sábado, 17 de septiembre de 2022

La ciudadanía romana de Pablo (Hechos 22:17-30)

 


Y me aconteció, vuelto a Jerusalén, que orando en el templo me sobrevino un éxtasis. Y le vi que me decía: Date prisa, y sal prontamente de Jerusalén; porque no recibirán tu testimonio acerca de mí. Yo dije: Señor, ellos saben que yo encarcelaba y azotaba en todas las sinagogas a los que creían en ti; y cuando se derramaba la sangre de Esteban tu testigo, yo mismo también estaba presente, y consentía en su muerte, y guardaba las ropas de los que le mataban. Pero me dijo: Ve, porque yo te enviaré lejos a los gentiles.

 

El apóstol experimentó un "éxtasis", palabra que describe la "experiencia apostólica única de ser transportado más allá de los sentidos normales hacia el reino sobrenatural a fin de recibir revelación divina. La palabra se usa dos veces para describir la visión de Pedro en Jope (Hch 10:10; 11:5)". (1)

 

Pablo termina de relatar su conversión a una audiencia que permanecía muy agitada. En esta última sección del relato el apóstol menciona dos asuntos que hirieron directamente el orgullo judío. Por un lado, la actitud terca y de duro corazón del pueblo para recibir el testimonio de Dios, "sal prontamente de Jerusalén; porque no recibirán tu testimonio acerca de mí" (Hch 22:18). Por otro lado, la misma voz enviaba al apóstol Pablo a ministrar a los gentiles, lo que constituía una nueva afrenta al orgullo nacional. En palabras de Keener: "Pablo sabe que su declaración ofenderá a sus oyentes, dado el recrudecimiento de las tensiones entre judíos y gentiles en Palestina en estos años. Sin embargo, siente que es una parte crucial del evangelio al incluir diversas etnias" (2)


La salvación de los gentiles siempre estuvo presente en la revelación bíblica, pero la tradición oral hebrea señalaba lo contrario. Debido a la importancia creciente que tuvo esta última, normalmente se aceptó que un gentil no podía ser salvado por Dios a menos que se convirtiera en un prosélito judío. Entre los pasajes que respaldan explícitamente esta idea se cuentan los siguientes: "En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra.." (Gn 22:18), "Yo la sembraré para mí en la tierra; me compadeceré de la “Indigna de compasión”, a “Pueblo ajeno” lo llamaré: “Pueblo mío”; y él me dirá: “Mi Dios”" (Oseas 2:23 NVI).

  

Y le oyeron hasta esta palabra; entonces alzaron la voz, diciendo: Quita de la tierra a tal hombre, porque no conviene que viva. Y como ellos gritaban y arrojaban sus ropas y lanzaban polvo al aire, mandó el tribuno que le metiesen en la fortaleza, y ordenó que fuese examinado con azotes, para saber por qué causa clamaban así contra él. Pero cuando le ataron con correas, Pablo dijo al centurión que estaba presente: ¿Os es lícito azotar a un ciudadano romano sin haber sido condenado? Cuando el centurión oyó esto, fue y dio aviso al tribuno, diciendo: ¿Qué vas a hacer? Porque este hombre es ciudadano romano. Vino el tribuno y le dijo: Dime, ¿eres tú ciudadano romano? Él dijo: Sí. Respondió el tribuno: Yo con una gran suma adquirí esta ciudadanía. Entonces Pablo dijo: Pero yo lo soy de nacimiento. Así que, luego se apartaron de él los que le iban a dar tormento; y aun el tribuno, al saber que era ciudadano romano, también tuvo temor por haberle atado.

 

Al día siguiente, queriendo saber de cierto la causa por la cual le acusaban los judíos, le soltó de las cadenas, y mandó venir a los principales sacerdotes y a todo el concilio, y sacando a Pablo, le presentó ante ellos.

 

Al oír las palabras de Pablo los ánimos de la audiencia se encendieron y con mayor razón querían matarlo, "este hombre no conviene que viva". El lanzar polvo al aire no era un acto que indicara indignación, más bien era una expresión de duelo. Es probable que en este contexto el lanzamiento de polvo al aire no haya tenido una significación simbólica específica. 

 

Entre el favor de una multitud de personas agresivas o el de Pablo, los funcionarios del imperio obviamente prefirieron congraciarse con la multitud. Por esta razón se dio la orden de enviar a Pablo al calabozo y azotarlo lo suficiente. Si bien es cierto que en aquel tiempo era legal azotar a los esclavos o a los extranjeros para forzarlos a confesar o para determinar la verdad respecto de alguna situación, el tribuno no tenía autoridad para enjuiciar a un provinciano que pertenencia a otra jurisdicción (3). Como se desprende del relato, no había razón para infringirle a Pablo tal castigo, pues no había habido juicio ni menos condena: "¿Os es lícito azotar a un ciudadano romano sin haber sido condenado?" (Hch 22:25). 

 

El tribuno se asustó en gran manera al saber la condición ciudadana de Pablo, ya que someter a un romano al castigo del azote pudo haber destruido su carrera militar, o pudo haberle costado la vida. Las leyes de Juliano y de Porcio eximían a los ciudadanos romanos del azotamiento sin juicio, además tampoco se los podía torturar con el objetivo de extraerles información. Muchas veces me pregunté sobre la facilidad de burlar alguna situación aludiendo a una potencial ciudadanía romana, en especial en un tiempo donde no hay ni credenciales, ni carnet, ni menos "códigos QR". Sin embargo, lo que realmente "acreditaba" el reclamo ciudadano del apóstol era la pena de muerte asociada a mentir al respecto. Por esta razón, cuando alguien reclamaba ser ciudadano romano por lo general se aceptaba sin objeción alguna.


El posterior diálogo entre el apóstol y el tribuno respecto del origen de la ciudadanía era en el fondo una pregunta -por parte del tribuno- sobre el estatus romano de Pablo. Como lo ilustra Keener: "Normalmente, nacer libre proporcionaba a la persona un nivel social más alto que el de un liberto, y el ciudadano que había nacido como esclavo tenía derechos limitados. (Esto sucedía desde el punto de vista aristócrata del nivel social, aunque no sucedía necesariamente en la parte económica. Todavía ligados a sus anteriores dueños como protegidos, los esclavos liberados tenían ventajas económicas de las que carecían los campesinos que se hacían libres). Por lo tanto, Pablo tiene un nivel superior en algún sentido. Tal vez contestó en latín: él era un ingenuus, ciudadano por nacimiento" (4).  

 

Finalmente, el apóstol es expuesto ante los principales miembros del concilio de Jerusalén, la instancia religiosa y política judía más importante, lugar donde Pablo daría testimonio de Cristo. 

 



[1] John Macarthur, Comentario del Nuevo Testamento: Hechos, Editorial Portavoz, USA, 2014. Pág. 568.

[2] Craig S. Keener, Comentario del Contexto Cultural de la Biblia. Nuevo Testamento. Editorial Mundo Hispano, Colombia, 2019. Pág. 390.

[3] Ibid. pág. 391

[4] Ibid. pág. 391

sábado, 20 de agosto de 2022

Pablo enfrenta a la audiencia judía (Hechos 22:1-16)


 

Varones hermanos y padres, oíd ahora mi defensa ante vosotros.

Y al oír que les hablaba en lengua hebrea, guardaron más silencio. Y él les dijo: Yo de cierto soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel, estrictamente conforme a la ley de nuestros padres, celoso de Dios, como hoy lo sois todos vosotros. Perseguía yo este Camino hasta la muerte, prendiendo y entregando en cárceles a hombres y mujeres; como el sumo sacerdote también me es testigo, y todos los ancianos, de quienes también recibí cartas para los hermanos, y fui a Damasco para traer presos a Jerusalén también a los que estuviesen allí, para que fuesen castigados.

 

La vivencia de Pablo en Jerusalén da cumplimiento a la profecía que poco tiempo atrás hiciera Agabo: "Así atarán los judíos en Jerusalén al varón de quien es este cinto, y le entregarán en manos de los gentiles" (Hechos 21:11). En el pasaje que examinamos ahora se describe en detalle lo profetizado en aquel momento. 

 

Pablo se enfrenta a una audiencia judía bastante fanática de su integridad como nación, por lo que los argumentos planteados tienen un evidente sabor a defensa cultural. Al decir de Craig Keener, "de los tres registros del llamamiento de Pablo, este es el que está diseñado claramente para una audiencia judía nacionalista" (1). Recordemos lo que decían los agitadores judaicos contra el apóstol: "Este es el hombre que por todas partes enseña a todos contra el pueblo, la ley y este lugar; y además de esto, ha metido a griegos en el templo, y ha profanado este santo lugar" (Hechos 21:18). De esta manera, los agitadores se enfrentaban principalmente a la potencial amenaza que representaba el evangelio desde un punto de vista de las tradiciones nacionales, lo cual también acarreaba una serie de cambios en la vida comunitaria, y en la vida económica, probablemente. 

 

Pablo estaba resuelto a predicar a Cristo a los de su nación sin importar el costo que esto tuviera, esto lo había vuelto a decir recientemente en Tolemaida, después que Agabo le hubiera advertido lo que sucedería con él en Jerusalén: "¿Qué hacéis llorando y quebrantándome el corazón? Porque yo estoy dispuesto no solo a ser atado, más aún a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús" (Hechos 21:13). Sin embargo, a pesar de que en una primera lectura pareciera que Pablo se dirige a Jerusalén casi en forma irreflexiva, podemos hallar en las palabras del apóstol cierta estrategia, pues el propósito cristiano no es meramente morir por Cristo, sino lograr que la audiencia pueda efectivamente escuchar el evangelio. Por esta razón, cuando el apóstol comienza su discurso lo primero que hace es enfatizar en sus raíces judaicas, su pertenencia nacional, entre otros aspectos: "Yo de cierto soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel, estrictamente conforme a la ley de nuestros padres, celoso de Dios" (Hechos 22:3). Recordemos que Pablo llegó a ser maestro de la ley siendo alumno de Gamaliel I, el famoso alumno del rabino Hillel, por lo que se convirtió en un maestro fariseo ortodoxo sin lugar a dudas. Respecto al celo por Dios, Pablo pudo buscar identificarse con Finees, quien mató por Dios (Núm 25:13). También puede haber sido una concesión a los "zelotes", grupo más extremo definidos como "celosos por Dios". Esta mención pudo haber sido atractiva para los oyentes judíos más nacionalistas (2)Con toda probabilidad esta información calmó los ánimos de muchos de los presentes en el recinto, e impidió que se gestara una escalada de violencia que pudo haber terminado con la vida de Pablo en ese mismo lugar. 

 

El discurso continua con otro énfasis del apóstol, que tiene que ver con profundizar en su pasado como persecutor de la iglesia. Es de valor para el oyente considerar que este actual predicador de Cristo anteriormente había "asolado a la iglesia", y que entregaba a los cristianos a la muerte (Hechos 8:3, Gálatas 1:13). Esta descripción destacaba el poder del evangelio, el que lo había trasladado de ser un perseguidor a muerte del "Camino" a ser un valiente predicador de Cristo. Sólo el evangelio tiene el poder de cambiar el rumbo de la existencia del hombre muerto espiritualmente y enderezarlo en la dirección de la voluntad de Dios, se trata de un cambio del "cielo a la tierra", de "muerte a vida". En el presente todo cristiano está vivo espiritualmente, pero antes de ser regenerado por el poder de Dios el creyente igualmente estaba muerto: "Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados" (Colosenses 2:13).

 

Pablo vuelve a relatar su conversión

 

Pero aconteció que yendo yo, al llegar cerca de Damasco, como a mediodía, de repente me rodeó mucha luz del cielo; y caí al suelo, y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Yo entonces respondí: ¿Quién eres, Señor? Y me dijo: Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues. Y los que estaban conmigo vieron a la verdad la luz, y se espantaron; pero no entendieron la voz del que hablaba conmigo. Y dije: ¿Qué haré, Señor? Y el Señor me dijo: Levántate, y ve a Damasco, y allí se te dirá todo lo que está ordenado que hagas. Y como yo no veía a causa de la gloria de la luz, llevado de la mano por los que estaban conmigo, llegué a Damasco.

 

El apóstol Pablo vuelve a relatar su conversión, narrada por primera vez en Hechos 9. Creo que el contenido medular de este pasaje es la identificación directa del Señor Jesucristo con su pueblo, con la iglesia perseguida por los judíos. Un ataque a la Iglesia de Cristo es un afrenta directa contra el Señor mismo de la Iglesia, situación válida tanto en el tiempo de la iglesia apostólica como en nuestros días. Nótese que el Señor ya ascendido se presenta ante el apóstol como "Jesús de Nazaret", lo que evidentemente da cuenta de su pertenencia histórico-cultural. Podríamos inferir que el Señor no sólo incorpora de forma perpetua su naturaleza humana, sino que también persisten algunos rasgos particulares de su periodo de encarnación. 

 

La luz que encegueció a Pablo es un anticipo de la gloría de Dios, la que es imposible de ser vista en toda su plenitud por un hombre sin morir en el intento. Pablo vio un mero destello de la gloria del Señor, quedando momentáneamente sin visión.

 

Finalmente el pasaje nos da luces respecto de la predestinación que ha hecho Dios de las obras de justicia. El Señor manda a Pablo a Damasco, donde "se te dirá todo lo que está ordenado que hagas" (Hch 22:10). Las buenas obras que el hombre desempeña de la mano del control de Dios ya han sido previamente determinadas, son una bendición para el instrumento que las ejecuta, y su valor eterno es difícilmente cuantificable en esta vida: "Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas" (Ef 2:10).  

 

Entonces uno llamado Ananías, varón piadoso según la ley, que tenía buen testimonio de todos los judíos que allí moraban, vino a mí, y acercándose, me dijo: Hermano Saulo, recibe la vista. Y yo en aquella misma hora recobré la vista y lo miré. Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca. Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído. Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre.

 

Finalmente, Pablo recupera la visión a través de una instrucción de Ananías, varón piadoso según la ley. Sin que sea mencionada de forma explícita, el pasaje se presta para la alegoría de la visión espiritual. Pablo recupera la visión física y adquiere por primera vez la espiritual, lo que tiene por consecuencia el poder ver y oír a Dios. 

 

En la Biblia muchas veces la ceguera física es una ilustración de la ceguera espiritual. Importante es destacar que ambos tipos de ceguera son imposibles de solucionar para el ser humano. En ambos casos debe ser Dios el que interviene sobrenaturalmente para cambiar el curso "natural" de las cosas: "El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos" (Lc 4:18). Importante mención hace el Salmo 146:8 respecto de los ciegos, vinculando temáticamente esta condición con la justicia, lo que hace improbable que la referencia sea sólo a la ceguera física: "Jehová abre los ojos a los ciegos; Jehová levanta a los caídos; Jehová ama a los justos" (Sal 146:8).



[1] Craig S. Keener, Comentario del Contexto Cultural de la Biblia. Nuevo Testamento. Editorial Mundo Hispano, Colombia, 2019. Pág. 389.

[2] Ibid. Pág. 390.

domingo, 10 de julio de 2022

¿Qué ha sucedido con los evangélicos en Chile?

 


Históricamente, el pueblo evangélico chileno mostró un crecimiento con tendencia al alza constante, década tras década, al menos esos eran los resultados oficiales de los censos y algunos sondeos de opinión. Recuerdo bien cuando los expertos, por allá por los años noventa, estimaban que en las segunda década del siglo XXI Chile tendría un tercio de habitantes profesando la religión evangélica, lo que era consistente con la profecía siempre recurrida que "Chile sería para Cristo". Personalmente creía en esta proyección, sobre todo considerando la evolución siempre al alza de la proporción de cristianos en el país.

 

Ahora estamos en ese futuro proyectado en los años noventa y podemos contrastar el pronóstico con la realidad. Tristemente -hay que decirlo- no es cierto que los cristianos sean igual a un tercio de los chilenos, de hecho, me atrevería a decir que en vez de ir creciendo, los evangélicos en Chile han ido disminuyendo desde ese entonces. Sólo a modo descriptivo, a diferencia de lo que sucedía años atrás, actualmente no es posible reconocer visualmente a un cristiano evangélico que asiste a la iglesia; la vestimenta no es distintiva y la Biblia ha sido reemplazada por un teléfono celular (es algo entendible, pesa mucho). 

 

Más allá de los cambios en las formas, hay un hecho de fondo que exige una explicación ¿Por qué se ha revertido la tendencia al alza en el número de evangélicos? ¿Será un fenómeno que afecta a todas las religiones por igual? Intentaré 3 hipótesis internas para intentar explicar esto. 

 

Hipótesis 1. Con incomodidades y padecimientos, además de esfuerzo y fidelidad, se proclama el mensaje de Cristo crucificado pagando la sentencia del pecado de su pueblo, demandando arrepentimiento y fe en los hombres. Los cristianos son fieles a este mensaje original, pero parecen "ciegos" a las nuevas circunstancias. 

 

Hipótesis 2. El evangelio bíblico necesita una actualización, por lo que ha sido paulatinamente edulcorado. Si bien los evangélicos mantienen la cruz de Cristo dentro de los temas importantes, se han agregado otras temáticas más actuales, las que le darían una nueva "razón de ser" a la iglesia. En este caso tendríamos evangélicos que mantienen cierta fidelidad al mensaje original, pero al mismo tiempo están conscientes que la cruz de Cristo no es suficiente para captar la atención del hombre contemporáneo.

 

Hipótesis 3. Los evangélicos creen que el evangelio es un mensaje obsoleto, anacrónico, sin capacidad de interpretar al hombre actual ni dar respuesta a los nuevos problemas que surgen, los que serían muy distintos a los de hace 2000 años. Ahora predominaría un discurso de crecimiento personal, habilidades psico sociales y éxito en todas las dimensiones de la vida (no sólo en la financiera, ya que el evangelio de la prosperidad está demasiado desprestigiado).

 

El contraste con la realidad

 

Creo que estas 3 hipótesis son reales en el evangelismo chileno. Me aventuraré en asignar los porcentajes en que estás 3 formas de "cristianismo" conviven en nuestro país. En un acto de imaginación sociológica estimaré las siguientes cifras:

 

a) cristianismo de hipótesis 1: 5%

b) cristianismo de hipótesis 2: 15%

c) cristianismo de hipótesis 3: 80% 

 

Por lo tanto, la respuesta a la pregunta de por qué el cristianismo evangélico está en descenso está en el predominio de la hipótesis 3. Es triste decirlo, pero creo que la mayoría de los denominados "líderes evangélicos" tienen la convicción que el mensaje bíblico original no está a la altura de los tiempos, no entrega las respuestas adecuadas a los problemas contemporáneos y no capta la atención de las personas. En otras palabras, los evangélicos dejaron de ser evangélicos.

 

1º Corintios 2:1-2

 

"Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado... "

viernes, 24 de junio de 2022

Los ídolos en el siglo XXI

 


“Ustedes no se harán ídolos, ni se levantarán imagen tallada ni pilares sagrados, ni pondrán en su tierra piedra grabada para inclinarse ante ella; porque yo soy el Señor su Dios” (Levítico 16:1)

 

Muchos son los pasajes del Antiguo Testamento que describen la aberración de la idolatría. El Nuevo Testamento también hace mención de aquello, pero con menos énfasis. Sin duda alguna, la idolatría fue uno de los pecados capitales de Israel, la causa raíz del por qué el pueblo escogido por Dios terminó sancionado una y otra vez en distintos cautiverios y esclavitudes.

 

¿Por qué razón cautivaba tanto la idolatría? Se puede argumentar que la fascinación que genera el ídolo se debe a que tras él opera un poder demoníaco, enloqueciendo la mente de los hombres alrededor. Esta hipótesis se puede sustentar en pasajes como Levítico 17:7 “No ofrecerán más sus sacrificios a los demonios, en pos de los cuales se han prostituido” (NKJV) o en Deuteronomio 32:16-17 “Le provocaron a celos con dioses extraños; con abominaciones lo provocaron a ira. Sacrificaban a demonios que no eran dioses, a dioses que nunca habían conocido, a dioses nuevos que habían llegado recientemente, a quienes vuestros padres nunca habían temido” (NVI). Es altamente probable que esta sea la razón, después de todo las potestades del aire anhelan encender la enemistad existente entre Dios y sus criaturas. Por otro lado, no se explica fácilmente por qué seres racionales se entregaban tan fácilmente a la adoración de objetos creados por sus propias manos, algo que la Biblia se encarga de denunciar una y otra vez: “Los ídolos de ellos son plata y oro, obra de manos de hombre” (Salmo 115:4), “También su tierra se ha llenado de ídolos. Adoran la obra de sus manos, lo que han hecho sus dedos” (Isaías 2:8). 

 

Lo anterior me hace pensar en un poder sobrenatural para seducir a la mente humana. Las imágenes pueden haber adquirido cierta aura de vida al ser observadas por los hombres. Estas obras humanas suelen ser muy expresivas, con una increíble capacidad de comunicar emociones, además pudieron haber recibido una chispa de expresividad sobrenatural de parte de los demonios. Por otro lado, para que el cuadro sea completo, Satanás pudo haber dado respuesta al clamor idolátrico del hombre, intensificando aún más su obscena adoración.

 

Está claro que el sentido primario de este fenómeno son los objetos creados por manos humanas. Dios prohibió expresamente el rendir culto a cualquier objeto que se pretenda receptor de adoración. En este sentido, los ídolos son elaboraciones humanas con el propósito definido de constituirse en dioses sustitutos, trastornando aún más la mente humana vendida al pecado. La idolatría tiene este significado primario, de adoración concreta. Prueba de esto es el contraste entre Dios y los ídolos que hace el Salmo 115:3-8:

 

Nuestro Dios está en los cielos;

Todo lo que quiso ha hecho.

Los ídolos de ellos son plata y oro,

Obra de manos de hombres.

Tienen boca, mas no hablan;

Tienen ojos, mas no ven;

Orejas tienen, mas no oyen;

Tienen narices, mas no huelen;

Manos tienen, mas no palpan;

Tienen pies, mas no andan;

No hablan con su garganta.

Semejantes a ellos son los que los hacen,

Y cualquiera que confía en ellos.

  

Como se dijo, los dioses denunciados por el Antiguo Testamento son entidades con que los hombres buscaron encauzar su necesidad de adoración de manera pecaminosa. Los ídolos tenían forma definida, eran concretos y objetivos. La idolatría generó en Dios ira destructiva: “Destruiré sus lugares altos, derribaré sus altares de incienso y amontonaré sus cadáveres sobre los cadáveres de sus ídolos, pues mi alma los aborrecerá” (Levítico 16:30). Los ídolos bíblicos incluso tenían nombres reconocidos: "Astarot" o "Asera", "Baal", "Quemos", "Dagón", "Milcom", etc. 

 

Ahora bien, ¿qué sucede en la actualidad? ¿nos hemos liberado de la práctica de la idolatría? En el sentido del Antiguo Testamento, creo que el pueblo de Dios sí se ha librado de la práctica idolátrica. No es habitual saber que un cristiano posea un altar de culto idolátrico, al menos yo nunca he sabido de algo así. Esto es motivo de alegría, ya que esta abominable práctica no es predominante en la vida de la Iglesia. No obstante, podríamos hablar de idolatría en un sentido secundario, ¿a qué me refiero con esto? A que existen fenómenos, asimilables a un objeto idolátrico, que gatillan la misma fascinación que los ídolos veterotestamentarios, ¿se han fijado en la pasión cuasi religiosa que generan los equipos de futbol -o selecciones- en algunos hermanos en Cristo? ¿Han observado el ritual de "adoración" que se ofrenda domingo a domingo en ciertos estadios de futbol con los cánticos, lienzos y fuegos de artificio? Creo que esto es bastante asimilable a la idolatría, y lo triste es que muchos cristianos son partícipes de aquello. Algo similar sucede con los músicos o bandas famosas, las que pueden generar el fervor más increíble en algunas personas. Esto es pecado sin duda, y es muy similar a la descripción idolátrica del Antiguo Testamento.

 

Finalmente, tenemos una idolatría en un sentido terciario. Me tomo de la frase de Juan Calvino al respecto: "El corazón del hombre caído es una fábrica de ídolos; Una forja perpetua, un refugio corruptible de idolatría". Calvino va a un nivel más simbólico, y establece una definición de idolatría donde no importa tanto el objeto receptor de la adoración, sino más bien el corazón infiel del hombre. En este marco conceptual siempre habrá algo o alguien más importante que Dios, por lo que podemos catalogar como ídolos a muchas cosas: el trabajo, el dinero, la salud, el matrimonio, los hijos, el cónyuge, el estatus social, etc. De repente nos damos cuenta que estamos constantemente poniendo cosas materiales o inmateriales a un nivel de importancia por sobre Dios mismo, y al hacer eso nos convertimos lamentablemente en aborrecibles idólatras. El apóstol Juan nos advierte a no amar al mundo ni las cosas que están en el mundo (1º Juan 2:15), en nuestro corazón no pueden convivir simultáneamente el amor por Cristo y un amor mayor a otra cosa. El Señor nos mandató a amarlo por sobre todas las cosas: "Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento" (Mateo 22:36-38).

 

1º Corintios 8:4 dice que para un cristiano, un ídolo no es "nada". Así debe serlo, tanto en el sentido primario, en el secundario y sobre todo, en el simbólico.

 

domingo, 22 de mayo de 2022

El pecado del orgullo

 

"Lo odio y lo amo.

Me enfrento a él, y lo abrazo.

Me aterra, y sin embargo,

Le permito reposar en mi pecho.

 

Se sentirá tan cálido en un monasterio

como en un burdel,

y se deleitará tanto

con una buena oración

como con una sucia injuria"

 

John Berridge (1716-1793)



La lucha contra el orgullo

 

El orgullo es uno de los pecados más complejos de enfrentar, odiado y amado al mismo tiempo, nos entrega un placer silencioso e inconsciente hasta que lo detectamos. Cuando nos descubrimos orgullosos, buscamos ser humildes y lo somos hasta que alguien -nuevamente- nos sorprende satisfechos al oír los halagos de los demás. 

 

El orgullo se relaciona con la reputación social, con el temor al qué dirán, a la opinión que los demás tienen de nosotros. Un concepto de la psicología social, el "otro generalizado", sostiene que uno cree de si mismo algo así como el promedio de las percepciones que imaginamos que los demás tienen de nosotros, o sea, lo que nosotros pensamos de nosotros mismos está relacionado con lo que creemos que los demás piensan de nosotros. Esto funciona a nivel inconsciente y nunca deja de operar. Por eso nos importa tanto el tener una buena "reputación" ante los demás, porque desde ahí surge la idea que tenemos de nosotros mismos (y siempre queremos que esa idea sea la mejor). El problema es que esa "reputación" se construye en base a los parámetros de este mundo y no desde el conocimiento de Dios. Es probable que los desórdenes financieros de muchos estén relacionados con el deseo de mostrarnos más exitosos, más interesantes y más atractivos de lo que en realidad somos.

 

El orgullo parte de creernos mejores a los demás. La palabra de Dios apunta exactamente contra esto cuando nos manda a "considerad a los demás como superiores a vosotros mismos" (Fil 2:3). No siempre es grato pensar que cuando realizamos un buen ministerio el verdadero agente detrás de lo visible sea Dios mismo, todos queremos ser reconocidos en aquella hazaña.

 

Sin embargo, a Dios le agrada el hombre humilde, de hecho, son éstos los que reciben gracia de parte de Dios para obrar según el estándar divino. Santiago cita el Salmo 147:6 en su carta: "Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes" (Santiago 4:6). Exactamente el mismo texto es citado por el apóstol Pedro: "Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes" (1º Pedro 5:5). El mismo Pedro nos manda a humillarnos delante de Dios: "Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo" (1º Pedro 5:6).

 

El Señor Jesucristo señaló que el Reino de los Cielos es de los pobres de espíritu (Mt 5:3), aludiendo directamente a la condición humilde del ser humano, capaz de ver su pobreza, miseria y pecado espiritual sin acusar una agresión personal. El Señor mismo es el ejemplo supremo de humildad para todo cristiano: "Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas" (Mt 11:29). El conocido pasaje de Filipenses 2 muestra la actitud de humildad y sumisión de Cristo, el que no tuvo problemas en hacerse hombre y morir en una cruz siendo Dios mismo.

  

El orgullo como un pecado basal

 

Pareciera que todo pecado humano incluye una determinada dosis de orgullo. Siempre nos anima reivindicar ante los demás lo que somos y lo que merecemos. Es natural el deseo de poner a los demás "en su lugar" cuando no nos dan el reconocimiento que esperamos.

 

Es imposible agradar a Dios si vivimos centrados en nosotros mismos. "Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, Mas al altivo mira de lejos" (Salmos 138:6). Incluso, cuando leemos estos pasajes confrontativos, siempre pensamos que están describiendo a otra persona, a un amigo, a un familiar, a un vecino; pero nunca a nosotros mismos. Piense en la casi imposibilidad de predicar el evangelio cuando vivimos orgullosamente. El evangelio presenta a Cristo como el justo pago de la sentencia por nuestro pecado, al Dios-hombre que nos ha curado a través de su llaga, al que nos provee reconciliación con Dios y salvación por medio de su obra, que nos hace aceptos ante Dios. Ahora imagínese usted mismo viviendo en la vanagloria de esta vida, jactándose por sus logros materiales y por las credenciales que tiene en el ámbito que sea: es imposible predicar a Cristo cuando sólo nos dedicamos a exaltar nuestra persona.

 

El orgullo es el pecado base de la humanidad caída. Recordemos que Satanás instaló en su ser la idea de ser "semejante al Altísimo" en cuanto a estatus, posición, importancia. Este fue el comienzo del mal: "¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo." (Isaías 14:12-14)

 

"Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión." (Rm 12:16)

 

 

domingo, 10 de abril de 2022

Pablo atrapado en el Templo de Jerusalén (Hechos 21:27-40)

 


"Pero cuando estaban para cumplirse los siete días, unos judíos de Asia, al verle en el templo, alborotaron a toda la multitud y le echaron mano, dando voces: ¡Varones israelitas, ayudad! Este es el hombre que por todas partes enseña a todos contra el pueblo, la ley y este lugar; y además de esto, ha metido a griegos en el templo, y ha profanado este santo lugar. Porque antes habían visto con él en la ciudad a Trófimo, de Éfeso, a quien pensaban que Pablo había metido en el templo. Así que toda la ciudad se conmovió, y se agolpó el pueblo; y apoderándose de Pablo, le arrastraron fuera del templo, e inmediatamente cerraron las puertas. Y procurando ellos matarle, se le avisó al tribuno de la compañía, que toda la ciudad de Jerusalén estaba alborotada. Este, tomando luego soldados y centuriones, corrió a ellos. Y cuando ellos vieron al tribuno y a los soldados, dejaron de golpear a Pablo. Entonces, llegando el tribuno, le prendió y le mandó atar con dos cadenas, y preguntó quién era y qué había hecho. Pero entre la multitud, unos gritaban una cosa, y otros otra; y como no podía entender nada de cierto a causa del alboroto, le mandó llevar a la fortaleza. Al llegar a las gradas, aconteció que era llevado en peso por los soldados a causa de la violencia de la multitud; porque la muchedumbre del pueblo venía detrás, gritando: ¡Muera!" 

(Hechos 21:27-36)

 

La predicción de Agabo se hizo realidad: "Así atarán los judíos en Jerusalén al varón de quien es este cinto, y le entregarán en manos de los gentiles" (Hch 21:11). El apóstol es atrapado por una turba de judíos, los cuales lo golpean alegando una serie de acusaciones falsas en su contra.

 

Quisiera centrarme en los padecimientos de Pablo más que en la justificación de los judíos para golpearlo. Como hemos mencionado otras veces, los padecimientos son parte de la vida del cristiano. Cuando el apóstol fue llamado por Dios, el Señor mismo le dijo: "Ve, porque instrumento escogido me es este, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre" (Hch 9:15-16). El apóstol Pedro alienta en su primera carta a los cristianos que están sufriendo la persecución: “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría” (1 Pe 4:12-13). El misterio del sufrimiento por causa de la justicia se profundiza cuando el apóstol Pablo, en referencia a las tribulaciones, le escribe a los tesalonicenses: “A fin de que nadie se inquiete por estas tribulaciones; porque vosotros mismos sabéis que para esto estamos puestos” (1º Ts 3:3).

 

Se debe mencionar, además, que esta turba violenta que golpea a Pablo en el templo no es ni la primera agresión que recibe, ni tampoco la más violenta. Recordemos que el apóstol sufrió una especie de lapidación en la localidad de Listra, en el contexto de su primer viaje misionero, donde fue apedreado y llevado fuera de la ciudad inconsciente. Muchos pensaron que estaba muerto. Sin embargo, “rodeándole los discípulos, se levantó y entró en la ciudad; y al día siguiente salió con Bernabé para Derbe” (Hch 14:20). Con toda probabilidad, Dios intervino de forma milagrosa en la vida de Pablo impidiendo que muriera producto de los piedrazos recibidos. Algo similar sucede en el presente pasaje, donde Dios interviene a través de soldados romanos para impedir que la golpiza llevara al apóstol a morir. 

 

La valentía de Pablo no era meramente dicursiva. El texto bíblico varias veces menciona que su predicación era hecha con denuedo, por ejemplo: "entrando Pablo en la sinagoga, habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios" (Hch 19:8). Sin embargo, vemos claramente que la confianza en Dios de Pablo lo llevó a enfrentar sin vacilación alguna varias situaciones que comprometieron su vida, como la que narra el presente texto. De esta manera, la valentía de Pablo fue ampliamente comprobada con su testimonio.

 

Los judíos que incitaron este ataque al evangelio se inventaron y convencieron de que había razones para hacerlo. Presentaron una serie de acusaciones contra Pablo, sin embargo, nada de lo que plantearon era efectivamente cierto. Como escribe John MacArthur: "En primer lugar lo acusaron de ser antisemita, un enemigo del pueblo judío y de su religión. Pero Pablo no era enemigo de los judíos, como lo aclaran Romanos 9:1-5 y 10:1. En ninguna parte él enseñó a los judíos creyentes a abandonar sus costumbres, sino simplemente que a los gentiles no se les debía presionar a que las observaran. Una segunda acusación fue que Pablo se oponía a la ley. Acusarlo en este tiempo de enseñar contra la ley era un modo seguro de enfurecer a las multitudes. Por último, lo acusaron falsamente de hablar contra el templo, puesto que el judío reverenciaba el templo, una acusación de blasfemar contra este o de profanarlo era un asunto grave" (1)

 

A todo se sumó la acusación particular de haber hecho ingresar a un gentil al templo, Trófimo, oriundo de Éfeso, lugar donde Pablo estuvo tres años (Hch 20:31). Todo lo anterior sencillamente no era verdad, pero sirvió de combustible para instigar a la multitud contra el apóstol.   

 

Como mencionamos, el Señor actuó a través de los soldados romanos liberando al apóstol de la violencia de la multitud. Como lectores modernos, es difícil el asimilar la agresividad de la multitud, pero lo cierto es que los soldados debieron intervenir para evitar una posible muerte instantánea de Pablo. 

 

Pablo habla a los judíos

 

"Cuando comenzaron a meter a Pablo en la fortaleza, dijo al tribuno: ¿Se me permite decirte algo? Y él dijo: ¿Sabes griego? ¿No eres tú aquel egipcio que levantó una sedición antes de estos días, y sacó al desierto los cuatro mil sicarios? Entonces dijo Pablo: Yo de cierto soy hombre judío de Tarso, ciudadano de una ciudad no insignificante de Cilicia; pero te ruego que me permitas hablar al pueblo. Y cuando él se lo permitió, Pablo, estando en pie en las gradas, hizo señal con la mano al pueblo. Y hecho gran silencio, habló en lengua hebrea, diciendo..." (Hechos 21:27-36)

 

Una vez retirado de las cercanías del Templo, Pablo fue llevado a la fortaleza romana. En aquel lugar fue confundido con un instigador egipcio, un líder criminal de una legión de sicarios. Ante la confusión, Pablo se identifica y solicita poder dirigirse al pueblo en idioma hebreo. Probablemente, al hablar en hebreo Pablo buscó dos objetivos: mostrar una credencial irrefutable de su origen nacional y también intentar apaciguar los ánimos de la multitud, identificándose con ella en términos culturales.



[1] John Macarthur, Comentario del Nuevo Testamento: Hechos, Editorial Portavoz, USA, 2014. Pág. 558.

sábado, 12 de marzo de 2022

Pablo se reúne con la Iglesia de Jerusalén (Hechos 21: 17:26)

 


El gozo de la comunión en Jerusalén

 

Cuando llegamos a Jerusalén, los hermanos nos recibieron con gozo. Y al día siguiente Pablo entró con nosotros a ver a Jacobo, y se hallaban reunidos todos los ancianos; a los cuales, después de haberles saludado, les contó una por una las cosas que Dios había hecho entre los gentiles por su ministerio. 

 

Los hermanos de Jerusalén hospedaron en sus casas amablemente a la comitiva, la cual incluía gentiles incircuncisos. Probablemente en este momento Pablo entrega la ofrenda levantada durante su tercer viaje misionero. Es de destacar el hecho que en un periodo marcado por un fuerte resurgimiento del nacionalismo judaico, los hermanos en Jerusalén se hubieran abierto a recibir en sus propias casas a hermanos gentiles.

 

La comunión entre hermanos debe ser motivo de gozo espontáneo (v. 17). La vida cristiana al interior de cualquier congregación debiese ser motivo de alegría pues es el Señor Jesucristo el adorado por personas en las que habita el Espíritu Santo, el cual glorifica al Hijo: "Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber" (Jn 16:14-15). 

 

Si establecemos como supuesto que toda congregación tiene actividades que giran en torno al Señor, realmente no se puede entender el porqué algunos miembros de la iglesia no sólo no se interesan en estar presentes en las reuniones, sino que en algunos casos no se sienten cómodos participando. Como la realidad suele ser más compleja, evaluaremos dos posibilidades: Si una congregación -como la iglesia de Jerusalén- está centrada en Cristo y en el evangelio, conversa sobre las "cosas que Dios ha hecho entre los gentiles", y tiene claridad que su propósito es adorar a Cristo, entonces los miembros que se sienten incómodos son los que tienen que observar con más detención su propia fe (2º Co 13:5). En caso contrario, si la congregación no tiene a Jesucristo como su razón de ser, y en su lugar está el bienestar de los asistentes (con cierto barniz espiritual, por cierto), entonces los que tienen que observar con más detención su propia fe son los liderazgos de aquella congregación.

 

Pablo tratando con las tradiciones judías

 

Cuando ellos lo oyeron, glorificaron a Dios, y le dijeron: Ya ves, hermano, cuántos millares de judíos hay que han creído; y todos son celosos por la ley. Pero se les ha informado en cuanto a ti, que enseñas a todos los judíos que están entre los gentiles a apostatar de Moisés, diciéndoles que no circunciden a sus hijos, ni observen las costumbres. ¿Qué hay, pues? La multitud se reunirá de cierto, porque oirán que has venido. Haz, pues, esto que te decimos: Hay entre nosotros cuatro hombres que tienen obligación de cumplir voto. Tómalos contigo, purifícate con ellos, y paga sus gastos para que se rasuren la cabeza; y todos comprenderán que no hay nada de lo que se les informó acerca de ti, sino que tú también andas ordenadamente, guardando la ley. Pero en cuanto a los gentiles que han creído, nosotros les hemos escrito determinando que no guarden nada de esto; solamente que se abstengan de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación. Entonces Pablo tomó consigo a aquellos hombres, y al día siguiente, habiéndose purificado con ellos, entró en el templo, para anunciar el cumplimiento de los días de la purificación, cuando había de presentarse la ofrenda por cada uno de ellos.

 

Como mencionamos, el contexto histórico de este periodo es de un fuerte nacionalismo judaico. Los cristianos judíos de Jerusalén aceptaron la ofrenda de los gentiles, pero al hacerlo se enfrentaron a un conflicto con su cultura. Habían tensiones en Jerusalén, en el templo habían sicarios que daban muerte a aristócratas judíos por colaborar con gentiles. El nacionalismo judío estaba en aumento (lo que dará lugar finalmente a la revuelta del año 70), y no toleraban mantener relaciones estrechas con miembros de otros pueblos. El apóstol Pablo se ve forzado a demostrar la integridad de su naturaleza judía sin comprometer su misión hacia los gentiles (1).

 

La palabra "celosos" por la ley (v. 20) se podría traducir también como "fanáticos" por la ley. Valga esta mención como contexto para entender lo que viene. Estos eran cristianos judíos que seguían siendo leales a los aspectos ceremoniales de la ley, si bien "no veían a la ley como medio de salvación, aún observaban las fiestas requeridas, las regulaciones de días de reposo, los votos rituales y las restricciones dietéticas de la ley" (2).

 

Para entender este pasaje es necesario tener presente los siguientes antecedentes: 


1. Estos judíos celosos de la ley hicieron una clara distinción entre cristianos judíos (los nacionales que mantenían sus costumbres ancestrales) y los cristianos gentiles (creyentes de otras naciones que nunca tuvieron relación con la cultura hebrea). La palabra gentil expresa a todo aquel que no es judío. Con posterioridad el cristianismo utilizó la misma expresión para denotar a todo aquel que "no es cristiano". La palabra "gentil" se podría entender como "extranjero", alguien que está fuera de la comunidad cultural.


2. Los apóstoles y otros líderes de la iglesia en Jerusalén no se oponían a la continuación de las prácticas de la ley judaica. De hecho, en ninguna parte del Nuevo Testamento se condena a los cristianos judíos por practicarlas (3). 


3. Los cristianos judíos, antes de la revuelta contra Roma y la consiguiente destrucción de Jerusalén, tenían predominio numérico sobre los gentiles en la iglesia. Recordemos la prioridad en el Evangelio, el cual es "...poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente..." (Rm 1:16). Con posterioridad esta relación se invirtió y el cristianismo se convirtió en una fe predominantemente gentil, la iglesia en Jerusalén desapareció, mientras Antioquía y Alejandría se pusieron a la vanguardia. 


4. La predicación de Pablo se iniciaba de forma distinta según su audiencia. Cuando predicaba a una audiencia judía, por ejemplo, en Antioquía de Pisidia, Pablo comenzaba con los patriarcas y seguía con la historia de Israel (véase Hechos 13:16 en adelante), pero cuando predicaba a gentiles partía proclamando a Dios creador de los cielos y de la tierra (véase Hechos 17:24). Esto demuestra que tanto judíos como gentiles son comprendidos como grupos con cosmovisiones diferentes. Se entendía que los gentiles no tenían relación ni con Abraham, ni con Isaac ni con Jacob, ni menos con la historia posterior de Israel.

 

Recordemos que el problema que originó el Concilio de Jerusalén (48 d.C.) fue el tratamiento que se le daba a la legislación del Antiguo Pacto en la vida de la iglesia de Cristo. Las conclusiones del concilio fueron claras, el judío nacional puede continuar con su sistema de costumbres ancestrales, pero no debe obligar a los gentiles a adoptar las costumbres judaicas. Lo único que se haría explícito como prohibición sería "que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien" (Hch 15:29).

 

Entre el Concilio de Jerusalén (48 d.C.) y esta nueva visita de Pablo a Jerusalén (57 d.C), han transcurrido casi 10 años. La situación ahora es distinta y el problema suscitado es prácticamente el inverso al del concilio. Si diez años atrás el conflicto estaba en que algunos querían obligar a los gentiles a judaizar, ahora la acusación es que algunos querían supuestamente "des-judaizar" a los cristianos judíos. Si consideramos el segundo punto antes enumerado, el Nuevo Testamento no obliga a los cristianos de trasfondo hebreo a renunciar a sus costumbres ancestrales. Después de todo Dios fue tolerante durante este periodo de transición del Antiguo al Nuevo Pacto, "Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer" (Hebreos 8:13). Nótese que el Antiguo Pacto es algo que está "próximo a desaparecer", lo que claramente sugiere una transición. El Nuevo pacto es un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas, donde el mediador es perfecto, sin defecto, sacrificado una vez y para siempre.

 

Sin embargo, la pregunta permanece: ¿por qué Pablo consintió en judaizar siendo que el Antiguo Pacto está por desaparecer? La respuesta es la actitud humilde de Pablo hacía sus connacionales, los cuales además eran "fanáticos de la ley", por lo que no era sencillo hacerles ver lo innecesario del cumplimiento de leyes rituales ni civiles. Las leyes rituales están abolidas por la nueva realidad de Cristo morando en el corazón del creyente "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas" (2º Co 5:17) o "el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica" (2º Co 3:6). A Dios no se le busca en un templo, ahora mora en el corazón del creyente. Por otro lado, en lo que respecta a la ley civil, un ciudadano en cualquier parte del mundo rige su vida social por el código civil, penal y comercial de su propio país, y no por las leyes israelitas dadas a Moisés hace 3500 años. 

 

Pablo mismo explica su proceder en su primera carta a los Corintios: "Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley;" (1º Co 9:20). Los cristianos judíos eran débiles, por no comprender la grandeza de la gracia de Dios en Cristo Jesús, por lo que la actitud de los creyentes fuertes fue de condescendencia, procurando no ofenderles en lo que a esto respecta.

 

Como conclusión observamos que en este periodo de transición Dios permitió a los cristianos judíos la práctica de sus costumbres ancestrales. Sin embargo, el fenómeno opuesto, o sea, exigirle a un gentil vivir de acuerdo al Antiguo Pacto es algo que no solo no se prescribe en el Nuevo Testamento, sino que es gravemente condenado cuando se lo considera como medio de salvación. En su carta a los gálatas Pablo hace mención a los judaizantes al interior de la iglesia, los que obligaban a los hermanos a la circuncisión. Quizá lo más relevante de este pasaje es que los judaizantes son descritos como "falsos hermanos". 

 

"Mas ni aun Tito, que estaba conmigo, con todo y ser griego, fue obligado a circuncidarse; y esto a pesar de los falsos hermanos introducidos a escondidas, que entraban para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a esclavitud, a los cuales ni por un momento accedimos a someternos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros" (Gál 2:3-5)

 



[1] Craig S. Keener, Comentario del Contexto Cultural de la Biblia. Nuevo Testamento. Editorial Mundo Hispano, Colombia, 2019. Pág. 386.

[2] John Macarthur, Comentario del Nuevo Testamento: Hechos, Editorial Portavoz, USA, 2014. Pág. 549.

[3] Ibid.

Permaneciendo en el Evangelio - 1° Corintios 15:1-6

  Permaneciendo en el Evangelio 1° Corintios 15:1-6   Texto   Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también...