lunes, 1 de febrero de 2021

La puerta ancha y la estrecha


La puerta ancha del falso evangelio

 

Dice el predicador:

 

Hay algo que te quiero contar, es la maravillosa noticia que Dios te ama y desea que le des un poco de tu atención. Él quiere entrar en tu corazón para sanar tu alma, ayudarte a vencer tus angustias y hacerte saber que en el cielo siempre habrá alguien en quien puedes confiar y que nunca te defraudará. Lo único que debes hacer es entregarle tu corazón y él vencerá tus batallas. Dios puede hacer que tus sueños se hagan realidad. 

 

Recuerda siempre que Dios es amor y está esperando pacientemente que le abras la puerta de tu corazón para cenar contigo.

 

 

La puerta estrecha del verdadero evangelio

 

Dice el predicador:

 

La Biblia dice que todos los seres humanos son pecadores y enemigos de Dios (Rm 3:23). El pecado tiene como sentencia la muerte del hombre (Gn 2:17, Rm 6:23). 

 

Sin embargo, el amor de Dios ha provisto salvación en la persona de Jesucristo, él es el único que puede pagar y anular la sentencia de muerte dada al hombre. ¿Cómo sucede esto? Cristo carga con el pecado del hombre que ha confiado en él y paga la deuda del pecador con su muerte en la cruz. De esta manera, Dios anula la sentencia de muerte contra el pecador que ha creído en Cristo, “convalidándole” la muerte del Salvador en su favor (2º Co 5:21).

 

Sólo Cristo pudo sustituir al hombre y pagar satisfactoriamente su sentencia ante Dios, pues Cristo es tanto Dios como hombre a la vez, pero sin pecado. 

 

Cristo predicó “arrepentíos y creed en el evangelio” (Mr 1:15). Los que creen en Cristo tienen un Salvador, pero los que rechacen creer deberán pagar su pecado con su propia muerte: 

 

“el que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Jn 3:36).

 

lunes, 25 de enero de 2021

Primer viaje misionero: Listra, Derbe y el retorno a Antioquía de Siria (Hechos 14:8-28)



Bernabé y Pablo huyen hacia Listra


La violenta persecución de los judíos en Iconio hizo que Pablo y Bernabé recorrieran 32 kms para llegar a Listra, ciudad de Licaonia. Al parecer no había sinagoga en la ciudad, por lo que la predicación del evangelio tuvo que realizarse probablemente al aire libre. En este contexto Dios obra un milagro a través del apóstol Pablo sanando a un cojo “Y cierto hombre de Listra estaba sentado, imposibilitado de los pies, cojo de nacimiento, que jamás había andado. Este oyó hablar a Pablo, el cual, fijando en él sus ojos, y viendo que tenía fe para ser sanado, dijo a gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y él saltó, y anduvo” (Hch 14:8-10). Llama la atención lo similar de esta historia con la sanción milagrosa obrada por Pedro y Juan en Jerusalén. Ambos casos trataron sobre la sanidad de un cojo, la participación de un apóstol, el asombro de los presentes y la necesaria aclaración respecto de la naturaleza humana y común de los ejecutores visibles del milagro. 

 

Sin embargo, el milagro fue mal comprendido por parte de los presentes, los que le concedieron a Pablo y a Bernabé la condición de dioses merecedores de sacrificios y adoración, lo que claramente constituye una abominación. Existía una leyenda local que “contaba de ocasiones anteriores cuando los dioses habían bajado a ellos en semejanza de seres humanos, en particular Zeus y Hermes” (1). Probablemente, por razón de esta leyenda la multitud utilizó estos dos nombres, o los equivalentes en la lengua vernácula de Licaonia.

 

Después de presenciar el milagro la multitud exclamó fuertemente: “Dioses bajo la semejanza de hombres han descendido a nosotros” (Hch 14:11) y llamaron a Bernabé “Júpiter” y a Pablo “Mercurio”, nombres que en el imperio romano recibieron los equivalentes griegos de Zeus y Hermes. Júpiter era el dios principal, el más imponente, lo cual podría indicar algo de la apariencia de Bernabé. Mercurio es la expresión latina del “Hermes” griego, el cual era el dios mensajero, asociado a la palabra hablada, a los contenidos. De este nombre proviene la palabra “Hermenéutica”, y se le asignó a Pablo producto que él era el que proclamaba el mensaje principalmente.

 

Este intento de endiosamiento de los apóstoles también incluyó a los sacerdotes locales. El sacerdote de Júpiter, cuyo templo estaba presente en Listra, se acercó con toros y guirnaldas para ofrecer sacrificios a los apóstoles. Tal hecho generó que Bernabé y Pablo rasgaran sus ropas, en señal de repudio, rechazo e indignación (Hch 14:14). 

 

Al observar esta expresión de abominable idolatría por parte de la gente de Listra me pregunto: ¿qué propósito pudo haber tenido Dios con la sanidad milagrosa al cojo? Por lo pronto, se puede constatar la gran aglomeración de gente escuchando a Bernabé y a Pablo, además del impacto que debe haber generado la repentina sanidad del cojo. Probablemente este contexto dispuso de mejor manera a los presentes a escuchar el evangelio, en una localidad que como mencionamos, carecía de sinagoga, lo que sugiere un virtual desconocimiento de las Escrituras.

 

Esta idolatría aberrante tenía que terminar, por lo que Pablo y Bernabé hablaron fuerte a la multitud reprendiendo su conducta “¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros” (Hch 14:15). En Apocalipsis 19:10 se da una situación similar, cuando Juan equivocadamente se postra en adoración ante un ángel, el cual le corrige inmediatamente. También el apóstol Pedro tuvo que decir algo similar a Cornelio, cuando trató de adorarle: “Levántate, pues yo mismo también soy hombre” (Hch 10:26). Es innegable que la conducta idolátrica se gesta con relativa facilidad en el corazón del hombre.

 

En medio de este tumulto, Bernabé y Pablo predicaron sobre el Dios verdadero, “os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay” (Hch 14:15). Nótese que como la predicación no se desarrolló en una sinagoga, sino ante una audiencia desconocedora del Dios de la Biblia, el mensaje se tuvo que plantear dando a conocer primero a Dios mismo, como el creador de los cielos y la tierra. Una introducción similar realiza Pablo en su exposición en el Aerópago de Atenas, lugar donde los presentes eran gentiles (Hch 17:24). Este creador de los cielos y de la tierra también es el sustentador de la vida, un ser misericordioso que no ha dado a los hombres lo que merecen, sino que bondadosamente ha provisto para todos de “lluvias del cielo y tiempos fructíferos, alegrando la vida de los hombres”. 

 

Es altamente atractivo para un hombre recibir adoración de una muchedumbre. De hecho, una de las grandes luchas de cristiano es contra el orgullo, la vanidad, el deseo de reconocimiento y el afán de poder. Además, esta veneración no terminaba con los sacrificios, de seguro incluía un montón de privilegios también. Se tiende a olvidar que tanto Bernabé como Pablo eran hombres susceptibles de pecar, por lo que la adoración de una ciudad debe haber sido una prueba no menor para ellos. Sin embargo, el Espíritu Santo los había apartado para una tarea mayor, por lo que contaban con su plena ayuda (Hch 13:2).

 

Podemos suponer que este rechazo a la adoración generó un profundo resentimiento en el pueblo de Listra. Sumado a esto, algunos judíos de Iconio y de Antioquía llegaron vinieron a convencer a las muchedumbres de atacar violentamente a los apóstoles. Todo esto hizo que la gente cambiara su deseo de adorar en un violento ataque de lapidación (2º Co 11:25). Pienso que este ataque expresó la rabia de la gente al no poder concretar su ritual idolátrico con los apóstoles.


El ataque a Pablo en Listra y el viaje a Derbe

 

Pablo fue apedreado y llevado fuera de la ciudad. Muchos pensaron que estaba muerto. Sin embargo, “rodeándole los discípulos, se levantó y entró en la ciudad; y al día siguiente salió con Bernabé para Derbe” (Hch 14:20), lo cual parece ser un milagro evidente de parte de Dios. Algunos han propuesto que esta situación implicó una resurección del apóstol, pero el análisis del texto griego no respalda esa hipótesis. Lo más probable es que Dios haya intervenido de forma milagrosa, recuperando a Pablo instantáneamente.  

 

Como se mencionó, la siguiente ciudad visitada fue Derbe, ubicada a unos 90 km al sur este de Listra, localidad donde Lucas registra que se hicieron “muchos discípulos” sin dar más detalles. Derbe sería el punto de inflexión en el primer viaje misionero y de ahí en adelante comenzaría el regreso, repitiéndose el paso por las mismas ciudades visitadas. El hecho que retornaran por la misma vía que habían escogido es de destacar, pues tanto en Listra como en Iconio, o en Antioquía de Pisidia, los apóstoles tuvieron que huir del ataque coordinado por los judíos, se trataba por tanto de un retorno peligroso, que los apóstoles no quisieron rehuir. Sin embargo, la necesidad de reforzar las comunidades cristianas recién instaladas los hizo volver a pasar por ahí. En cada lugar los apóstoles confirmaban a los discípulos, exhortándoles a permanecer en la fe, enseñándoles a perseverar en las tribulaciones. Además constituyeron ancianos en cada iglesia (Hch 14:23), los cuales quedaban con la responsabilidad de guiar a la congregación recién fundada. 

 




El regreso a Antioquía de Siria

 

Como se mencionó, el camino de retorno partió en Derbe, última ciudad visitada por los apóstoles. De ahí  hicieron la reversa del camino de ida hasta llegar a Antioquía de Pisidia. Ya en dirección al sur pasaron por la provincia de Panfilia y predicaron el evangelio en Perge (Hch 14:25). El viaje de ida no registra predicación en Perge, por lo que la visita en el retorno da cuenta del cumplimiento cabal -por parte de Bernabé y Pablo- de la misión que les fue encomendada, pues no dejaron ciudad relevante sin visitar. Finalmente, desde Perge descendieron a Atalía y de ahí, en vez de pasar por Chipre, navegaron directamente hacia Antioquía de Siria, la base de operaciones de las misiones de Pablo.

 

En Antioquía los apóstoles contaron las cosas que por la gracia de Dios pudieron realizar en su travesía misionera, en especial como Dios había abierto la puerta de la fe a los gentiles.



(1) F.F. Bruce, Libro de los Hechos, Colección Teología Contemporánea, CLIE, 2016, USA. Página 283. 

 

sábado, 9 de enero de 2021

Primer viaje misionero: Iconio (Hechos 14:1-7)



La siguiente localidad visitada por Pablo y Bernabé fue Iconio, ciudad en altura (1025 mts sobre el nivel del mar), parte de la provincia de Frigia, aunque se encontraba muy cercana a la frontera de Licaonia (1). Para llegar a Iconio debieron caminar 154 km desde Antioquía de Pisidia.


Como era costumbre, lo primero que hicieron fue dirigirse a la sinagoga donde “hablaron de tal manera que creyó una gran multitud de judíos, y asimismo de griegos” (Hch 14:1). De este enunciado se desprenden al menos dos ideas importantes; primero, la sola predicación del evangelio trajo salvación tanto a judíos como a gentiles. Lo segundo es la necesidad que tuvieron los presentes en la sinagoga de “oír” el mensaje, los mensajeros tuvieron que entregar un mensaje “audible”. 

 

Lamentablemente he sido testigo de predicadores (as) que usan la manida frase de Francisco de Asís “Prediquen el evangelio en todo tiempo, y de ser necesario usen palabras” como forma de engalanar o embellecer sus discursos. Lo malo es que la frase mencionada contradice el mandato de Dios de predicar el evangelio, reemplazándolo con un ejemplo de ética expresado en la conducta cotidiana personal. La Palabra de Dios se pregunta retóricamente por la manera en que las naciones creerán a la revelación de Dios “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?” (Rm 10:14). De la misma manera, cuando el Señor Jesucristo explica la parábola del sembrador y hace referencia al que fue sembrado en buena tierra, dice “éste es el que oye y entiende la palabra” (Mt 13:23). 

 

¿Será posible recurrir a la alegorización para dar una lectura distinta a estos pasajes y de paso hacer que la frase de Francisco de Asís sea aceptable? ¿algo así como que el evangelio "se vive" día a día y se expresa en nuestra forma de ser? La respuesta es no. El evangelio es un mensaje con un contenido racional, es una trama histórica con implicancias y consecuencias, por lo que no se puede anular o subordinar a un ejemplo de conducta cotidiana. Dios despliega su poder a través de la predicación del evangelio, no del ejemplo de vida de un hombre o mujer particular. Por ejemplo, ¿cómo se podría explicar el siguiente versículo sin utilizar el lenguaje? 

 

“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2º Co 5:21)

 

¿Cómo se podría decir que el Cristo impecable cargó nuestro pecado y pagó nuestra deuda ante Dios sin decir una palabra? ¿Cómo comunicar sin lenguaje el hecho que Cristo nos imputa su justicia y sólo por esa razón somos aceptables a Dios? Es imposible.

 

Volviendo a la narrativa, el versículo 2 describe la acción de algunos judíos entorpeciendo el avance del reino de Dios, “Mas los judíos que no creían excitaron y corrompieron los ánimos de los gentiles contra los hermanos” (Hch 14:2). Esta acción de estorbo ha sido una constante en el personaje colectivo denominado “los judíos”. Interesante es indicar que estos últimos no miraban con aprecio a los gentiles, sin embargo, cuando se trató de detener con injusticia el avance de la verdad no tuvieron problema en acercarse a ellos para atacar a los cristianos. 

 

El versículo 3 comienza con una cláusula que a muchos ha generado confusión: “Por tanto, se detuvieron allí mucho tiempo…”, expresión que pareciera contradecir la situación adversa descrita en el verso anterior, donde los judíos habían corrompido los ánimos de los gentiles contra los hermanos. La sección sonaría algo así como: “los judíos pusieron a toda la gente en contra de nosotros, por tanto nos quedamos ahí mucho tiempo”, lo que parece incoherente. No obstante, creo que no es necesario sucumbir tan fácilmente a la crítica textual, ya que el pasaje también se puede considerar de otra forma: en la adversidad y la persecución, tanto Pablo como Bernabé fueron fortalecidos por el Espíritu Santo y hablaron con denuedo, confiados en el Señor, el cual daba testimonio a la palabra de su gracia concediendo que se hiciesen por las manos de ellos señales y prodigios (Hch 14:3). Hemos visto en otros pasajes la relación estrecha que hay entre el control del Espíritu Santo y el denuedo en la predicación de la verdad.

 

 “Y la gente de la ciudad estaba dividida: unos estaban con los judíos, y otros con los apóstoles” (Hch 14:4). La predicación del verdadero evangelio no dejará indiferente a las audiencias, y en muchos casos habrán reacciones de rechazo y oposición. El mismo Señor Jesucristo adelanta las consecuencias que tendrá el mensaje de salvación en los diversos grupos humanos “No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada” (Mt 10:34 y siguientes). Por esta razón es que tantos seres humanos se han esmerado en distorsionar, diluir, modificar o invisibilizar el verdadero evangelio.

 

La predicación fiel suele desembocar en persecución y padecimientos para los cristianos “Pero cuando los judíos y los gentiles, juntamente con sus gobernantes, se lanzaron a afrentarlos y apedrearlos, habiéndolo sabido, huyeron a Listra y Derbe, ciudades de Licaonia, y a toda la región circunvecina, y allí predicaban el evangelio” (Hch 14:5-7). Es una verdad que muchas veces asusta, pero la persecusión, las tribulaciones y los padecimientos son parte esencial del ministerio de todo cristiano fiel, el mismo Señor Jesucristo señaló “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mt 5:10).

 

 

 

(1) F.F. Bruce, Libro de los Hechos, Colección Teología Contemporánea, CLIE, 2016, USA. Página 283. 

jueves, 24 de diciembre de 2020

Primer viaje misionero: Antioquía de Pisidia (Hechos 13:13-52)


De Chipre a Antioquía de Pisidia


La actividad en la isla de Chipre terminó y el equipo de misioneros zarpan con dirección a Perge, en Asia Menor. En este lugar Juan Marcos deja a Bernabé y a Pablo, pero no sabemos las razones de su deserción. Se han dado algunas hipótesis, como que Juan habría sentido temor de la persecución o que se habría sentido incómodo con el creciente liderazgo de Pablo. Sin embargo, sólo son conjeturas.

 

Desde Perge se dirigieron a Antioquía de Pisidia (1), en particular a la sinagoga de aquella ciudad, llegando justo en el día de reposo. Las visitas a las sinagogas eran una táctica permanente en las misiones de Pablo; con seguridad los presentes estaban mejor dispuestos a escuchar la Palabra de Dios y también era más fácil poder presentar al Mesías a una audiencia que conocía la profecía del Antiguo Testamento. Además, al ir primero a las sinagogas de cada ciudad, el evangelio se predicaba primeramente a los judíos (Rm 1:16).

 

La predicación de Pablo


La sinagoga de Antioquia de Pisidia se dispone favorablemente a escuchar la exhortación de Pablo, el que lleva la palabra tanto a los israelitas como a los temerosos de Dios (gentiles prosélitos). Pablo comienza describiendo la historia de Israel desde el cautiverio en Egipto hasta la aparición del Rey David, del cual dice Dios que fue “varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero” (Hch 13:22). La mención de la historia de Israel tiene por propósito presentar al Señor Jesucristo como un descendiente de David, descubriendo ante la audiencia su linaje mesiánico. Pablo hace mención de Juan el bautista, el cual también da cumplimiento a la profecía, predicando el arrepentimiento a Israel justo antes de la venida de Cristo (Is 40:3, Mal 3:1). 

 

Habiendo mencionado el linaje de Cristo y su rol central en el cumplimiento de la promesa hecha por Dios a los patriarcas, Pablo ahonda en la vida, muerte y resurección del Señor, citando pasajes de las Escrituras que anticipaban estos acontecimientos. El evangelio es la buena noticia de la muerte y resurección del Señor Jesucristo, eventos que abren la posibilidad de reconciliación con Dios tanto a judíos como a gentiles. En Romanos 1:4 Pablo dice que Cristo fue “declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos”, en otras palabras, su resurección puso de manifiesto a aquella generación de hombres que el crucificado era el Hijo de Dios.

 

La mención del salmo 2 “Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy” (Hch 13:33) se relaciona con la eternidad del Hijo de Dios, con una comunicación de esencia y vida del Padre al Hijo desde toda la eternidad. Por esta misma razón era imposible que el eterno Hijo de Dios hubiera sido partícipe de la corrupción asociada a la muerte, de ahí la cita al salmo 16 “Porque no dejarás mi alma en el Seol, Ni permitirás que tu santo vea corrupción”. El Señor Jesucristo triunfa sobre la muerte por cuanto era imposible que fuera retenido por ella. 

 

Sólo por medio de la persona de Jesucristo existe la posibilidad de perdón de pecados para los hombres. La doctrina de la justificación por la fe se sintetiza en 2ª Corinitos 5:21 “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”. En otras palabras, el Cristo impecable cargó nuestro pecado y pagó nuestra deuda ante Dios. Como contrapartida, Cristo nos imputa su justicia y sólo por esa razón somos aceptables a Dios; eso significa que Cristo nos “justifica” en él ante Dios. 

 

La ley de Moisés no tuvo la capacidad de “imputar justicia” al hombre que intentaba cumplirla, por eso nunca fue un ministerio de justificación, sino de condenación. La buena noticia es que por medio de la fe en Cristo sí hay justificación posible para todo aquel que cree y se arrepiente. La cita de Habacuc 1:5 da cuenta de lo increíble y sencillo que resulta al ser humano la posibilidad de ser reconciliado con Dios, lo cual es hecho en base a una obra de Dios mismo, “Porque yo hago una obra en vuestros días” (Hch 13:41). La gracia soberana de Dios ha hecho esto posible (Mt 19:26).


La oposición de los judíos

 

Llama la atención la buena recepción que tuvo el evangelio entre los oyentes de esta sinagoga, tan así fue que solicitaron a Bernabé y a Pablo que volvieran la semana siguiente a continuar la exposición. Sin embargo, no tardaron en aparecer los que están puestos para estorbar la verdad. Como sucedió anteriormente con el caso de Barjesús en Pafos, cuando está presente la predicación del evangelio verdadero, también habrá estorbo de las huestes de maldad. “Pero viendo los judíos la muchedumbre, se llenaron de celos, y rebatían lo que Pablo decía, contradiciendo y blasfemando” (Hch 13:45).

 

Pablo y Bernabé hablaban con denuedo, atributo que tiempo atrás el mismo Bernabé esgrimió para confirmar la conversión de Pablo ante los apóstoles que desconfiaban de él (Hch 9:27). Recordemos que los mismos apóstoles oraban al Señor pidiendo denuedo para predicar la palabra (Hch 4:29). La cita a Isaías 42:6 y 49:6 constituye una bella motivación para el cristiano al saber la consideración que tiene Dios de los portadores del mensaje de salvación: “Te he puesto para luz de los gentiles, A fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra” (Hch 13:47).

 

La dinámica de la predicación

 

El verdadero evangelio provoca un profundo regocijo en todos los que creen, además de un conmovedor deseo de glorificar a Dios. Esta era la condición de todos aquellos que oyeron y creyeron al evangelio en Antioquía de Pisidia. Lucas agrega un breve reporte del avance del Reino de Dios: “Y la palabra del Señor se difundía por toda aquella provincia” (Hch 13:49). 

 

A pesar del estorbo de los judíos, los discípulos estaban llenos de gozo y del Espíritu Santo.

 

 



[1] Una de las ciudades fundadas por Seleuco Nicátor en honor de su padre Antí­oco. Situada al NE de Colosas y Laodicea y al NO de Iconio y Listra, era conocida como centro comercial importante. La ruta entre Perge y Antioquía de Pisidia era conocida por la cantidad de ladrones que abundaba por los peligrosos caminos.

 

domingo, 20 de diciembre de 2020

Primer viaje misionero: De Antioquía de Siria a Chipre (Hechos 13:1-12)



La iglesia en Antioquía de Siria

 

El capítulo 13 comienza con la iglesia de la ciudad de Antioquía, la que se constituyó en una verdadera “base de operaciones” para el apóstol Pablo. Fue en este lugar que a los creyentes se les llamó por primera vez “cristianos” (Hch 11:26), aunque los registros históricos indican que ese apelativo era más bien burlesco. La iglesia en Antioquía de Siria contaba con un buen equipo de profetas y maestros dedicados al ministerio espiritual “Bernabé, Simón el que se llamaba Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo” (Hch 13:1). Poco se sabe de estos nombres, a excepción de Bernabé y de Saulo, por cierto. 


Es importante hacer una mención en relación a los oficios de profeta y de maestro; el primero apunta a una actividad similar a la de los profetas del Antiguo Testamento, pero con un marco más acotado. La aparición de profetas en el libro de Hechos, tanto en el capítulo 11:28 como en 21:10-11, muestra que sus revelaciones son de tipo práctico y no doctrinal (una instrucción para ayudar a los hermanos a enfrentar una hambruna en Judea, o la advertencia a Pablo que sería agredido en Jerusalén al finalizar su 3º viaje misionero). La revelación doctrinal en el Nuevo Testamento estuvo siempre reservada a los apóstoles principalmente. En el caso de los maestros, su ministerio se relacionó con facilitar a los hermanos la comprensión de la verdad bíblica, la cual muchas veces es difícil de entender. Recordemos la expresión del apóstol Pedro sobre el contenido de las cartas de Pablo “…como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición” (2ª Pedro 3:15-16). Comúnmente las cosas “dificiles de entender” constituyen el insumo preferido de los falsos maestros en la elaboración de sus enseñanzas.

 

El Espíritu Santo instruye directamente a los hermanos señalando la misión que estaba preparada para Bernabé y a Saulo. Nótese que la narrativa presenta en primer lugar a Bernabé y luego a Saulo, lo que da cuenta del liderazgo misionero en ese momento. El primer viaje misionero comienza con la imposición de manos de parte de la iglesia, como un símbolo de identificación y bendición. De esta manera, la iglesia de Antioquía "patrocinó" la misión, la cual nunca es una aventura surgida de la voluntad individual.

 

Es de destacar que los maestros y profetas de Antioquía de Siria “ministraban al Señor” (Hch 13:2). Si bien los contenidos profetizados y las enseñanzas impartidas tenían como destinatario la congregación, no se debe olvidar que la verdadera audiencia del siervo de Dios es el Señor mismo. Dios es el destinatario de todo ministerio espiritual, lo que está en sintonía con el mandato de 2ª Timoteo 2:15 “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad”, Colosenes 3:23 dice “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres”. 

 

La misión en Chipre y el encuentro con Barjesús

 

La ruta de Bernabé y Saulo fue desde Antioquía a Seleucia y una vez en Chipre se movieron desde Salamina hasta Pafos. En este momento estaban acompañados por Juan Marcos.

 

La actividad de la misión era “anunciar la palabra de Dios” y esto lo hacían en las sinagogas de los judíos, lugar donde se hallaba la audiencia prioritaria para el Evangelio (Rm 1:16). Al llegar a la localidad de Pafos se encuentran con el procónsul Sergio Paulo, el cual al parecer tenía interés en escuchar los relatos judíos y probablemente cualquier cosa nueva, de ahí su cercanía con el mago Barjesús.

 

El versículo 6 describe a Barjesús como un cierto mago, falso profeta y judío. Que este sujeto termine representando a la población de Pafos no es un hecho azaroso. En Pafos, ciudad principal de la isla, se realizaba la fiesta "la afrodisíaca" en honor a Afrodita y asistía mucha gente de Chipre y de otras partes también. Durante la fiesta abundaba la prostitución sacerdotal en torno a la diosa, además de otros excesos. Esta descripción da cuenta de la inmoralidad e idolatría de la localidad (1).

 

El proconsul Sergio Paulo tenía interés en escuchar el evangelio de parte de Bernabé y de Saulo, pero su compañía Barjesús se resistía a esto. La guerra espiritual tiene su esencia en esta narrativa, el mensaje de salvación portado por varones de Dios y las huestes de maldad deteniendo con “injusticia la verdad” (Rm 1:18). La Palabra de Dios, que vive y permanece para siempre, es la que hace renacer al hombre de simiente incorruptible, por eso el ataque de las huestes de maldad es hacia la Escritura, queriendo de esta manera estorbar el avance del Reino de Dios. El pasaje resume el ministerio de los apóstoles en una sola actividad: “anunciar la Palabra de Dios” (Hch 13:5). Si no se anuncia la Palabra de Dios, no hay guerra espiritual alguna.

 

Pablo responde duramente a Barjesús por su intento de obstruir el evangelio: “!!Oh, lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia! ¿No cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor?” (Hch 13:10). Qué diferencia hallamos en la respuesta de Pablo a este falso profeta con la actitud de algunos líderes cristianos de nuestro tiempo, más preocupados de su propia reputación y corrección política que de dar una señal de firmeza ante la maldad. La respuesta de Pablo no es diplómatica, sino apasionada y categórica ante la seriedad de lo que estaba enfrentando. No hay nada de relaciones públicas en la respuesta del apóstol.


El episodio termina con Pablo sentenciando una ceguera temporal sobre el mago, incapacidad física que podría estar reflejando su propia condición espiritual "E inmediatamente cayeron sobre él oscuridad y tinieblas" (Hch 13:11). Felizmente, la bondad de Dios permite la fe en el procónsul. Es de notar que Sergio Paulo no se maravilla del milagro, sino de la doctrina del Señor (Hch 13:12).

     



[1] Extraído de Comentario MacArthur del Nuevo Testamento, Hechos, Portavoz, USA, 1994. Pág. 326.

viernes, 18 de diciembre de 2020

La inmoralidad institucionalizada de nuestro tiempo

 


Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.

Profesando ser sabios, se hicieron necios

Romanos 1:21-22

 

Puede parecer contradictorio, pero la Biblia afirma que la humanidad sí ha conocido a Dios, o sea, ha tenido la posibilidad de saber de él por medio de lo que en teología se denomina la “revelación general”; el universo, la tierra y todo lo que en ella habita. 

 

Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (1) (Rm 1:20). 

 

Como si todo esto fuera poco, el hombre tiene una conciencia innata de la existencia y poder de Dios (Rm 2:15). Por esta razón, en el día del juicio no habrá excusa para quienes prefirieron negarlo. 

 

Negar a Dios exige un gran esfuerzo, un gasto de energía mental similar al de alguien que esconde una vida paralela. El Salmo 14 dice que los negadores de Dios son necios, lo que pareciera contradecir lo que vemos a diario, donde los personajes más ilustres no tienen relación con el Dios de la Biblia. Sin embargo, la negación de Dios no se relaciona tanto con necedad intelectual, sino con insensatez moral, con la absoluta imposibilidad de vislumbrar siquiera un ápice de la gloria de Cristo. Privarse de esto es la suprema insensatez.

 

La necedad lleva a la inmoralidad y esta última va aumentando como bola de nieve debido al descontrol humano. En los últimos años la descomposición valórica ha superado varios umbrales de ofensa contra Dios, son las mismas instituciones las que se modifican para dar cabida al pecado, son las leyes las que cambian para que el pecado sea normalizado.

 

Todos estos cambios se han dado en un lapso de tiempo increíblemente corto. Hace no más de 20 años minorías de diverso tipo dejaron de ocupar espacios marginales en la discusión pública y pasaron a convertirse en la expresión de grupos “oprimidos” por la estructura social, en una lectura marxista de tipo cultural, a la Escuela de Frankfurt. Con el tiempo estos grupos oprimidos se supieron instalar estratégicamente en espacios de poder y su tímida reivindicación ha pasado a ser el discurso dominante de prácticamente todo occidente. ¿Cómo lo hicieron en tan poco tiempo? ¿quién los respalda? Para un cristiano es fácil suponer quién está detrás de todo. Fueron exitosos en la implementación de programas de adoctrinamiento cultural, difundidos por prácticamente la totalidad de los medios de comunicación y absolutamente toda la industria de la entretención. No exagero al decir que se trata de una modificación a escala planetaria de ciertas pautas culturales, relacionadas a la moral sexual principalmente, situación sin precedentes en la historia de la humanidad, y cuya rapidez ha sido posible gracias a las nuevas tecnologías de la información y comunicación digital. 

 

Cuando pautas anti-bíblicas se convierten en institucionales, el pecado ya no es solo de carácter individual, es la sociedad completa la que condesciende en desafiar a Dios. Las instituciones -las leyes- operan con fuerza coercitiva, se imponen a los individuos, adquieren vida independiente de sus “creadores” y se defienden ante los discursos que las cuestionan. El matrimonio entre personas del mismo sexo, el aborto, la despenalización del consumo recreativo de drogas y la adopción homoparental son algunos ejemplos de ofensas institucionales a Dios.

 

Las valoraciones se invierten, los principios bíblicos pasan a ser “discursos de odio” y lo que el cristiano considera “bueno” es rechazado como algo “malo” por la sociedad-mundo. Como tantas otras veces, Dios ya nos había advertido que pasaría esto. 



[1] A propósito de Romanos 1:20, recordé una hermosa cita que expande la significación de este versículo: “Dios hizo al hombre pequeño y el universo grande para decir algo acerca de sí mismo.” – John Piper

 

domingo, 13 de diciembre de 2020

Estudio capítulo 12 de Hechos

 



Herodes mata a Jacobo y encarcela a Pedro 

Dos situaciones lamentables para la Iglesia se presentan en este capítulo: la persecución desde el poder político y el uso utilitarista del padecimiento cristiano como moneda de cambio por la simpatía de los judíos. En ambos casos, la iglesia experimenta sufrimientos injustos, pero que en definitiva son por causa del nombre de Cristo.

 

El capítulo comienza con Herodes Agripa I (nieto de Herodes el Grande) el que reinó entre 37 y 44 d.C. Fue nombrado gobernador de Palestina en el 41 d.C. y siempre buscó congraciarse con los judíos por medio de la persecución de los cristianos (1). La muerte a espada a Jacobo, el primer apóstol mártir, da cumplimiento a las palabras de Cristo en Marcos 10:39, cuando indica el tipo de muerte que tanto Jacobo como su hermano Juan enfrentarían “A la verdad, del vaso que yo bebo, beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados”. El texto también menciona que Herodes “echó mano a algunos” de la iglesia para maltratarles.

 

El ataque de Herodes continuó y el siguiente afectado fue el apóstol Pedro. Aprovechando los días de la fiesta de los panes sin levadura (siete días después de la Pascua), Herodes mandó a encarcelar a Pedro asegurándose con cuatro grupos de soldados que su prisión fuera insalvable. La idea de encarcelar a Pedro era hacerle un “guiño” a los judíos, pues después de la festividad Herodes se proponía sacarlo de la cárcel (Hch 12:4).  Mientras tanto, la iglesia de Cristo no cesaba de orar por Pedro. 

 

Pedro es liberado de la cárcel 

 

Dios es soberano, no tenemos duda de aquello, e interviene en las circunstancias humanas frustrando los propósitos de los hombres. El episodio relatado en este pasaje es un claro ejemplo de aquello.

 

La condición de Pedro en la cárcel era de “alta seguridad”, “estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta custodiaban la cárcel” (Hch 12:6). Esta situación hacía imposible que Pedro pudiera liberarse por si mismo, recordemos además que en caso de fuga los vigilantes eran castigados con su propia muerte. 

 

En este escenario la intervención divina a través de un ángel sucede de forma sutil e inadvertida, salvo para el propio Pedro. Sucedieron acontecimientos milagrosos como la iluminación de la cárcel por una luz resplandeciente (Hch 12:7), la caída automática de las cadenas que ataban a Pedro (Hch 12:7) o las puertas de hierro de la cárcel que se abrieron por si solas (Hch 12:10). El apóstol no sabía si lo que le estaba pasando era realidad o un sueño, recordemos que recientemente había tenido la visión del lienzo lleno de cuadrúpedos terrestres, reptiles y aves del cielo (Hch 10:10-16). Por esta razón, su mente humana podría verse afectada en la normal percepción de las cosas. Ya estando fuera de la cárcel Pedro vuelve en si y se convence de la realidad de lo vivido “Ahora entiendo verdaderamente que el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de la mano de Herodes, y de todo lo que el pueblo de los judíos esperaba” (Hch 12:11).

 

El libro de Hebreos presenta a los ángeles con una función particular “¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?” (He 1:14). Más que un rol “esotérico” o de “guardia personal”, el ministerio angelical es puesto en servicio del Reino de los Cielos y de todos los que por la gracia de Dios son partícipes. Interesante es contrastar la acción de este ángel en la liberación de Pedro con el concepto de “ángel de la guarda” que tenía la familia de María.

 

Pedro visita la casa de María, la madre de Juan Marcos 

 

Al salir de la cárcel Pedro busca refugio en la casa de María, la madre de Juan Marcos. Había amistad entre Pedro y la casa de María, los cuales también tenían parentezco con Bernabé, por lo que se trataba de hermanos y además personas muy cercanas. Además, mientras el apóstol estuvo preso en la cárcel, la casa de Maria estuvo en constante oración por la situación de Pedro, “La oración eficaz del justo puede mucho” (St 5:16).

 

Sin embargo, aún cuando oraron incesantemente por Pedro, les pareció poco creíble que el apóstol estuviera llamando desde fuera de la casa. Cuando Rode reconoció la voz de Pedro, en vez de abrirle la puerta corrió al interior a contar lo que estaba viendo, y los que estaban dentro, en vez de creer que Pedro había sido liberado dijeron: “¡¡Es su ángel!!” (Hch 12:15). Esta mención da cuenta de la supertición judía del “ángel guardián”, el que en algunos casos podía tomar la propia apariencia de la persona guardada. 

 

Ya habiendo ingresado a la casa de María, el apóstol les narra su experiencia en la cárcel y la manera milagrosa en que fue liberado. Finalmente Pedro “salió, y se fue a otro lugar” (Hch 12:17). Hasta el día de hoy no sabemos hacia qué lugar se dirigió el apóstol, esta es la última mención de Pedro en el libro de Hechos. “Luego que fue de día, hubo no poco alboroto entre los soldados sobre qué había sido de Pedro” (Hch 12:18). La fuga llegó a conocimiento de Herodes, el cual decide matar a los guardias. 

 

Muerte de Herodes 

 

Finalmente se registra la muerte de este rey. Como era de esperarse, muere asociado a circunstancias que dan cuenta de su maldad y antagonismo con Dios. 

 

Herodes estaba enojado con unos embajadores de Tiro y de Sidón, lugares que estaban fuera de la jurisdicción de Herodes. Como el enojo del rey no era favorable a los embajadores, vinieron a establecer un acuerdo de paz con Herodes (acuerdo posible previo soborno de Blasto, camarero del rey).

 

Entonces Herodes optó por hacer la paz con los embajadores y los invita a un espectáculo de cierre, con la idea de sobresalir y mostrar su gloria sobre ellos. Es conocida la cita del historiador judío Josefo sobre este mismo acontecimiento: “Herodes se puso ropa hecha totalmente de plata, de una contextura totalmente asombrosa, y entró al teatro temprano en la mañana; en aquel momento la plata de sus ropas iluminó el suave reflejo de los rayos del sol, y brillaban de una manera sorprendente” (Antiguedades XIX, vii 2) (2)

 

Ante esta situación el pueblo trató de halagar a Herodes gritando “Voz de Dios, y no de hombre” (Hch 12:22). Josefo dice que Herodes no rechazó este reconocimiento, pues “no los reprendió, ni rechazó esos halagos impíos” (Antiguedades XIX, vii 2).

 

La acción de Dios no se hizo esperar, “Al momento un ángel del Señor le hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios; y expiró comido de gusanos” (Hch 12:23). Nuevamente un ser angélical aparece en la narración.

 

El avance del Reino de Dios

 

A pesar del ataque del poder político de la época, la Palabra de Dios seguía creciendo y multiplicándose (Hch 12:24). Este reporte del progreso de la Palabra de Dios se suma a muchos otros que Lucas hace sobre el avance del Reino de Dios (Hch 4:4, 6:7, 9:42, 12:24, 13:48-49, 17:4, 17:12, 17:34, 19:20). 

 

Desde este momento en adelante la narrativa del libro de Hechos cambia y se centra en los ministerios de Bernabé y Pablo.



[1] Extraído de Biblia de Estudio MacArthur, Grupo Nelson, USA, 2011. Pág. 1502.

[2] Extraído de Comentario MacArthur del Nuevo Testamento, Hechos, Portavoz, USA, 1994. Pág. 316.

sábado, 7 de noviembre de 2020

Estudio capítulo 11 de Hechos



Pedro es cuestionado por compartir en la casa de Cornelio

 

Hasta Jerusalén llegó la noticia que Pedro había entrado en la casa de un gentil y había comido con él. La Biblia dice que creyentes judíos le cuestionaron a Pedro el haber hecho esto “¿Por qué has entrado en casa de hombres incircuncisos, y has comido con ellos?” (Hch 11:3). Ahora queda más claro el por qué Dios le confirma a Pedro el deber de visitar a Cornelio (Hch 10:19-20), pues probablemente, de no mediar esa intervención divina, Pedro no habría aceptado la invitación de los enviados por Cornelio desde Cesarea. 

 

Pedro narra la visión que recibió de Dios

 

Ante este cuestionamiento, Pedro respondió contando en detalle la experiencia vivida en el éxtasis durante su permanencia en Jope. Como es sabido, un gran lienzo desciende desde el cielo, con animales terrestres, fieras, reptiles y aves, mientras una voz celestial le ordena matar y comer. Como era de esperarse, Pedro rechaza aquella instrucción reclamando que jamás ha comido algo inmundo en su vida, a lo que la voz del cielo le responde “Lo que Dios limpió, no lo llames tú común” (Hch 11:9). La situación se repitió tres veces y luego el lienzo volvió a subir al cielo, lo que simboliza la “procedencia” del mensaje.

 

Pedro cuenta su ministerio en casa del centurión

 

Pedro fue comprendiendo paulatinamente el significado de la visión recibida, la cual transmitía la apertura oficial del Reino de Dios hacia los gentiles, además de la abrogación de las legislaciones alimentarias del Antiguo Testamento. Probablemente, cuando llegaron los enviados de Cornelio, el apóstol Pedro no comprendía aún la revelación en su totalidad, por lo que Dios tuvo que indicarle explícitamente cómo proceder ante la invitación de los de Cesarea “Y el Espíritu me dijo que fuese con ellos sin dudar” (Hch 11:12). Sólo con esta declaración Pedro estuvo confiado en participar de la comunión con incircuncisos. 

 

Las palabras de Dios predicadas por Pedro resultarían en salvación para Cornelio y todos los que estuvieron presentes en su casa. En éstos fue derramado el Espíritu Santo de la misma manera en que recayó sobre los apóstoles y discípulos en Hechos 2. Esta era una situación muy sorprendente para un judío, pues siempre pensaron que el don del Espíritu era privativo de los de la circuncisión.

 

Al observar la situación Pedro recuerda las palabras de Cristo, que los creyentes serían bautizados en el Espíritu Santo. Las restantes palabras de Pedro en el versículo 17 muestran que los apóstoles tenían una adecuada y muy balaceada percepción de si mismos. En efecto, si Dios concedía el don del arrepentimiento y salvación a los gentiles “¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios?”, dice Pedro. La cabeza y suprema autoridad de la Iglesia es el Señor y sus instrucciones no deben ser discutidas ni comentadas por los hombres, pues ¿quién somos nosotros para cuestionar el proceder de Dios?.

 

Finalmente, los creyentes judíos que cuestionaron a Pedro cambiaron su punto de vista y se gozaron en que los gentiles recibieran la posibilidad de arrepentimiento para vida.

 

La iglesia comienza a predicar a los gentiles

 

La iglesia cristiana comienza a tomar un nuevo lugar en Antioquía de Siria, esta localidad se constituirá en la “base de operaciones” de las misiones de Pablo en lo sucesivo. Hasta este momento, los esparcidos producto de la persecución que siguió a la muerte de Esteban predicaban el evangelio sólo a judíos, sin embargo ya habían algunos evangelistas en Chipre y en Cirene que también le hablaban a los griegos. Lo importante es que todo esto contaba con el respaldo del Señor, lo que se traducía en un gran número de creyentes convertidos a Cristo (Hch 11:21). 

 

Estas conversiones llegaron a oídos de la iglesia en Jerusalén, por lo que enviaron a Bernabé como delegado a observar la situación. Recordemos que tiempo atrás la iglesia de Jerusalén había enviado a Pedro y Juan a Samaria a observar lo sucedido con Felipe y el eunuco, ahora le correspondió a Bernabé la supervisión de los nuevos acontecimientos que se estaban dando en Antioquía y alrededores. Bernabé tenía una conexión cultural con la zona, él era un chipriota judío de nacimiento, lo que le facilitaba su interacción con los nuevos conversos de Antioquía, sin duda mejor que la que podría tener un judío que jamás había salido de Judea. Bernabé se alegró al ver la gracia de Dios siendo derramada tanto en judíos como gentiles y exhortó a la congregación naciente a perseverar en el Señor. La confirmación de la presencia poderosa del Señor en este ministerio fue nuevamente que “una gran multitud fue agregada al Señor” (Hch 11:24). 

 

Considerando tal situación de crecimiento, Bernabé fue a Tarso en búsqueda de Pablo. Esta no sería una tarea fácil, pues habían transcurrido al menos tres años desde que Pablo había huído a Jerusalén (Hch 9:30). Probablemente Pablo estaba enfrentando una situación compleja producto de su conversión al cristianismo (Fil 3:8). No obstante, la misión de Bernabé fue exitosa y la voluntad de Dios se hizo visible al traer a Pablo a Antioquía, lugar donde ambos enseñaron durante un año. En Antioquía “a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez” (Hch 11:26).

 

El profeta Agabo

 

La Biblia destina la sección final del capítulo a describir la llegada a Antioquía de un grupo de profetas procedentes de Jerusalén, lo que indicaría que el oficio profético tal como lo conocemos desde el Antiguo Testamento aún tenía vigencia en este periodo. Entendemos que eran profetas verdaderos, pues el contenido de su predicción se cumplió con exactitud. Suponemos que eran cristianos, ya que procedían de Jerusalén y se dirigían a Antioquía, a interactuar con creyentes. Uno de los mencionados, Agabo, predijo una hambruna en los tiempos de Claudio (emperador romano entre 41 y 54 DC), lo que sirvió a los hermanos de Antioquía a preparar ayuda para los de Judea. Al parecer este Agabo sería el mismo profeta que aparece mencionado en el capítulo 21 de Hechos, profetizando nuevamente una situación que encontraría pleno cumplimiento tiempo después.

 

 

domingo, 1 de noviembre de 2020

Estudio capítulo 10 de Hechos

 


Visión de Cornelio

 

El capítulo comienza con Cornelio, uno de los sesenta oficiales que conformaban una legión romana, la cual dirigía cien hombres (1). Este Cornelio era un “temeroso de Dios”, lo que corresponde a un creyente en el Dios de la Biblia, respetuoso de la ley y de los rituales judíos, pero que no había incorporado por completo los elementos culturales propios del judaísmo, como por ejemplo la circuncisión. La Biblia es generosa con la descripción de Cornelio, se dice que era un varón “piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre” (Hch 10:2), lo que con toda seguridad lo hacía bienvenido en las sinagogas y en los círculos hebreos. Sin embargo, existía un claro muro de separación entre los miembros del pueblo del pacto y los gentiles, o sea, los que no eran judíos.

 

Este hombre temeroso recibe una visión de parte de Dios, al parecer sus buenas obras tendrían conexión causal con la revelación que se le dio, pues el ángel le dice “Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios” (Hch 10:4). En el sueño, el mensajero de Dios le pide que envíe hombres a buscar al apóstol Pedro, que se encontraba en la localidad marítima de Jope, instrucción que Cornelio obedece de inmediato “Ido el ángel que hablaba con Cornelio, éste llamó a dos de sus criados, y a un devoto soldado de los que le asistían; a los cuales envió a Jope, después de haberles contado todo” (Hch 10:7-8).

 

La revelación por sueños a Cornelio es la primera que aparece en este capítulo y veremos que su propósito final es que él pueda oir el poderoso mensaje del evangelio. La conversión de Cornelio también demostraría que la salvación no es asunto privativo de los judíos, se trataría del primer caso de un gentil convertido a Cristo por obra de un apóstol, recordemos que anteriormente el etíope eunuco, también gentil y temeroso de Dios, fue llevado a Cristo por la predicación de Felipe, uno de los siete servidores.

 

Visión de Pedro

 

Mientras los enviados de Cornelio iban en busca de Pedro, Dios también le revela al apóstol su propósito. Con toda probabilidad, esta abundancia de revelación divina se relaciona con la suprema importancia de los acontecimientos que se estaban llevando a cabo, los cuales constituyen hitos en la historia de la redención, el apóstol Pedro estará abriendo la puerta del evangelio a los gentiles, lo que es una manera de entender las palabras del Señor pronunciadas en Mateo 16:19 “Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos”. 

 

Pedro se encontraba en la casa de Simón curtidor, y a la hora sexta se dirigió a la azotea con el objetivo de apartarse para la oración, momento en que le vino gran hambre. Este es el contexto del éxtasis en que recibe la revelación, la cual se relaciona con comida. Pedro observa un gran lienzo, lo que podría ser algo así como una sabana que se despliega en el cielo, o como las velas de los barcos antiguos cuando se inflaban por efecto del viento. Esta sábana le mostraba todos los cuadrúpedos terrestres, reptiles y aves existentes, tanto limpios como inmundos. Al momento que se desplegaba el lienzo una voz le dice, “Levántante, Pedro, mata y come” (Hch 10:13) lo que era una orden abiertamente contraria a la ley de Moisés (Lv 11:25-26), por lo cual Pedro responde “Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás” (Hch 10:14). Nuevamente la voz le habla a Pedro y le hace una suave interpelación “Lo que Dios limpió, no lo llames tú común” (Hch 10:15). La situación se repitió tres veces, al parecer para eliminar cualquier tipo de duda, y el lienzo volvió a ser recogido desde el cielo, confirmando de esta manera la procedencia del mensaje.

 

Los enviados de Cornelio visitan a Pedro

 

Finalizada la revelación, llegan los hombres enviados por Cornelio al lugar donde se encontraba Pedro, los que tenían por misión llevarlo a Cesarea. Mientras Pedro seguía reflexionando en la visión el mismo Espíritu Santo le avisa “He aquí, tres hombres te buscan. Levántate, pues, y desciende y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado” (Hch 10:19-20). Esta instrucción de Dios le permite a Pedro aceptar sin problemas la invitación de los enviados de Cornelio, que eran gentiles. No hay que olvidar que la comunión de judíos con gentiles era algo muy mal visto entre los judíos. El rechazo hebreo no era tanto hacia la persona gentil, sino a los alimentos que ellos consumían, pues no diferenciaban entre animales limpios e inmundos. Esa era la causa de fondo de la negativa hebrea a compartir la mesa con los gentiles. 

 

Pedro les pregunta a los enviados, ¿cuál es la causa por la que habéis venido? (Hch 10:21), y ellos les revelan la situación. Pedro hace entrar a los enviados por Cornelio, los hospeda y al día siguiente los acompaña en dirección a Cesarea. 

 

Pedro y Cornelio se encuentran

 

Al día siguiente llegaron a Cesarea donde no sólo el centurión los esperaba, sino también los parientes y amigos más íntimos de Cornelio, todos esperando oir las palabras de Pedro. Cornelio ya ponderaba la importancia de las palabras que iba a escuchar, por lo que se aseguró que su gente más querida también tuviera la posibilidad de oir.

 

“Cuando Pedro entró, salió Cornelio a recibirle, y postrándose a sus pies, adoró” (Hch 10:25). Al parecer Cornelio consideró a Pedro como una persona divina, pues se arrodilló en “adoración”. Pedro de inmediato le ordena levantarse y sin mayor parsimonia le dice “¡Ponte de pie, yo soy un ser humano como tú!” (Hch 10:26 NTV). Una situación similar a ésta se narra en Apocalipsis 19:10.

 

Al ingresar a la casa de Cornelio y comenzar con su disertación Pedro ya ha comprendido el significado de la visión que recibió el día anterior. En un sentido inmediato la revelación le comunicó que no hay alimentos inmundos, la norma veterotestamentaría había sido abrogada. Además, en un sentido más amplio también significa que no hay hombres comunes o inmundos “a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo” (Hch 10:28). Reunidos todos, el momento cúlmine estaba por comenzar, la predicación del evangelio y el nuevo nacimiento llegarían también a Cornelio y su entorno más cercano. Cornelio sabía que estaba ante la presencia de Dios, comprendía que las palabras que escucharía de parte del apóstol eran palabras del Dios vivo “Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado” (Hch 10:33). 

 

Predicación de Pedro

 

“Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia” (Hch 10:34-35). Pedro comienza su exposición reconociendo que el evangelio es pertinente a toda criatura, sin excepción. Este “no hacer diferencias” entre las personas es una expresión que queda marcada en el apóstol, el cual la repite en su primera carta, “Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación” (1º Pe 1:17).

 

La predicación de Pedro relata como Cristo predicó el mensaje de la paz a los hijos de Israel (Hch 10:36), haciendo señales y milagros por el Espíritu Santo. Pedro fue testigo presencial tanto de la muerte como de la resurrección del Señor, por lo que las proclamó con toda vehemencia. El Cristo resucitado no fue manifestado a todo el pueblo “sino a los testigos que Dios había ordenado de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos” (Hch 10:41). No obstante, la predicación y testificación sí fue una comisión de Dios para todo su pueblo redimido, sin excepción. La predicación apostólica es de continuidad con la de los profetas, con la diferencia que la obra expiatoria del Mesías ya ha sido consumada. El llamado es a la fe y al arrepentimiento, para así recibir el perdón de pecados por su nombre (Hch 10:43).


El Espíritu Santo es derramado en el entorno de Cornelio

 

Todo este proceso de revelaciones y predicación tuvo por propósito que tanto Cornelio como su entorno cercano alcanzaran salvación de la forma en que Dios lo estableció, mediante la predicación de Cristo crucificado en expiación por el pecado, único nombre dado a los hombres en el cual se puede hallar salvación.

 

El sello del Espíritu Santo recayó en Cornelio y en todo el grupo de oyentes de las palabras de Dios predicadas por el apóstol Pedro. Los judíos que fueron a presenciar este encuentro se impresionaron al ver al Espíritu Santo derramándose sobre los gentiles, siendo la expresión visible de este acontecimiento el que “hablaban en lenguas y magnificaban a Dios” (Hch 10:46). De ninguna manera esta situación se prestó para celos, más bien hubo contentamiento en que los gentiles fueran también partícipes del don de Dios. Cuando los otros apóstoles supieron que el Espíritu Santo había caído también en los gentiles “… glorificaron a Dios, diciendo: !!De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!” (Hch 11:18).

 

Al igual que el Eunuco etíope, Cornelio y sus cercanos una vez que creyeron al evangelio, fueron bautizados en agua, en el nombre del Señor Jesús (Hch 10:48). 

 

 

 

 

 

 (1) Biblia de Estudio, John MacArthur, Grupo Nelson, 1997.

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