiritualmente, por un deseo de conocerle más a él. El impulso puesto por Dios en el corazón del creyente, a través de la presencia del Espíritu Santo, debe mover al cristiano -de su propia voluntad- a buscar alimento espiritual. Job le declaraba al Señor: "Del mandamiento de sus labios no me he apartado, he atesorado las palabras de su boca más que mi comida" (Job 23:12). El autor del salmo 1 señala: "Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; 2 Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche". (Sal 1:1-2). Sin embargo, no podemos olvidar la presencia del pecado en nosotros y la correspondiente batalla espiritual: "Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne..." (Gal 5:17). 

 

Si bien algunas versiones no traducen el verso 3 como un condicional (si es que habéis gustado la benignidad del Señor), la mayoría de las versiones sí lo hace, y corresponde a la estructura textual del idioma original. Dicho esto, debemos aceptar que todo renacido tendrá en su interior un deseo espiritual puesto por el mismo Dios, deseo que en algunos casos es intenso, como el de un niño recién nacido que llora por leche materna, pero que en otros casos, producto de la influencia del pecado, apenas se percibe.

 


Sección 2

 

La piedra viva

 

4 Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, 5 vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. 6 Por lo cual también contiene la Escritura:

 

He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa;

Y el que creyere en él, no será avergonzado.

7 Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen,

La piedra que los edificadores desecharon,

Ha venido a ser la cabeza del ángulo;

8 y:

Piedra de tropiezo, y roca que hace caer,

porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados.

 

Cristo, la piedra reprobada por los edificadores (la nación de Israel) ha venido a ser la cabeza preeminente de la Iglesia (Ef 2:19-22). Romanos 9 refiere a Cristo como la “piedra de tropiezo” que hizo caer a Israel, pues buscaron la justicia de Dios a través de las obras de la ley y no por la fe (Rm 9:32-33). Sin embargo, para Dios su Hijo es precioso y escogido para la redención desde antes de la fundación del mundo (1º Pe 1:20). 

 

Los cristianos somos llamados por el apóstol Pedro "piedras vivas", en referencia a nuestra identificación con Cristo, la "Piedra Viva" del versículo 4. Ejercemos un sacerdocio santo por medio de la obra de Cristo, pudiendo establecer comunicación directa con Dios por medio del Espíritu Santo y gracias a la obra expiatoria del Señor Jesús. Además, podemos ofrecer sacrificios aceptables a Dios, nuevamente por los méritos de Cristo y sólo a través de su poder (de lo contrario no serían aceptables). Romanos 12:1 nos llama justamente a eso, a entregar nuestra vida completa en sacrificio agradable a Dios.

 

La descripción del apóstol Pedro de Cristo como piedra del ángulo, es una cita combinada de Isaías 28:16, Salmo 11:22 y Isaías 8:14-15. Se trata de un contenido similar a lo expresado por Pablo en 1º Corintios 1:20-24, donde distingue entre judíos y gentiles respecto de la recepción de la palabra de la cruz: "¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios."

 


Sección 3

 

El pueblo de Dios

 

9 Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; 10 vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.

 

Los gentiles, el olivo silvestre injertado contra naturaleza en el buen olivo (Rm 11:17-24), somos parte del pueblo elegido por Dios desde la eternidad. En el antiguo pacto ese pueblo tuvo características étnicas, nacionales y una serie de estatutos específicos. En el nuevo pacto, ese pueblo elegido es la iglesia, la que incluye todo tipo de nacionalidades, no sólo hebreos. Nuevamente el apóstol Pedro trae a colación elementos del Antiguo Testamento en su descripción del pueblo cristiano. Como mencionamos, somos un pueblo de sacerdotes santos adquiridos por Dios, no desde el mismo punto de vista en que Aaron o los levitas fueron sacerdotes, sino únicamente por medio de la obra expiatoria, propiciatoria, redentora y salvadora de Cristo, la que permitió que podamos tener comunión directa con Dios.

 

Tenemos un supremo llamamiento a predicar la palabra de Cristo, el evangelio de salvación, en particular "las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable". Es notable que Pedro específique que el anuncio del cristiano debe tratar de Cristo mismo, no de nosotros los hombres, y en caso que nos citemos, ojalá sea sólo para ilustrar la necesidad de salvación que tenemos. El anuncio de los cristianos debe tratar abundantemente de la persona de Cristo, su papel previo a la encarnación, su vida perfecta, su obra redentora y su rol actual de intercesión ante el Padre (las virtudes de aquel). El mensaje cristiano anuncia y magnifica las virtudes de Cristo, no las supuestas "hazañas" nuestras.  

 

Finalmente, recordemos que la misericordia es un atributo de Dios que sólo beneficia a los creyentes. Para los muertos en delitos y pecados, Dios solo muestra compasión y/o bondad al permitirles respirar o disfrutar de las diversas amenidades de la creación. Sin embargo, los inconversos no verán misericordia en la eternidad, puesto que su transgresión no será pasada por alto, Dios inexorablemente ejecutará la sentencia correspondiente contra ellos.  

sábado, 3 de junio de 2023

Bosquejo 1º Pedro 1:17-25

 



1º Pedro 1:17-25


Sección I

 

17 Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; 

 

Los cristianos nacidos de nuevo (Jn 3:3), somos llamados a ser santos (1º Pe 1:16). A su vez, somos los que invocamos a Dios en toda situación siendo oídos por él, lo cual es una bendición inmensurable. Además, Dios nos ha colmado de bendiciones espirituales (Ef 1:3), -nos ha adoptado como hijos, nos ha redimido del poder del pecado, ha anulado la condena que pesaba sobre nosotros, nos ha hecho participantes de la naturaleza divina, etc-. No obstante lo anterior, Dios sigue siendo juez de toda la humanidad (He 12:23), lo que incluye a los creyentes. Dios sigue juzgando nuestra conducta, pensamientos, habla, etc. y si bien por la gracia de Dios ya no tenemos parte en la condenación eterna, Dios nos puede disciplinar, amonestar y también probar por diversas razones. 

 

Un cristiano no debiera buscar la santidad por temor al castigo de Dios, sino por el mero hecho que ahora conocemos a Dios, y su revelación nos impulsa a vivir con temor (v. 17) en nuestra vida terrenal; "el tiempo de vuestra peregrinación" (Rm 6:22; 1º Ts 4:3;7). "La tierra no se venderá a perpetuidad, porque la tierra mía es; pues vosotros forasteros y extranjeros sois para conmigo" (Lv 25:23).


Varios son los pasajes que llaman al creyente -sí, al creyente- a tener una conducta sobria (1º Ts 5:6, Ti 2:2, 1º Pe 1:13), sabia en este mundo (Ef 5:15), a velad (Mt 24:42, 1º Co 15:34) y a cuidar la salvación (He 2:3, Fil 2:12). El Reino de Dios es como un tesoro en un campo hallado por un hombre, el cual vende todo para quedarse con el campo que contiene el tesoro (Mt 13:44). Esta parábola refiere a la importancia que debe tener la salvación que Dios nos ha dado, la que si bien es otorgada al hombre por la gracia de Dios, fue conseguida por la obra de Cristo en la cruz.

 


Sección II

 

18 sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, 20 ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, 21 y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios.

 

Uno de los pasajes que resume de mejor manera esa "vana manera de vivir" se encuentra en Tito 3:3: "Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros."

 

La congregación de creyentes no es un mero agregado de gente, sino que es nada más y nada menos que lo adquirido por la sangre que el Señor vertió: "Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre" (Hch 20:28). El decreto de Dios estableció el plan de redención, "antes de la fundación del mundo", y cada persona de la Trinidad juega un rol específico en su ejecución (1º Pe 1:2).

 

Como señalamos, la redención no se pagó con un metal terrenal de valor humano, sino con la vida del Hijo de Dios, simbolizada en su sangre. El valor de esta vida es infinito, por tratarse del Hijo de Dios, y por esta precisa razón su sacrificio fue capaz de pagar la sentencia asignada a nuestra transgresión contra Dios (la cual también es de valor infinito en contra nuestra).  

 

La muerte del Señor ha provisto del único pago que satisface la justicia de Dios por el pecado que cargamos. Cristo es el mediador entre un Dios santo, justo, amoroso y una humanidad caída en pecado. Es la acción de Dios en Cristo, a favor del pecador, el que le libra de la condenación eterna y le abre la entrada a los lugares celestiales. 

 

Al creer en Cristo el hombre pone su deuda en el Salvador, le imputa su sentencia de condenación eterna. Así Cristo se hace ofrenda por el pecado (2ª Cor 5:21), paga la sentencia y cancela la deuda del hombre con Dios. La justicia de Dios es satisfecha y se hace posible el perdón al ser humano, perdón que sin mediar la obra de Cristo habría transgredido la justicia de Dios. El hombre recibe este beneficio por gracia, o sea, sin apelación a méritos propios, ni siquiera a potenciales acciones que pudiera realizar. La salvación es por obras, pero la obra de Cristo.

 

El mensaje del evangelio interpela al hombre en dos direcciones, arrepentimiento y fe; “arrepentíos y creed en el evangelio” (Mr 1:15). Cristo carga los pecados de su pueblo bajo la solemne advertencia: “el que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Jn 3:36).


 

Sección III

 

22 Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro; (RV 1960)

 

22 Puesto que en obediencia a la verdad habéis purificado vuestras almas para un amor sincero de hermanos, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro. (LBLA)

 

"Espero en el Señor Jesús enviaros pronto a Timoteo, para que yo también esté de buen ánimo al saber de vuestro estado; pues a ninguno tengo del mismo ánimo, y que tan sinceramente se interese por vosotros. Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús." (Fil 2:19-21) 

 

Después de haber apelado al Cesar, y de su posterior travesía por el Mediterráneo, Pablo estaba en reclusión domiciliaria en Roma a la espera de ser recibido por Nerón. En este contexto escribía la carta a los Filipenses, iglesia que había fundado en su segundo viaje misionero. En su día a día Pablo recibía visitas tanto de judíos como de cristianos y les predicaba el Evangelio.

 

Pablo quería contactar a los filipenses, Timoteo fue el primer considerado en ese momento para ir a Filipo y llevar una correspondencia, lo triste es que parece ser el único idóneo. El enviado debía ser alguien con un amor sincero por los hermanos, pues el amor a Dios se debe expresar siempre en amor a los hermanos (1ª Jn 2:9), amor sin fingimiento (Rm 12:9). El Señor asigna valor a la bondad sincera, y recurrentemente expresa rechazo profundo a la hipocresía. En Mateo 23 el Señor Jesucristo es muy severo con los Fariseos, y entre las principales acusaciones destaca la hipocresía. El amor de un creyente debe brotar de un "corazón puro", sin dobles intenciones.

 

 

Sección IV

 

23 siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. 24 Porque:

Toda carne es como hierba,

Y toda la gloria del hombre como flor de la hierba.

La hierba se seca, y la flor se cae;

25 Mas la palabra del Señor permanece para siempre.

Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada.

 

Una idea similar expresa Santiago en su carta: "Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas" (Stgo 1:18). Sólo Dios es partícipe en el nuevo nacimiento del creyente, y la manera que Él estableció es que sea el poder de su Palabra la que vivifique al ser humano muerto en delitos y pecados. De la misma manera que su Palabra hizo los cielos y la tierra, y creó la vida desde la nada, él también ha ordenado que este "nuevo nacimiento" sea impartido, gestado o generado a través de la Palabra, en particular, del evangelio que los mensajeros de Dios predican. Recordemos que el Evangelio es poder de Dios para salvación, por lo que no somos nosotros ni nuestros métodos, sino la Palabra de Dios la que tiene el poder de "revivir" a un perdido (Rm 1:16). De ahí la importancia a ser fiel a la Palabra, puesto que cualquier "creatividad" humana que intervenga en el mensaje, sólo traerá consecuencias negativas. 


"Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí" (Jn 5:39).

sábado, 20 de mayo de 2023

Bosquejo 1º Pedro 1:13-16

 





1º Pedro 1:13-16

 

Sección I

 

13. Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado; (RV1960)

 

13. Por tanto, ceñid vuestro entendimiento para la acción; sed sobrios en espíritu, poned vuestra esperanza completamente en la gracia que se os traerá en la revelación de Jesucristo. (LBLA)

 

Exhortaciones:

 

Ceñid los lomos de vuestro entendimiento: lit: apretar un cinturón, amarrar una cuerda. Metafóricamente: hacer un esfuerzo consciente en disciplinar pensamientos (Rm 12:2), vivir e interpretar la existencia según prioridades bíblicas (Mt 6:33), despegarse de estorbos pecaminosos del mundo (He 12:1). 

 

La lectura y meditación constante y disciplinada en la Palabra de Dios construye una estructura mental de pensamientos, opiniones, juicios, todos de acuerdo a la mente de Dios. Pensar bíblicamente es pensar de acuerdo a la voluntad de Dios. Importancia de poseer claridad teológica para analizar los distintos eventos de la existencia, ya sean cotidianos como temas de sociedad (Salmo 1:2).

 

Sed sobrios. No perder control de la mente y la acción (Ef 5:18, Col 3:16). Contrapone la embriaguez, disolución, negligencia o irresponsabilidad por beber vino en exceso, a la sobriedad del hombre espiritual. No perder la autoridad espiritual al absorber el sistema pecaminoso del mundo.

 

Esperad en la gracia. De principio a fin la obra de salvación es por gracia, o sea, inmerecida para nosotros, por medio de la fe. La elección, la redención y la santificación (1º Pe 1:2) las recibimos sin merecerlas (y sin ser capaces de hacer nada potencialmente para merecerlas) y la culminación de todo también será un regalo de gracia que debemos anhelar. Esperanza en el regreso del Señor (1º Juan 3:2, 2º Tim 4:8).

 

 

Sección II

 

14 como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; 

 

Hijos obedientes, condición opuesta a los hijos de desobediencia (Ef 2:2). 

 

El hijo de desobediencia pasa a ser un hijo obediente a través del nuevo nacimiento (1º Pe 1:3), obra sobrenatural realizada por Dios en el corazón del hombre elegido antes de la fundación del mundo (Ef 1:4). Dios pone su Espíritu en el hombre, haciéndolo partícipe de la naturaleza divina (2 Pe 1:4), lo habilita y mandata a crecer en santificación (1º Ts 4:7). Nuevo nacimiento, regeneración, renacimiento, conversión: es una obra objetiva de Dios, el hombre la recibe desde el exterior, desde Dios (2º Co 5:17). No nos hacemos renacer a nosotros mismos.

 

Conformarnos a los deseos que teníamos estando en nuestra ignorancia. La misma palabra de Romanos 12:2 "No os conforméis a este siglo...".

 

Deseos que teníamos siendo ignorantes de Dios: "en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás" (Ef 2:2-3; Juan 3:36).

 

"Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros." (Tit 3:3)

 

 

Sección III

 

15 sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; 16 porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.

 

Cita del AT.

 

"1 Habló Jehová a Moisés, diciendo:

2 Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios. 3 Cada uno temerá a su madre y a su padre, y mis días de reposo guardaréis. Yo Jehová vuestro Dios. 4 No os volveréis a los ídolos, ni haréis para vosotros dioses de fundición. Yo Jehová vuestro Dios." (Lv 19:1-4)

 

"Santificaos, pues, y sed santos, porque yo Jehová soy vuestro Dios" (Lv 20:7). 

 

El mandato viene desde el mismo Dios, por eso se repite tanto la expresión de autoría o firma en Levítico 19: "yo soy el Señor vuestro Dios" o "yo soy el Señor".


Dios demanda santidad porque Él es el santo. Dios es santo en 2 sentidos: 

 

1. "Dios es inherentemente y absolutamente grande, distinto a todas sus criaturas en majestad infinita, de un modo trascendental"

 

2. "Es apartado del pecado, y es moral y éticamente perfecto, aborrece el pecado y exige pureza en sus criaturas morales"

 

La demanda de Dios para su pueblo es ser santo en el segundo sentido. Imitando a Dios. Claramente no podemos serlo en el primero.

 

La santidad se manifiesta en obedecer las Escrituras en la vida cotidiana, en lo público, en lo privado, en la mente, habla y acción. Nuevo nacimiento, obra objetiva de Dios, no fe simulada. 

 

Exhortaciones contra la fe o amor simulados:

 

1. "Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida," (1º Tim 1:5)

  

2. "Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro;" (1º Pe 1:22)

  

3. "El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno" (Rm 12:9)

 

La santidad comienza en el hogar, en lo privado: "que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?)" (1º Tim 3:4-5). Integridad (concepto neutro): equivalencia entre conducta privada y pública. 

 

No puede haber un área de obediencia y otra de desobediencia. "... sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir..." (v.15)

 

Como Dios es santo (atributo de Dios, teología), debemos vivir santamente (vida práctica). El impacto del estudio de Dios en la vida práctica.

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