lunes, 11 de octubre de 2021

Tercer viaje misionero: Pablo en Éfeso (Hechos 19:1-10)


Pablo en Éfeso

Mientras Apolos continuó su ministerio en Corinto, región de Acaya, Pablo y la comitiva misionera cumplió su promesa de volver a Éfeso. La decisión de ir a esta ciudad tenía su racionalidad, pues "Éfeso proporcionó la oportunidad de influir en toda Asia (la provincia romana, actual Turquía). Era la ciudad más habitada de la provincia más próspera y poblada del imperio (Asia). Éfeso se convirtió en la ciudad principal con la sede real de la administración jurisdiccional" (1).

 

La primera escena que se narra en esta ciudad es el encuentro de Pablo con unos discípulos (aprendices o estudiantes en este contexto) aparentemente de Juan el Bautista, según el versículo 3. Probablemente el apóstol notó de alguna manera la ausencia del Espíritu Santo en aquellas personas, lo que gatilló su pregunta específica: "¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis?" (Hch 19:2).

 

Este pasaje siempre ha sido motivo de controversias, debido a la disyuntiva de considerar a estos "discípulos" como cristianos o no. Los que ven en estos seguidores a cristianos renacidos, deben explicar el por qué recibieron al Espíritu Santo de forma posterior a su conversión cristiana, lo que muchas veces da lugar a enseñanzas tales como la "segunda unción" o un supuesto estado espiritual de nivel superior. Creo que esta lectura es errónea si consideramos el marco teológico mayor que nos provee la Escritura.

 

En primer lugar, en el Nuevo Testamento la palabra "discípulo" no siempre se refiere a cristianos (aunque todo cristiano sí es un discípulo) (2). Por ejemplo, la Biblia habla de los "discípulos" de los fariseos (Mr 2:18, Lc 5:33), los cuales desde luego no eran cristianos. Por otro lado, Juan 6:66 menciona a unos discípulos de Jesús que le habían abandonado: "Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él". 

 

Creo que esta disyuntiva se esclarece al considerar la respuesta de los discípulos a la pregunta de Pablo en Hechos 19:2: "Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo". Esta negativa, acentuada por el desconocimiento que expresan, sugiere de forma persuasiva la ausencia del Espíritu Santo en las vidas de estas personas.  

 

Si examinamos otros pasajes de la Escritura, queda claro que un ser humano en el cual no está presente el Espíritu Santo no puede ser de Cristo. Esta conclusión se sigue de forma necesaria de los siguientes pasajes: 

 

"¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?" 1º Corintios 6:19

 

"En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa" Efesios 1:13

 

"Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él." Romanos 8:9

 

"Estos son los que causan divisiones; los sensuales, que no tienen al Espíritu" Judas 19

 

Sin embargo, estas personas no eran del todo ajenas a la fe, el texto indica que habían sido partícipes del bautismo de Juan, que era un acto "de carácter anticipatorio y que se relacionaba estrechamente con anunciar a Cristo, que estaba por venir" (3). De esta forma, estos discípulos tenían esa clase de relación con Dios que caracterizaba a los hombres piadosos del Antiguo Testamento, los que creyeron en Dios poniendo su fe en el Mesías venidero, del cual no siempre tuvieron mucha información (Hch 19:4).  

 

Lo importante es que estos hombres ya estaban destinados para vida eterna, por lo que Dios acomodó las circunstancias para que oyeran el evangelio y creyeran, siendo posteriormente bautizados en el bautismo cristiano, "Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús" (Hch 19:5). La conversión de estos hombres se hizo visible a través de la expresión de lenguas y profecía, situación recurrente en la narrativa de Hechos, y que en este caso puede relacionarse a la necesidad de confirmar la presencia del Espíritu Santo en ellos, "ya que ni siquiera habían oído que el Espíritu había venido, necesitaban una prueba tangible de que Dios había entrado verdaderamente en sus vidas" (4). Pablo, como autoridad de la iglesia naciente, impuso sus manos sobre ellos en señal de afirmación apostólica, incorporando a aquellas personas plenamente a la comunión cristiana.

 

Posteriormente Pablo se dedicó a discutir y a persuadir a judíos en la sinagoga acerca del reino de Dios, o sea, "todo lo que implicaba la muerte y exaltación de Jesús" (5). La valentía era una característica de la predicación apostólica, la cual desataba el poder de la Palabra al ser proclamada. Queda claro que la predicación apostólica no se esforzaba en empatizar con la audiencia, sino que confrontaba sin concesiones y no se amilanaba ante el rechazo ni la hostilidad. Esto es destacable al considerar que las experiencias previas de proclamación del apóstol, recurrentemente terminaron con la reacción violenta de los judíos, lo que se tradujo en numerosas persecuciones, encarcelamientos, lapidaciones, entre otros padecimientos. Nada de esto afectó al equipo misionero, la predicación de la Palabra era inquebrantable, es por eso que el "denuedo" de los hermanos es de los adjetivos más utilizados por Lucas para describir su actitud.

 

Como tantas veces sucedió en el ministerio de Pablo, la predicación del Evangelio gatilló la ira de los judíos, los que maldijeron "el Camino" (Hch 19:9), expresión al parecer original para el cristianismo de aquel entonces. Sin embargo, alcanzaron a predicar 3 meses en la sinagoga, hasta que la situación estalló. Con resolución, tanto Pablo como los hermanos se apartaron de la sinagoga y se incorporaron a la escuela de Tiranno, el que probablemente era un maestro de Éfeso. Al respecto, F.F. Bruce indica: "Tiranno (un nombre atestiguado en Éfeso) se supone, en general, que era el profesor que enseñaba habitualmente allí; es posible, sin embargo, que fuera el propietario del edificio, que quisiera alquilárselo a Pablo a veces, cuando no fuera requerido por el profesor o profesores habituales" (6).

 

De esta forma, con valentía y decisión, Pablo predicó la Palabra de Dios por más de 2 años en Éfeso. Hacer la voluntad de Dios trajo bendición a muchos en aquella zona, "de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús" (Hch 19:10).



[1] Craig S. Keener, Comentario del Contexto Cultural de la Biblia. Nuevo Testamento. Editorial Mundo Hispano, Colombia, 2019. Pág. 377.

[2] John Macarthur, Comentario del Nuevo Testamento: Hechos, Editorial Portavoz, USA, 2014. Pág. 467.

[3] F.F. Bruce, Libro de los Hechos, CLIE, 1988. Pág. 379.

[4] John Macarthur, Comentario del Nuevo Testamento: Hechos, Editorial Portavoz, USA, 2014. Pág. 469.

[5] F.F. Bruce, Libro de los Hechos, CLIE, 1988. Pág. 381.

[6] Ibid. Pág. 381.

sábado, 18 de septiembre de 2021

Tercer viaje misionero: Apolos en Éfeso (Hechos 18:22-28)

 


Fin del segundo viaje misionero: El retorno a Antioquía de Siria

El equipo misionero emprende viaje de retorno hacia Antioquía de Siria. La expresión "descendió a Antioquía" en Hechos 18:1 significa que este camino también incluyó a Jerusalén, lugar desde el cual "descendieron", esto debido a la altura espiritual en que se haya la ciudad de David para los judíos. Con toda seguridad el equipo misionero debe haber saludado a la iglesia en Antioquía e informado de los diversos sucesos acontecidos durante este segundo viaje. Si bien el texto no hace mención explícita de esta cuenta pública, podemos inferir su ocurrencia a partir de lo sucedido al término del primer viaje (Hch 14:27).

 

La ruta del tercer viaje comprendió algunas localidades visitadas en el segundo viaje, hasta el momento en que Dios les cambió drásticamente la ruta: "Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia" (Hch 16:6). En ese mismo pasaje Pablo recibe la instrucción en visión de ir a Macedonia y dejar Asia: "Pasa a Macedonia y ayúdanos" (Hch 16:9). En este tercer viaje los hermanos transitan por las localidades que anteriormente el Espíritu Santo les prohibió visitar.

 

Aquila y Priscila exponen más exactamente el camino de Dios a Apolos

 

Como se mencionó, Pablo conoce a Aquila en Corinto debido a que ambos se dedicaban al mismo oficio, ser curtidores de pieles. Cuando Pablo abandona Corinto en dirección a Antioquía, es acompañado por Aquila y su mujer Priscila, los que se establecen en Éfeso (una de las ciudades visitadas en el retorno). Es en esta localidad donde aparece un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, para el cual se tienen palabras de elogio: "varón elocuente, poderoso en las Escrituras" (Hch 18:24).

 

La Biblia describe a Apolos como un hombre instruido en el camino del Señor, fervoroso de espíritu y que enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor. Adicional a esto, como dijimos, era "elocuente y poderoso en las Escrituras". Por lo tanto, Apolos era un varón de Dios, un siervo al cual Dios tendría la preocupación de corregir. Creo que Apolos había recibido el evangelio en Alejandría, y su instrucción se desviaba al menos en un punto importante respecto del cristianismo predicado con base en Jerusalén. Sin embargo, Apolos ya era un varón en el camino del Señor Jesucristo. El Señor mismo prometió obrar en nosotros los cristianos de manera progresiva, hasta el día final: "el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo" (Fil 1:6). Sin embargo, Apolos desconocía la enseñanza del bautismo tal como se ha ido desplegando en el libro de los Hechos, pues sólo conocía el bautismo de Juan, "Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan" (Hch 18:25). El bautismo de Juan tuvo el propósito de preparar a Israel para la llegada del Mesías. El bautismo cristiano, en cambio, es una ordenanza dada a todos los hombres que se postran en humillación y arrepentimiento ante el Señorío de Jesucristo y su obra redentora.

 

Más allá de la diferencia en la temática, creo que lo central en esta discordia es que Apolos recibe elogios de la Palabra de Dios aun cuando su cuerpo doctrinal tenía una falla o error. De esta manera, un error doctrinal no descalifica inmediatamente a un cristiano, al menos si ese error no compromete las enseñanzas esenciales. El pasaje nos muestra la gracia del Señor proveyendo a personas para que lo instruyeran correctamente. 

 

Apolos hablaba con "denuedo", rasgo que caracteriza a los hombres de Dios guiados poderosamente por el Espíritu Santo (Hch 4:13; 4:29; 4:31; 13:46). Justamente por ser un hombre guiado por Dios, es también "perfeccionado" en el camino de Dios a través del trabajo de otros hermanos útiles a sus propósitos. Priscila y Aquila tuvieron la tarea de corregir a este varón elocuente. El mismo Apolo nos enseña a través de su actitud humilde y receptiva ante la corrección, pues se dejó aconsejar y enseñar por los hermanos, entendiendo ahora "más exactamente el camino de Dios" (Hch 18:26). En palabras de F.F. Bruce "el procedimiento de Priscila y Aquila fue admirable: ¡Es mucho mejor ayudar discretamente a un maestro cuya comprensión de un tema es deficiente que corregirlo o denunciarlo públicamente!" (1)

 

El resultado de esta corrección doctrinal fue sin duda de bendición. Apolo continuó su ministerio yendo finalmente a la región de Acaya, específicamente a la ciudad de Corinto, siendo de gran provecho a los hermanos que por la gracia de Dios habían creído en aquel lugar. La Palabra proclamada por Apolos, al igual que Pablo y Pedro, se centraba en demostrar a los judíos que Jesús era el Cristo (Hch 18:28), presentando defensa públicamente contra sus argumentos. 

 

La pureza doctrinal es fundamental, más aún si entendemos que el ministerio de estorbar y distorsionar la Palabra de Dios corresponde a las huestes de maldad. La responsabilidad de custodiar y velar por la pureza doctrinal está reservada preferentemente a los pastores, los cuales por lo mismo no deben ser neófitos (1º Tm 3:6), sino aptos para enseñar (1º Tm 3:3), distinguiendo claramente la verdad del error (Ti 2:1). 

 

Este pasaje nos invita a aprender a diferenciar errores doctrinales de carácter involuntario de otros que son parte de estrategias activas de engaño y maquinación (2º Cor 2:11). Hay errores que necesitan corrección, pero también hay posturas más generales que son imposibles de corregir, y que sólo dan cuenta de la condición espiritual de quien las emite.



[1] F.F. Bruce, Libro de los Hechos, CLIE, 1988. Página 131. Pág. 375.

sábado, 11 de septiembre de 2021

Segundo viaje misionero: Corinto (Hechos 18:1-21)




Pablo y Aquila trabajan juntos

 

Después de su intervención en el Areópago, Pablo salió de Atenas y fue en dirección suroeste hasta llegar a Cortino (Hch 18:1). Esta ciudad tenía dos puertos, Lequeo en el golfo de Corinto (que conduce al Mar Jónico y al Mediterráneo central y occidental) y Cencrea, en el golfo Sarónico (que conduce al Mar Egeo, al este del Mediterráneo y al Mar Negro) (1). Corinto había superado a Atenas en importancia desde hacía mucho tiempo. "La Corinto romana era el centro político y económico de Grecia, y era también famosa por su inmoralidad" (2). En ese lugar Pablo hace amistad con un judío del Ponto, llamado Aquila, el cual había salido de Roma producto de un mandato de Claudio (posiblemente en el año 49 D.C.). 

 

Tanto Pablo como Aquila compartían el oficio de hacer tiendas (Hch 18:3), por lo que el apóstol se pudo establecer en esta ciudad por bastante tiempo gozando de cierta estabilidad. En este periodo de tiempo, la expresión "hacer tiendas" se aplicaba a la gente que trabajaba con pieles en general, por lo que Pablo era un "curtidor de pieles". Este oficio estaba estrechamente relacionado con el producto principal de la provincia nativa de Pablo, un paño de pelo de cabra llamado "cilicium", que se utilizaba como capas, cortinas y otras telas diseñadas como protección contra la humedad (3). En este contexto Pablo lleva a cabo su ministerio, donde "persuadía a judíos y a griegos" todos los días de reposo (Hch 18:4).

 

Pablo ministra enseñando la Palabra de Dios

 

Silas y Timoteo llegaron desde Macedonia y de inmediato se unieron a Pablo en la predicación de la palabra de Dios, con énfasis en declarar a los judíos que Jesús era el Cristo. Al igual que en Tesalónica y en las demás localidades visitadas, Pablo proclamaba por medio de las Escrituras que era necesario que el Cristo padeciese y que resucitase de los muertos (Hch 17:3). La reacción judía ante este mensaje fue de oposición y blasfemia. 

 

La reacción adversa de los judíos lleva a Pablo a sacudirse los vestidos y decir: "Vuestra sangre sea sobre vuestra propia cabeza; yo, limpio; desde ahora me iré a los gentiles" (Hch 18:6). Pablo se dio cuenta que estaba tirando perlas a los cerdos (Mt 7:6). Era costumbre que cuando un judío volvía desde una tierra gentil, se sacudía el polvo "gentil" de sus sandalias, simbolizando odio por los no judíos (Lc 9:5, Hch 13:51) (4). Citando palabras de F.F. Bruce, por cierto más elocuentes que las mías: "Pablo expresa su voluntad de acabar con ese edificio aborrecible de charla difamatoria en la que sus oponentes se complacían contra aquel que Pablo proclamaba como Mesías y Señor" (5).

 

Una vez retirado de esta escena, Pablo acude a la casa de Justo, un "temeroso de Dios", expresión utilizada para designar a los prosélitos judíos, hombres que tenían interés en conocer al Dios de Israel sin ser judíos. Por otro lado, durante los primeros tres siglos de nuestra era, la iglesia se reunió en casas, de la misma forma sucedió con las sinagogas, en la medida que la comunidad judía no podía financiar un edificio especial. El nombre "Justo" (probablemente "Tito Justo") lo identifica con un ciudadano romano y como tal, formando parte de la cultura romana. Se infiere que tenía una casa lo suficientemente grande como para recibir a la congregación voluntaria de Pablo y más tarde a la congregación completa de Corinto (en el caso que se acepte que este Tito Justo es el mismo Gayo de 1º Corintios 1:14). El otro personaje mencionado es Crispo, probablemente también ciudadano romano. Crispo era de un nivel social alto, quizá rico, responsable de los servicios de la sinagoga. Como en tantas otras oportunidades expuestas en el libro de Hechos, la predicación de la Palabra de Dios tuvo como consecuencia la conversión de Crispo, y con él toda su casa (Hch 18:8). El bautismo se sucedía inmediatamente después que las personas manifestaban creer.

 

Las sucesivas conversiones y bautismos fueron acrecentando el resentimiento de los judíos contra Pablo y el equipo misionero. Como ha sucedido tantas veces en las ciudades que el apóstol visitó, los judíos reaccionaron violentamente contra los hermanos, buscando su muerte. Por esa razón Pablo siente la necesidad de partir de Corinto y proseguir su ministerio en otro lugar, al fin y al cabo estaba llamado a predicar la palabra de Dios, no a entregar su vida irreflexivamente en la campaña. Sin embargo, los planes de Dios eran otros, y a través de una visión el Señor le comunica un mensaje de ánimo:   

 

"Entonces el Señor dijo a Pablo en visión de noche: No temas, sino habla, y no calles; porque yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti la mano para hacerte mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad. Y se detuvo allí un año y seis meses, enseñándoles la palabra de Dios."

Hechos 18:9-11

 

El Señor le entrega el respaldo necesario al apóstol para que continúe en Corinto, para que hable y predique la palabra de Dios. Además, el Señor le promete que nadie le hará daño alguno, porque se requería antes proclamar el evangelio y llamar al "mucho pueblo" que Dios tenía en la ciudad, y que aún no escuchaba el evangelio. Estas personas que aún no recibían el llamado de Dios, pero que eran propiedad de Dios, son personas "ordenadas para vida eterna" (Hch 13:48).

 

Pablo llevado al tribunal

 

La reacción de los judíos no se hizo esperar y llevaron a Pablo al tribunal acusándolo de ser un propagandista religioso y de formar un grupo contra las leyes romanas. Galión, procónsul de Acaya, al parecer no tenía mucho interés en inmiscuirse en problemas de índole "cultural". Los judíos acusaron a Pablo de persuadir a los hombres a "honrar a Dios contra la ley" (Hch 18:13), esperando una reacción favorable de parte de Galión. Sin embargo, este último señaló respecto de la controversia "si son cuestiones de palabras, y de nombres, y de vuestra ley, vedlo vosotros; porque yo no quiero ser juez de estas cosas" (Hch 18:15). Finalmente Galión los echa del tribunal (Hch 18:16). Esta expulsión, quizá usando la fuerza de su personal de asistentes, da cuenta de la impaciencia romana con las disputas religiosas judías. Muchos romanos de clase alta veían a los judíos como agitadores incultos, clasificándolos junto con otras religiones de Siria y de Egipto (7).

 

Los griegos presentes, quizá aprovechando la oportunidad para dar rienda suelta a su hostilidad contra los judíos, agredieron a Sóstenes -el principal de la sinagoga- situación que a Galión no le importó demasiado. El haber llevado a Pablo al tribunal pudo haber molestado a muchos que descargaron su ira contra un referente de la sinagoga judía (Hch 18:17). 

 

El retorno a Antioquía de Siria

 

El ministerio de Pablo en Corinto se extendió por un año y seis meses. Al momento de la partida, la palabra de Dios hace debida mención al matrimonio de Priscila y Aquila, los cuales constituyeron un apoyo significativo en lo referente a la sustentación económica de los hermanos. Finalmente, partieron desde el puerto de Cencrea, al lado oriental de Corinto. Se hace mención al voto de Pablo rapándose la cabeza, el que sin duda fue un voto informal, pues la ley establecía que se realizara siempre en Jerusalén (Nm 6:18).

 

La ruta de regreso incluyó un paso por Éfeso, donde Priscila y Aquila se quedan definitivamente. Esta visita a Éfeso fue muy breve, no obstante Pablo igualmente aprovecha el tiempo para asistir a la sinagoga de la ciudad y discutir con los judíos sobre las Escrituras. Al parecer estos judíos fueron receptivos con el apóstol, pues le rogaron "que se quedase con ellos por más tiempo; mas no accedió" (Hch 18:20). Pablo estaba ansioso por llegar a Jerusalén a tiempo para las fiestas judías, probablemente para la fiesta de la Pascua y dado que la navegación marítima tenía sus tiempos de suspensión, Pablo debía ir toda a prisa. 

 



[1] F.F. Bruce, Libro de los Hechos, CLIE, 1988. Pág. 359.

[2] Craig S. Keener, Comentario del Contexto Cultural de la Biblia. Nuevo Testamento. Editorial Mundo Hispano, Colombia, 2019. Pág. 374.

[3] F.F. Bruce, Libro de los Hechos, CLIE, 1988. Pág. 360.

[4] John Macarthur, Comentario del Nuevo Testamento: Hechos, Editorial Portavoz, USA, 2014. Pág. 454.

[5] F.F. Bruce, Libro de los Hechos, CLIE, 1988. Pág. 364.

[6] Craig S. Keener, Comentario del Contexto Cultural de la Biblia. Nuevo Testamento. Editorial Mundo Hispano, Colombia, 2019. Pág. 376.

sábado, 7 de agosto de 2021

La salvación no se pierde


La eternidad en juego

Esta entrada es una reflexión surgida de un sermón de John Piper, disponible en su sitio Desiring God, que se titula: "La eternidad está en juego en tu lucha contra la lujuria". Este título llama la atención por dos cosas: primero, la "eternidad en juego" y luego, "el problema de la lujuria". Me centraré en el primer tema.

 

Permítaseme una mención personal. Hace unos 20 años atrás viví una "transición denominacional" desde una congregación pentecostal a una bautista independiente, también conocidas como "fundamentalistas". Los conocedores de estas denominaciones saben de las diferencias que hay entre ellas, tanto en forma como en fondo. Creo que la diferencia principal entre ambas iglesias es que el pentecostalismo (o gran parte de él) enseña que la salvación del cristiano se puede revocar.

 

Hago el necesario punto doctrinal, tanto explícitamente como por medio de la inferencia podemos estar bíblicamente seguros que el cristiano ha recibido bendiciones espirituales insondables por la completa gracia de Dios a través de la persona y obra de Cristo. Estas bendiciones son de iniciativa divina, no son en reconocimiento a la respuesta del hombre. Son muchos los pasajes de la Biblia que sirven de alivio para todo aquel que sienta inseguridad. A propósito, cito este bello pasaje de Romanos 8:38-39

 

"Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro."  

 

De hecho, este tema es uno de los principios basales de la "Teología Reformada", siendo conocido como la doctrina de la "perseverancia de los santos", concepto más complejo pero que incluye el dilema de si la salvación se pierde o no.

 

Dicho esto, ¿por qué John Piper predica un sermón donde advierte a los oyentes que la eternidad está "en juego" en función de un determinado patrón de conducta? ¿si la salvación es inmutable, no parece esto un contrasentido?

 

Un caso: una mujer cristiana X en adulterio

 

Tiempo atrás había leído -también en Desiring God-, un escrito -también de John Piper-, que trataba sobre una mujer cristiana X que pertenecía a una congregación pastoreada por Piper. Siendo breve, la historia era más menos así: esta mujer llevaba un tiempo viviendo una relación paralela a su matrimonio, teniendo reuniones con su amante regularmente. Todo esto sucedía mientras continuaba su "vida cristiana piadosa". Un día, movida por su conciencia, se acerca a su pastor y le cuenta la situación, el pastor Piper le responde evidentemente que su conducta era un pecado contra Dios y que debía arrepentirse lo antes posible. Para sorpresa, la mujer le respondió que no estaba dispuesta a terminar con esa relación paralela, que podía dejar lo que fuera menos a su amante. Finalmente, la respuesta del pastor Piper fue más menos la siguiente: "mujer, si no terminas esa relación irás al infierno".

 

Más allá del "detalle" del pecado de esta persona, lo que me llamó la atención fue la respuesta del pastor: "si no terminas esa relación irás al infierno", lo cual me recordó la doctrina arminiana que la salvación puede llegar a perderse. 

 

Gracias a Dios esta mujer se arrepintió de su pecado. No obstante, ¿qué hubiera sucedido si no se hubiera arrepentido? Se habría perdido, en palabras del pastor. Para explicar este tipo de situaciones los interesados en estudiar la Palabra de Dios tenemos una respuesta contundente: lo que sucede realmente es que aquella mujer nunca fue una verdadera cristiana y su pecado sólo puso en evidencia esta condición. Está bien, esa respuesta es correcta, tiene adecuada base bíblica (Hebreos 6, Juan 2), pero si lo pensamos bien, es algo que sólo se puede considerar "ex-post", o sea, después de los hechos, por lo que la pregunta en tiempo presente queda aún sin responder. Si la mujer se arrepentía, entonces era cristiana, pero si no se arrepentía, se iba al infierno ¿Qué seguridad de salvación tiene la mujer en el momento de su entrevista con el pastor? ¿depende de lo que sucedió después?

 

John Piper predica ahora que "La eternidad está en juego en tu lucha contra la lujuria". Una persona que se llame cristiana y que persistentemente mantenga una relación obsecuente con el pecado, sin experimentar una lucha, se aleja bastante de la descripción que la Biblia hace de un seguidor de Cristo. Sin embargo, lo que se desprende lógicamente es que el resultante de la conducta individual da evidencia o no de la condición espiritual, por lo que pareciera que efectivamente nuestra salvación está "en juego" al menos en tiempo presente. El tema se transforma en una reflexión filosófica, pues como vivimos en el presente, no podemos garantizar nuestras conductas futuras. Pareciera ser que no sabemos a ciencia cierta si poseemos o no la salvación en este preciso momento. Es más, la Palabra de Dios nos dice "¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? (Heb 2:3) o "Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno" (Mt 5:29). Creo que es válido esgrimir que estos pasajes no son aplicables en un sentido soteriológico a alguien sellado por el Espíritu Santo, no obstante son fuertes llamados de atención que un creyente no puede dejar de considerar.

 

Consecuencia de la reflexión: procurar una vida que honre al Señor

 

Reflexionar sobre nuestra salvación es un estímulo a buscar más al Señor con temor y temblor (Fil 2:12). No se trata de fomentar una actitud legalista, de autoconfianza en el cumplimiento de una norma, pero también es cierto que el cristiano debiera auto confrontarse, como Pablo lo señala en 2º Corintios 13:5 "Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos".

 

Dios no quiere que vivamos dudando de nuestra condición espiritual, pero es bueno de vez en cuando tener un momento de auto examinación, con la Palabra de Dios como parámetro, para así poder tomar decisiones respecto de aspectos de nuestras vidas que no glorifican a Dios y de otras acciones que sí lo glorifican pero que no hacemos. Lo que sí debemos tener claro es que la gracia de Dios no ha sido dada a los hombres para que el pecado sobreabunde (Rm 6:1), la gracia de Dios no es "barata" -como señaló el teólogo- sino que es una provisión de Dios en favor del hombre que debemos reconocer y valorar siempre en nuestro día a día.

 

 

sábado, 17 de julio de 2021

Jonathan Edwards y su detallada advertencia sobre el infierno


En esta entrada reconoceré la figura de Jonathan Edwards, gran teólogo y pastor del siglo XVIII, a través de la cita de algunos fragmentos de un breve escrito de su autoría "Pecadores en las manos de un Dios airado". En general el tema del infierno es expuesto con muy baja frecuencia en las iglesias, incluso en las de sana doctrina.  


Para ser sinceros, creo que es entendible la elusión del tema. La condenación eterna es un evento de difícil asimilación, incluso para nosotros los cristianos. Cuando se trata el tema suelen aparecen interrogantes y dudas, pareciera haber una incoherencia entre un Dios amoroso y un destino tan terrible. Es más, en algunos lugares se establece la prohibición de mencionar el infierno en la "predicación".

 

Sin embargo, Jonathan Edwards hace todo lo contrario en el escrito antes mencionado: trata detalladamente sobre el infierno, la ira de Dios y la inminencia de la condenación para todo hombre natural. Lo interesante es que al profundizar en el tema, el lector puede comprender en qué manera incluso el infierno sirve a la gloria de Dios. 

 

Quisiera compartir algunas porciones del texto. Al leerlos se debe siempre considerar la grandeza del escritor, uno de los teólogos más prestigiosos de la historia.

 

No hay salvación fuera de Cristo

 

“Dios no ha asumido ninguna obligación, ni ha hecho ninguna promesa de resguardar en ningún momento al hombre natural del infierno. Dios no ha hecho ninguna promesa de vida eterna, ni de liberación o preservación de una muerte eterna, aparte de lo que estipula en su pacto de gracia: las promesas dadas en Cristo en quien todas las promesas son sí y amén” (1)

 

La salvación de la condenación eterna es un don de la gracia divina a los seres humanos escogidos por Dios antes de la fundación del mundo, los cuales se han postrado ante Jesucristo en adoración y arrepentimiento. Para el resto de la humanidad no hay otra chance, no hay otra alternativa ni oportunidad.

 

Dios está furioso con el pecador

 

“El Dios que te mantiene sobre el abismo del infierno, muy parecido a como uno sujeta una araña o un insecto repugnante sobre el fuego, te aborrece y está enardecido; su ira contra ti arde como fuego; te considera indigno de otra cosa que no sea ser echado en el fuego, sus ojos son tan puros que no aguantan mirarte, eres diez veces más abominable a sus ojos que la peor serpiente venenosa es a los nuestros. Tú lo has ofendido infinitamente más que cualquier rebelde obstinado lo haya hecho contra su gobierno, y sin embargo no es otra cosa que su mano lo que te detiene de caer en el fuego en cualquier momento. Es solo por eso y ninguna otra cosa que no te fuiste al infierno anoche, que pudiste despertar una vez más en este mundo después de haber cerrado tus ojos para dormir, y no hay ninguna otra razón sino la mano de Dios, por la cual no has caído en el infierno desde que te levantaste esta mañana. No hay otra razón, fuera de su misericordia, que mientras lees este escrito, en este mismo momento, no caes en el infierno.”

 

En nuestros tiempos escasea la reverencia por Dios, ya sea por desconocimiento o porque se le enseña con sus atributos amputados. Cuando avanzamos en el conocimiento de Dios, también nos acercamos a entender su reacción ante la maldad del hombre. Dios está airado con el pecador "Dios es juez justo, Y Dios está airado contra el impío todos los días" (Sal 7:11). Su ira reposa sobre el rostro del hombre natural: "El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él" (Jn 3:36). La severidad del pecado humano es descrita en el conocido pasaje de Romanos 3:10-18. Por otro lado, Efesios 2:3 nos recuerda que incluso los cristianos, antes de tener al Señor en nuestros corazones, también éramos "hijos de ira".  

 

El infierno no es un espacio hipotético

 

“¡Oh pecador, considera el terrible peligro en que te encuentras! Es un gran horno de ira, un abismo ancho y sin fondo, lleno del fuego de ira, el que tienes debajo al ser sostenido por la mano de ese Dios cuya ira has provocado y encendido tanto como lo hicieron muchos de los condenados en el infierno. Cuelgas de un hilo, con las llamas de la ira divina flameando alrededor y amenazando quemarlo en cualquier momento; y no obstante, no tienes interés en ningún Mediador, y nada de qué agarrarte para salvarte, nada para escapar de las llamas de la ira, nada que sea tuyo, nada de lo que has hecho, nada que puedas hacer para convencer a Dios que te libre, aunque sea por un instante.”

 

Al decir de Michael Allen Rogers "Puede parecer notable, pero ningún portavoz de la Biblia pone más énfasis en el infierno como la consecuencia final del juicio de condenación de Dios que Jesús. El Hijo de Dios fue el gran teólogo del infierno". Se ha cuantificado que Cristo habló mucho más del infierno que del cielo, el Señor comparó el infierno con “un fuego” al menos veinte veces diferentes. La severidad del castigo eterno es proporcional a la magnificencia del Dios ofendido por el pecado humano.

 

La condenación del pecador expresa la ira de Dios

 

“Considera esto, tú que estás en un estado no regenerado. El que Dios de hecho ejecute el furor de su ira implica que descargará su ira sin compasión. Cuando Dios contempla lo extremadamente indescriptible de tu caso, y ve que tu tormento supera desproporcionadamente tus fuerzas, y ve que tu pobre espíritu es aplastado y se hunde, por así decir, en tinieblas infinitas, no tendrá compasión de ti, no vacilará en la ejecución de su ira ni alivianará para nada su mano: no habrá moderación ni misericordia, ni detendrá Dios a su torbellino: no se interesará por tu bienestar, ni se cuidará de que no sufras demasiado en ningún otro sentido, sino solo que no sufras más de lo que la justicia estrictamente requiere.”

 

Es duro leer este párrafo, pero es consistente con la muerte del Hijo de Dios en la cruz del calvario. Cristo no sólo padeció sufrimiento físico, sino que padeció el dolor indescriptible e incomprensible de cargar el pecado del mundo y recibir la ira de Dios mismo. Siendo en forma de Dios no estimó el ser igual a Dios como cosa a qué aferrarse, sino que fue obediente hasta la muerte, y soportó la ira de Dios en su propio ser. Sólo cuando tenemos presente este acontecimiento es que podemos acercarnos a entender la severidad del infierno.

 

La ira de Dios se desplegará sobre los hombres que detuvieron con injusticia la verdad. Habrá un lugar de negativo "privilegio" para los apóstatas y para los falsos maestros. Pero también habrá lugar para las miles de generaciones de hombres que se burlaron de Dios y de su pueblo, de la iglesia de Cristo y de la Biblia, para los que persiguieron al pueblo de Dios y para los que hicieron de la muerte de los cristianos un espectáculo. Cuando recordamos la extrema maldad del corazón humano nuevamente podemos entender el porqué de la severidad del infierno.

 

El infierno es una condenación eterna

 

El infierno “es una ira eterna. Sería terrible sufrir aun por un instante el furor y la ira del Dios Todopoderoso, pero lo que sufrirás será por toda la eternidad. Este sufrimiento horrible no tendrá fin. Cuando mires hacia el futuro, verás una larga eternidad, una duración sin fin delante de ti que consumirá tus pensamientos y sorprenderá tu alma, y perderás toda esperanza de alguna liberación, algún final y alguna disminución de tus sufrimientos; comprenderás que tendrás que pasar largos millones y millones de siglos luchando y contendiendo con esta venganza todopoderosa y sin misericordia; y cuando llegues a ese punto, cuando hayas pasado muchas eras en este estado, sabrás que es apenas un pedacito de lo que todavía falta. De manera que tu castigo será verdaderamente infinito. ¡Oh, quién pudiera expresar lo que es el estado de un alma en tales circunstancias! Todo lo que pudiéramos decir de ellas es apenas una débil y muy deficiente y apagada representación de esa condición, es inexpresable e inconcebible, porque “¿quién conoce el poder de la ira de Dios?”

 

La ofensa contra un Dios infinito merece un castigo infinito. En cuanto a su dimensión temporal, el infierno no tiene fin. Esto lo podemos entender de dos formas: un despliegue de tiempo sin fin, o una completa ausencia de tiempo, un eterno presente inmóvil. 

 

Los habitantes de la tierra aún tienen esperanza

 

Los habitantes del infierno ya no tienen retorno. “Están clamando en su sufrimiento extremo y total desesperación; pero aquí sigues tú en la tierra de los vivientes, bendecido con la Biblia y los días de descanso y los siervos del Señor, y tienes la oportunidad de obtener salvación. ¿Qué darían esas pobres almas ya sufriendo su condenación y sin esperanza por un día con la oportunidad como el que ahora disfrutas?”

 

El evangelio es la posibilidad de salvación de todo lo descrito.

 

"Porque dice:

En tiempo aceptable te he oído,

Y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación"

 

2ª Corintios 6:2

 

 

 

 



[1] Fragmento de: Jonathan Edwards. “Pecadores en las manos de un Dios airado”. Apple Books.

domingo, 4 de julio de 2021

La agenda de género y el matrimonio homosexual

 


¿Cuál es el diseño de Dios para el matrimonio?

 

El matrimonio entre un hombre y una mujer ha sido desde siempre el núcleo esencial de la vida humana colectiva. El matrimonio es la base para la familia, grupo social primario proveedor de adaptación, formación y cuidado de las nuevas generaciones.

 

"Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne" (Génesis 2:24)

 

Dios y la humanidad enemistadas por el pecado

 

Lamentablemente, el diseño de Dios ha sufrido la corrosión constante del pecado humano. En tiempos bíblicos, tanto el divorcio como la poligamia atentaron contra la institución matrimonial. En nuestros días se ha sumado un nuevo ataque: el "matrimonio igualitario", el cual es la normalización definitiva de la homosexualidad, práctica que refleja el extravío del hombre respecto de su creador:

 

"y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío" (Romanos 1:27)

 

El problema de fondo es el pecado, el homosexualismo es sólo una expresión más de aquel. El pecado tornó la comunión con Dios en enemistad. La Palabra de Dios es clara, Dios está airado con el pecador (no sólo con el pecado), y su ira se acumula día a día (Romanos 2:5).

 

"Dios es juez justo, Y Dios está airado contra el impío todos los días" (Salmo 7:11)

 

La normalización de la homosexualidad

 

Fueron más de 8.000 años en que la civilización entendió que la cohesión social se constituía desde un vínculo primario entre un hombre y una mujer, quedando al margen las demás expresiones. Vivimos un tiempo que ha revertido este orden y la homosexualidad ha entrado por la puerta grande al orden institucional. Ya no es necesario disimularla, sino que se profesa con orgullo, tal como se ha bautizado el mes de su "celebración".

 

"La apariencia de sus rostros testifica contra ellos; porque como Sodoma publican su pecado, no lo disimulan. !!Ay del alma de ellos! porque amontonaron mal para sí." (Isaías 3:9)

 

A través de la historia bíblica, el homosexualismo, como actor histórico, siempre ha servido como referencia e incluso como vara de medida de la corrupción del hombre. 

 

"Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma, que para ti" (Mateo 11:24)

 

La agenda de género se impone con inusual poder

 

En menos de 10 años un poder hegemónico y totalitario ha forzado a las masas a cambiar su parecer respecto de la homosexualidad. Esto es resultado de un planificado programa de adoctrinamiento cultural, que ha contado con la difusión de la totalidad de los medios de comunicación y la industria del entretenimiento. La agenda de género se impuso con gran velocidad gracias a la red de redes y sus múltiples expresiones. Sin embargo, es evidente que hay un poder mayor detrás de todo esto: 

 

"Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno" (1º Juan 5:19)

 

A pesar de los acontecimientos mundiales, debemos confiar en Dios y estar tranquilos

 

No hay que sentir temor por las circunstancias mundiales, debemos confiar plenamente en el Señor. Dios está en control de todo, su Palabra describe con precisión todos estos acontecimientos. Nuestra tranquilidad proviene de saber que Dios es soberano, y estamos seguros en él.

 

"¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?" (Romanos 8:38)

sábado, 3 de julio de 2021

El segundo viaje misionero: Pablo en Atenas (Hechos 17:16-34)


 

Al llegar a Atenas, el apóstol Pablo se enfrentó bruscamente a la realidad de una ciudad entregada a la idolatría, enfureciéndose al ver este triste espectáculo de la cultura humana. En Atenas contrasta la grandeza de la filosofía griega, sin dudas base de nuestro pensamiento occidental, con la decadencia de la idolatría. Ni siquiera la más alta expresión del desarrollo intelectual humano inmuniza a la gente de caer en los encantos del culto idolátrico.


La cultura helénica supo combinar su tradicional politeísmo con el desarrollo de la filosofía, o pensamiento racional. Como se mencionó, la filosofía es uno de los mayores legados que entregaron los griegos a la cultura occidental, con figuras como Platón, Aristóteles y otras escuelas de pensamiento. Sin embargo, los griegos nunca pudieron dejar de lado a sus antiguos dioses. Un historiador señaló al respecto: "El ateniense se diferencia del romano y del espartano en mil rasgos de carácter y de espíritu; pero se les parece en el temor a los dioses. La ciudad de Atenas y su territorio están cubiertos de templos y capillas; los hay para el culto de la ciudad, para el culto de las tribus y de los demos, para el culto de las familias. Cada casa es un templo, y casi en cada campo hay una tumba sagrada”.

 

El cristiano debería sentir la misma ira al presenciar prácticas que transgreden la ley de Dios, más aún cuando se realizan en plena consciencia y de manera desafiante. Debemos sentir rabia e incluso odio contra lo que mancilla el nombre de Dios. De hecho, lo opuesto a la actitud del apóstol es el amor al mundo, Juan establece la dura verdad de que si alguien tiene amor por alguna ideología o marco de "construcción de sentido" contrario a la voluntad de Dios, se trata de un síntoma inequívoco de la ausencia del amor del Padre en tal persona, o sea, es evidencia de su condición no regenerada. 

 

Después de esta primera impresión nefasta de la realidad de los atenienses, Pablo concurre primeramente a la sinagoga, lugar donde estableció discusiones con los judíos y prosélitos presentes. Posterior a esta visita, el apóstol salió a proclamar el evangelio a lugares abiertos, para ser escuchado por más personas. En una plaza de Atenas se encontró con un par de representantes de las escuelas filosóficas más populares en aquel momento: los "epicúreos" y los "estoicos". Los primeros decían que el placer era el objetivo de la vida del ser humano, aunque debía buscarse de forma responsable; la vida vinculada a la política acarreaba muchos problemas, lo contrario del placer, por lo que no era un objetivo de vida para los epicúreos. Por otro lado, los estoicos decían que el pensamiento racional debía estar siempre por sobre las emociones y sensaciones, reflexionaban sobre las consecuencias de las acciones y en función de esa reflexión tomaban decisiones, lo que los transformaba en ciudadanos muy ordenados. A diferencia de los epicúreos, los estoicos estaban dispuestos a participar en política, porque era un instrumento de transformación de la vida. Ambos grupos eran politeístas, creían en las famosas deidades del panteón greco-romano.

 

El primer encuentro con los griegos fue en una plaza. Pablo despertó el interés de una audiencia que reacciona de forma despectiva: "¿Qué querrá decir este palabrero" (Hch 17:18). El discurso de Pablo era muy diferente a lo que ellos solían escuchar, por lo que no supieron asimilar sus ideas. En su cosmovisión politeísta prontamente concluyeron: "Parece que es predicador de nuevos dioses". Claramente, su razonamiento está anclado a su realidad.

 

Posteriormente Pablo fue llevado al Areópago, antigua corte de justicia situada en lo más alto de una colina, pero que en tiempos de dominio romano era sólo de carácter ceremonial, funcionando en materias religiosas o filosóficas. En este lugar Pablo comienza su exposición del evangelio y se vale del entorno para establecer una especie de "puente de sentido" con los griegos, buscando facilitar su comprensión. Pablo dice: 

 

"porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio" (Hch 17:23) 

 

Esta mención al Dios "no conocido" fue meramente un ejercicio retórico, no debería entenderse que el Dios verdadero haya estado detrás de ese espacio sin nombre. El apóstol enfatiza el poder ilimitado y  soberano de Dios respecto de todo lo existente, "El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas" (Hch 17:24-25). Los dioses del panteón romano tenían una característica que los distinguía y que permitía su identificación por parte de la gente, ninguno de ellos tenía los atributos que Pablo proclama respecto del Dios de la Biblia. Esto de por si debe haber generado un rechazo al mensaje del apóstol.

 

Por otra parte, es de notar la diferencia entre la forma de pensar de los filósofos y la predicación de Pablo. El tema no es el sentido de la vida del hombre, ni en qué manera éste se puede beneficiar del favor de los dioses. El evangelio es justamente lo opuesto, el Dios desconocido es el que ha creado todo lo existente y no necesita de nada ni de nadie para existir. En otras palabras, el Dios que predica Pablo es ajeno a los cánones tradicionales de las divinidades griegas. 

 

"Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros" (Hch 17:26-27). Las ideas contraculturales siguen apareciendo en el discurso del apóstol, igualando a todos los hombres en origen y dejando en claro que es el Dios desconocido el que pone los límites a su actuar en el tiempo y en el espacio. Se trata de un Dios personal, que soberanamente decide por sobre la voluntad de los hombres, reduciendo su esfera de influencia y poder a su mínima expresión. Dios manda al ser humano que le busque "si en alguna manera, palpando, puedan hallarle", palabras que sin duda hacen referencia a la imposibilidad de los griegos de ver ni identificar al verdadero Dios, por eso les es "desconocido".  


"Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos" (Hch 17:28). Los cristianos vivimos por medio de la vivificación que hemos recibido de parte de Dios y que se hace realidad por medio del Espíritu Santo, por Cristo vivimos y por su voluntad nos movemos y somos. El apóstol aprovecha de vincular esta verdad al dicho del poeta griego Epimémides: "Porque linaje suyo somos". Con esta mención Pablo quiso enfatizar que hasta los poetas paganos reconocen que el hombre es linaje de Dios, por lo que es una insensatez pensar que la "Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres" (Hch 17:29). Los dioses presentes en el Areópago no eran más que esculturas elaboradas con materiales inertes.

 

Los contenidos predicados por Pablo estaban muy alejados de la cosmovisión griega. Sin embargo, fue la mención a la resurrección de Cristo lo que supuso la gota que rebalsó el vaso. La reacción de algunos fue de burla, mientras otros aprovecharon la oportunidad para retirarse. Desde un punto de vista pragmático, pareciera que la estrategia de asimilar elementos del recinto con la predicación del evangelio no fue del todo exitosa, sin embargo, el capítulo termina diciendo que algunas personas creyeron, entre los cuales se cuenta a "Dionisio el aeropagita y una mujer llamada Dámaris, entre otros más" (Hch 17:34). 

sábado, 12 de junio de 2021

El segundo viaje misionero: los nobles de Berea (Hechos 17:10-15)

 


Pablo y Silas salieron de Tesalónica de noche, para evitar ser agredidos por las turbas de judíos (Hch 17:10). Su siguiente misión fue en la ciudad de Berea, ubicada a 96 kms al oeste de Tesalónica y de la vía Ignacia. 

 

Los bereanos se hicieron universalmente conocidos por el siguiente texto: "Y éstos (los bereanos) eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así" (Hch 17:11). El judaísmo de aquel tiempo consideraba nobles a las personas que verificaban todo pensamiento con las Escrituras, también llamaban nobles a todos los que escuchaban atentamente a sus maestros. Algo parecido pasaba con los griegos, pues los maestros alababan a los alumnos que los oían atentamente (1).

 

La traducción en español Reina Valera 1960 utiliza la palabra "nobles" tanto en el versículo 4 como en el 11. En el 4 se describe a las nuevas creyentes de Tesalónica: "Y algunos de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y con Silas; y de los griegos piadosos gran número, y mujeres nobles no pocas", mientras en el versículo 11 se usa la misma palabra para calificar a los bereanos. Sin embargo, a pesar de estar apuntando a un mismo campo semántico, su significado en el idioma original es levemente diferente. En el verso 4 se está indicando literalmente que personas de "clase alta" se estaban convirtiendo a Cristo, mientras en el verso 11 la palabra "noble" es más bien un alago por la actitud de los bereanos, propia de alguien "bien nacido".

 

Si el Señor Jesucristo mandó a los fariseos a "Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí" (Jn 5:39), entonces claramente es de persona "noble" el obedecer su mandato. La Palabra de Dios trata esencialmente de Jesucristo, por lo que si alguien lo busca en sus páginas, inmediatamente se convierte en un ser humano de "alto rango". La palabra escudriñar implica investigar, interrogar o examinar, o sea, trata de una actitud activa al momento de leer el texto. Escudriñar la Escritura implica trabajo, no es una lectura rápida ni liviana, es una actividad demandante y que por cierto, se debe realizar diligentemente, para el Señor.

 

El resultado del ministerio de los hermanos en Berea fue alentador, el texto indica que "creyeron muchos de ellos, y mujeres griegas de distinción, y no pocos hombres" (Hch 17:12). Nuevamente aparece la idea de la distinción social. Mientras algunos piensan que el evangelio no puede ser predicado a personas con mayor "prestigio", la Palabra de Dios nos muestra que tanto en Tesalónica como en Berea hubo creyentes de alto rango. Nótese que el texto repite al menos tres veces la misma idea.


Lamentablemente, los judíos de Tesalónica supieron del ministerio de los hermanos en Berea y viajaron con el propósito de estorbar. Los tesalonicenses no tenían jurisdicción legal en Berea, pero las turbas agitadas no estaban muy dispuestas a subordinarse a las leyes, por lo que partieron de igual manera. Es de destacar la facilidad con que el liderazgo judío manipulaba la voluntad de ciertos grupos del pueblo, los cuales estuvieron dispuestos a viajar casi 100 kms sólo para causar alboroto. Considérese que en esos tiempos los 100 kms de distancia se debían recorrer caminando o a caballo, en el mejor de los casos.

 

Ante esta nueva persecución, los bereanos enviaron a Pablo hacia el mar mientras Silas y Timoteo siguieron en la ciudad. El destino del apóstol Pablo sería la ciudad de Atenas, lugar al que hasta el día de hoy no se sabe si llegó por vía marítima o terrestre. Finalmente, los hermanos que tenían el encargo de llevar a Pablo lo hicieron, y se dio la instrucción de que Timoteo y Silas partieran también hacia Atenas lo antes posible.

 

Creo que es pertinente una pequeña mención sobre los hermanos que condujeron a Pablo, tanto fuera de Berea como en dirección a Atenas: "Y los que se habían encargado de conducir a Pablo le llevaron a Atenas; y habiendo recibido orden para Silas y Timoteo, de que viniesen a él lo más pronto que pudiesen, salieron" (Hch 17:15). 


En toda la historia del pueblo de Dios han habido siervos anónimos como los que guiaron a Pablo hacia Atenas. Estos rara vez han sido reconocidos por las generaciones siguientes de la Iglesia, pero sus silenciosas acciones han significado un servicio fundamental a la iglesia de Cristo. Es un aliento para los cristianos tener presente que el Señor considera el actuar de sus hijos en base a parámetros muy distintos a los nuestros.

 



(1) Craig S. Keener, Comentario del Contexto Cultural de la Biblia. Nuevo Testamento. Editorial Mundo Hispano, Colombia, 2019.

sábado, 5 de junio de 2021

El segundo viaje misionero: tumulto en Tesalónica (Hechos 17:1-9)

 


Una vez retirados de Filipos, los hermanos siguen dirección sur por Anfípolis y Apolonia, llegando finalmente a Tesalónica. Sólo de esta última ciudad se dice que tenía "una sinagoga de judíos" (Hch 17:1), quizá ésta fue la razón para ministrar en aquel lugar y no en las otras ciudades.   

 

Como es sabido, el primer lugar al que Pablo se dirigía en cada ciudad eran las sinagogas. Ahí predicaba la Palabra en un contexto de personas familiarizadas con la profecía y con esperanza en el Mesías. Si bien Pablo se presentó como el apóstol a los gentiles (Rm 11:13), en el capítulo primero de su carta a los Romanos clarifica el orden de los destinatarios del evangelio: "Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego" (Rm 1:16). De esta manera, Pablo cumplió con el mandato de anunciar el evangelio primeramente a los de su nación, al olivo natural (Rm 11:24). El texto agrega que Pablo estuvo ministrando en la sinagoga por 3 días de reposo, lo que equivale a un periodo de 3 semanas.

 

Como hemos mencionado en otros análisis, Pablo presentaba el evangelio de forma diferente según la audiencia. No hablamos de variaciones en el evangelio, sino de distintas formas de introducir la exposición. Por ejemplo, tanto en la ciudad de Listra -en su primer viaje misionero- como en Atenas -durante su segundo viaje- Pablo no predica en una sinagoga, por lo que sus oyentes no son judíos. En ambos casos su exposición comienza con Dios y su poder creador de todo lo existente. En cambio, cuando visitaba las sinagogas el apóstol asumía que los oyentes tenían conocimiento del Dios de la Biblia y de la profecía del Antiguo Testamento. Pablo presentaba la historia haciéndola converger en la persona de Jesucristo, el cual debía padecer y resucitar de los muertos. Esto último generaba confusión en los judíos, pues la creencia común de ellos era que el Mesías sería una especie de conquistador que restauraría la nación a una situación más esplendorosa incluso que la de Salomón, además vengaría la opresión que sufría el pueblo en manos de los Romanos. Finalmente, el Mesías los conduciría al reino eterno. Por esta razón, un Mesías muerto en una cruz era un relato contradictorio a la expectativa del judío común, era una piedra de tropiezo para ellos (1º Co 1:23).

 

Probablemente Pablo apeló a pasajes como el Salmo 22 o Isaías 53 para comprobar que el Mesías debía padecer. El sistema de sacrificios del Antiguo Testamento, coordinado por los sacerdotes, fue un mero "adelanto", una "sombra" del sacrificio perfecto y completo efectuado por el Señor en la cruz del calvario (He 8:5). También es posible que Pablo haya citado el salmo 16 para describir la resurrección del Mesías.

 

Esta situación puede tener un paralelo en nuestros días. Es evidente que las promesas bíblicas no logran cumplir las expectativas de los hombres. Cuando el ser humano desea un progreso concreto en sus condiciones de vida, Dios "sólo" ofrece reconciliación con él mismo y una salvación cuyo disfrute se difiere al futuro más remoto. Cuando el mundo reclama la "ausencia" de Dios en las guerras, sufrimientos y catástrofes, se está clamando por un Dios que intervenga milagrosamente solucionando estas situaciones. Sin embargo, Dios no prometió intervenir resolviendo o anulando las consecuencias de las acciones humanas. De la misma manera en que el judío esperaba una liberación histórico-concreta, el hombre actual quiere la solución a sus problemas. Un Mesías sufriente y de muerte sustituta no satisfizo al judío del primer siglo, y tampoco al hombre natural actual.

 

Todos sabemos que la predicación del evangelio es un mandato para el cristiano, pero a veces es duro saber que Dios no garantiza resultados positivos. La predicación de Pablo en la sinagoga de Tesalónica hizo que "algunos de ellos creyeron" (Hch 17:4). El mismo Pablo escribió tiempo después a los Corintios "Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios" (2º Co 4:3-4). Esta impresionante cita da cuenta que la condición base del ser humano es de enceguecimiento, situación que sólo quizá pueda ser revertida por medio de la predicación del evangelio.

 

Entre los conversos en Tesalónica se contaron algunos judíos, muchos griegos piadosos y también mujeres nobles, o sea, la conversión traspasó fronteras sociales y raciales. Sin lugar a dudas esto gatilló el celo de los judíos dirigentes, los que reaccionaron tramando una especie de revuelta contra Pablo y la comitiva. Este "celo de los judíos" se ha repetido muchas veces a lo largo del libro de Hechos, y siempre tiene como consecuencia una expresión violenta contra los cristianos. El cristianismo no sólo ponía en jaque el sistema de rituales y toda la religión construida en torno al judaísmo, por sobre todo hacía tambalear el estatus privilegiado que tenían los grupos religiosos en aquella sociedad. Probablemente esto era lo que más indignación generaba en los cabecillas del judaísmo, la idea de perder la condición privilegiada que mantenían hasta ese entonces. 

 

Gracias a Dios no lograron encontrar a los hermanos. La turba creyó que estaban en la casa del hermano Jasón, el que tuvo que sufrir el mal momento. Siguiendo con este intento de encontrar a Pablo y su comitiva, sacaron a Jasón de su casa y lo llevaron a las autoridades de la ciudad, acusándolo de proteger a los hermanos: 

 

"Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá; a los cuales Jasón ha recibido; y todos éstos contravienen los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús" (Hch 17:6-7). 

 

En esta acusación hay dos verdades, pero utilizadas con la intención de dañar a los hermanos. Primero, es cierto que el mensaje que trata de Cristo reconciliando a Dios con el mundo es de tal relevancia que trastornó al mundo de ese entonces y sigue haciéndolo. Por otro lado, todo cristiano tiene sólo un Señor, y ningún gobernante puede atribuirse rasgos similares ni solicitar adoración ni nada parecido, lo que solía ser la norma en el imperio.

 

El versículo 8 confirma la acusación, el pueblo tesalonicense se "alborotó" y también las autoridades de la ciudad. Finalmente se pagó la fianza y Jasón quedó en libertad.

Permaneciendo en el Evangelio - 1° Corintios 15:1-6

  Permaneciendo en el Evangelio 1° Corintios 15:1-6   Texto   Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también...