martes, 31 de diciembre de 2024

El amor eterno de Dios

 


 

 

La Preeminencia del amor

 

Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.”

1ª Corintios 13:1-7

 

Este pasaje enseña claramente que las obras del hombre sin amor no tienen valor para Dios. El pasaje es enfático; obras sin amor sólo construyen una vida religiosa. El capítulo es literariamente majestuoso en describir el amor de Dios, finalizando con la preminencia de éste sobre la fe y la esperanza:

 

“Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.”

1ª Corintios 13:13

 

De estos tres sólo el amor es eterno. Cuando estemos con Dios no será necesaria la fe ni la esperanza.

 

 

El amor en el mundo

 

Es clara la Escritura cuando expone la importancia del amor de Dios, pero no es fácil comprender con precisión a qué se refiere Dios cuando habla de amor. Aparecen varias interrogantes respecto de la naturaleza de este amor, quiénes lo poseen y cómo se manifiesta. 

 

El tema se complica cuando pensamos, por ejemplo, en la Teletón. Se les llama las “27 horas de amor”, pero ¿27 horas del amor de 1ª Corintios 13? ¿acaso no es una iniciativa implementada por inconversos en el seno de este mundo? ¿no utiliza estrategias acordes a la moral de este mundo para lograr sus propósitos? ¿Cristo compartiría una “vedetton” para recaudar fondos? Es improbable que estos espectáculos correspondan a lo que enseña 1ª Corintios 13.

 

Otro ejemplo, más lejano. La obra de Sor Teresa de Calcuta tiene una resonancia a nivel mundial, su preocupación por los pobres y enfermos la llevó a ganar el premio Nobel de la paz, por su servicio altruista. Es de destacar la labor de Teresa de Calcuta. No obstante, sus convicciones doctrinales demuestran sin duda alguna que la luz del Espíritu Santo nunca estuvo en ella: 


·     “Me encantan todas las religiones. … Si las personas se convierten en mejores hindúes, mejores musulmanes, mejores budistas por nuestros actos de amor, entonces hay algo que está creciendo allí“ 

·     “Nunca hemos tratado de convertir a nuestros pacientes al cristianismo. Lo esencial es que cumplan con Dios por medio de su religión, no importa la que sea. Lo que salva es la fe en Dios. No importa desde dónde se llega a él“.

 

A la luz de estas frases ¿su obra refleja el amor de 1ª de Corintios 13? ¿Una persona no guiada por el Espíritu Santo puede dictar cátedra de amor al prójimo?

 

En Chile un caso similar es el Hogar de Cristo, institución que no necesita presentación. Sin duda que la preocupación por el desposeído y sufriente –la razón de ser del Hogar de Cristo- son rasgos que marcaron el ministerio de Cristo en la tierra, pero al igual que en el caso anterior, ¿la luz del Espíritu Santo guiaba las enseñanzas y creencias sostenidas al interior de aquella institución? ¿podemos decir que este organismo lleva personas a la fe salvadora que se halla en las Escrituras? Me temo que no.

 

 

¿Puede estar el amor de Dios presente en el inconverso?

 

La respuesta a esta interrogante es un rotundo NO. El amor de Dios no puede estar presente ni expresarse en un ser humano que no ha sido regenerado por Dios. Esto se establece claramente en el siguiente texto:

 

No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él

 1ª Juan 2:15

 

“El amor del Padre” puede estar o no estar en una persona. El amor del Padre NO está en TODAS las personas, está solo en algunas, sólo en los cristianos verdaderos.

 

Entonces, ¿qué tipo de amor es el que expresa este mundo cuando se ve bondad o compasión por el dolor ajeno? Es verdad que hay personas que sin Cristo son realmente buenas en parámetros humanos, muestran una misericordia digna del Señor Jesús. Debemos saber que ese amor es el “amor natural”, presente en este mundo desde que Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza. El amor es un atributo de Dios, por lo que vemos cierta reminiscencia de éste en toda la humanidad, aunque es una presencia dañada por el pecado. 

 

“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza...”

Génesis 1:26

 

El “amor natural”, que toda la humanidad tiene (en diferente medida), no es igual al “amor del Padre” que el apóstol Juan advierte tan enfáticamente que NO está presente en los hombres amantes de este mundo.

 

El amor que Dios pone en el creyente no es igual al amor natural que todo el mundo posee desde su nacimiento físico. El amor de Dios viene con el nuevo nacimiento espiritual, en cambio el amor natural viene “incluido” en todo ser humano desde su nacimiento carnal. Por este motivo, el amor de Dios debe ir más allá del natural, debe expresar algo distinto que solo los cristianos pueden entregar. A final de cuentas, los únicos que tienen el “amor del Padre” son los verdaderos creyentes. 

 

Veamos algunas características del amor de Dios, para poder acercarnos con más propiedad a 1ª Corintios 13.

 

 

Dios expresa su amor por nosotros en Cristo y en su muerte de cruz

 

Dios enseña claramente que su amor lo expresa en Jesucristo. Por lo tanto, el significado del amor de Dios es cristocéntrico, y naturalmente eso debe ser así. El autor de la creación se entrega voluntariamente por un acto de amor al Padre, dándonos vida, salvándonos del juicio por nuestros pecados.

 

"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna."

Juan 3:16

 

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”

Romanos 5:8

 

Es comprensible que Cristo sea la expresión absoluta del amor de Dios, ya que sólo él tiene potestad de cambiar el destino eterno del ser humano: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos” (Juan 10:9). Nada puede ser más importante que la persona de Jesucristo, las consecuencias de su obra por nosotros no las podemos dimensionar en esta vida, tan sólo podemos entender que hemos pasado de muerte a vida, que ya no hay condenación para nosotros. 

 

"En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados." 

1 Juan 4:10

 

"...y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre..." 

Apocalipsis 1:5

 

Intentar comprender el sacrificio de Cristo es algo complicado. Sólo Dios hecho hombre, y muerto con la más extrema forma de muerte de su tiempo, la muerte de cruz, pudo satisfacer las demandas de justicia de un Dios santo y justo. Tan santo y justo que no pudo tolerar el pecado ni “pasarlo por alto” sin antes hacer pago por él. Y este pago lo incluyó a él mismo. Lo central para esta exposición es clarificar el nexo entre el amor de Dios y su muerte de sacrificio, pues la motivación de Cristo por la salvación de su pueblo fue amor eterno.

 

 

Dios disciplina por amor. El objetivo es llevarnos de vuelta a Cristo.

 

El amor de Dios puede incluir aspectos desagradables. A veces la disciplina de Dios se manifiesta de formas leves, en otras, de maneras más drásticas. Algunas enfermedades, algunos desenlaces laborales, e incluso problemas familiares, surgen desde Dios mismo con el objetivo de traernos a Cristo de vuelta cuando hemos comenzado a alejarnos de él. Cuando las preocupaciones de esta vida nos nublan la mirada y dejamos de tener a Jesucristo como el centro de la vida, entonces la disciplina y la exhortación son la más clara muestra del amor de Dios, aunque no sea fácil verlo así. 

 

"Porque Jehová al que ama castiga, 

Como el padre al hijo a quien quiere."

Proverbios 3:12

 

"Porque el Señor al que ama, disciplina, 

Y azota a todo el que recibe por hijo."

Hebreos 12:6

 

“Os ruego, hermanos, que soportéis la palabra de exhortación, pues os he escrito brevemente.” 

Hebreos 13:22

 

"Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete."

Apocalipsis 3:19

 

“conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna.

A algunos que dudan, convencedlos.

A otros salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne.”

Judas 21-23

 

“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas,

sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.

Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.”

Santiago 1:2-4

 

El amor de Dios tiene un enfoque eterno en Cristo

 

En la eternidad tendremos nuestra parte con Dios. Será un tiempo sin fin gozándonos de la admiración que tendremos por Dios, al cual ni siquiera durante toda la eternidad podremos llegar a comprender a cabalidad. Experimentaremos el amor de Dios en plenitud, ya que estaremos plenamente en Dios y nada más ni nada menos que ¡viéndolo!  

 

Dios es eterno (Gn. 21:33), su amor también lo es.

 

"Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia."

Jeremías 31:3

 

"Y el mismo Jesucristo Señor nuestro, y Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia..."

2 Tesalonicenses 2:16

 

“Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno,”

Hebreos 13:20

 

“Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.”

Colosenses 3:2

 

 

Conclusión: el amor de 1ª corintios desde la perspectiva del amor de Dios

 

“Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.”

1ª Corintios 13:1-2

 

Puedo tener grandes capacidades para expresar y entender contenidos, así como expresiones de éxtasis emocional o sobrenatural como hablar en “lenguas angélicas”. Pero si no soy capaz de llevar al ser humano a Cristo, ¿de qué vale? El hombre sigue perdido en el infierno. Si no puedo reprender o exhortar a mis hermanos alejados del Señor, ¿de qué sirven las grandes obras de este mundo? Mis hermanos seguirán desperdiciando sus vidas lejos de Dios.

 

“Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.” 

1ª Corintios 13:3

 

Como vimos, desde una perspectiva eterna, pierde centralidad la satisfacción de las necesidades humanas. Si bien lo que hizo Teresa de Calcuta fue digno del premio Nobel de la Paz, desde una perspectiva eterna la pregunta es ¿llevó almas a la salvación en Cristo? ¿Huyeron del infierno cientos o miles de seres humanos a través de su predicación? Si la respuesta es no, entonces “de nada sirve”. 

 

“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.”

1ª Corintios 13:4-6

 

Todas estas características reflejan el carácter del Señor. El amor de Dios debe ser una fuerza que impulse a la gente a conocer a Cristo. El hombre con amor de Dios no se goza en la injusticia, pues ésta detiene el avance de la verdad, y sin la verdad nadie puede llegar al nuevo nacimiento. Romanos 1:18 dice: “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad”. El amor de Dios se goza en la verdad que puede llevar a la salvación, “Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.” (2ª Tim 3:14-15)

 

“Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.”

1ª Corintios 13:7-8

 

El hombre que predica a Cristo, o el que trae de vuelta a Cristo al creyente alejado, está en condiciones de sufrirlo todo. “Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” Filipenses 4:12-13.

 

El amor nunca deja de ser, porque el amor de Dios es Eterno.

 

¿Tu vida lleva a los inconversos a Cristo? ¿tu vida acerca a tus hermanos más y más a vivir en la voluntad de Dios? Si la respuesta es positiva, no tengas duda que el amor del Padre está en ti.

 

sábado, 16 de noviembre de 2024

La balanza de nuestras obras en el día del juicio

 



"El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala."

 

Eclesiastés 12:13-14

 

El concepto popular

 

Es común que el día del juicio final sea asociado con una balanza que pesa nuestras buenas y malas acciones. Si las acciones buenas superan a las malas en peso, entonces nuestro destino será la gloria eterna, pero si las acciones malas pesan más que las buenas, entonces tendremos nuestra parte en el infierno. Aunque esta descripción pueda parecer algo simple, la Palabra de Dios afirma claramente que nuestras obras serán evaluadas en aquel día (1° Co 3:13-14).

 

De acuerdo a esto, parece que el juicio de Dios será fácil de aprobar, ya que la mayor parte de los hombres son más o menos inofensivos. Incluso los delincuentes comunes podrían justificar su conducta apelando a la pobreza o a la falta de oportunidades. 


En general esta es la mecánica del juicio que domina en la mente de la gente, producto de la influencia del catolicismo romano en la cultura.

 

Lo que enseña la Biblia

 

Creo que la Biblia permite la metáfora de la balanza para describir el juicio final, pues cada ser humano será juzgado por sus obras, tanto de lo bueno como de lo malo que haya hecho, tal como lo declara Eclesiastés. Sin embargo, hay dos aspectos que se deben tener en cuenta: 

 

1. En la Biblia cualquier pecado cometido no sólo afecta a otra persona, sino que siempre es una ofensa contra Dios, aunque no haya tenido por propósito ofender a Dios. Además, como Dios es un ser infinito en poder, santidad, justicia, amor, entonces una ofensa contra él adquiere una gravedad también infinita, no tanto por la naturaleza de lo cometido, sino por la dignidad y valor de quien ha sido ofendido. 

 

"Porque yo reconozco mis rebeliones,

Y mi pecado está siempre delante de mí.

Contra ti, contra ti solo he pecado,

Y he hecho lo malo delante de tus ojos;

Para que seas reconocido justo en tu palabra

Y tenido por puro en tu juicio." 

(Sal 51:3-4)

 

¿Qué implicancia tiene esto para la "balanza" del juicio? Significa que el plato donde se depositan las malas obras queda cargado con un peso infinito (por haber pecado y ofendido al Dios infinito), mientras el de las buenas obras alcanza un peso similar al de una pluma (nuestras buenas acciones no valen nada, somos seres finitos). Esta es la oscura situación judicial de todos los hombres ante Dios, pues todos hemos pecado: "Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno" (Rm 3:12). 

 

2. Necesitamos cumplir con la totalidad de los preceptos de la ley de Dios, si se falla en un solo punto de la ley, se falla con la ley completa: "Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas(Gal 3:10). Por ejemplo, si usted ha mentido al menos una vez en su vida, ha transgredido la ley en su conjunto, no solo el mandamiento contra la mentira (Ex 20:16).

 

La única opción para compensar el peso de la maldad

 

La balanza del hombre siempre tendrá el plato de las obras negativas cargado con un peso infinito, siempre. Imagine el universo completo, el cosmos (el que según la ciencia se expande a una velocidad mayor a la de la luz), transformado en una roca, y esa misma roca puesta en el plato de las malas obras de nuestra balanza. ¿Qué puede hacer un hombre para compensar ese peso infinito de maldad en contra? Para los hombres resolver esto es imposible, pero para Dios todo es posible (Mt 19:26).

 

La única salida a esta situación angustiante está en la fe. La vida perfecta, crucifixión y resurrección del Señor Jesucristo -el cual siendo Dios también es infinito- pulveriza completamente la "roca gigantesca" puesta en el plato de obras malas de la balanza del cristiano, pues Cristo cargó con ese mismo peso infinito de maldad en la cruz, lo sufrió y lo anuló por completo. Por otro lado, la perfección, santidad e impecabilidad del Salvador se ponen en el plato de buenas obras de nuestra balanza, por lo que ésta se inclina positivamente, también con un peso infinito. Por mérito nuestro, no, gracias a Cristo, sí. 

 

   

jueves, 31 de octubre de 2024

La promesa del diablo: salud, dinero y amor

 



Trabajo y dinero

 

Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. 

 

Job 1:9-10

 

La prosperidad material es uno de los mayores intereses del hombre y Satanás lo sabe. La idea que malévolamente transmite el enemigo es que Job sirve a Dios en la medida en que Dios bendice el trabajo de sus manos. No hay milagro ni nada destacable en Job, hasta el más vil de los seres humanos se pondría en las manos de Dios a cambio de riquezas y abundancia.


La prosperidad material conlleva beneficios muy concretos, visibles, tangibles: una casa más amplia, con mejor jardín, con mejores muebles, dispositivos tecnológicos, automóviles, gastos de placer y un larguísimo etcétera, pero también tiene una dimensión "simbólica", o lo tácito o implícito que conlleva el disponer de recursos en un entorno de seres humanos con muchas carencias. El dinero de inmediato transforma a su poseedor en alguien deseado, respetado y querido. Independientemente de cómo haya conseguido los recursos, el hombre que tiene los medios goza de buena reputación en su círculo: se le quiere, se le invita a todos lados, se le aprecia. La prosperidad material no sólo es más comodidad, sino también una mejor valoración social.

 

Como es sabido, en las iglesias de la prosperidad se suele ponderar a los asistentes en función de sus diezmos, por lo que alguien de buena posición económica gozará de la cercanía y asistencia preferencial de parte de los liderazgos, en desmedro de la gente sencilla, los que normalmente son ignorados por estas "congregaciones de santos".  


Salud y amor

 

Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal, y que todavía retiene su integridad, aun cuando tú me incitaste contra él para que lo arruinara sin causa? Respondiendo Satanás, dijo a Jehová: Piel por piel, todo lo que el hombre tiene dará por su vida. Pero extiende ahora tu mano, y toca su hueso y su carne, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia. Y Jehová dijo a Satanás: He aquí, él está en tu mano; más guarda su vida.

 

Job 2:3-6

 

Probablemente el área más importante para un ser humano es la salud. Como es lógico, la valoración de la salud es mayor en personas que han padecido alguna enfermedad y no tanto en los que siempre han estado sanos. Por lo tanto, una buena salud es una recompensa más que suficiente para movilizar a alguien enfermo o con un familiar cercano postrado. 

 

Ahora bien, desear una buena salud no es algo malo en sí mismo, la misma Palabra de Dios recomienda buenos hábitos alimenticios para no propiciar las enfermedades o el deterioro del cuerpo. Sin embargo, en la actualidad la buena salud ha convertido al cuerpo humano en un ídolo al que se le debe adoración. Los cánones instalados por la cultura contemporánea establecen lo que es bello y en qué medida estamos lejos o cerca de esa definición.

 

Por otro lado, la salud mental también es un bien preciado. Depresiones, ansiedades, traumas, temores, angustias, soledad, son afecciones que arruinan la existencia del hombre moderno, incluso en gente que dispone de suficientes recursos. Para enfrentar este tipo de problemas usualmente se receta algo mágico: el amor. La promesa del amor romántico es que la gente vivirá una constante e interminable felicidad. 

 

En definitiva, Satán conoce nuestros 3 principales intereses: salud, dinero y amor. La vida se transforma en una lucha permanente por lograr estos 3 grandes objetivos. Esto es algo complejo para los hombres comunes, no es fácil hallar a alguien sano, con medios económicos y exitoso en lo amoroso (todo a la vez). Sin embargo, esta dificultad la resuelve el evangelio de la prosperidad, el cual le promete al hombre que Dios colmará su corazón con buena salud, abundante dinero y amor eterno.  

 

A modo de paréntesis, lo anterior recuerda las áreas temáticas en que los tarotistas o espiritistas televisivos suelen explayarse: salud, dinero y amor. Si usted es una persona reflexiva, se dará cuenta que esto no es una mera coincidencia.

 

El verdadero afán del cristiano

 

No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

 

Mateo 6:31-33

 

En Cristo la situación es radicalmente distinta. Los cristianos no debemos buscar afanosamente las cosas que el mundo promete. El cristiano debiera colmar su deseo y necesidad contemplando a Cristo y el destello de su gloria en el evangelio. El deseo de profundizar en la gloria de Cristo es la búsqueda del reino de Dios y su justicia, lo cual es un tesoro frágil y difícil de hallar, pues requiere de disciplina y vida en santidad, pero una vez que se degusta nos libera de la preocupación por lo que comeremos, beberemos o vestiremos. El evangelio verdadero lleva al ser humano a Cristo, por medio de Cristo mismo. En cambio, en el falso evangelio de la prosperidad Cristo es sólo un medio para conseguir las cosas que desean los gentiles: salud, dinero y amor. 

lunes, 30 de septiembre de 2024

El problema mayor del dispensacionalismo desde mi experiencia

 



La definición "wikipédica" de dispensacionalismo es: "un sistema teológico cristiano evangélico, que afirma que Dios ha empleado diferentes medios de administración de sus planes en diferentes períodos de la historia humana, donde ha demostrado su gracia. Lo distintivo del dispensacionalismo es que sostiene que Israel (como nación) y la Iglesia (como cuerpo de Cristo), no forman un único pueblo de Dios, sino dos pueblos con profecías, promesas y destinos diferentes".

 

Se ha escrito mucho sobre las diferencias entre dispensacionalismo y su variante alternativa principal: la teología de pacto. Quizás en la actualidad la teología de pacto corresponde a la opción minoritaria en relación al dispensacionalismo, el cual se hizo popular hace algo más de un siglo y fue encontrando espacio en prácticamente todas las denominaciones evangélicas al día de hoy. Ahora, bien, este breve escrito no tiene por propósito hacer un examen de ambas teologías bíblicas, sino centrarse en un sólo ámbito, el cual es descrito desde mi propia vivencia.

 

Varias son las objeciones que comúnmente se le hacen a la teología dispensacional, por ejemplo: se dice que tiende al antinomianismo al desechar totalmente la ley de Dios, promueve una incorrecta perspectiva acerca del anticristo al identificarlo con muchas personalidades de las coyunturas históricas, enseña la idea de un rapto que no encuentra consenso en el mundo evangélico ni en la historia de la fe, enseña un retorno del judaísmo al final de los tiempos, promueve una posposición del Reino de Dios al milenio futuro y algunos piensan que promueve una "segunda oportunidad de salvación" en el milenio, espacio temporal donde habrían condiciones para alcanzar la salvación como nunca las ha habido. Sin embargo, lo que quiero tratar en esta oportunidad no tiene que ver con esto.

 

El problema que quiero destacar se le podría calificar como una "consecuencia subyacente" del esquema teológico en cuestión. O sea, no es un objetivo buscado explícitamente, sino que es el resultante de la estructura de los énfasis de la teología dispensacional. Primero mencionaré el problema y luego procederé a argumentar:

 

Problema:

 

En las iglesias de teología dispensacional no se predica a Cristo y este crucificado, o al menos, el tema de Cristo no tiene la preeminencia que le corresponde.

 

Razones:

 

      I.         Las dispensaciones, entendidas como periodos de tiempo caracterizados por una particular relación entre Dios y los hombres, parecen ser tiempos donde los hombres tenían los recursos para gestionar su salvación por ellos mismos y no necesitar de un Mesías venidero.

 

     II.    La Biblia siempre ofrece consejos útiles para enseñar, redargüir e instruir en justicia al hombre de Dios. No obstante, el dispensacionalismo al centrar su atención en las condiciones de determinada dispensación y no en la obra redentora de Aquel que habría de venir, tiende a omitir la relación de los pasajes con el Cristo venidero, enfatizando la moraleja ética o espiritual inmediata. De esta manera, mucha predicación se relaciona con aspectos de la vida cotidiana (matrimonio, finanzas, trabajo, familia), pero poco y nada se vincula con la historia de la redención de la cual Cristo es el ejecutor.

 

   III.       Por la misma razón de compartimentar la historia en periodos definidos, parece que los personajes principales de cada época adquieren una significación mayor a la que la Palabra de Dios les asigna. Me explico, usualmente los estudios sobre personajes eminentes de la antiguedad, como Abraham, Moisés, Samuel o David no hacen mención a su caracter tipológico y se reducen a mostrar un modelo a seguir, muchas veces -probablemente sin querer- haciéndolos similares en grandeza al Señor Jesucristo. Soy honesto, muchas veces admiré más al apóstol Pablo que al mismo Cristo.   

 

   IV.         El Señor Jesucristo no ejecuta el acontecimiento escatológico final en la historia de la redención, sino que sólo protagoniza un evento relevante del porvenir. En efecto, la teología dispensacional enseña que tras la segunda venida de Cristo se instala un reino milenial terrenal, el cual da cumplimiento literal a las profecías que Dios hizo a Israel en el Antiguo Testamento. De esta manera, la "parusía", la segunda venida de Cristo a la tierra, no constituye la máxima satisfacción del deseo humano, sino que sólo forma parte de un encadenamiento de eventos que culminan con la instalación del Templo Hebreo. Se podría decir que ese Templo revivido es más importante que el advenimiento del mismo Dios y Señor Jesucristo.

 

    V.         Lo anterior pone a Cristo como un elemento más de en un engranaje mayor, y al parecer no siempre el más importante. Conocida es la expresión "Israel es el reloj de Dios", o sea, un actor distinto a Cristo, Israel, constituye el elemento clave del devenir de la salvación. El futuro escatológico está trazado para dar a Israel lo que merece y Cristo sólo parece ser una figura funcional a ese propósito. 

 

   VI.         El reino milenial será la extraña época donde el Señor Jesucristo, en todo su esplendor glorioso, tendrá que soportar el pecado de gente que estará ahí, eventualmente viviendo a media cuadra. Para nuestro propósito, lo extraño de esto es que el Señor no parece estar recibiendo la glorificación debida a su majestad, sino que nuevamente aparece como un actor de reparto en una película donde lo relevante está más allá de él.

 

Todos estos elementos los recopilé desde mi vivencia, y hipotetizo que contribuyen a dejar a "Cristo y este crucificado" normalmente abajo del púlpito. Sin embargo, soy cauto, lo planteo sólo como hipótesis.

sábado, 31 de agosto de 2024

Cristo dio por mi sangre carmesí

 



Yo confío en Jesús

y salvado soy,

por su muerte en la cruz,

a la gloria voy.

 

Cristo dio por mí

sangre carmesí,

y por su muerte en la cruz,

la vida me dio Jesús.

 

Todo fue pagado ya.

Nada debo yo,

salvación perfecta da

quien por mí murió.

 

 

Comparto una sección de este maravilloso himno, desconozco su origen y autor. Mencionaré tres características que hacen notable su contenido:

 

I. La alabanza centrada netamente en el Señor Jesucristo. Como se puede observar, en este cántico Cristo crucificado lo es todo y es motivo suficiente para ser adorado por todos los hombres. La confianza en Jesús por parte del hombre es un don de Dios (Ef. 2:8), no algo propio del hombre. Por otro lado, la vida perfecta y muerte del Señor constituyen la "obra única" que nos permite entrar a la gloria de Dios (Rm 4:25).  

 

El ministerio de Pablo consistía básicamente en predicar el evangelio, tanto a judíos como a gentiles. El Evangelio, el testimonio de Dios, se centra en Cristo crucificado pagando la deuda por el pecado de su pueblo y reconciliando a los hombres con Dios. Pablo se propuso no saber algo diferente para entregar a los hombres; "Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado" (1º Co 2:2).

 

El mensaje de Cristo crucificado es el único que tiene poder para regenerar al pecador, sólo en el Evangelio hay poder de Dios para salvación (Rm 1:16), no en los argumentos persuasivos ni las experiencias sobrenaturales que el hombre pueda contar. Si la conversión del hombre se debiera a la excelencia de la argumentación humana, entonces la fe cristiana se fundamentaría en la sabiduría de los hombres y no en el poder de Dios (1º Co 2:4-5).

 

La muerte y resurrección del eterno Hijo de Dios fue la única forma de reconciliar a Dios con este mundo caído. La sangre vertida en la cruz, expresión que simboliza su muerte, es la única y excluyente vía de satisfacer la demanda de un Dios justo, obligado a sentenciar y castigar el pecado de la humanidad: "Porque yo os entregué en primer lugar lo mismo que recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras" (1° Co 15:3). 

 

La salvación que recibimos por gracia es perfecta sólo por quien la obró: Cristo. El que no hizo pecado fue entregado como ofrenda, medio de pago por la deuda de nuestro pecado. De esta manera hemos sido justificados en Cristo delante de Dios (2° Co 5:21), liberados de la sentencia eterna del pecado, tenemos como regalo la vida eterna en Cristo Jesús (Rom 6:23).

 

II. Si usted puede notar en el himno, las alusiones a los hombres tales como "yo confío en Jesús" o "Nada debo yo", están claramente puestas en referencia a la obra del Señor. Qué diferencia con los cánticos actuales donde el protagonismo está en los vericuetos de la vida cotidiana, o en los problemas del hombre moderno. En la música actual, el Señor aparece -si es que aparece- como una mera una vía de escape para lograr paz temporal. Como podemos apreciar, este himno legendario hace lo opuesto, la mirada del compositor está en la cruz del calvario y los hombres estamos contemplando, desde nuestras posibilidades, la gloria de Cristo en el evangelio. Los cristianos tenemos la posibilidad -a diferencia de los hombres que viven en tinieblas- de vislumbrar la gloria de Cristo por la fe: "Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo" (2° Co 4:6).

 

III. La mirada del compositor está puesta en las cosas eternas, no en las de esta vida. No se trata que todo lo que suceda en esta vida sea pecaminoso, pero debido a nuestra naturaleza caída, tenemos esa tendencia a construir castillos de cristal en nuestro andar diario, buscando en esta vida la satisfacción profunda que sólo Cristo puede dar. El Señor Jesucristo señaló: "más el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna" (Jn 4:14). 

 

El himno mira hacia 2 mil años atrás, momento en que cumplido el tiempo, el autor de todas las cosas, en obediencia al Padre, obró en nuestro favor. Cuando Dios decidió el devenir de la historia, determinó que alguien debería tomar el lugar del pecador, recibir su castigo en forma sustituta y salvarlo, el Hijo clamó "Heme aquí, envíame a mí". Gracias a Cristo todo fue pagado, la salvación perfecta y final fue lograda y los cristianos genuinos tenemos una perspectiva de gloria eterna, "a la gloria voy", como dice el himno, en virtud de lo obrado por aquel en quien no hubo pecado. 

 

El himno se centra en la eternidad, en las cosas de arriba, donde el Señor, por medio del apóstol Pablo, nos manda a poner "la mira" (Col 3:1-2).

 

 

sábado, 13 de julio de 2024

La fe salvífica, un don de Dios

 Vino, pues, Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y había en Capernaum un oficial del rey, cuyo hijo estaba enfermo. Este, cuando oyó que Jesús había llegado de Judea a Galilea, vino a él y le rogó que descendiese y sanase a su hijo, que estaba a punto de morir. Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y prodigios, no creeréis. El oficial del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera. Jesús le dijo: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue.

Juan 4:46-50

 

Siempre se menciona este milagro del Señor Jesucristo, el cual sana con el poder de su palabra al hijo de un oficial del rey que había enfermado gravemente, pues estaba a punto de morir. Naturalmente el padre estaba muy preocupado por su hijo, el Señor en cambio, impartía la sanidad con un propósito que iba más allá del bienestar físico, mostrar a través de señales y prodigios que él era el Mesías.

 

El oficial fue bienaventurado por partida doble. Por un lado, su hijo fue sanado instantáneamente por el poder de Dios, por otro lado, el demostró algo muchísimo más importante: tener fe genuina en Dios. El hombre creyó sin haber visto nada espectacular ni milagroso, tal como declara el pasaje: "Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue" (v. 50). 

 

Este desenlace fue precedido por una fuerte declaración del Señor, "Si no viereis señales y prodigios, no creeréis" (v. 48). En otras palabras, para "creer" el hombre natural debe ver, constatar, verificar y luego de haber comprobado por sí mismo la realidad de lo que se le señala, entonces cree. En el sentido estricto, eso no es fe, como señala el escritor de Hebreos: "la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve" (He 11:1). La fe que salva es un don de Dios y él la instala -por su propia voluntad, no porque alguien se lo haya pedido- en un hombre previamente regenerado: "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios" (Ef 2:8). Por esa razón nadie puede creer verdaderamente en el Dios vivo y en su Hijo Jesucristo si no es que Dios le haya permitido: "Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere" (Jn 6:44). De esta manera, el hombre que es enviado por el Padre a creer en el Hijo tendrá la fe salvífica, aun cuando nunca haya visto ni experimentado nada sobrenatural.

 

Es interesante notar que las creencias que provienen de la "constatación empírica" -si se quiere un término científico- no son iguales a tener fe salvífica. Esto es lo que parece decir el Señor a los fariseos que demandaban señales para creer: "Él respondió y les dijo: La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás" (Mt 12:39). Tomás, el que no creía en el Cristo resucitado, declara a Cristo como Señor y Dios sólo al verlo personalmente, pero el Señor añade: "bienaventurados los que no vieron, y creyeron" (Jn 20:29), por lo que esa bienaventuranza se reserva a los que no han visto eventos sobrenaturales, señales ni milagros, y aun así tienen una perfecta fe en el Dios invisible.

 

Cuando decimos que al creer en Cristo el hombre pone su deuda en el Salvador, le imputa su pecado, Cristo se hace ofrenda por el pecado (2ª Co 5:21), paga la sentencia y cancela la deuda del hombre con Dios, estamos hablando de eventos o realidades metafísicas que nadie ha observado ni constatado empíricamente, por lo tanto, los creyentes somos parte de los bienaventurados que no vieron y creyeron. Sabemos que en el evangelio "la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá" (Rm 1:17).

 

La soberanía de Dios en la salvación de los hombres es una doctrina bíblica bastante clara. Ni siquiera es necesario apelar a la teología reformada para sustentarla. Es Dios quien pre ordena a la gente para la vida eterna: "Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna" (Hch 13:48), los hombres o mujeres que finalmente creen son únicamente los que Dios decretó que creyeran: "...Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos" (Hch 2:47), "Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad" (2° Ts 2:13).

Permaneciendo en el Evangelio - 1° Corintios 15:1-6

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