sábado, 25 de marzo de 2023

Pablo predica ante el rey Agripa (Hechos 26)

 


Defensa de Pablo ante Agripa (Hechos 26:1-11)


El apóstol comienza su exposición una vez que Agripa se lo permite. Pablo le reconoce al rey un acabado conocimiento sobre el judaísmo, por lo que al predicar el evangelio no necesita retrotraer la historia hasta la creación de los cielos y de la tierra, como usualmente lo hace al enfrentar una audiencia gentil. Es interesante notar que si bien el texto dice "defensa" (v.1), no se trata de una defensa penal personal, sino una defensa del evangelio, una oportunidad de predicarlo ante reyes y principales (Hch 9:15).

 

El argumento de Pablo -versículos 4 al 8- está diseñado para apelar a la mente de Agripa, que como señalamos, tenía reputación de conocer sobre teología judía. La razón por la que Pablo es atacado y estaba siendo en ese momento juzgado es de índole meramente doctrinal, en particular, su proclamación de la resurrección de los muertos. Podemos recordar que esta doctrina generaba ácida polémica en la facción de los saduceos, grupo religioso que no creía en aspectos sobrenaturales de la fe, como los ángeles, milagros o la misma resurrección; se podría decir que eran los "teólogos liberales" de aquellos tiempos, los cuales racionalizan los aspectos "milagrosos" de las Escrituras con el fin de hacer de la fe algo consistente con la ciencia moderna. Sin embargo, lo increíble de esta situación es que no eran sólo saduceos los que se oponían a la predicación de Pablo, sino todo el pueblo, fariseos incluidos, facción que sí creía en la resurrección de los muertos. En el fondo, los judíos no rechazaban la resurrección en sí misma, lo que rechazaban era la resurrección de Cristo sobre los muertos. Anteriormente Festo, al intentar comprender la razón de fondo por la que Pablo era acusado, mencionó a "un cierto Jesús, ya muerto, el que Pablo afirmaba estar vivo" (Hch 25:19). 

 

El argumento de Pablo incluye la mención a su formación religiosa, el rigor farisaico, algo que sus contemporáneos saben y podrían haberlo atestiguado si se les hubiera pedido hacerlo. La narrativa de Pablo actuando contra la iglesia de Cristo mientras vivía su judaísmo le asigna mayor poder al evento de su conversión. La pregunta surge de forma automática, ¿qué le debió suceder a este hombre, formado desde su juventud en el judaísmo más severo, para que rechazara sus postulados y cambiara radicalmente de parecer? La descripción de cómo Pablo persiguió a la Iglesia de Cristo siembra esta pregunta, y despierta la curiosidad en el oyente por saber qué causó este cambio de vida.

 

Es importante destacar que Pablo declara que el judaísmo incurría en blasfemia al intentar impulsar a los cristianos a rechazar la fe en el Señor Jesucristo. No hay opiniones intermedias ni tibias para la religión judía, se trataba de una ofensa directa contra Dios al rechazar al Mesías: "Yo ciertamente había creído mi deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret; lo cual también hice en Jerusalén. Yo encerré en cárceles a muchos de los santos, habiendo recibido poderes de los principales sacerdotes; y cuando los mataron, yo di mi voto. Y muchas veces, castigándolos en todas las sinagogas, los forcé a blasfemar; y enfurecido sobremanera contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades extranjeras" (Hch 26:9-11). 

 

Pablo relata su conversión (Hechos 26:12-18)

 

Sabemos que el Señor se apareció a Pablo camino a Damasco, pues este relato aparece por primera vez en Hechos 9. Sin embargo, la Escritura vuelve a exponer el evento adicionando la frase: "dura cosa te es dar coces contra el aguijón" (v. 14). Al respecto, Craig Keener señala: "era un proverbio griego acerca de pelear con un dios, originado posiblemente a partir del dramaturgo clásico griego Eurípides. No está citado en los otros relatos de la conversión de Pablo, sin embargo, es adecuado cuando se dirige a Agripa, que tenía una vasta educación griega" (1).

 

En el relato, el Señor Jesucristo se presenta a un Pablo que "cae en tierra", que era la respuesta común para una revelación como tal en el Antiguo Testamento, y le pregunta: "¿por qué me persigues" (v. 14), en referencia a los ataques que Pablo le propinaba a la iglesia. El Señor se identifica completamente con el devenir de sus elegidos, en especial en el momento de su persecución y sufrimiento; el Señor y su Iglesia son un sólo ser. 

 

Después de esta amable aclaración por parte del Señor, el apóstol recibe instrucciones para la acción inmediata, y también los objetivos que Dios tiene para llevar a cabo usando a Pablo como instrumento. Enviado a judíos y luego a gentiles, Dios tiene el propósito de proclamar el evangelio a través de la vida regenerada de Pablo, con el propósito de redimir a su pueblo del pecado, del dominio de Satanás y recibir perdón y herencia eterna.

 

Pablo obedece a la visión (Hechos 26:19-23)

 

El apóstol Pablo obedeció la voz de Dios de forma inmediata. Alguien podría argumentar que fue Dios mismo, con voz audible, el que le dio las instrucciones del caso, por lo que no hay mucho mérito en esta obediencia. Quizá eso sea cierto. Es interesante notar la importancia asignada al arrepentimiento (v. 20), en el hecho que tanto los judíos como los gentiles receptores del mensaje del evangelio se deben distinguir por hacer "obras dignas de arrepentimiento" (Hch 16:19). Sabemos que las obras no constituyen un mecanismo de propiciación ante Dios, sino que evidencian una vida salvada por el poder del evangelio.

 

La resurrección de los muertos es parte esencial del evangelio (1º Co 15:13), expresa el triunfo sobre la muerte del Señor, y es garantía que los creyentes, identificados en Cristo, experimentaremos lo mismo (Rm 6:5). En el caso del cristiano, se trata de una resurrección para vida (Jn 5:29). También es importante mencionar que la concepción judía del Mesías no era la de un hombre en padecimiento (Is 53), sino la de un rey poderoso que traería prosperidad y liderazgo a la nación, además de liberación de la esclavitud romana. Si el mensaje de Pablo proclama a un Cristo que padece y muere en manos humanas, entonces claramente el anuncio no satisfacía en lo más mínimo la sed de sus compatriotas (1º Co 1:23).  

 

Pablo insta a Agripa a que crea (Hechos 26:24-32)

 

La exposición del apóstol llevó a Festo a tratar a Pablo de loco. Al parecer se trató de una declaración en tono amistoso, aunque no benévolo. Similar situación sucede a todo cristiano cuando expone las verdades del evangelio y encuentra de vuelta reacciones de extrañeza o rechazo. En especial en nuestros tiempos, el evangelio no es valorado pues no le sigue ningún beneficio concreto e inmediato para la vida cotidiana del hombre.

 

Pablo sabía que Agripa conocía y creía lo declarado por los profetas, por lo que era terreno fértil para la predicación del evangelio. Sin embargo, después del oír al apóstol Agripa le responde: "Por poco me persuades a ser cristiano" (Hch 26:28). Algunos sostienen que Agripa fue irónico en esa respuesta, mientras otros piensan que el rey se tomó muy en serio las declaraciones de Pablo y que su respuesta pudo haberse entendido como: "Eres tan convincente que pronto vas a convertirme" (2). Finalmente, podemos ver que lejos de pedir la libertad de la prisión, el apóstol quiso que todos conocieran al Señor.

 

Ya en el capítulo 25 Festo había declarado que la acusación contra Pablo era innecesaria, pues el apóstol "ninguna cosa digna de muerte ha hecho" (Hch 25:25). En este capítulo, los personajes involucrados vuelven a expresar una idea similar: "Podía este hombre ser puesto en libertad, si no hubiera apelado a César" (Hch 26:32). Pablo no es culpable ante la ley romana, y esta es la única conclusión a la cual los oyentes romanos podrían llegar.



[1] Craig S. Keener, Comentario del Contexto Cultural de la Biblia. Nuevo Testamento. Editorial Mundo Hispano, Colombia, 2019. Pág. 400

[2] Ibid. Pág. 401.

viernes, 17 de febrero de 2023

Pablo apela al César (Hechos 25)

 



Pablo apela al César ante Festo

 

Los eventos se trasladan por un breve periodo de tiempo a Jerusalén, lugar al que se había trasladado Festo, el sucesor de Félix en la gobernación de judea. En la santa ciudad los judíos continuan sus acusaciones contra el apóstol Pablo y mantienen la idea de traerlo desde Cesarea para hacerle una emboscada. Hasta este momento Festo mostraba una conducta ecuánime, pues pretendía un juicio justo para Pablo a pesar de la oposición judía.

 

De vuelta en Cesarea Festo manda traer a Pablo al tribunal, instancia donde los judíos presentan las mismas acusaciones sin evidencia. El apóstol se defiende diciendo que no ha atentado contra la ley judaica ni contra la ley romana. En esta primera audiencia se esfuma la supuesta ecuanimidad de Festo, ya que intenta enviar a Pablo a Jerusalén para congraciarse con los judíos. Ante esta situación aparentemente sin salida, Pablo se adelanta y en su calidad de ciudadano romano solicita ser recibido por el Cesar para juicio. Se discute hasta el día de hoy si todos los romanos tenían la posibilidad de apelar al César, o si este recurso estaba disponible sólo para algunos. La apelación al César significaba que el mismo emperador tomaba el lugar de juez en la causa específica, de ahí que los que apelaban debían esperar bastante tiempo para tener la cita con el emperador. Por otro lado, la apelación al César daba lugar a un juicio imperial que no se podía anular.   

 

 

Festo relata a Agripa la situación de Pablo

 

Justamente por esos días Festo recibió la visita del rey Agripa y su esposa Berenice. Los romanos consideraban a Agripa como experto en asuntos judíos. Este Agripa era "último en la línea de los Herodes que ocuparan un lugar destacado en la historia del Nuevo Testamento, Agripa II gobernaba la parte norte de Palestina durante la ocupación romana. Su padre, Agripa I, fue el Herodes que mató a Santiago, encarceló a Pedro, y encontró un final prematuro al ser comido por los gusanos después de no darle la gloria a Dios (Hch 12:1-23)" (1)

 

En este encuentro Festo aprovecha de relatar la situación de Pablo, logrando interesar al rey con el caso. Es interesante notar que en su presentación Festo reconoce que ninguno de los cargos que los judíos imputaban a Pablo constituía una transgresión a la ley romana: "Así que, habiendo venido ellos juntos acá, sin ninguna dilación, al día siguiente, sentado en el tribunal, mandé traer al hombre. Y estando presentes los acusadores, ningún cargo presentaron de los que yo sospechaba, sino que tenían contra él ciertas cuestiones acerca de su religión, y de un cierto Jesús, ya muerto, el que Pablo afirmaba estar vivo" (Hch 25:17-19). Probablemente era un enigma para Festo la declaración del apóstol sobre un hombre muerto, pero que ahora estaba vivo. Justamente la resurrección de Cristo era la gran diferencia entre el judaísmo y el cristianismo y era la razón por la cual Pablo era tan enconadamente odiado. El apóstol estaba siendo perseguido por predicar el evangelio, era perseguido por causa de la justicia. 

 

La audiencia donde Agripa y Berenice reciben a Pablo se desarrolló con la pompa propia del imperio (v.23). Con toda probabilidad destacaron las vestimentas y la presencia de un gran desfile de súbditos. Después de expuesto el caso, Festo señaló que la apelación al César fue un acto innecesario, pues Pablo "ninguna cosa digna de muerte ha hecho" (Hch 25:25). Lo más probable es que Festo quisiera exculparse de lo que pudiera suceder con Pablo en Roma.

 

Si bien la apelación de Pablo liberaba a Festo de tener que dar una sentencia, también le generaba una nueva preocupación: el deber de informar en detalle al César de las acusaciones que se presentaban contra el apóstol. La presentación ante Agripa le permitiría a Festo obtener información para redactar un informe más acabado, recordemos que este último recién había asumido el cargo y no estaba familiarizado con los matices de la religión judía: "Como no tengo cosa cierta que escribir a mi señor, le he traído ante vosotros, y mayormente ante ti, oh rey Agripa, para que después de examinarle, tenga yo qué escribir" (Hch 25:26). 



[1] John MacArthur, Comentario del Nuevo Testamento: Hechos, Editorial Portavoz, USA, 2014. Pág. 618.

sábado, 11 de febrero de 2023

Pablo ante Félix en Cesarea (Hechos 24)

 



Pablo acusado ante Félix

 

Pablo había viajado de noche desde Jerusalén a Cesarea, siendo escoltado por doscientos soldados, setenta jinetes y doscientos lanceros, intentado así evitar el ataque nocturno de los judíos furiosos. Ya en Cesarea, el apóstol es llevado ante Félix, el gobernador, y los judíos guiados por un tal Tértulo -un acusador pagado- emprendieron una serie de acusaciones contra él: "hemos hallado que este hombre es una plaga, y promotor de sediciones entre todos los judíos por todo el mundo, y cabecilla de la secta de los nazarenos. Intentó también profanar el templo; y prendiéndole, quisimos juzgarle conforme a nuestra ley" (Hch 24:5-6). En rigor, de lo expuesto por los acusadores sólo la expresión "promotor de sediciones" podría haberle causado problemas a Pablo, ya que la sedición contra el emperador era un acto castigado de manera severa por Roma, pero éste no era el caso. Más adelante, Porcio Festo, el sucesor de Félix como gobernador, escuchó el caso de Pablo y señaló: "...tenían contra él ciertas cuestiones acerca de su religión, y de un cierto Jesús, ya muerto, el que Pablo afirmaba estar vivo" (Hch 25:18-19).  

 

Vale mencionar algo respecto de Félix. Este hombre comenzó su vida como esclavo, y a través de influencias familiares logró ir construyendo una carrera al interior del imperio. Sin embargo, su mentalidad de esclavo quedó marcada a fuego en él (1). El historiador Tácito lo describió como "un maestro de la crueldad y la lujuria, que ejerció los poderes de un rey con el espíritu de un esclavo". Otra cita académica hace referencia a Félix como entregado al libertinaje y los excesos, alguien que podía hacer cualquier acto de maldad y quedar impune (Tácito).

 

Por último, se debe hacer mención a la hipócrita adulación de los acusadores judíos cuando se dirigen al gobernador, la que parece ridícula al considerar la fama de Félix: "Como debido a ti gozamos de gran paz, y muchas cosas son bien gobernadas en el pueblo por tu prudencia, oh excelentísimo Félix" (Hch 24:2). En Romanos 16:18 el apóstol Pablo caracteriza a los falsos cristianos por su actitud lisonjera, engañosa, gente calificada en el arte de la manipulación.

 

Defensa de Pablo

 

Pablo se defiende desmintiendo las acusaciones de los judíos -y a diferencia de Tértulo- es bastante sobrio al referirse a Félix: "Como tú puedes cerciorarte, no hace más de doce días que subí a adorar a Jerusalén; y no me hallaron disputando con ninguno, ni amotinando a la multitud; ni en el templo, ni en las sinagogas ni en la ciudad; ni te pueden probar las cosas de que ahora me acusan." (Hch 24:11-13). La defensa de Pablo apelaba a que se presentasen testigos presenciales de los cargos que le imputaban. Pablo solicitaba evidencias, lo que era evitado por sus acusadores: "Ellos debieran comparecer ante ti y acusarme, si contra mí tienen algo. O digan estos mismos si hallaron en mí alguna cosa mal hecha..." (Hch 24:19-20). 

 

Pablo argumentó que el fondo de la acusación se debía a un tema religioso: la resurrección de los muertos: "Acerca de la resurrección de los muertos soy juzgado hoy por vosotros" (v.21). Recordemos que estando en Jerusalén, Pablo notó que la audiencia estaba conformada tanto por fariseos como por saduceos, lo que lo motivó a tratar el tema de la resurrección (algo rechazado por los saduceos), generando una división en sus oponentes, "Entonces Pablo, notando que una parte era de saduceos y otra de fariseos, alzó la voz en el concilio: Varones hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo; acerca de la esperanza y de la resurrección de los muertos se me juzga" (Hch 23:6).

 

De todas maneras, tanto las acusaciones de los judíos como la defensa de la resurrección de los muertos, no estaban dentro de la jurisdicción del tribunal romano. Se trataba de problemas derivados de la ley judía, no configuraban un crimen bajo la ley romana. Más adelante, Porcio Festo, señaló respecto de la acusación contra Pablo "Pero yo, hallando que ninguna cosa digna de muerte ha hecho, y como él mismo apeló a Augusto, he determinado enviarle a él" (Hch 25:25).

 

 

Félix aplaza el juicio

 

El texto señala que el gobernador Félix estaba "bien informado de este Camino" (v.22), en referencia a la fe que defendía Pablo. Este conocimiento probablemente provenía de Drusila, mujer de Félix, la cual era judía. Al apóstol se le concedió una prisión con "alguna libertad", ya que Félix sabía que Pablo era inocente, pero debido a su "mentalidad de esclavo" y a su bajeza moral, prefirió tomar una decisión tibia de modo de no enemistarse con los judíos.

 

Respecto de Drusila, Craig Keener señala: "Drusila era la hija menor de Herodes Agripa I y hermana de Agripa II. Se casó con el rey de una pequeña región de Siria, pero a la edad de dieciséis años se divorció por instigación de Félix para que se casara con él. Aunque esto violaba la política romana común acerca que un gobernador debía casarse con una mujer de su provincia, Félix tenía mucho poder mientras su hermano Palas permaneciera con el favor de Roma. Aquí, Drusila tiene aproximadamente veinte años y quizá su fe judía influyera en su esposo para que escuche a Pablo" (2).

 

En una oportunidad Félix y Drusila escucharon predicar a Pablo sobre la justicia de Dios, el dominio propio y el juicio venidero, lo que espantó al gobernador. Félix no sólo rechazo el mensaje del evangelio, sino que aprovechó la oportunidad para lucrar ilegalmente intentando sacarle dinero a Pablo a cambio de su libertad. Naturalmente el apóstol no cedió ante esta situación y continuó con el proceso.

 

 



[1] https://www.blueletterbible.org/Comm/guzik_david/spanish/StudyGuide_Act/Act_24.cfm

[2] Craig S. Keener, Comentario del Contexto Cultural de la Biblia. Nuevo Testamento. Editorial Mundo Hispano, Colombia, 2019. Pág. 397.

martes, 31 de enero de 2023

El trigo y la cizaña

 


Parábola del trigo y la cizaña

 

Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? Él les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? Él les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.

 

Mateo 13:24-30


Las parábolas

 

Una parábola es un género literario donde prima lo simbólico, lo figurativo. La parábola puede ser inventada o real, pero lo distintivo es que tiene por finalidad dar una lección. Rob Haskell señala algo muy relevante respecto de la interpretación de una parábola: "Es especialmente importante entender que cada detalle (de la parábola) no tiene necesariamente un significado espiritual, sino que ayuda a establecer el escenario de la parábola". (1) De esta manera, para comprender el significado y lección de una parábola no es necesario siempre desmenuzar sus componentes y asignarle una equivalencia, sino que basta considerar los aspectos principales de ésta. 

 

No obstante esta declaración de Haskell, justamente la parábola del trigo y de la cizaña es del tipo cuya interpretación se asemeja más a una alegoría, en el sentido de que casi todos los elementos tienen una equivalencia específica, en este caso, con la realidad escatológica. 

 

Anatomía de la parábola del trigo y la cizaña

 

Podemos distinguir tres temas principales en esta parábola: la asimilación del reino de los cielos a un hombre que siembra buena semilla en su campo (v. 24), la constatación que ese campo incluye tanto el producto de la buena semilla -el trigo- como el producto de la mala semilla -la cizaña-, las cuales no se pueden separar durante su proceso de crecimiento pues se pone en peligro la integridad del trigo (v. 25-29). Finalmente, el narrador de la parábola ordenará a los segadores en el tiempo de la siega separar la cizaña del trigo. La cizaña será quemada, mientras el trigo será recogido en el granero (v. 30).

 

En los siguientes versículos el mismo Señor Jesucristo nos entrega las claves para el entendimiento de esta parábola:

 

-      El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre (v. 37)

-      El campo es el mundo (v. 38)

-      La buena semilla son los hijos del reino (v. 38)

-      La cizaña son los hijos del malo (v. 38)

-      El enemigo que la sembró es el diablo (v. 39)

-      La siega es el fin del siglo (v. 39)

-      Los segadores son los ángeles (v. 39)

-      Fin de este sigo: se arrancará la cizaña y se quemará en el fuego (v. 40)

-      Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles (v. 41)

-      Recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes (v. 41-42)

-      Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre (v. 43)

 

La explicación del Señor hace clara la lectura de la parábola. Cabe mencionar que no siempre se presentan las parábolas explicadas. 

 

Esta parábola de carácter agrícola, muy propia de aquel tiempo, contrasta drásticamente con la predominante vida urbana de hoy. En la época de Cristo el trigo ya era un cultivo importante y familiar para cualquier oyente. Las figuras del campo, la semilla, el trigo, la cizaña, la siega, nos comunican un estilo de vida relativamente lejano para el hombre actual. Sin embargo, a pesar de la temática agrícola que trata la parábola, es perfectamente comprensible en nuestro tiempo.

 

En resumidas cuentas, en el campo -el mundo- el Señor siembra la semilla del evangelio, los que creen y se arrepienten corresponden a los hijos del reino, los productos de la buena semilla, los que conforman la congregación de los salvos, la iglesia. Por otro lado, el enemigo también siembra, pero lo hace mediante un mensaje falsificado, el cual genera falsos creyentes o hijos del malo -la cizaña-. Estos individuos se entrometen en la congregación de los salvos, y como se entrelazan a los hijos del reino, no es posible sustraerlos sin dañar a los auténticos hijos de Dios. El juicio del final de los tiempos hará la distinción definitiva, salvando a los hijos del reino y entregando a los inicuos al fuego eterno. 

 

Algunos elementos subyacentes de interés en la parábola 

 

a) Ambas plantas (el trigo y la cizaña) son prácticamente idénticas según las clasificaciones taxonómicas. Y aunque son especies diferentes, tanto el trigo y la cizaña son parte de la misma familia de clasificación. Tanto su tallo herbáceo y poco ramificado como sus hojas son tan semejantes que uno de los nombres comunes para la cizaña es “falso trigo” (2).

 

b) Aunque crecen juntas, la cizaña nunca se convertirá en trigo. Ni el trigo se convertirá nunca en cizaña. Esa transformación nunca sucederá sólo por proximidad física.

 

c) La cizaña utilizará los nutrientes y el agua que podría haber aprovechado el trigo. Esto es una constatación física.

 

d) El grano de la cizaña posee una toxicidad provocada en los estados iniciales de formación del grano, debido a hongos que los colonizan, produciendo unos alcaloides conocidos como micotoxinas. En otras palabras, el fruto de la cizaña es altamente peligroso (3).

 

e) La separación entre trigo y cizaña será una obra de Dios, empleando a sus ángeles en la ejecución. Nadie en la era actual está ni mandatado ni en condiciones de establecer quién es trigo ni quién es cizaña.

 

Esta parábola es una síntesis brillante de la historia de la iglesia cristiana. El reino de los cielos proviene de la buena semilla plantada en el campo, pero el diablo ha instalado sus jugadores en el mismo lugar. Esta ilustración permite comprender la centralidad de las advertencias apostólicas sobre la existencia y operación de falsos maestros, los cuales siembran un falso evangelio, el que tiene por resultado la multiplicación de falsos creyentes, los que necesitan de falsa doctrina para alimentarse. El mayor ataque del enemigo a la Iglesia de Cristo se lleva a cabo al interior de las congregaciones, donde conviven tanto el trigo como la cizaña.



[1] Rob Haskell, Hermenéutica: Interpretación eficaz hoy, Editorial CLIE, USA, 2009. Pág. 226

[2] https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/la-ciencia-de-la-parabola-del-trigo-y-la-cizana/

[3] Ibid.

domingo, 25 de diciembre de 2022

Hermenéutica, por Rodolfo Blank

 



Principio I: Puesto que el autor último de la Escritura es el Espíritu Santo, todos los libros de la Biblia tienen el mismo propósito principal.

Principio II: Puesto que el autor último de la Escritura es el Espíritu Santo, las partes claras de la Escritura deben ser utilizadas para iluminar las partes más oscuras.

Principio III: Cristo es el centro de la Escritura, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.

Principio IV: El intérprete de las Escrituras no sólo debe preocuparse de las doctrinas o dogmas que se pueden extraer de los textos individuales de la Biblia, sino que también necesita contemplar imágenes, símbolos y proyecciones de Dios que emergen del estudio de la Palabra en su totalidad. En las Escrituras encontramos tanto palabras de vida como símbolos e imágenes que nos comunican la vida.

Principio V: El sentido literal de la Palabra es a la vez el sentido espiritual.

Principio VI: Antes de comenzar a interpretar un texto bíblico, se debe determinar la forma literaria del texto e interpretarlo de acuerdo a su género.

Principio VII: Antes de interpretar la Escritura el intérprete necesita sujetarse a la autoridad de la Palabra.

Principio VIII: Las escrituras que forman la única base para la fe y la práctica de Dios son las Sagradas Escrituras de los libros del Antiguo y Nuevo Testamento. La base de la fe no es la doble Torá de la tradición rabínica, ni las dos fuentes de la tradición católico romana, ni cualquier canon dentro del canon que excluye una parte de la revelación divina.

Principio IX: A fin de que la semilla sembrada en nosotros produzca buenos frutos, es necesario entender la diferencia entre lo que es la ley y lo que es el evangelio y no confundir sus funciones correspondientes.

Principio X: El estudio y la interpretación de la palabra de Dios son funciones de la comunión de los santos.


Blank, Rodolfo, 2006, Hermenéutica. Principios de Interpretación Bíblica, Saint Louis: Editorial Concordia.

sábado, 17 de diciembre de 2022

Una tipología de iglesias cristianas

 



Este escrito presenta un -probablemente- nuevo esquema de análisis de las iglesias evangélicas existentes. La metodología es el "tipo ideal", propuesto alguna vez por Max Weber, pensador alemán y padre de la Sociología. Un tipo ideal es una elaboración conceptual que tiene "el carácter de una utopía en sí, que es obtenida a partir de la exageración mental de determinados elementos de la realidad", o sea, es una definición que exagera las características principales del fenómeno. Una vez definido el "tipo ideal", se le pueden asociar los "tipos reales" según el grado de semejanza.

 

La presencia o ausencia de los siguientes 2 temas conformarán los tipos ideales: 

 

1) El Señor Jesucristo, Señor y Soberano de la creación, autor de la salvación y razón de ser de la fe cristiana y de la Iglesia. 


2) La Biblia, la Palabra de Dios, el mensaje que Dios dejó a los seres humanos en formato escrito y cuya autoría es el mismo Dios, en la persona divina del Espíritu Santo. 


De estos 2 temas se generan las siguientes 4 combinaciones:


1.     Cristo presente, la Biblia presente.

2.     Cristo ausente, la Biblia presente.

3.     Cristo presente, la Biblia ausente.

4.     Cristo ausente, la Biblia ausente.

 


Análisis de los 4 "tipos ideales"

 

Tipo 1: Cristo y la Biblia presentes

 

Se trata de iglesias cristocéntricas, donde se busca adorar al Cristo bíblico, escudriñando las páginas de la Escritura en una búsqueda que tiene al Señor mismo como objetivo, no sus beneficios ni sus soluciones. Al respecto, vale la pena citar una famosa frase atribuida a Charles Spurgeon: 

 

"¿No hay Cristo en tu sermón, caballero? Entonces vete a casa y nunca prediques de nuevo hasta que tengas algo que valga la pena oír."

 

En estas iglesias la oración busca ser una instancia de adoración al Señor por medio de la Biblia, los cánticos recogen los atributos de Dios y se convierten en alabanzas por lo que Él es. La predicación busca explícitamente glorificar al Salvador y de esta forma, motivar y energizar a los oyentes. Si el cristiano ha muerto para este mundo, bueno es que en su congregación sea llenado de Cristo, "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí." (Gal 2:20). 

 

¿Es correcto sostener que la predicación bíblica deba ser cristocéntrica? La Palabra de Dios es clara al respecto; el Señor mandata a los judíos a buscarle a través de las Escrituras: "Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí" (Jn 5:39). Los grandes discursos de la iglesia primitiva neotestamentaria siempre se centraron en la vida, muerte y resurrección de Cristo, revelándolo como el Mesías prometido a Israel. Cuando el apóstol Pablo le escribe a los corintos les recuerda el tipo de proclamación que desarrolló cuando estuvo en la ciudad, la cual debe ser el esquema a seguir en las sucesivas predicaciones:

 

"Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios." (1º Co 2:1-5).

 

Las exhortaciones a la conducta que nunca hacen referencia a la persona de nuestro Señor terminan pareciéndose peligrosamente a las enseñanzas de los fariseos. Para que el cristiano sea impactado por la predicación es necesario ponerle en frente el ejemplo supremo del Señor Jesucristo. El poder del Espíritu Santo obra en el corazón del creyente a través de la predicación poderosa de la Palabra de Dios que glorifica a Cristo. Cuando esto no sucede, la situación se parece a los tiempos de la antigua dispensación, donde los hombres intentaban encuadrar sus conductas en los cánones de la ley, sin fuerza, ni poder ni motivación para lograrlo.

 

Tipo 2: Cristo ausente, la Biblia presente

 

Se trata de iglesias donde abunda la mención a la Biblia y al comportamiento "bíblico". No obstante, no siempre hay adoración explícita a Cristo. Tampoco sucede que todo recurso a las Escrituras tenga por objetivo ver un anuncio de Cristo o una profundización en el conocimiento de Su persona. Los objetivos al ir a la Palabra se relacionan más con lograr algún rédito positivo.

 

En estas iglesias las predicaciones son bien elaboradas, tanto en contenido como en estructura de exposición, por lo que no es sencillo percibir su talón de Aquiles. Una pregunta que se puede formular para saber si la predicación está centrada en Cristo es: "¿El mismo sermón se puede predicar aunque Cristo no hubiera venido?" Si la respuesta es "Sí", entonces estamos en un grave problema.


Citaré un extracto de un escrito de Jairo Namnún, muy pertinente a este respecto (1):

 

"Si al predicar un sermón, tu conclusión es “Dios es un Dios santo, justo y amoroso”, tanto el Corán como la Torah, y el musulmán y el judío, te dirán “¡Así es!”.

 

Si lo que dice tu canción es “El amanecer de hoy me habla de tu grandeza, me da 10,000 razones para alabarte”, el musulmán te citará el Corán (cp. Surat Al-Kahf 18:109] para apoyar tu idea, y el judío te aplaudirá.

 

Si en un caso de problemas entre hermanos, tu consejería resuelve en base a que “los hermanos deben amarse, porque si no ¿cómo podrán vivir juntos? Y le están haciendo la vida imposible a su madre que se esfuerza tanto en su trabajo por alimentarlos”, no has dicho mucho más que lo que te diría un fariseo.

 

Es lamentable y doloroso, pero en muchas de nuestras iglesias, si hubiera judíos y musulmanes en la audiencia, en general estarían totalmente de acuerdo con lo que se dijo."


En otras palabras, una predicación sin Cristo perfectamente podría ser una predicación judía o musulmana.

 

Tipo 3: Cristo (no bíblico) presente, la Biblia ausente

 

Se trata de iglesias que no reciben con agrado los preceptos de la Palabra de Dios, pero entienden que de Jesucristo no se pueden desligar (al menos no tan fácilmente). Al pretender tener a Cristo sin la Biblia lo que finalmente terminan obteniendo es un Jesús no bíblico, un ser inventado según la conveniencia de los hombres.

 

Este tipo de lugares son comúnmente la plataforma del evangelio del bienestar, de la superación personal y de una ética cristiana ecuménica. Estas congregaciones prefieren hablar de Jesús y no de Cristo, enfatizando la naturaleza humana del Señor para sintonizar con la vivencia de los hombres. Para ellos la encarnación del Señor sirvió para identificar a Dios con el sufrimiento y las miserias del hombre, por lo que se trata de un acto divino subordinado al bienestar general de los seres humanos. 

 

Tipo 4: Cristo ausente, la Biblia ausente

 

Se trata de congregaciones cristianas sólo de nombre. La realidad es que integran y mezclan sin problemas todas las ideas previas que los miembros traigan. Lo que no se acepta es la existencia de una verdad única y objetiva, por tratarse de una idea propia de "fanáticos religiosos" intolerantes. Al no estar presente la Palabra de Dios, tampoco se puede conocer al Dios de la Palabra. Estos lugares son terreno fértil para el evangelio de la prosperidad, la variante anatema más vulgar de todas.

 

Conclusión

 

Las iglesias reales raramente pertenecen completamente a uno de estos 4 tipos analíticos. Muchas veces se pueden encontrar congregaciones que tienen 40% en un tipo, 20% en otro tipo y 40% en un tercer tipo. Lo importante es reconocer que las distintas iglesias cristianas debiesen pertenecer por completo, en un 100%, al primer tipo señalado, donde tanto Cristo como la Biblia están completamente presentes.



[1] https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/un-sermon-sin-cristo-no-es-un-sermon-cristiano/

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