martes, 31 de enero de 2023

El trigo y la cizaña

 


Parábola del trigo y la cizaña

 

Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? Él les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? Él les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.

 

Mateo 13:24-30


Las parábolas

 

Una parábola es un género literario donde prima lo simbólico, lo figurativo. La parábola puede ser inventada o real, pero lo distintivo es que tiene por finalidad dar una lección. Rob Haskell señala algo muy relevante respecto de la interpretación de una parábola: "Es especialmente importante entender que cada detalle (de la parábola) no tiene necesariamente un significado espiritual, sino que ayuda a establecer el escenario de la parábola". (1) De esta manera, para comprender el significado y lección de una parábola no es necesario siempre desmenuzar sus componentes y asignarle una equivalencia, sino que basta considerar los aspectos principales de ésta. 

 

No obstante esta declaración de Haskell, justamente la parábola del trigo y de la cizaña es del tipo cuya interpretación se asemeja más a una alegoría, en el sentido de que casi todos los elementos tienen una equivalencia específica, en este caso, con la realidad escatológica. 

 

Anatomía de la parábola del trigo y la cizaña

 

Podemos distinguir tres temas principales en esta parábola: la asimilación del reino de los cielos a un hombre que siembra buena semilla en su campo (v. 24), la constatación que ese campo incluye tanto el producto de la buena semilla -el trigo- como el producto de la mala semilla -la cizaña-, las cuales no se pueden separar durante su proceso de crecimiento pues se pone en peligro la integridad del trigo (v. 25-29). Finalmente, el narrador de la parábola ordenará a los segadores en el tiempo de la siega separar la cizaña del trigo. La cizaña será quemada, mientras el trigo será recogido en el granero (v. 30).

 

En los siguientes versículos el mismo Señor Jesucristo nos entrega las claves para el entendimiento de esta parábola:

 

-      El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre (v. 37)

-      El campo es el mundo (v. 38)

-      La buena semilla son los hijos del reino (v. 38)

-      La cizaña son los hijos del malo (v. 38)

-      El enemigo que la sembró es el diablo (v. 39)

-      La siega es el fin del siglo (v. 39)

-      Los segadores son los ángeles (v. 39)

-      Fin de este sigo: se arrancará la cizaña y se quemará en el fuego (v. 40)

-      Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles (v. 41)

-      Recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes (v. 41-42)

-      Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre (v. 43)

 

La explicación del Señor hace clara la lectura de la parábola. Cabe mencionar que no siempre se presentan las parábolas explicadas. 

 

Esta parábola de carácter agrícola, muy propia de aquel tiempo, contrasta drásticamente con la predominante vida urbana de hoy. En la época de Cristo el trigo ya era un cultivo importante y familiar para cualquier oyente. Las figuras del campo, la semilla, el trigo, la cizaña, la siega, nos comunican un estilo de vida relativamente lejano para el hombre actual. Sin embargo, a pesar de la temática agrícola que trata la parábola, es perfectamente comprensible en nuestro tiempo.

 

En resumidas cuentas, en el campo -el mundo- el Señor siembra la semilla del evangelio, los que creen y se arrepienten corresponden a los hijos del reino, los productos de la buena semilla, los que conforman la congregación de los salvos, la iglesia. Por otro lado, el enemigo también siembra, pero lo hace mediante un mensaje falsificado, el cual genera falsos creyentes o hijos del malo -la cizaña-. Estos individuos se entrometen en la congregación de los salvos, y como se entrelazan a los hijos del reino, no es posible sustraerlos sin dañar a los auténticos hijos de Dios. El juicio del final de los tiempos hará la distinción definitiva, salvando a los hijos del reino y entregando a los inicuos al fuego eterno. 

 

Algunos elementos subyacentes de interés en la parábola 

 

a) Ambas plantas (el trigo y la cizaña) son prácticamente idénticas según las clasificaciones taxonómicas. Y aunque son especies diferentes, tanto el trigo y la cizaña son parte de la misma familia de clasificación. Tanto su tallo herbáceo y poco ramificado como sus hojas son tan semejantes que uno de los nombres comunes para la cizaña es “falso trigo” (2).

 

b) Aunque crecen juntas, la cizaña nunca se convertirá en trigo. Ni el trigo se convertirá nunca en cizaña. Esa transformación nunca sucederá sólo por proximidad física.

 

c) La cizaña utilizará los nutrientes y el agua que podría haber aprovechado el trigo. Esto es una constatación física.

 

d) El grano de la cizaña posee una toxicidad provocada en los estados iniciales de formación del grano, debido a hongos que los colonizan, produciendo unos alcaloides conocidos como micotoxinas. En otras palabras, el fruto de la cizaña es altamente peligroso (3).

 

e) La separación entre trigo y cizaña será una obra de Dios, empleando a sus ángeles en la ejecución. Nadie en la era actual está ni mandatado ni en condiciones de establecer quién es trigo ni quién es cizaña.

 

Esta parábola es una síntesis brillante de la historia de la iglesia cristiana. El reino de los cielos proviene de la buena semilla plantada en el campo, pero el diablo ha instalado sus jugadores en el mismo lugar. Esta ilustración permite comprender la centralidad de las advertencias apostólicas sobre la existencia y operación de falsos maestros, los cuales siembran un falso evangelio, el que tiene por resultado la multiplicación de falsos creyentes, los que necesitan de falsa doctrina para alimentarse. El mayor ataque del enemigo a la Iglesia de Cristo se lleva a cabo al interior de las congregaciones, donde conviven tanto el trigo como la cizaña.



[1] Rob Haskell, Hermenéutica: Interpretación eficaz hoy, Editorial CLIE, USA, 2009. Pág. 226

[2] https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/la-ciencia-de-la-parabola-del-trigo-y-la-cizana/

[3] Ibid.

domingo, 25 de diciembre de 2022

Hermenéutica, por Rodolfo Blank

 



Principio I: Puesto que el autor último de la Escritura es el Espíritu Santo, todos los libros de la Biblia tienen el mismo propósito principal.

Principio II: Puesto que el autor último de la Escritura es el Espíritu Santo, las partes claras de la Escritura deben ser utilizadas para iluminar las partes más oscuras.

Principio III: Cristo es el centro de la Escritura, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.

Principio IV: El intérprete de las Escrituras no sólo debe preocuparse de las doctrinas o dogmas que se pueden extraer de los textos individuales de la Biblia, sino que también necesita contemplar imágenes, símbolos y proyecciones de Dios que emergen del estudio de la Palabra en su totalidad. En las Escrituras encontramos tanto palabras de vida como símbolos e imágenes que nos comunican la vida.

Principio V: El sentido literal de la Palabra es a la vez el sentido espiritual.

Principio VI: Antes de comenzar a interpretar un texto bíblico, se debe determinar la forma literaria del texto e interpretarlo de acuerdo a su género.

Principio VII: Antes de interpretar la Escritura el intérprete necesita sujetarse a la autoridad de la Palabra.

Principio VIII: Las escrituras que forman la única base para la fe y la práctica de Dios son las Sagradas Escrituras de los libros del Antiguo y Nuevo Testamento. La base de la fe no es la doble Torá de la tradición rabínica, ni las dos fuentes de la tradición católico romana, ni cualquier canon dentro del canon que excluye una parte de la revelación divina.

Principio IX: A fin de que la semilla sembrada en nosotros produzca buenos frutos, es necesario entender la diferencia entre lo que es la ley y lo que es el evangelio y no confundir sus funciones correspondientes.

Principio X: El estudio y la interpretación de la palabra de Dios son funciones de la comunión de los santos.


Blank, Rodolfo, 2006, Hermenéutica. Principios de Interpretación Bíblica, Saint Louis: Editorial Concordia.

sábado, 17 de diciembre de 2022

Una tipología de iglesias cristianas

 



Este escrito presenta un -probablemente- nuevo esquema de análisis de las iglesias evangélicas existentes. La metodología es el "tipo ideal", propuesto alguna vez por Max Weber, pensador alemán y padre de la Sociología. Un tipo ideal es una elaboración conceptual que tiene "el carácter de una utopía en sí, que es obtenida a partir de la exageración mental de determinados elementos de la realidad", o sea, es una definición que exagera las características principales del fenómeno. Una vez definido el "tipo ideal", se le pueden asociar los "tipos reales" según el grado de semejanza.

 

La presencia o ausencia de los siguientes 2 temas conformarán los tipos ideales: 

 

1) El Señor Jesucristo, Señor y Soberano de la creación, autor de la salvación y razón de ser de la fe cristiana y de la Iglesia. 


2) La Biblia, la Palabra de Dios, el mensaje que Dios dejó a los seres humanos en formato escrito y cuya autoría es el mismo Dios, en la persona divina del Espíritu Santo. 


De estos 2 temas se generan las siguientes 4 combinaciones:


1.     Cristo presente, la Biblia presente.

2.     Cristo ausente, la Biblia presente.

3.     Cristo presente, la Biblia ausente.

4.     Cristo ausente, la Biblia ausente.

 


Análisis de los 4 "tipos ideales"

 

Tipo 1: Cristo y la Biblia presentes

 

Se trata de iglesias cristocéntricas, donde se busca adorar al Cristo bíblico, escudriñando las páginas de la Escritura en una búsqueda que tiene al Señor mismo como objetivo, no sus beneficios ni sus soluciones. Al respecto, vale la pena citar una famosa frase atribuida a Charles Spurgeon: 

 

"¿No hay Cristo en tu sermón, caballero? Entonces vete a casa y nunca prediques de nuevo hasta que tengas algo que valga la pena oír."

 

En estas iglesias la oración busca ser una instancia de adoración al Señor por medio de la Biblia, los cánticos recogen los atributos de Dios y se convierten en alabanzas por lo que Él es. La predicación busca explícitamente glorificar al Salvador y de esta forma, motivar y energizar a los oyentes. Si el cristiano ha muerto para este mundo, bueno es que en su congregación sea llenado de Cristo, "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí." (Gal 2:20). 

 

¿Es correcto sostener que la predicación bíblica deba ser cristocéntrica? La Palabra de Dios es clara al respecto; el Señor mandata a los judíos a buscarle a través de las Escrituras: "Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí" (Jn 5:39). Los grandes discursos de la iglesia primitiva neotestamentaria siempre se centraron en la vida, muerte y resurrección de Cristo, revelándolo como el Mesías prometido a Israel. Cuando el apóstol Pablo le escribe a los corintos les recuerda el tipo de proclamación que desarrolló cuando estuvo en la ciudad, la cual debe ser el esquema a seguir en las sucesivas predicaciones:

 

"Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios." (1º Co 2:1-5).

 

Las exhortaciones a la conducta que nunca hacen referencia a la persona de nuestro Señor terminan pareciéndose peligrosamente a las enseñanzas de los fariseos. Para que el cristiano sea impactado por la predicación es necesario ponerle en frente el ejemplo supremo del Señor Jesucristo. El poder del Espíritu Santo obra en el corazón del creyente a través de la predicación poderosa de la Palabra de Dios que glorifica a Cristo. Cuando esto no sucede, la situación se parece a los tiempos de la antigua dispensación, donde los hombres intentaban encuadrar sus conductas en los cánones de la ley, sin fuerza, ni poder ni motivación para lograrlo.

 

Tipo 2: Cristo ausente, la Biblia presente

 

Se trata de iglesias donde abunda la mención a la Biblia y al comportamiento "bíblico". No obstante, no siempre hay adoración explícita a Cristo. Tampoco sucede que todo recurso a las Escrituras tenga por objetivo ver un anuncio de Cristo o una profundización en el conocimiento de Su persona. Los objetivos al ir a la Palabra se relacionan más con lograr algún rédito positivo.

 

En estas iglesias las predicaciones son bien elaboradas, tanto en contenido como en estructura de exposición, por lo que no es sencillo percibir su talón de Aquiles. Una pregunta que se puede formular para saber si la predicación está centrada en Cristo es: "¿El mismo sermón se puede predicar aunque Cristo no hubiera venido?" Si la respuesta es "Sí", entonces estamos en un grave problema.


Citaré un extracto de un escrito de Jairo Namnún, muy pertinente a este respecto (1):

 

"Si al predicar un sermón, tu conclusión es “Dios es un Dios santo, justo y amoroso”, tanto el Corán como la Torah, y el musulmán y el judío, te dirán “¡Así es!”.

 

Si lo que dice tu canción es “El amanecer de hoy me habla de tu grandeza, me da 10,000 razones para alabarte”, el musulmán te citará el Corán (cp. Surat Al-Kahf 18:109] para apoyar tu idea, y el judío te aplaudirá.

 

Si en un caso de problemas entre hermanos, tu consejería resuelve en base a que “los hermanos deben amarse, porque si no ¿cómo podrán vivir juntos? Y le están haciendo la vida imposible a su madre que se esfuerza tanto en su trabajo por alimentarlos”, no has dicho mucho más que lo que te diría un fariseo.

 

Es lamentable y doloroso, pero en muchas de nuestras iglesias, si hubiera judíos y musulmanes en la audiencia, en general estarían totalmente de acuerdo con lo que se dijo."


En otras palabras, una predicación sin Cristo perfectamente podría ser una predicación judía o musulmana.

 

Tipo 3: Cristo (no bíblico) presente, la Biblia ausente

 

Se trata de iglesias que no reciben con agrado los preceptos de la Palabra de Dios, pero entienden que de Jesucristo no se pueden desligar (al menos no tan fácilmente). Al pretender tener a Cristo sin la Biblia lo que finalmente terminan obteniendo es un Jesús no bíblico, un ser inventado según la conveniencia de los hombres.

 

Este tipo de lugares son comúnmente la plataforma del evangelio del bienestar, de la superación personal y de una ética cristiana ecuménica. Estas congregaciones prefieren hablar de Jesús y no de Cristo, enfatizando la naturaleza humana del Señor para sintonizar con la vivencia de los hombres. Para ellos la encarnación del Señor sirvió para identificar a Dios con el sufrimiento y las miserias del hombre, por lo que se trata de un acto divino subordinado al bienestar general de los seres humanos. 

 

Tipo 4: Cristo ausente, la Biblia ausente

 

Se trata de congregaciones cristianas sólo de nombre. La realidad es que integran y mezclan sin problemas todas las ideas previas que los miembros traigan. Lo que no se acepta es la existencia de una verdad única y objetiva, por tratarse de una idea propia de "fanáticos religiosos" intolerantes. Al no estar presente la Palabra de Dios, tampoco se puede conocer al Dios de la Palabra. Estos lugares son terreno fértil para el evangelio de la prosperidad, la variante anatema más vulgar de todas.

 

Conclusión

 

Las iglesias reales raramente pertenecen completamente a uno de estos 4 tipos analíticos. Muchas veces se pueden encontrar congregaciones que tienen 40% en un tipo, 20% en otro tipo y 40% en un tercer tipo. Lo importante es reconocer que las distintas iglesias cristianas debiesen pertenecer por completo, en un 100%, al primer tipo señalado, donde tanto Cristo como la Biblia están completamente presentes.



[1] https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/un-sermon-sin-cristo-no-es-un-sermon-cristiano/

sábado, 3 de diciembre de 2022

Complot contra Pablo (Hechos 23:12-35)

 


Venido el día, algunos de los judíos tramaron un complot y se juramentaron bajo maldición, diciendo que no comerían ni beberían hasta que hubiesen dado muerte a Pablo. Eran más de cuarenta los que habían hecho esta conjuración, los cuales fueron a los principales sacerdotes y a los ancianos y dijeron: Nosotros nos hemos juramentado bajo maldición, a no gustar nada hasta que hayamos dado muerte a Pablo. Ahora pues, vosotros, con el concilio, requerid al tribuno que le traiga mañana ante vosotros, como que queréis indagar alguna cosa más cierta acerca de él; y nosotros estaremos listos para matarle antes que llegue.

 

Eran comunes estos grupos dispuestos a asesinar. Como indica Craig Keener: "Durante estos años muy poco antes de la guerra judía con Roma, los sicarii (21:38) regularmente asesinaban a judíos que eran sospechosos de colaborar con los romanos, y toda Palestina estaba intranquila; por lo tanto este informe es muy creíble." (1)

 

Satanás es el enemigo del reino de Dios y procurará incentivar la lucha contra la Iglesia de Cristo en todas las formas en que le sea posible y permitido. Por esta razón se puede explicar tal nivel de encono de los judíos contra el apóstol Pablo, la predicación poderosa del evangelio despertará siempre las huestes del adversario, el que hasta el día de hoy anda como león rugiente buscando a quien devorar (1º Pe 5:8). En un sentido más terrenal, la fe cristiana representó siempre una amenaza para la cultura y nación judía, ya que se superaban y se resignificaban muchas de las prescripciones veterotestamentarias. En este sentido, el cristianismo era interpretado como una aniquilación de la milenaria cultura hebrea, a lo que se sumaba una escandalosa incorporación de los gentiles a la fe, algo que el judaísmo veía con mucho recelo, tolerándolo sólo en la forma de proselitismo y de personas temerosas de Dios, categorías que experimentaban el judaísmo solo hasta cierto nivel de profundidad y derecho.

 

Es de notar que en este conjuro participaran también sacerdotes y ancianos de la nación, los que no tuvieron mayor problema en sumarse a una acción que buscaba perpetrar un homicidio. De esta manera, esta táctica implicaba varios pecados penados abiertamente por la ley de Dios; homicidio, engaño y maldición.

 

Mas el hijo de la hermana de Pablo, oyendo hablar de la celada, fue y entró en la fortaleza, y dio aviso a Pablo. Pablo, llamando a uno de los centuriones, dijo: Lleva a este joven ante el tribuno, porque tiene cierto aviso que darle. Él entonces tomándole, le llevó al tribuno, y dijo: El preso Pablo me llamó y me rogó que trajese ante ti a este joven, que tiene algo que hablarte. El tribuno, tomándole de la mano y retirándose aparte, le preguntó: ¿Qué es lo que tienes que decirme? Él le dijo: Los judíos han convenido en rogarte que mañana lleves a Pablo ante el concilio, como que van a inquirir alguna cosa más cierta acerca de él. Pero tú no les creas; porque más de cuarenta hombres de ellos le acechan, los cuales se han juramentado bajo maldición, a no comer ni beber hasta que le hayan dado muerte; y ahora están listos esperando tu promesa. Entonces el tribuno despidió al joven, mandándole que a nadie dijese que le había dado aviso de esto.

 

Dios es soberano sobre toda la creación y sobre todas las circunstancias de la vida, por esta razón, el hecho que el hijo de la hermana de Pablo haya podido oír el complot que los judíos armaban contra él no lo deberíamos entender como una situación azarosa. Interesante es notar que esta es la primera y única vez que la Escritura menciona a la "hermana de Pablo". Uno puede imaginar, dos mil años después de este acontecimiento, que la vida de este niño estuvo vinculada al plan eterno de Dios por esta "insignificante" acción, escuchar esta conversación y alertar al apóstol de lo que se tramaba contra él. Esta situación mueve a la reflexión respecto del valor eterno de las obras que el cristiano realiza para el Señor.

 

La providencia de Dios permitió no sólo que el centurión haya estado dispuesto a llevar al sobrino del apóstol a la presencia del tribuno, sino también a que este último haya tenido la voluntad de escucharlo y de liberar a Pablo de la trampa que se le estaba gestando. Es pertinente recordar que en el marco del tercer viaje de Pablo también se gestó un complot judío para atacar al apóstol. En esa oportunidad Pablo también decidió cambiar la ruta de su retorno: "Después que cesó el alboroto, llamó Pablo a los discípulos, y habiéndolos exhortado y abrazado, se despidió y salió para ir a Macedonia. Y después de recorrer aquellas regiones, y de exhortarles con abundancia de palabras, llegó a Grecia. Después de haber estado allí tres meses, y siéndole puestas asechanzas por los judíos para cuando se embarcase para Siria, tomó la decisión de volver por Macedonia" (Hch 20:1-3).

 

Y llamando a dos centuriones, mandó que preparasen para la hora tercera de la noche doscientos soldados, setenta jinetes y doscientos lanceros, para que fuesen hasta Cesarea; y que preparasen cabalgaduras en que poniendo a Pablo, le llevasen en salvo a Félix el gobernador. Y escribió una carta en estos términos:

 

Claudio Lisias al excelentísimo gobernador Félix: Salud. A este hombre, aprehendido por los judíos, y que iban ellos a matar, lo libré yo acudiendo con la tropa, habiendo sabido que era ciudadano romano. Y queriendo saber la causa por qué le acusaban, le llevé al concilio de ellos;  y hallé que le acusaban por cuestiones de la ley de ellos, pero que ningún delito tenía digno de muerte o de prisión. Pero al ser avisado de asechanzas que los judíos habían tendido contra este hombre, al punto le he enviado a ti, intimando también a los acusadores que traten delante de ti lo que tengan contra él. Pásalo bien.

 

Y los soldados, tomando a Pablo como se les ordenó, le llevaron de noche a Antípatris. Y al día siguiente, dejando a los jinetes que fuesen con él, volvieron a la fortaleza. Cuando aquellos llegaron a Cesarea, y dieron la carta al gobernador, presentaron también a Pablo delante de él.  Y el gobernador, leída la carta, preguntó de qué provincia era; y habiendo entendido que era de Cilicia, le dijo: Te oiré cuando vengan tus acusadores. Y mandó que le custodiasen en el pretorio de Herodes.

 

Finalmente Pablo fue enviado a Félix, gobernador de Cesarea, con una comitiva especial de protección. En la carta que le envía Claudio Lisias a Félix queda en claro que Pablo no había cometido delito alguno que pudiera ser juzgado por tribunal romano, y que los temas en debate correspondían a asuntos propios de la religión hebrea. De todas maneras, a los instigadores de la muerte de Pablo se les obligó a presentar sus argumentos delante del gobernador. Mientras tanto, Pablo fue custodiado en la presión de Herodes.



[1] Craig S. Keener, Comentario del Contexto Cultural de la Biblia. Nuevo Testamento. Editorial Mundo Hispano, Colombia, 2019. Pág. 393.

sábado, 5 de noviembre de 2022

Pablo enfrenta el Concilio en Jerusalén (Hechos 23:1-11)

 



Entonces Pablo, mirando fijamente al concilio, dijo: Varones hermanos, yo con toda buena conciencia he vivido delante de Dios hasta el día de hoy. 

 

El apóstol comienza su defensa describiendo primero la "buena conciencia" con la que ha vivido delante de Dios en todo su caminar. Esta no es la primera ni la única vez que Pablo utiliza esta expresión, en su primera carta a Timoteo aparece dos veces en el primer capítulo, en ambos casos expresando una característica a mantener por todo creyente de fe genuina: "Este mandamiento, hijo Timoteo, te encargo, para que conforme a las profecías que se hicieron antes en cuanto a ti, milites por ellas la buena milicia, manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto a la fe algunos" (1º Tm 1:18-19). La conciencia le advierte a cada persona si sus acciones o pensamientos son buenos o malos, es una especie de tribunal personal del alma. Según Romanos 2:14-15, la conciencia funciona en cada ser humano conteniendo una especie de "espectro" de la ley de Dios, una alerta en caso que los hombres escojan no obedecer. Este mecanismo está presente en todos los seres humanos, por lo que no debe confundirse con el accionar del Espíritu Santo.

 

La "buena conciencia" con la que Pablo ha vivido es una expresión equivalente a decir que ha tenido un buen testimonio de vida. Este último es el marco exigido por Dios para la presentación del mensaje de salvación, aunque existan personas que prediquen con malas motivaciones, como lo denunciaba Pablo a los filipenses. El tener una buena conciencia es equivalente a afirmar que no se ha pecado deliberadamente, o que no se arrastra un pecado permanente que pueda empañar la doctrina de Dios. Buena conciencia también es equivalente a tener una conducta "irreprensible". 

 

El sumo sacerdote Ananías ordenó entonces a los que estaban junto a él, que le golpeasen en la boca. Entonces Pablo le dijo: ¡Dios te golpeará a ti, pared blanqueada! ¿Estás tú sentado para juzgarme conforme a la ley, y quebrantando la ley me mandas golpear? Los que estaban presentes dijeron: ¿Al sumo sacerdote de Dios injurias? 5 Pablo dijo: No sabía, hermanos, que era el sumo sacerdote; pues escrito está: No maldecirás a un príncipe de tu pueblo.

 

El testimonio de Cristo llamando directa y audiblemente a Pablo había irritado a los judíos, a esto le suma su descripción de tener "buena conciencia" ante Dios. Al describir su situación en estos términos, excluyendo toda mención a las prescripciones de la ley mosaica, despierta la más intensa ira de los escribas. 

 

Ananías, el sumo sacerdote, ordenó una golpiza contra el apóstol (no se trataba de una mera cachetada). Esta grave agresión, sin razón alguna, hace que el apóstol lo acuse de "quebrantar la ley" (v.3). La reacción de Pablo no consideró el cargo que ostentaba Ananías, la posición religiosa y política más alta de la nación. Ananías era un vasallo romano, conocido por su codicia y por robar los diezmos que pertenecían a los sacerdotes más pobres. Los zelotes lo mataron en el 66 d.C., ocho años después de esta audiencia (1). A pesar de esta triste fama, Ananías de igual manera detentaba el rol prescrito por Dios para una dispensación que lentamente llegaba a su fin. ¿Parece extraño que Pablo no supiera que él era el sumo sacerdote? Se han propuesto explicaciones para esta situación, algunos señalan que Pablo mintió al decir "No sabía, hermanos, que era el sumo sacerdote", mientras otros dicen que el apóstol ironizaba respecto del rol de Ananías, ya que era paradójico que el sumo sacerdocio fuera ejercido con tal corrupción y uso inadecuado del poder. Sin embargo, estas explicaciones son meramente hipotéticas, pues el texto sólo declara desconocimiento en la respuesta del apóstol.  

 

Quizá lo más significativo de estos versículos es constatar que el Señor Jesucristo enfrentó una situación equivalente a la de Pablo, pero su reacción fue diferente: 

 

"Y el sumo sacerdote preguntó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. Jesús le respondió: Yo públicamente he hablado al mundo; siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y nada he hablado en oculto. ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que han oído, qué les haya yo hablado; he aquí, ellos saben lo que yo he dicho. Cuando Jesús hubo dicho esto, uno de los alguaciles, que estaba allí, le dio una bofetada, diciendo: ¿Así respondes al sumo sacerdote? Jesús le respondió: Si he hablado mal, testifica en qué está el mal; y si bien, ¿por qué me golpeas?"

(Juan 18:19-23)

 

En esa oportunidad el Señor fue agredido y sólo preguntó "por qué me golpeas", en cambio, el apóstol Pablo al ser agredido responde "Dios te golpeará a ti, pared blanqueada". Si bien Pablo fue un instrumento para la gloria de Dios, y en opinión de algunos el más excepcional de los creyentes, nadie puede asemejarse a la perfección de Cristo, "quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente" (1º Pe 2:23).


Entonces Pablo, notando que una parte era de saduceos y otra de fariseos, alzó la voz en el concilio: Varones hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo; acerca de la esperanza y de la resurrección de los muertos se me juzga. Cuando dijo esto, se produjo disensión entre los fariseos y los saduceos, y la asamblea se dividió. Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; pero los fariseos afirman estas cosas. 

 

El pasaje explica claramente que entre fariseos y saduceos habían diferencias doctrinales importantes, las que se relacionaban con la creencia en aspectos sobrenaturales como la resurrección, la existencia de ángeles, entre otros. La mención que Pablo notó que "una parte era de saduceos y otra de fariseos", establece con cierta claridad que su alusión a la "esperanza de la resurrección de los muertos" fue un artilugio de defensa. No obstante, la resurrección de Cristo es un elemento fundamental de la fe cristiana y es tratada por Pablo en varios pasajes, principalmente en 1º Corintios: "Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe." (1º Co 15:12-14).

 

La resurrección tiene muchas implicancias en la salvación y en el evangelio. En primer lugar, es vinculada con nuestra justificación, ”…el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Rm 4:25), justificación es la "prueba de la justicia de alguien". Cristo pagó nuestro pecado, tomó nuestro lugar y nos asigna su propia justicia. También es central el que la resurrección demuestre la victoria de Cristo sobre la muerte: "Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho" (1º Co 15:20). Si bien antes de Cristo hubo casos de personas que volvieron a la vida después de morir, todos ellos volvieron a morir nuevamente. Finalmente, la resurrección es importante en la predicación del evangelio, ya que el creyente se identifica con Cristo tanto en su muerte como en su resurrección, por lo que el triunfo sobre la muerte de Cristo es también un triunfo sobre la muerte de los cristianos: "Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él" (Rm 6:8).

 

Y hubo un gran vocerío; y levantándose los escribas de la parte de los fariseos, contendían, diciendo: Ningún mal hallamos en este hombre; que si un espíritu le ha hablado, o un ángel, no resistamos a Dios. Y habiendo grande disensión, el tribuno, teniendo temor de que Pablo fuese despedazado por ellos, mandó que bajasen soldados y le arrebatasen de en medio de ellos, y le llevasen a la fortaleza. A la noche siguiente se le presentó el Señor y le dijo: Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma.

 

Al parecer la táctica del apóstol dio resultados y la facción de los fariseos comenzó a evaluar a Pablo con otros ojos, "Ningún mal hallamos en este hombre", es una expresión de cambio de actitud hacia él. No obstante, la agresividad contra Pablo continuaba desde los saduceos, y el tribuno prefirió evitar consecuencias mayores llevando a Pablo a la fortaleza.

 

El momento más notable de este episodio se da el finalizar la jornada, donde el Señor le habla directamente a Pablo alentándolo a seguir predicando el evangelio. En Corinto el Señor le había enviado un mensaje similar al apóstol: "Entonces el Señor dijo a Pablo en visión de noche: No temas, sino habla, y no calles; porque yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti la mano para hacerte mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad" (Hch 18:9-10). Si bien Pablo es el destinatario directo de estos mensajes de aliento de parte del Señor, también son extensibles a toda la Iglesia de Cristo, la congregación de santos lavados por la sangre del Cordero, los cuales también somos llamados a testificar del Señor en todo lugar, con la compañía diaria de Cristo mismo (Mt 28:20).



[1] Craig S. Keener, Comentario del Contexto Cultural de la Biblia. Nuevo Testamento. Editorial Mundo Hispano, Colombia, 2019. Pág. 392.

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