sábado, 12 de marzo de 2022

Pablo se reúne con la Iglesia de Jerusalén (Hechos 21: 17:26)

 


El gozo de la comunión en Jerusalén

 

Cuando llegamos a Jerusalén, los hermanos nos recibieron con gozo. Y al día siguiente Pablo entró con nosotros a ver a Jacobo, y se hallaban reunidos todos los ancianos; a los cuales, después de haberles saludado, les contó una por una las cosas que Dios había hecho entre los gentiles por su ministerio. 

 

Los hermanos de Jerusalén hospedaron en sus casas amablemente a la comitiva, la cual incluía gentiles incircuncisos. Probablemente en este momento Pablo entrega la ofrenda levantada durante su tercer viaje misionero. Es de destacar el hecho que en un periodo marcado por un fuerte resurgimiento del nacionalismo judaico, los hermanos en Jerusalén se hubieran abierto a recibir en sus propias casas a hermanos gentiles.

 

La comunión entre hermanos debe ser motivo de gozo espontáneo (v. 17). La vida cristiana al interior de cualquier congregación debiese ser motivo de alegría pues es el Señor Jesucristo el adorado por personas en las que habita el Espíritu Santo, el cual glorifica al Hijo: "Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber" (Jn 16:14-15). 

 

Si establecemos como supuesto que toda congregación tiene actividades que giran en torno al Señor, realmente no se puede entender el porqué algunos miembros de la iglesia no sólo no se interesan en estar presentes en las reuniones, sino que en algunos casos no se sienten cómodos participando. Como la realidad suele ser más compleja, evaluaremos dos posibilidades: Si una congregación -como la iglesia de Jerusalén- está centrada en Cristo y en el evangelio, conversa sobre las "cosas que Dios ha hecho entre los gentiles", y tiene claridad que su propósito es adorar a Cristo, entonces los miembros que se sienten incómodos son los que tienen que observar con más detención su propia fe (2º Co 13:5). En caso contrario, si la congregación no tiene a Jesucristo como su razón de ser, y en su lugar está el bienestar de los asistentes (con cierto barniz espiritual, por cierto), entonces los que tienen que observar con más detención su propia fe son los liderazgos de aquella congregación.

 

Pablo tratando con las tradiciones judías

 

Cuando ellos lo oyeron, glorificaron a Dios, y le dijeron: Ya ves, hermano, cuántos millares de judíos hay que han creído; y todos son celosos por la ley. Pero se les ha informado en cuanto a ti, que enseñas a todos los judíos que están entre los gentiles a apostatar de Moisés, diciéndoles que no circunciden a sus hijos, ni observen las costumbres. ¿Qué hay, pues? La multitud se reunirá de cierto, porque oirán que has venido. Haz, pues, esto que te decimos: Hay entre nosotros cuatro hombres que tienen obligación de cumplir voto. Tómalos contigo, purifícate con ellos, y paga sus gastos para que se rasuren la cabeza; y todos comprenderán que no hay nada de lo que se les informó acerca de ti, sino que tú también andas ordenadamente, guardando la ley. Pero en cuanto a los gentiles que han creído, nosotros les hemos escrito determinando que no guarden nada de esto; solamente que se abstengan de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación. Entonces Pablo tomó consigo a aquellos hombres, y al día siguiente, habiéndose purificado con ellos, entró en el templo, para anunciar el cumplimiento de los días de la purificación, cuando había de presentarse la ofrenda por cada uno de ellos.

 

Como mencionamos, el contexto histórico de este periodo es de un fuerte nacionalismo judaico. Los cristianos judíos de Jerusalén aceptaron la ofrenda de los gentiles, pero al hacerlo se enfrentaron a un conflicto con su cultura. Habían tensiones en Jerusalén, en el templo habían sicarios que daban muerte a aristócratas judíos por colaborar con gentiles. El nacionalismo judío estaba en aumento (lo que dará lugar finalmente a la revuelta del año 70), y no toleraban mantener relaciones estrechas con miembros de otros pueblos. El apóstol Pablo se ve forzado a demostrar la integridad de su naturaleza judía sin comprometer su misión hacia los gentiles (1).

 

La palabra "celosos" por la ley (v. 20) se podría traducir también como "fanáticos" por la ley. Valga esta mención como contexto para entender lo que viene. Estos eran cristianos judíos que seguían siendo leales a los aspectos ceremoniales de la ley, si bien "no veían a la ley como medio de salvación, aún observaban las fiestas requeridas, las regulaciones de días de reposo, los votos rituales y las restricciones dietéticas de la ley" (2).

 

Para entender este pasaje es necesario tener presente los siguientes antecedentes: 


1. Estos judíos celosos de la ley hicieron una clara distinción entre cristianos judíos (los nacionales que mantenían sus costumbres ancestrales) y los cristianos gentiles (creyentes de otras naciones que nunca tuvieron relación con la cultura hebrea). La palabra gentil expresa a todo aquel que no es judío. Con posterioridad el cristianismo utilizó la misma expresión para denotar a todo aquel que "no es cristiano". La palabra "gentil" se podría entender como "extranjero", alguien que está fuera de la comunidad cultural.


2. Los apóstoles y otros líderes de la iglesia en Jerusalén no se oponían a la continuación de las prácticas de la ley judaica. De hecho, en ninguna parte del Nuevo Testamento se condena a los cristianos judíos por practicarlas (3). 


3. Los cristianos judíos, antes de la revuelta contra Roma y la consiguiente destrucción de Jerusalén, tenían predominio numérico sobre los gentiles en la iglesia. Recordemos la prioridad en el Evangelio, el cual es "...poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente..." (Rm 1:16). Con posterioridad esta relación se invirtió y el cristianismo se convirtió en una fe predominantemente gentil, la iglesia en Jerusalén desapareció, mientras Antioquía y Alejandría se pusieron a la vanguardia. 


4. La predicación de Pablo se iniciaba de forma distinta según su audiencia. Cuando predicaba a una audiencia judía, por ejemplo, en Antioquía de Pisidia, Pablo comenzaba con los patriarcas y seguía con la historia de Israel (véase Hechos 13:16 en adelante), pero cuando predicaba a gentiles partía proclamando a Dios creador de los cielos y de la tierra (véase Hechos 17:24). Esto demuestra que tanto judíos como gentiles son comprendidos como grupos con cosmovisiones diferentes. Se entendía que los gentiles no tenían relación ni con Abraham, ni con Isaac ni con Jacob, ni menos con la historia posterior de Israel.

 

Recordemos que el problema que originó el Concilio de Jerusalén (48 d.C.) fue el tratamiento que se le daba a la legislación del Antiguo Pacto en la vida de la iglesia de Cristo. Las conclusiones del concilio fueron claras, el judío nacional puede continuar con su sistema de costumbres ancestrales, pero no debe obligar a los gentiles a adoptar las costumbres judaicas. Lo único que se haría explícito como prohibición sería "que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien" (Hch 15:29).

 

Entre el Concilio de Jerusalén (48 d.C.) y esta nueva visita de Pablo a Jerusalén (57 d.C), han transcurrido casi 10 años. La situación ahora es distinta y el problema suscitado es prácticamente el inverso al del concilio. Si diez años atrás el conflicto estaba en que algunos querían obligar a los gentiles a judaizar, ahora la acusación es que algunos querían supuestamente "des-judaizar" a los cristianos judíos. Si consideramos el segundo punto antes enumerado, el Nuevo Testamento no obliga a los cristianos de trasfondo hebreo a renunciar a sus costumbres ancestrales. Después de todo Dios fue tolerante durante este periodo de transición del Antiguo al Nuevo Pacto, "Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer" (Hebreos 8:13). Nótese que el Antiguo Pacto es algo que está "próximo a desaparecer", lo que claramente sugiere una transición. El Nuevo pacto es un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas, donde el mediador es perfecto, sin defecto, sacrificado una vez y para siempre.

 

Sin embargo, la pregunta permanece: ¿por qué Pablo consintió en judaizar siendo que el Antiguo Pacto está por desaparecer? La respuesta es la actitud humilde de Pablo hacía sus connacionales, los cuales además eran "fanáticos de la ley", por lo que no era sencillo hacerles ver lo innecesario del cumplimiento de leyes rituales ni civiles. Las leyes rituales están abolidas por la nueva realidad de Cristo morando en el corazón del creyente "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas" (2º Co 5:17) o "el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica" (2º Co 3:6). A Dios no se le busca en un templo, ahora mora en el corazón del creyente. Por otro lado, en lo que respecta a la ley civil, un ciudadano en cualquier parte del mundo rige su vida social por el código civil, penal y comercial de su propio país, y no por las leyes israelitas dadas a Moisés hace 3500 años. 

 

Pablo mismo explica su proceder en su primera carta a los Corintios: "Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley;" (1º Co 9:20). Los cristianos judíos eran débiles, por no comprender la grandeza de la gracia de Dios en Cristo Jesús, por lo que la actitud de los creyentes fuertes fue de condescendencia, procurando no ofenderles en lo que a esto respecta.

 

Como conclusión observamos que en este periodo de transición Dios permitió a los cristianos judíos la práctica de sus costumbres ancestrales. Sin embargo, el fenómeno opuesto, o sea, exigirle a un gentil vivir de acuerdo al Antiguo Pacto es algo que no solo no se prescribe en el Nuevo Testamento, sino que es gravemente condenado cuando se lo considera como medio de salvación. En su carta a los gálatas Pablo hace mención a los judaizantes al interior de la iglesia, los que obligaban a los hermanos a la circuncisión. Quizá lo más relevante de este pasaje es que los judaizantes son descritos como "falsos hermanos". 

 

"Mas ni aun Tito, que estaba conmigo, con todo y ser griego, fue obligado a circuncidarse; y esto a pesar de los falsos hermanos introducidos a escondidas, que entraban para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a esclavitud, a los cuales ni por un momento accedimos a someternos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros" (Gál 2:3-5)

 



[1] Craig S. Keener, Comentario del Contexto Cultural de la Biblia. Nuevo Testamento. Editorial Mundo Hispano, Colombia, 2019. Pág. 386.

[2] John Macarthur, Comentario del Nuevo Testamento: Hechos, Editorial Portavoz, USA, 2014. Pág. 549.

[3] Ibid.

miércoles, 23 de febrero de 2022

El retorno a Jerusalén (Hechos 21:1-16)



Después de la reunión con los ancianos de Éfeso, Pablo y los hermanos se embarcaron rumbo a Jerusalén bordeando las localidades de Cos, Rodas y Pátara. En este último lugar hacen transbordo a una nueva nave, mucho más grande y resistente que la que estaban usando, para así poder cruzar el mediterráneo mar adentro en vez de estar ceñidos a la orilla de la costa (1). La ruta de regreso tuvo como primer destino el puerto de Tiro, lugar al que llegaron para descargar mercadería. En Tiro los hermanos estuvieron siete días, y Pablo fue advertido de sus futuros padecimientos en Jerusalén: "Y hallados los discípulos, nos quedamos allí siete días; y ellos decían a Pablo por el Espíritu, que no subiese a Jerusalén" (Hch 21:4). 

 

Lamentablemente, esta advertencia de los hermanos ha generado ciertos malos entendidos. Se ha dicho que Pablo obstinadamente desobedeció la voz del Espíritu Santo, el que le advertía sobre lo que sucedería en Jerusalén. Para clarificar este asunto es pertinente comparar esta situación con otra similar que vivió Pablo durante su segundo viaje misionero: "Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia" (Hch 16:6). Como se puede observar, este versículo muestra al Espíritu Santo dando una clara instrucción al apóstol, el cual obedeció de inmediato. En Tiro, en cambio, los hermanos no comunican a Pablo instrucción u orden alguna, sólo advierten sobre los futuros padecimientos que tendría en Jerusalén. Con toda probabilidad, los hermanos incorporaron sus humanos deseos de bien para el apóstol en el contexto de esta revelación. 

 

Después de estos siete días en Tiro, los hermanos parten a Tolemaida, localizada a 40 kilómetros al sur. En este lugar Pablo no perdió la oportunidad de saludar y ministrar a los hermanos presentes, apresurándose para partir al próximo destino, Cesarea, ubicada a 65 kilómetros al sur.

 

Cesarea, puerto de Jerusalén, estaba a unos 100 kilómetros de distancia de la ciudad santa. En este lugar vivía Felipe, evangelista y uno de los siete diáconos de Hechos 6. La Palabra de Dios registra ampliamente su predicación al eunuco etíope, lo que lo constituye en uno de los pioneros en predicar el evangelio a no judíos. La familia de Felipe incluía "...cuatro hijas doncellas que profetizaban" (Hch 21:9). No se añade mas información al respecto. John MacArthur señala que un "profeta" es algo diferente a un creyente individual con el don de profecía (1º Co 12:10), distinción dada -entre otras cosas- por el alcance de la revelación que entregan. Esto es concordante con el hecho que el Nuevo Testamento no permite que mujeres asuman roles de predicadoras o maestras en la congregación (1º Co 14:34-36; 1º Ti 2:11-12), por lo que difícilmente estas doncellas podrían haber desempeñado un rol profético de la forma tradicional. Por esta razón, es probable que Lucas haga esta mención como una manera de destacar la participación de toda aquella familia en el Reino de Dios. 

 

En este contexto de revelaciones espirituales aparece el profeta Agabo, el cual ya tuvo una participación registrada en las Escrituras (Hechos 11). En aquel pasaje el profeta predijo una hambruna para el tiempo de Claudio "Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio" (Hch 11:28). De esta manera, Agabo era un profeta genuino, de los últimos que desarrollaban este oficio a la manera del Antiguo Testamento. De hecho, la dramática representación que hace Agabo del futuro arresto de Pablo en Jerusalén evoca a los profetas del Antiguo Pacto (Is 20:2-6; Jer 13:1-11; Ez 4-5). 

 

Agabo le dice a Pablo: "Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los judíos en Jerusalén al varón de quien es este cinto, y le entregarán en manos de los gentiles" (Hch 21:11). Esta revelación confirma lo expresado por los hermanos en Tiro, e impulsó a los compañeros del apóstol a rogarle a no viajar a la ciudad santa. Nótese que el profeta sólo advierte lo que sucederá en Jerusalén, no entrega ningún tipo de instrucción o prohibición de visitarla. De esta manera, la voluntad de Pablo no debe ser considerada como obstinación, sino como la expresión palpable del valor de la convicción verdadera. 

 

El texto sugiere que entre los hermanos se estaba dando un cuadro de tristeza, llanto y ruegos para que Pablo no viajara, coaccionándolo emocionalmente. La respuesta de Pablo fue: "¿Qué hacéis llorando y quebrantándome el corazón? Porque yo estoy dispuesto no solo a ser atado, mas aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús." (Hch 21:13). La respuesta del apóstol fue categórica, él siempre estuvo dispuesto a morir por Cristo, como lo declaró posteriormente: "Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia" (Fil 1:21).

 

Los hermanos descansaron en la voluntad de Dios, "como no le pudimos persuadir, desistimos, diciendo: Hágase la voluntad del Señor" (Hch 21:14). Finalmente, Pablo llega a Jerusalén desde Cesarea. En esta última localidad se sumo Mnasón, de Chipre, el cual participó facilitando el hospedaje en la ciudad.



[1] John Macarthur, Comentario del Nuevo Testamento: Hechos, Editorial Portavoz, USA, 2014. Pág. 537.

martes, 1 de febrero de 2022

Tercer viaje misionero: discurso de despedida (Hechos 20:17-38)


El apóstol Pablo quería llegar a Jerusalén en las fechas de Pentecostés, por lo que no podía desviarse de la ruta que lo llevaba al puerto de Mileto. Por esta razón pidió a los ancianos de Éfeso que fuesen a Mileto para tener ahí una reunión de despedida con ellos. 


En este pasaje Lucas registra el discurso de Pablo con extraordinaria fidelidad, por lo que es posible reconocer el estilo personal del apóstol en el uso de palabras y expresiones típicas. En lo sucesivo analizaremos el discurso que Pablo dejó a los ancianos de Mileto, y consideraremos la importancia de cada temática tratada para la Iglesia de Cristo de todas las épocas.

 

Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia, sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos;

 

El apóstol apela al ejemplo que él mismo ha dado, sirviendo a las distintas iglesias que se han creado en torno a sus viajes misioneros, a partir de las cuales el cristianismo ha comenzado a diseminarse por el mundo por entonces conocido. El mismo Pablo se caracteriza como alguien "humilde", lo que pareciera un contrasentido, pero no lo es. La humildad de Pablo consiste en no atribuirse la autoría de las buenas obras realizadas para el Reino de Dios, sino de reconocer que él ha sido un "mero instrumento" en las manos de Dios. "Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Fil 2:13). El Señor trató a Pablo como un "instrumento escogido" (Rm 9:15), dejando en claro quién es el autor de toda buena obra. 

 

La humildad debe fluir en el cristiano controlado por el Espíritu Santo. El ejemplo supremo es el de Cristo Jesús "el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres" (Fil 2:6-7). El Señor Jesucristo fue claro al describirse a si mismo como un siervo, "Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos" (Mr 10:45). La verdadera humildad no consiste en auto flagelación, ni en auto humillación, sino en un corazón que estima a los demás como mejores a si mismo "Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo" (Fil 2:3). La verdadera humildad glorifica a Dios por las buenas obras y no tiene interés en crearse un buen nombre entre los hombres, "Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo." (Gal 1:10). 

 

De esta manera, el cristiano humilde no lo anima una austeridad franciscana, ni tampoco disfruta publicando su miseria. El humilde no tiene temor al hombre, en otras palabras, no vive interesado en la "reputación" que tiene entre los demás, sólo se preocupa de lo que Dios piensa de él. 

 

Las lágrimas que menciona el apóstol Pablo no fueron sorpresivas. Cuando fue llamado por Dios, el Señor mismo le dijo: "Ve, porque instrumento escogido me es este, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre" (Hch 9:15-16). No es un misterio que la Palabra de Dios presenta la vida cristiana como una vida de persecución y padecimientos. El apóstol Pedro alienta en su primera carta a los cristianos que están sufriendo la persecución: “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría” (1 Pe 4:12-13). El misterio se profundiza cuando el apóstol Pablo, en referencia a las tribulaciones, le escribe a los Tesalonicenses: “A fin de que nadie se inquiete por estas tribulaciones; porque vosotros mismos sabéis que para esto estamos puestos” (1º Ts 3:3).

 

y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas,  testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo.

 

El ministerio de Pablo consistía básicamente en predicar el evangelio, tanto a judíos como a gentiles. El Evangelio, el testimonio de Dios, es el mensaje de Cristo crucificado pagando la sentencia del pecado de su pueblo, y reconciliando a los hombres con Dios. Pablo se propuso no saber algo diferente para entregar a los hombres; "Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado" (1º Co 2:2). El Señor Jesucristo proclamaba "El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio" (Mr 1:15) y de igual manera, Pablo llamaba a los hombres a la fe en Cristo y al arrepentimiento. El mensaje de Cristo crucificado es el único que tiene poder para regenerar al pecador, sólo en el Evangelio hay poder de Dios para salvación (Rm 1:16), no en argumentos persuasivos ni en experiencias sobrenaturales que el hombre pueda contar. Si la conversión del hombre se debiera a la excelencia de la argumentación humana, entonces la fe cristiana se fundamentaría en la sabiduría de los hombres y no en el poder de Dios (1º Co 2:4-5).

 

Ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me ha de acontecer; salvo que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones. Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.

 

La expresión de Pablo en esta sección del pasaje me recuerda una idea similar a la de la parábola de Mateo 13:44, donde el Señor Jesucristo ilustra al Reino de los Cielos como algo semejante a un tesoro escondido en un campo, el que llena de gozo al hombre que lo halla, movilizándolo a vender todas sus pertenencias para comprar aquel campo. La idea es expresar el inmenso valor que tiene para el cristiano la persona de Jesucristo y su obra de salvación, nada en este mundo es comparable con el hecho de conocer al Señor. La idea clave en la parábola es el valor del reino de Dios, no que la salvación se pueda comprar.

 

Pablo vuelve a expresar una idea similar en su carta a los Filipenses: "Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia" (Fil 1:21). En Colosenses Pablo nos exhorta a tener el centro de nuestra vida en el Reino de Dios, no en las cosas de la tierra: "Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria" (Col 3:4). Para el cristiano, Cristo no puede significar menos que "su propia vida".

 

Pablo tenía claridad absoluta sobre el contenido que debía comunicar en cada localidad donde se detenía, no importando las consecuencias negativas que pudiera generar el mensaje del Evangelio. En 1º Corintios 2:1 el apóstol indica: "Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios..". El testimonio de Dios es la obra de Cristo en la cruz del calvario, obrando en favor de su pueblo, por lo que no tenemos derecho a reemplazar el testimonio de Dios por cualquier relato personal.

 

La gracia de Dios es revelada plenamente en el Evangelio. Dios escoge según su propia voluntad justificar a sus escogidos, los cuales no tuvieron mérito alguno para ser elegidos por parte de Dios. "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros..." (Ef: 2:8), en este verso es clave la expresión "y esto no de vosotros" (RV60) o "esto no procede de ustedes" (NVI).

 

Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro. Por tanto, yo os protesto en el día de hoy, que estoy limpio de la sangre de todos; porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios.

 

El versículo 37 hace referencia a la tristeza de los oyentes al saber que nunca más verían a Pablo. El apóstol seguramente debe corresponder en ese sentimiento, pero no se deja llevar por la emoción, sino que hace una advertencia: "estoy limpio de la sangre de todos" (Hch 20:26). ¿A qué se refiere con esta expresión? Pablo se desliga de cualquier responsabilidad en cuanto al destino eterno de sus oyentes, pues él fue fiel en la predicación del Evangelio. La traducción "Palabra de Dios para Todos" (PDT) dice: "Hoy les puedo decir algo de lo que estoy seguro: Dios no me castigará si algunos de ustedes no se salvan" (Hch 20:26), lo que es una referencia al atalaya que no advierte a los impíos que se vuelvan de su camino (Eze 3:18-20; 33:8,9) (1). La lectura opuesta de esta idea sería la siguiente: un creyente podría no estar limpio de la sangre de los hombres si es que no ha sido fiel en la predicación del Evangelio. A la luz de Gálatas 1:8, claramente hay una responsabilidad asociada al hombre que predica un evangelio distinto, el cual no tiene poder de salvación.

 

Pablo no rehuyó predicar "todo el consejo de Dios", o sea, consideró su deber de predicar todas las doctrinas contenidas en la Biblia. Pienso que la lectura más adecuada de este concepto es el deber de no rehuir ninguna doctrina en favor de otra, o tener preferencia de algunos pasajes o temas en desmedro de otros. La Biblia tiene como pináculo la cruz de Cristo, y por ende, toda predicación debe de alguna manera converger en él. No obstante, el predicador debe abordar las diferentes temáticas que aparecen en la Biblia no importando si son o no agradables al oyente.

 

Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos. Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno.

 

La congregación de creyentes no es un mero agregado de gente, sino que es nada mas y nada menos que el resultado de la sangre que el Señor vertió. La tarea para pastorear una congregación la concede el Espíritu Santo, lo que se hace concreto en el don respectivo que todo pastor debe tener. La iglesia de Cristo también es referida como "columna y baluarte de la verdad" (1º Tim 3:15), grupo de hombres que Dios se ha reservado y ha limpiado por medio de su propio sacrificio. Por todas estas razones, la actitud correcta de cualquier pastor es la solemnidad de estar sirviendo al pueblo de Dios, el cual es valioso debido al costo que tuvo que pagar el Hijo de Dios. 

 

El accionar diabólico contra la Iglesia de Cristo se expresa principalmente en contra de la verdad bíblica. En el huerto del Edén se pudo observar el procedimiento que siglo tras siglo ha utilizado Satanás; mentir y tergiversar la verdad. El Señor Jesucristo llama al diablo como "padre de mentira" (Jn 8:44), y los que hablan mentira, demuestran la paternidad espiritual que tienen. Pablo le advertía a Timoteo sobre los tiempos venideros: "Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio" (2º Tim 4:1-4). 

 

Pablo también le recuerda a los Romanos "Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos. Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos." (Rm 16:17-18). Por otro lado, el apóstol Pedro también escribió: "Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina" (2º Pe 2:1).

 

Las advertencias sobre falsos maestros, falsas doctrinas y engaños diversos hacen aparición en prácticamente todos y cada uno de los libros del Nuevo Testamento. A excepción del evangelio y sus doctrinas derivadas, no hay otra temática con una presencia tan persistente a lo largo del Nuevo Pacto. Además, existen porciones significativas en el Antiguo Testamente referidas a denuncia de falsos profetas y su falso contenido de gestación humana.

 

Si esta advertencia aparece tan profusamente en la Biblia, realmente no se entiende la resistencia a obedecerla, o al menos a considerarla prioritariamente. En vez de enfrentar valientemente la intención de engaño, muchos optan por ser conciliadores y pacíficos, evadiendo la necesaria confrontación. El Señor Jesucristo no estableció amistad con los fariseos -que invalidaban la Palabra de Dios por preferir sus tradiciones-, sino que derechamente los confrontó, y no siempre en los mejores términos: "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia" (Mt 23:27). Al parecer muchos están más preocupados por no tener reputación de "conflictivos" en vez de defender con valor la fe dada a los santos.

 

Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados. Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado. Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido. En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir.

 

Pablo estableció una relación cercana con Aquila en Corinto debido a que ambos se dedicaban al mismo oficio, ser curtidores de pieles. Esto está indicando que el apóstol, a la vez que predicaba el evangelio en distintas localidades, procuraba no ser un peso para nadie, por lo que se esforzaba en generar sus propios recursos, o al menos aportar en esa dirección. En 1º de Tesalonicenses 2:9 Pablo señala: "Porque os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga; cómo trabajando de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios". Esta misma idea, de duro trabajo diurno y nocturno para sobrevivir, se vuelve a repetir en 2 Tesalonicenses 3:7-8: "Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos; pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros, ni comimos de balde el pan de nadie, sino que trabajamos con afán y fatiga día y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros". Finalmente, "Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma." (2 Ts 3:10).

 

Creo que la idea en estos pasajes es que ningún creyente debería llevar un estilo de vida irresponsable o abusivo. En el caso de los pastores de la iglesia, ellos cumplen una labor que requiere una remuneración para ser llevada a cabo (1º Tim 5:18). Pablo, en su afán por evitar cualquier tipo de murmuración, se esforzó doblemente al generar sus propios recursos. 

 

Cuando hubo dicho estas cosas, se puso de rodillas, y oró con todos ellos. Entonces hubo gran llanto de todos; y echándose al cuello de Pablo, le besaban, doliéndose en gran manera por la palabra que dijo, de que no verían más su rostro. Y le acompañaron al barco.

 

Estaban todos tristes, pues nunca más verían a Pablo. Recordemos que el apóstol estuvo tres años en Éfeso al comenzar su tercer viaje misionero, por lo que su recuerdo y presencia eran recientes. Su buen testimonio y la bendición que su ministerio significó para la ciudad se expresan en cada lágrima de tristeza que los ancianos vertieron.  



[1] Craig S. Keener, Comentario del Contexto Cultural de la Biblia. Nuevo Testamento. Editorial Mundo Hispano, Colombia, 2019. Pág. 384.

domingo, 9 de enero de 2022

Tercer viaje misionero: el retorno a Jerusalén (Hechos 20:1-17)



El tercer viaje misionero de Pablo llega a su fin, y su retorno es "contra reloj", debido al deseo del apóstol de celebrar las fiestas nacionales más importantes en Jerusalén (Hch 20:16). De esta manera, las últimas visitas del apóstol se caracterizan por un sentido de "prisa", de querer evitar estar más tiempo de lo necesario en algunos lugares, como en Éfeso.

 

No obstante esta prisa, Pablo necesitó hacer un nuevo recorrido por Macedonia antes de embarcarse con dirección a Jerusalén. Su retorno desde Éfeso implicó visitar Troas, Neapolis, Filipos, Tesalónica, Berea y finalmente las ciudades de Acaya; Corinto y Atenas. Es probable que esta "vuelta larga" haya tenido por propósito recolectar ofrendas para los hermanos en Jerusalén, algo que en el libro de Hechos sólo se sugiere (Hch 24:17), pero que se constata en otras cartas escritas por Pablo (Rm 15:26, 1º Co 16:1, 2º Co 8-9). Además de la recolección de ofrendas también hubo supervisión y exhortación por medio de la Palabra a cada una de las iglesias establecidas en las ciudades recién mencionadas (Hch 20:2). 

 

Si bien este recorrido fue hecho en el marco del tiempo disponible antes de las grandes fiestas judías, Pablo se detuvo por 3 meses en Corinto (Hch 20:2). Esta estadía tuvo un fruto perdurable para la Iglesia de Cristo de todas las edades: la carta a los Romanos (Rm 15:26-28). La ayuda e inspiración dada por el Espíritu Santo le permitió a Pablo escribir en sólo tres meses esta monumental obra de contenido teológico. 

 

Después de su paso por Corinto, el apóstol traza su retorno a Siria por vía marítima, desde el puerto girego de Cencrea, pero oportunamente fue avisado de un plan judío para asecharle justamente cuando se embarcara. Esta información le permitió modificar la ruta, volviendo por la región de Macedonia, visitando las mismas ciudades de su recorrido "de ida" a Grecia. En este retorno "alternativo", Pablo fue acompañado hasta Troas por un grupo de hermanos provenientes de distintas localidades, los que probablemente ayudaron a transportar las ofrendas levantadas para la iglesia de Jerusalén. Todos estos llegaron al puerto de Troas junto a Pablo. Por otro lado, Lucas y sus acompañantes se quedaron en Filipos, lugar donde pudieron pasar la semana de la Pascua y la fiesta de los Panes sin Levadura. Cinco días después Lucas se reúne con Pablo en Troas, donde estuvieron siete días (Hch 20:6).

 

En Troas sucedió una situación especial. Estaban los hermanos reunidos en el aposento alto de aquel lugar, mientras el apóstol Pablo hacía un discurso interminable. En esta escena aparece el nombre de Eutico, joven participante de la reunión, el que estaba ubicado sobre la ventana. Para tristeza de la concurrencia, Eutico cae dormido desde el tercer piso y muere inmediatamente. A partir del versículo 8 "Y había muchas lámparas en el aposento alto donde estaban reunidos", se han planteado muchas hipótesis para explicar el sueño del joven; gases emanados desde las lámparas, algún nivel de hacinamiento en el aposento alto o cansancio producto del discurso tan largo de Pablo. Sin embargo, esta historia tuvo un feliz desenlace, pues Pablo pudo demostrar sus prerrogativas como apóstol resucitando al joven. Como comenta John MacArthur, para obrar el milagro Pablo se "echó sobre él" (Hch 20:11), acción que hace recordar lo que hacían tanto Elías (1º R 17:21) como Eliseo (2º R 4:34) al obrar milagros (1). 

 

Finalmente, saliendo de Troas, Pablo prefirió viajar por tierra hasta la localidad de Asón, lugar donde habían llegado por vía marítima Lucas con los otros hermanos. No se indica el porqué Pablo prefirió viajar por tierra en vez de embarcarse juntamente con Lucas. En Asón Pablo se une a la embarcación con los otros hermanos continuando el recorrido por Mitilene, ubicada en la Isla de Lesbos. La vía marítima evitó pasar por la concurrida Bahía de Éfeso, en Asia, la que estaba fuera de camino de la ruta entre Quío y el puerto de Samos. Pablo no quería desviarse de la ruta, pues anhelaba estar el día de Pentecostés en Jerusalén. 

 

 

 



[1] John Macarthur, Comentario del Nuevo Testamento: Hechos, Editorial Portavoz, USA, 2014. Pág. 507.

sábado, 18 de diciembre de 2021

Boric o Kast

 


La duda

Hace pocas semanas me llegó al whatsapp un video de un pastor de una iglesia en Santiago Centro. El video trata sobre las elecciones y sugiere que los cristianos debieran votar por José Antonio Kast. El argumento que sostiene esta sugerencia es que Kast está "más cerca" de los valores y principios bíblicos. 

 

Este argumento es cierto, Kast es mucho más cercano a la moral bíblica que Boric. No me interesa demostrar esto, más bien reflexiono sobre la metodología de elección; me pregunto si esa "cercanía" es razón suficiente para sugerir un candidato en desmedro del otro.

 

¿La Palabra de Dios tendrá algún pasaje aplicable a esta situación? Me temo que no, pues la democracia moderna tiene apenas un par de siglos, por lo que no encontraremos ninguna situación en la Biblia resuelta mediante mayorías. Entonces ¿un cristiano debiera elegir en función de la "cercanía" o "lejanía" a la voluntad de Dios? ¿Qué sucede cuando en algunos ámbitos hay "cercanía", pero en otros hay "lejanía"?

 

Lo seguro

 

Lo que sucede es la voluntad de Dios. "Voluntad general" podríamos llamarla. El candidato que sea elegido mañana será el que Dios quiso instalar en el país en este momento histórico. Desde luego, Dios no se toma ninguna molestia en comunicarnos el porqué de sus decisiones. 

 

"Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas". Romanos 13:1 es el marco para entender la relación entre el cristiano y la política. En este momento hay dos candidatos, pero mañana el ganador -sea quien sea- será autoridad, y merecerá el sometimiento que demanda la Palabra de Dios.

 

La Iglesia de Cristo no tiene ningún llamado a participar institucionalmente en política, aunque esta última sea disfrazada de justicia social o de preocupación por los pobres. El apóstol Pablo nos exhorta individualmente a poner la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra (Col 3:2). Si a nivel personal se nos ordena centrarnos en el Reino de Dios, resulta a lo menos extraño que una iglesia local se apasione más por la política que por Cristo mismo.

 

La conclusión

 

Considerando todos estos elementos, concluyo lo siguiente: Las iglesias locales no deben mantener ninguna connivencia con el poder. No se debería enseñar ni menos mandatar a votar por un candidato determinado, porque no hay base escritural para aquello. El mensaje bíblico es que Dios es soberano en todos los escenarios futuros, por lo que no hay nada que temer. Finalmente, sólo a modo de sugerencia, se podría opinar que determinado candidato es mejor debido a que sus valores son más "cercanos" a los bíblicos. Esto sólo debiera ser una sugerencia -a pié de página-, ya que nuestra verdadera ciudadanía está en los cielos (Fil 3:20) y los asuntos de este mundo no debieran ser dueños de nuestras emociones ni pasiones.

domingo, 12 de diciembre de 2021

Tercer viaje misionero: el tumulto en el anfiteatro de Éfeso (Hechos 19:23-41)

 


Demetrio y el gremio de artesanos de Éfeso

El apóstol Pablo y los hermanos comenzaron a predicar el evangelio en el corazón mismo de Éfeso, lo que implicaba una confrontación directa con la gran deidad de la antigüedad en su versión efesia: Diana de los efesios. Según Hechos 19:27, Diana era adorada en "el mundo entero", existiendo una versión distinta de Diana -o Artemisa- para cada ciudad. Se estima que Diana tenía al menos 30 lugares de culto en el mundo mediterráneo, su templo en Éfeso tenía alrededor de 106 metros de largo y aproximadamente 45 de ancho, y se consideró como una de las siete maravillas del mundo antiguo. 

 

Demetrio fue el artesano que percibió el potencial peligro que representaba el cristianismo para el rentable negocio de figuras relacionadas con Diana. Esta situación lo movió a reunir a su gremio y hacerles ver el daño que traería la predicación de Pablo. Demetrio vislumbraba dos asuntos: un ataque a Diana, el orgullo de la ciudad y por otro lado el desencantamiento de la gente con las figuras que ellos producían, pues Pablo recalcaba que: "no son dioses los que se hacen con las manos" (Hch 19:26). Para entender un poco mejor el contexto, en Éfeso, la política y la religión estaban tan entrelazadas como la religión y la economía, y el orgullo cívico local era inseparable de la adoración a la Diana efesia (1).

 

Si examinamos con más detalle las palabras de Demetrio, nos damos cuenta que no lo movía tanto un interés devocional por la figura de Diana, sino más bien una preocupación por la posible pérdida de ingresos generados por el peregrinaje de mucha gente alrededor del templo de Diana, con la correspondiente adquisición de elementos de artesanía relacionados. Como sucedía a menudo, "la piedad religiosa se convertía en una capa delgada debido a los intereses económicos personales. El templo de Diana servía como un banco así como un templo, y la gente de todas partes del mundo depositaba sus fondos allí" (2). Sumado a este "oportunismo económico", como se señaló en pasajes previos a este capítulo, la ciudad de Éfeso se caracterizaba por una especial vocación esotérica, basta mencionar la prescripción de Pablo en su carta a los efesios, acerca de equiparse con toda armadura espiritual para enfrentar adecuadamente a las huestes de maldad.

 

La predicación de Pablo era potencialmente una amenaza para los comerciantes de Éfeso de la misma manera que la predicación cristiana hoy podría ser una amenaza contra el negocio de la pornografía, o de la droga. Incluso, hay espacios más "grises", donde actividades pudieran estar reñidas con la voluntad de Dios, pero no de forma explícita, por ejemplo, manejar el negocio de una botillería, o dedicarse a una industria donde predominan los valores anti cristianos. En muchos casos la nueva vida del creyente ha implicado una necesaria reconversión también de las mismas formas de generar ingresos, ya que en Cristo no está permitido conseguir las cosas a "cualquier costo" o por "cualquier medio". En el corazón del creyente genuino aparecen las palabras de Pablo a los Colosenses, las que nos invitan a centrar la mirada en las cosas realmente importantes, sabiendo ponderar de buena forma el valor de lo terrenal: "Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios." (Col 3:1-3).

 

El tumulto en el anfiteatro

 

Esta reunión de Demetrio con el gremio generó una especie de "aleonamiento" en los presentes y en el entorno cercano de la ciudad, generando tanto una reacción contra Pablo como una defensa del orgullo local expresado en Diana. Este tumulto se trasladó al teatro de la ciudad, de unos 152 metros de diámetro, el que tenía una infraestructura disponible para que unos 25.000 asistentes pudieran oír adecuadamente a los actores o expositores desde el escenario, además de muchas estatuas alrededor. Esta furia colectiva se fue expandiendo como bola de nieve y, tal como lo describe Lucas, era bastante irracional: "Unos, pues, gritaban una cosa, y otros otra; porque la concurrencia estaba confusa, y los más no sabían por qué se habían reunido" (Hch 19:32). O sea, muchos no sabían el por qué estaban presentes ahí. El apóstol Pablo tenía la intención de integrarse a esta marea de gente, pero Gayo y Aristarco -compañeros macedonios de Pablo- pusieron la mesura y se lo impidieron. 

 

Como los judíos en el Asia romana tenían mucho cuidado de no ofender a los residentes locales, un tal Alejandro trata de explicar que la comunidad judía no tenía nada que ver con toda la agitación del momento. Por esa razón la facción judía presente en la multitud lo empujó a hablar en defensa de su pueblo. Sin embargo, Alejandro no alcanzó a explicar nada, ya que cuando los efesios se dieron cuenta que era judío, comenzaron a gritar sobre sus palabras: "¡Grande es Diana de los efesios!" (Hch 19:34). 

 

El deber de garantizar el "orden público" en Éfeso

 

En este marco de "efervescencia social" en el teatro, toma la palabra el escribano (Hch 19:35) o "secretario del consejo municipal" (NVI), figura equivalente al alcalde de nuestros días. Este funcionario puso paños fríos a la multitud con un discurso ponderado para apaciguar los ánimos. En primer lugar, relativiza el efecto negativo que pudiera tener el ministerio de Pablo en Éfeso, además, desestima la amenaza que podrían significar los hombres de Dios, ya que éstos no eran ni "sacrílegos ni blasfemadores de vuestra diosa" (Hch 19:37). Este último punto es importante, ya que por "sacrilegio" se entendía normalmente a la acción de saquear templos, uno de los delitos más graves de aquel tiempo. Fue con el paso de los años que este término adquirió un significado más amplio, relacionándose con todo acto destructivo de objetos considerados sagrados. 

 

Podemos observar la acción providencial de Dios en favor de los cristianos en este suceso particular. El escribano ayudó a poner "paños fríos" a la situación, actuando indirectamente en favor del apóstol y de los hermanos. No obstante, esta acción no se debió al deseo de brindarles apoyo, sino fue porque este tumulto podría llegar a ser conocido por autoridades romanas, y ser interpretado como una reunión de sedición o de coordinación para la insurrección, asuntos críticos que los romanos vigilaban constantemente.


Finalmente, el alcalde entrega los lineamientos a seguir de forma sencilla: si Demetrio y su gremio estiman que Pablo y el equipo misionero representan una amenaza al comercio y a todo lo que se desarrolla en torno al templo de Diana, deberán presentar una acusación para tratar el tema en una asamblea constituida legalmente, y no en medio de una mera muchedumbre. De lo contrario, el desorden en el teatro podría ser entendido por las autoridades como un intento de sedición (Hch 19:40), siendo el escribano el más perjudicado de todo esto, pues era el responsable del orden público en la ciudad.




[1] Craig S. Keener, Comentario del Contexto Cultural de la Biblia. Nuevo Testamento. Editorial Mundo Hispano, Colombia, 2019. Pág. 380.

[2] Ibid. Pág. 379.

miércoles, 3 de noviembre de 2021

Tercer viaje misionero: los exorcistas de Éfeso (Hechos 19:11-22)


 

Enfermos sanados y espíritus malos expulsados de personas atormentadas eran confirmaciones visibles del ministerio de Pablo en Éfeso. De la misma manera que sucedió con el Señor Jesucristo, muchas sanidades y milagros ocurrieron a "modo de señal", comunicando a los incrédulos acerca del poder presente en el mensajero. Por esta misma razón observamos que en Éfeso el Señor obraba "milagros extraordinarios por mano de Pablo" (Hch 19:11) sobre personas seleccionadas, no con todo el mundo.  


El pasaje que abarca los versículos 12 al 19 es similar a otros del libro de Hechos. En especial, trae remembranza de aquel sucedido con Simón, el mago samaritano que creyó e incluso se bautizó con la predicación de Felipe (Hch 8:13), y que solicitó "adquirir" el poder del Espíritu Santo para sus propios negocios. Algo similar sucede en el pasaje que ahora nos convoca, donde los hijos de un tal Esceva, jefe de los sacerdotes judíos, se dedicaban al exorcismo ambulante. Los muchachos quedaron atónitos al ver la eficacia del ministerio apostólico en cuanto a la sanación y la expulsión de demonios, y quisieron aprovechar el poder de Pablo replicando las palabras que el apóstol usaba al ministrar: "Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo" (Hch 19:13). 


El intento de usurpar el lugar del apóstol no dio frutos, pues el espíritu malo les respondió "A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?" (Hch 19:15). A partir de esta respuesta se podría inferir que los espíritus malos tienen la capacidad de detectar el sello del Espíritu Santo puesto por Dios en sus hijos como la garantía de la herencia hasta la redención de la posesión adquirida (Ef 1:14). Por otro lado, y yendo un "poquito" más allá, podríamos ver en la respuesta de los espíritus malos una suerte de "rallado de cancha" a muchos "ministerios cristianos" de actualidad. Con esto quiero decir que el hablar a nombre de Dios o el profesar una determinada religión -todo lo cual supone la respectiva confesión de fe- no es en absoluto una credencial de genuina condición espiritual. De alguna manera este pasaje me recuerda al Señor Jesucristo declarando "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos..." (Mt 7:21). 


La Palabra de Dios muestra varios ejemplos de la capacidad de las huestes espirituales de reconocer instantáneamente la divinidad de Cristo, lo que corrobora el punto planteado anteriormente. Por ejemplo:


"Cuando llegó la noche, luego que el sol se puso, le trajeron todos los que tenían enfermedades, y a los endemoniados; y toda la ciudad se agolpó a la puerta. 

Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían." 

Marcos 1:32-34

 

"Estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de demonio inmundo, el cual exclamó a gran voz, diciendo: Déjanos; ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Yo te conozco quién eres, el Santo de Dios" 

Lucas 4:33-34


Es interesante analizar las palabras que el espíritu malo responde a los exorcistas. En primer lugar, "a Jesús conozco", el eterno Hijo de Dios encarnado, creador de los cielos y de la tierra, era fácilmente detectable por las potestades espirituales. Después agrega: "y sé quién es Pablo", reconocimiento esperable para un Apóstol, alguien que había recibido poder sobrenatural de parte de Dios sobre el reino demoníaco. Finalmente, el demonio se refiere a estos exorcistas ambulantes de forma algo sarcástica y desafiante diciéndoles: "pero vosotros, ¿quiénes sois?", dejando en una situación de peligro y vergüenza a los hijos de Esceva.


Al notar la condición de "impostores" de los hijos de Esceva, los espíritus malos que estaban en aquel hombre procedieron al ataque: "Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos." (Hch 19:16).


Este énfasis de actividad sanadora y de expulsión de demonios en Éfeso tenía relación con la gran actividad demoníaca presente en aquella ciudad. Recordemos que Pablo le escribe a los Efesios sobre la realidad de la lucha espiritual, la cual se enfrenta con una armadura precisamente espiritual: "Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes." (Ef 6:12). Éfeso tenía una amplia reputación por su gremio de magos y por la necesidad de exorcismos y protección en contra de espíritus malignos. Como sostiene C. Keener al respecto: "Por lo común, los magos exorcistas invocaban nombres de espíritus mayores para expulsar espíritus menores. De acuerdo con la teoría de la magia, los exorcistas podían obligar a una deidad o espíritu a hacer lo que ellos quisieran al invocar su nombre." (1)


Después de presenciar toda la escena, la comunidad de Éfeso quedó conmovida. El poder de Dios actuando a través del apóstol Pablo y el peligro asociado a las prácticas espiritistas gatilló un sentimiento de temor y también de arrepentimiento. Probablemente, los hijos de Esceva quedaron a muy mal traer después del ataque demoníaco. Tal situación movió a muchos de los habitantes de la ciudad a quemar sus colecciones personales de escritos relativos a la magia y la hechicería, los que fueron cuantificados en cincuenta mil piezas de plata, lo que equivale al salario de cincuenta mil días de trabajo para un trabajador promedio de aquella época. Queda en evidencia la magnitud de las prácticas de magia y hechicería en la ciudad de Éfeso. Por otro lado, debido a la cantidad de personas que se arrepintieron, podríamos estar hablando de un "avivamiento" efesio.


Finalmente, "crecía y prevalecía poderosamente la palabra del Señor" (Hch 19:20). No hay nada que pueda vencer a la poderosa Palabra de Dios, ésta siempre será triunfante ante el mundo y las huestes de maldad. Esto sin duda es un gran consuelo para el cristiano. 



[1] Craig S. Keener, Comentario del Contexto Cultural de la Biblia. Nuevo Testamento. Editorial Mundo Hispano, Colombia, 2019. Pág. 378.

lunes, 11 de octubre de 2021

Tercer viaje misionero: Pablo en Éfeso (Hechos 19:1-10)


Pablo en Éfeso

Mientras Apolos continuó su ministerio en Corinto, región de Acaya, Pablo y la comitiva misionera cumplió su promesa de volver a Éfeso. La decisión de ir a esta ciudad tenía su racionalidad, pues "Éfeso proporcionó la oportunidad de influir en toda Asia (la provincia romana, actual Turquía). Era la ciudad más habitada de la provincia más próspera y poblada del imperio (Asia). Éfeso se convirtió en la ciudad principal con la sede real de la administración jurisdiccional" (1).

 

La primera escena que se narra en esta ciudad es el encuentro de Pablo con unos discípulos (aprendices o estudiantes en este contexto) aparentemente de Juan el Bautista, según el versículo 3. Probablemente el apóstol notó de alguna manera la ausencia del Espíritu Santo en aquellas personas, lo que gatilló su pregunta específica: "¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis?" (Hch 19:2).

 

Este pasaje siempre ha sido motivo de controversias, debido a la disyuntiva de considerar a estos "discípulos" como cristianos o no. Los que ven en estos seguidores a cristianos renacidos, deben explicar el por qué recibieron al Espíritu Santo de forma posterior a su conversión cristiana, lo que muchas veces da lugar a enseñanzas tales como la "segunda unción" o un supuesto estado espiritual de nivel superior. Creo que esta lectura es errónea si consideramos el marco teológico mayor que nos provee la Escritura.

 

En primer lugar, en el Nuevo Testamento la palabra "discípulo" no siempre se refiere a cristianos (aunque todo cristiano sí es un discípulo) (2). Por ejemplo, la Biblia habla de los "discípulos" de los fariseos (Mr 2:18, Lc 5:33), los cuales desde luego no eran cristianos. Por otro lado, Juan 6:66 menciona a unos discípulos de Jesús que le habían abandonado: "Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él". 

 

Creo que esta disyuntiva se esclarece al considerar la respuesta de los discípulos a la pregunta de Pablo en Hechos 19:2: "Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo". Esta negativa, acentuada por el desconocimiento que expresan, sugiere de forma persuasiva la ausencia del Espíritu Santo en las vidas de estas personas.  

 

Si examinamos otros pasajes de la Escritura, queda claro que un ser humano en el cual no está presente el Espíritu Santo no puede ser de Cristo. Esta conclusión se sigue de forma necesaria de los siguientes pasajes: 

 

"¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?" 1º Corintios 6:19

 

"En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa" Efesios 1:13

 

"Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él." Romanos 8:9

 

"Estos son los que causan divisiones; los sensuales, que no tienen al Espíritu" Judas 19

 

Sin embargo, estas personas no eran del todo ajenas a la fe, el texto indica que habían sido partícipes del bautismo de Juan, que era un acto "de carácter anticipatorio y que se relacionaba estrechamente con anunciar a Cristo, que estaba por venir" (3). De esta forma, estos discípulos tenían esa clase de relación con Dios que caracterizaba a los hombres piadosos del Antiguo Testamento, los que creyeron en Dios poniendo su fe en el Mesías venidero, del cual no siempre tuvieron mucha información (Hch 19:4).  

 

Lo importante es que estos hombres ya estaban destinados para vida eterna, por lo que Dios acomodó las circunstancias para que oyeran el evangelio y creyeran, siendo posteriormente bautizados en el bautismo cristiano, "Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús" (Hch 19:5). La conversión de estos hombres se hizo visible a través de la expresión de lenguas y profecía, situación recurrente en la narrativa de Hechos, y que en este caso puede relacionarse a la necesidad de confirmar la presencia del Espíritu Santo en ellos, "ya que ni siquiera habían oído que el Espíritu había venido, necesitaban una prueba tangible de que Dios había entrado verdaderamente en sus vidas" (4). Pablo, como autoridad de la iglesia naciente, impuso sus manos sobre ellos en señal de afirmación apostólica, incorporando a aquellas personas plenamente a la comunión cristiana.

 

Posteriormente Pablo se dedicó a discutir y a persuadir a judíos en la sinagoga acerca del reino de Dios, o sea, "todo lo que implicaba la muerte y exaltación de Jesús" (5). La valentía era una característica de la predicación apostólica, la cual desataba el poder de la Palabra al ser proclamada. Queda claro que la predicación apostólica no se esforzaba en empatizar con la audiencia, sino que confrontaba sin concesiones y no se amilanaba ante el rechazo ni la hostilidad. Esto es destacable al considerar que las experiencias previas de proclamación del apóstol, recurrentemente terminaron con la reacción violenta de los judíos, lo que se tradujo en numerosas persecuciones, encarcelamientos, lapidaciones, entre otros padecimientos. Nada de esto afectó al equipo misionero, la predicación de la Palabra era inquebrantable, es por eso que el "denuedo" de los hermanos es de los adjetivos más utilizados por Lucas para describir su actitud.

 

Como tantas veces sucedió en el ministerio de Pablo, la predicación del Evangelio gatilló la ira de los judíos, los que maldijeron "el Camino" (Hch 19:9), expresión al parecer original para el cristianismo de aquel entonces. Sin embargo, alcanzaron a predicar 3 meses en la sinagoga, hasta que la situación estalló. Con resolución, tanto Pablo como los hermanos se apartaron de la sinagoga y se incorporaron a la escuela de Tiranno, el que probablemente era un maestro de Éfeso. Al respecto, F.F. Bruce indica: "Tiranno (un nombre atestiguado en Éfeso) se supone, en general, que era el profesor que enseñaba habitualmente allí; es posible, sin embargo, que fuera el propietario del edificio, que quisiera alquilárselo a Pablo a veces, cuando no fuera requerido por el profesor o profesores habituales" (6).

 

De esta forma, con valentía y decisión, Pablo predicó la Palabra de Dios por más de 2 años en Éfeso. Hacer la voluntad de Dios trajo bendición a muchos en aquella zona, "de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús" (Hch 19:10).



[1] Craig S. Keener, Comentario del Contexto Cultural de la Biblia. Nuevo Testamento. Editorial Mundo Hispano, Colombia, 2019. Pág. 377.

[2] John Macarthur, Comentario del Nuevo Testamento: Hechos, Editorial Portavoz, USA, 2014. Pág. 467.

[3] F.F. Bruce, Libro de los Hechos, CLIE, 1988. Pág. 379.

[4] John Macarthur, Comentario del Nuevo Testamento: Hechos, Editorial Portavoz, USA, 2014. Pág. 469.

[5] F.F. Bruce, Libro de los Hechos, CLIE, 1988. Pág. 381.

[6] Ibid. Pág. 381.

sábado, 18 de septiembre de 2021

Tercer viaje misionero: Apolos en Éfeso (Hechos 18:22-28)

 


Fin del segundo viaje misionero: El retorno a Antioquía de Siria

El equipo misionero emprende viaje de retorno hacia Antioquía de Siria. La expresión "descendió a Antioquía" en Hechos 18:1 significa que este camino también incluyó a Jerusalén, lugar desde el cual "descendieron", esto debido a la altura espiritual en que se haya la ciudad de David para los judíos. Con toda seguridad el equipo misionero debe haber saludado a la iglesia en Antioquía e informado de los diversos sucesos acontecidos durante este segundo viaje. Si bien el texto no hace mención explícita de esta cuenta pública, podemos inferir su ocurrencia a partir de lo sucedido al término del primer viaje (Hch 14:27).

 

La ruta del tercer viaje comprendió algunas localidades visitadas en el segundo viaje, hasta el momento en que Dios les cambió drásticamente la ruta: "Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia" (Hch 16:6). En ese mismo pasaje Pablo recibe la instrucción en visión de ir a Macedonia y dejar Asia: "Pasa a Macedonia y ayúdanos" (Hch 16:9). En este tercer viaje los hermanos transitan por las localidades que anteriormente el Espíritu Santo les prohibió visitar.

 

Aquila y Priscila exponen más exactamente el camino de Dios a Apolos

 

Como se mencionó, Pablo conoce a Aquila en Corinto debido a que ambos se dedicaban al mismo oficio, ser curtidores de pieles. Cuando Pablo abandona Corinto en dirección a Antioquía, es acompañado por Aquila y su mujer Priscila, los que se establecen en Éfeso (una de las ciudades visitadas en el retorno). Es en esta localidad donde aparece un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, para el cual se tienen palabras de elogio: "varón elocuente, poderoso en las Escrituras" (Hch 18:24).

 

La Biblia describe a Apolos como un hombre instruido en el camino del Señor, fervoroso de espíritu y que enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor. Adicional a esto, como dijimos, era "elocuente y poderoso en las Escrituras". Por lo tanto, Apolos era un varón de Dios, un siervo al cual Dios tendría la preocupación de corregir. Creo que Apolos había recibido el evangelio en Alejandría, y su instrucción se desviaba al menos en un punto importante respecto del cristianismo predicado con base en Jerusalén. Sin embargo, Apolos ya era un varón en el camino del Señor Jesucristo. El Señor mismo prometió obrar en nosotros los cristianos de manera progresiva, hasta el día final: "el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo" (Fil 1:6). Sin embargo, Apolos desconocía la enseñanza del bautismo tal como se ha ido desplegando en el libro de los Hechos, pues sólo conocía el bautismo de Juan, "Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan" (Hch 18:25). El bautismo de Juan tuvo el propósito de preparar a Israel para la llegada del Mesías. El bautismo cristiano, en cambio, es una ordenanza dada a todos los hombres que se postran en humillación y arrepentimiento ante el Señorío de Jesucristo y su obra redentora.

 

Más allá de la diferencia en la temática, creo que lo central en esta discordia es que Apolos recibe elogios de la Palabra de Dios aun cuando su cuerpo doctrinal tenía una falla o error. De esta manera, un error doctrinal no descalifica inmediatamente a un cristiano, al menos si ese error no compromete las enseñanzas esenciales. El pasaje nos muestra la gracia del Señor proveyendo a personas para que lo instruyeran correctamente. 

 

Apolos hablaba con "denuedo", rasgo que caracteriza a los hombres de Dios guiados poderosamente por el Espíritu Santo (Hch 4:13; 4:29; 4:31; 13:46). Justamente por ser un hombre guiado por Dios, es también "perfeccionado" en el camino de Dios a través del trabajo de otros hermanos útiles a sus propósitos. Priscila y Aquila tuvieron la tarea de corregir a este varón elocuente. El mismo Apolo nos enseña a través de su actitud humilde y receptiva ante la corrección, pues se dejó aconsejar y enseñar por los hermanos, entendiendo ahora "más exactamente el camino de Dios" (Hch 18:26). En palabras de F.F. Bruce "el procedimiento de Priscila y Aquila fue admirable: ¡Es mucho mejor ayudar discretamente a un maestro cuya comprensión de un tema es deficiente que corregirlo o denunciarlo públicamente!" (1)

 

El resultado de esta corrección doctrinal fue sin duda de bendición. Apolo continuó su ministerio yendo finalmente a la región de Acaya, específicamente a la ciudad de Corinto, siendo de gran provecho a los hermanos que por la gracia de Dios habían creído en aquel lugar. La Palabra proclamada por Apolos, al igual que Pablo y Pedro, se centraba en demostrar a los judíos que Jesús era el Cristo (Hch 18:28), presentando defensa públicamente contra sus argumentos. 

 

La pureza doctrinal es fundamental, más aún si entendemos que el ministerio de estorbar y distorsionar la Palabra de Dios corresponde a las huestes de maldad. La responsabilidad de custodiar y velar por la pureza doctrinal está reservada preferentemente a los pastores, los cuales por lo mismo no deben ser neófitos (1º Tm 3:6), sino aptos para enseñar (1º Tm 3:3), distinguiendo claramente la verdad del error (Ti 2:1). 

 

Este pasaje nos invita a aprender a diferenciar errores doctrinales de carácter involuntario de otros que son parte de estrategias activas de engaño y maquinación (2º Cor 2:11). Hay errores que necesitan corrección, pero también hay posturas más generales que son imposibles de corregir, y que sólo dan cuenta de la condición espiritual de quien las emite.



[1] F.F. Bruce, Libro de los Hechos, CLIE, 1988. Página 131. Pág. 375.

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