domingo, 26 de mayo de 2024

El infinito Dios participa de las bodas de Caná

 


Al tercer día se hicieron unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús. Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos. Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino.Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora.Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere. Y estaban allí seis tinajas de piedra para agua, conforme al rito de la purificación de los judíos, en cada una de las cuales cabían dos o tres cántaros. Jesús les dijo: Llenad estas tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba.Entonces les dijo: Sacad ahora, y llevadlo al maestresala. Y se lo llevaron. Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de dónde era, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo, 10 y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior; mas tú has reservado el buen vino hasta ahora. 11 Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.

 

12 Después de esto descendieron a Capernaum, él, su madre, sus hermanos y sus discípulos; y estuvieron allí no muchos días.


Juan 2:1-12

 

El infinito Dios participa de las bodas de Caná

 

Este pasaje narra el primer hecho sobrenatural realizado por el Señor, una "señal" según el versículo 11. Se trata de un milagro cotidiano, en el marco de una boda judía. Caná puede ser "Kefar Kanna", ubicada a unos 5 km de Nazaret o "Khirbet Cana", a unos 13 km, ambos sitios son lo suficientemente cercanos a Nazaret como para explicar por qué los anfitriones conocían a la familia de Jesús. Debemos tener presente que las bodas de aquel tiempo duraban siete días y los anfitriones se esforzaban por invitar a la mayor cantidad de gente posible.

 

Resulta que un elemento clave de la boda -el vino- se había acabado y al parecer nadie se había percatado de esto, ni siquiera el maestresala, por lo que se infiere del verso 10. Este "error" no era menor y podía dar lugar a un motivo de burla por mucho tiempo para la familia anfitriona. El lugar para las mujeres estaba cerca de donde se almacenaba el vino, de modo que María -la madre del Señor- pudo advertir la escasez y dar la alerta, lo que demuestra lo cercana que era a los organizadores de la boda.

 

Como mencionamos, esta situación muestra al Señor participando en eventos propios de las relaciones humanas más sencillas, como lo es una fiesta de matrimonio. De esta manera, el Dios del universo hecho hombre (Jn 1:14), el que no fue reconocido por el mundo que el mismo creó (Jn 1:10), el que era Dios desde toda la eternidad (Jn 1:1), también tenía la capacidad de vincularse con la humanidad en una celebración cualquiera, y además contribuir en continuar el festejo proveyendo del vino necesario para "alegrar el corazón" (Ec. 9:7).


Desde siempre ha parecido que la respuesta de Cristo a la frase de María "no tienen vino" es poco amable y desproporcionada. Sin embargo, eso sucede porque la narrativa no incorpora indicaciones sobre el tono de voz con que se debe leer. La expresión "mujer" del verso 4, en el griego original, expresa compasión y no molestia. Aún no era el tiempo para que Jesús se revelara públicamente como el Mesías, la conversión del agua en vino es una señal para la posterioridad, más que un milagro para la vista de los presentes. Como señala un comentarista, el Señor pudo haber dicho: "Una vez que comience a hacer milagros, comenzaré el camino hacia la cruz" (1).

 

Un símbolo es un elemento u objeto material que representa o es representativo de otra cosa, sea una entidad, idea, característica, persona, etc. En este milagro inicial de Cristo tiene un rol principal el vino, elemento que simboliza su preciosa sangre vertida en la cruz del calvario, "Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados" (Mt 26:27-28). De esta manera, podríamos plantear que la conversión del agua en vino es una ilustración simbólica de la futura obra de expiación de Cristo en la cruz. Sólo el Señor tiene la capacidad sobrenatural de transformar el agua corriente, sin sabor y muchas veces sin valor, en un delicioso vino, apreciado por la gente. De la misma manera, sólo Cristo pudo entregar su vida y verter su sangre en lugar de los pecadores para lograr su redención (2° Co 5:21). 


La redención es una expresión hebrea que indica liberación, donde el "rescatador" debe pagar un precio en favor del "rescatado". Adán transgredió y hundió a la humanidad en el pozo del pecado. De gozar de las bondades del Edén y de la comunión directa con Dios, el hombre pasó a habitar un mundo hostil y lleno de dolores. El rescate que pagó Cristo en el calvario nos asegura la liberación del pecado y del dolor de este mundo hostil, y de paso nos promete una situación mucho mejor que en el mismo Edén. Eso es la redención, el acto de liberar a alguien de un padecimiento pagando un rescate, para luego, estando liberado, vivir en una situación mejor que la anterior.

 

Creemos que el comentario del maestresala al esposo: "más tú has reservado el buen vino hasta ahora" (v. 10) aporta algo que va más allá de su mero significado literal. En un comienzo la boda contó con un buen vino, el que posteriormente se agota dejando a la boda sólo con agua. En esta situación intervino el Señor sobrenaturalmente convirtiendo el agua en vino de altísima calidad. Si consideramos las veces que en el Nuevo Testamento el vino se asocia simbólicamente a la sangre de Cristo, podemos concluir, sin temor de ir más allá del texto, que este milagro de conversión es una analogía del paso del hombre en su situación de esclavitud del pecado -las 6 tinajas de agua para la purificación ceremonial- a la condición de hombre redimido por la sangre de Cristo -el agua convertida en vino- obra realizada por el Señor vertiendo su sangre en nuestro favor (Hch 20:28). Pasamos entonces de una situación socialmente incómoda, una boda con seis tinajas de agua, a una situación sobrenaturalmente mejorada, donde los invitados pueden disfrutar del mejor vino existente. Una ilustración de la redención.



[1] Craig S. Keener, Comentario del Contexto Cultural de la Biblia. Nuevo Testamento. Editorial Mundo Hispano, Colombia, 2019. Pág. 264.




martes, 30 de abril de 2024

Fulano

 


"Booz subió a la puerta y se sentó allí; y he aquí pasaba aquel pariente de quien Booz había hablado, y le dijo: Eh, fulano, ven acá y siéntate. Y él vino y se sentó. Entonces él tomó a diez varones de los ancianos de la ciudad, y dijo: Sentaos aquí. Y ellos se sentaron. Luego dijo al pariente: Noemí, que ha vuelto del campo de Moab, vende una parte de las tierras que tuvo nuestro hermano Elimelec. Y yo decidí hacértelo saber, y decirte que la compres en presencia de los que están aquí sentados, y de los ancianos de mi pueblo. Si tú quieres redimir, redime; y si no quieres redimir, decláramelo para que yo lo sepa; porque no hay otro que redima sino tú, y yo después de ti. Y él respondió: Yo redimiré.

 

Entonces replicó Booz: El mismo día que compres las tierras de mano de Noemí, debes tomar también a Rut la moabita, mujer del difunto, para que restaures el nombre del muerto sobre su posesión. Y respondió el pariente: No puedo redimir para mí, no sea que dañe mi heredad. Redime tú, usando de mi derecho, porque yo no podré redimir."

 

Rut 4:1-6

 

Conocida es la historia. La primera opción para redimir la tierra de Noemí, o sea, comprarla y con ello también asumir la responsabilidad de cuidar a Noemí la tenía el pariente más cercano. Este pariente tenía la preferencia para llevar a cabo el negocio, y en caso que rechazara hacerlo, la prioridad la tenía el pariente con la siguiente mayor cercanía, en este caso Booz. Sabemos que finalmente Booz terminó redimiendo, adquiriendo la tierra y con ello, el cuidado tanto de Noemí como de Rut.

 

En esta oportunidad el énfasis no lo quiero poner en Rut, Noemí o Booz, sino en aquel pariente más cercano que teniendo la prioridad de redención finalmente deserta. En primer lugar, llama la atención algo: los nombres de los personajes de esta historia están revelados, Noemí, Rut y Booz, sabemos que terminaron formando parte del linaje mesiánico, siendo ascendientes cercanos del rey David. En otras palabras, estos tres nombres, especialmente el de Rut, no han sido olvidados en el infinito mar de los hombres existentes en la historia de la humanidad. Entraron por la "puerta grande", la puerta de la historia de la redención.

 

Sin embargo, y en contraste con los tres personajes recién mencionados, la cuarta persona interviniente en esta historia es aludido simplemente como "fulano", expresión similar a cuando uno llama "amigo" o "estimado" a alguien que no conoce por su nombre, aunque con un toque de desprecio. La pregunta surge, ¿por qué razón la Palabra de Dios no revela el nombre de este "fulano", siendo que a los demás personajes sí los identifica? La respuesta es sencilla: este "fulano" no estuvo a la altura de las circunstancias, su decisión de no redimir lo excluyó de la gran historia del plan de Dios. 

 

Este "fulano" tuvo la oportunidad de redimir el campo de Noemí, pero rehusó hacerlo porque Booz le advirtió: "El mismo día que compres las tierras de mano de Noemí, debes tomar también a Rut la moabita, mujer del difunto, para que restaures el nombre del muerto sobre su posesión" (v. 5). Al parecer el "fulano" razonó de la siguiente manera: hacerse cargo de Noemí era una carga que podría llevar, pero casarse con Rut implicaba la posibilidad de tener un heredero al que tendría que traspasarle el campo, por lo que la redención no era tan buen negocio. Este "fulano" es el arquetipo del hombre oportunista que solo vela por su beneficio inmediato, que no tiene interés en Dios ni en lo espiritual. Por el contrario, Booz supo ver en Rut el valor de una mujer espiritual, de alguien que en un momento de crisis en vez de decidir lo conveniente -como irse y casarse con un joven- opta no sólo por quedarse con su suegra Noemí, sino que le dice: "tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios" (Rut 1:16). 

 

Más de tres mil años después sigue resonando el nombre de Rut y de Booz, la misma Biblia se encarga que la memoria de estos nombres se perpetúe. Booz optó por vincular su historia personal a la historia de la redención, en cambio el "fulano" optó según la conveniencia temporal. Salvo su entorno inmediato, nadie conoció su nombre. 

 

Procuremos tener vidas insertas en el plan de Dios, imitando a Cristo en todo momento, haciendo su voluntad. No olvidemos "andar como él anduvo" (1° Jn 2:6).

domingo, 31 de marzo de 2024

Adornando la doctrina de Dios

 


Tito 2:1-5

 

"Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Que los ancianos sean sobrios, serios, prudentes, sanos en la fe, en el amor, en la paciencia. Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien; que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada".

 

El apóstol Pablo exhorta a Tito a predicar de acuerdo a la sana doctrina, la cual es el cuerpo de enseñanzas que la iglesia apostólica estimaba como contenido profético de parte de Dios (2° Pe 3:16). La sana doctrina está en abierta oposición a las enseñanzas de los falsos maestros, tantas veces denunciados por el mismo Pablo en sus distintas cartas, al parecer las enseñanzas de estos falsos hermanos estaban menoscabando la estructura de las familias. Por esta razón, en Tito 2:1-10 la sana doctrina se relaciona preferentemente con aspectos prácticos en la vida familiar del cristiano. 

 

Obedecer al Señor implica no sólo predicar o hablar, sino vivir la sana doctrina. Vivir en obediencia es un deleite para el cristiano, pues saber que se está en la voluntad de Dios trae paz y gozo al corazón, lo opuesto que genera el pecado. Vivir en obediencia trae bendición espiritual a la vida. Quiero destacar que en este pasaje hay una implicancia que no siempre se hace notar: "una conducta acorde a la sana doctrina hará que el cristiano se gane el respeto de otros, ese respeto honra al Señor y a su palabra". Las enseñanzas prácticas de este pasaje buscan evitar que el entorno romano acusara al cristianismo de ser subversivo, de promover un estilo de vida familiar distinto al tradicional. Una mala conducta en este ámbito conducía rápidamente a los gentiles a blasfemar contra Dios. Además, acusar de subversión al cristianismo habría significado más persecución para el pequeño pero creciente número de creyentes.

 

Estamos seguros que las exhortaciones a la vida práctica que hace Pablo en estos versículos tienen varios efectos positivos (en caso que sean obedecidas): mejoran las relaciones humanas, dotan de mayor armonía al entorno familiar, además podrían "minimizar" la posibilidad de problemas cotidianos que suelen surgir de la interacción humana. Sin embargo -y eso es lo que quiero destacar- el propósito general de todas estas exhortaciones prácticas aparece en el versículo 5: "... para que la palabra de Dios no sea blasfemada". Dicho de otra manera, las instrucciones para la vida familiar no tienen por objetivo principal el traer "bendiciones de todo tipo" a los creyentes, sino que buscan ante todo que Dios sea glorificado en la conducta de su iglesia, ya que su palabra no será blasfemada por los observadores que hay alrededor. El propósito último del cristiano es honrar al Señor y la conducta práctica es una de las principales maneras de glorificar a Dios. Por lo tanto, la principal motivación que tenemos en ser obedientes es glorificar al Señor, antes incluso que lograr sus beneficios.

 

Tito 2:9-10

 

"Exhorta a los siervos a que se sujeten a sus amos, que agraden en todo, que no sean respondones; no defraudando, sino mostrándose fieles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador".

 

El pasaje repite la idea: "para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador". Nuevamente se hace explícito que las exhortaciones antes expuestas tienen por propósito "adornar la doctrina", la cual proviene de Dios. Por lo tanto, se refuerza la idea que la conducta práctica del creyente tiene por propósito último el glorificar al Señor.

 

Timoteo 6:1

 

"Todos los que están bajo el yugo de esclavitud, tengan a sus amos por dignos de todo honor, para que no sea blasfemado el nombre de Dios y la doctrina".

 

Cuando Pablo le escribe a Timoteo también exhorta a los amos a tener una buena conducta con sus esclavos. Nuevamente, el énfasis es que una mala conducta de parte de un cristiano gatillaría el comentario negativo desde el mundo, dando pie a la blasfemia contra el Señor.

 

En todos estos pasajes queda claro que la conducta obediente del creyente honra al Señor, glorifica su nombre. En segundo plano aparecen las consecuencias positivas y benéficas de la obediencia. Ante todo, el creyente debe estar consciente que es un representante imperfecto de Cristo en la tierra, y que la manera en que conduzca su vida traerá gloria o blasfemia al nombre del Señor.

 

jueves, 29 de febrero de 2024

El Evangelio o las cosas de los hombres



Cuando el Señor Jesucristo adelantó a sus discípulos que sería crucificado y que resucitaría al tercer día, Pedro le respondió de una particular manera: "Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca" (Mt 16:22). Ante esta afirmación el Señor responde: "¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres" (Mt 16:23).

 

Tenemos que aceptar que "las cosas de los hombres" y "las cosas que hay en el mundo" (1º Jn 2:15) nos atraen naturalmente. "Las cosas de los hombres" se oponen a lo espiritual, sólo buscan el bienestar temporal de los mismos. Las cosas del mundo, por otro lado, despiertan los apetitos de la carne y su atractivo muchas veces nubla nuestra mente. ¿Cuántas veces hemos actuado con insensatez por conseguir algo que entrando por la vista se nos ha fijado en la cabeza? 

 

Las cosas de los hombres -o de este mundo- tienen un valor simbólico asociado, el que muchas veces importa más que el práctico. Por ejemplo, un reloj costoso transmite más significados que su mero valor práctico de dar la hora, lo mismo que un auto lujoso. Las cosas de este mundo -hechas para los hombres- sean bienes, objetos suntuarios, membresías, apariencias, etc. construyen reputación social, o sea, el grado de prestigio que los demás nos asignan. Por esta razón nos importa tanto saber que piensan los demás de nosotros. Este deseo de ser valorados, queridos, admirados permea prácticamente toda nuestra vida, y aspectos que no son malos en si mismos, como los estudios, el trabajo, el matrimonio, los hijos, la vivienda, las vacaciones, el poder adquisitivo, la apariencia física, entre otras, se convierten en "cosas de este mundo", con sentido pecaminoso, cuando se transforman en una métrica de quienes somos, de lo que hemos logrado, de nuestro prestigio social. 


La buena noticia es que el evangelio puede romper con esta valoración mundana. El hijo de Dios comienza a triunfar en su vida cristiana cuando -en relación al conocimiento de Cristo- pondera como basura o estiércol las "todas las cosas". Como escribió el apóstol Pablo: "Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo" (Fil 3:8).

miércoles, 31 de enero de 2024

Legalismo

 


Reflexionando sobre legalismo

 

La palabra "legalismo" ha sido un clásico insulto otorgado a los hermanos que buscan un estándar de conducta más estricto en las congregaciones. Normalmente los que propinan este calificativo son miembros "sofocados" por lo que ellos llaman prohibiciones a su libertad. Creo que esta situación muchas veces es injusta para los hermanos más estrictos. Vamos a intentar una pequeña reflexión sobre el legalismo, concepto que tiene algunas dimensiones que lo complejizan.

 

Un primer elemento del "legalismo", quizá el básico, es el que refiere a alguien que vive la religión obedeciendo normas que no han sido establecidas por Dios en la Biblia, sino que se han agregado a la fe por la tradición o dictámenes de hombres. El legalista, en este sentido, sería el hombre que obedece estrictamente estas reglas buscando un beneficio sin perder el prestigio del contexto religioso. Esta situación fue denunciada por el Señor cuando le señaló a los fariseos y escribas: "Pero vosotros decís: Basta que diga un hombre al padre o a la madre: Es Corbán (que quiere decir, mi ofrenda a Dios) todo aquello con que pudiera ayudarte, y no le dejáis hacer más por su padre o por su madre, invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido. Y muchas cosas hacéis semejantes a estas." (Mr 7:11-13). El apóstol Pablo también se refiere a esto cuando le expresa a los colosenses: "Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne" (Col 2:20-23).

 

Un segundo elemento del "legalismo" consiste en creer que la observancia de reglas de conducta, tanto bíblicas como no bíblicas, constituye un "mecanismo" de justificación del hombre para con Dios. De esta manera, el legalismo transgrede el corazón del evangelio y se constituye en una conducta herética. Este caso es claramente tratado por el apóstol Pablo: "¡Oh gálatas insensatos! ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado? Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne? ¿Tantas cosas habéis padecido en vano? si es que realmente fue en vano. Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe?" (Gal 3:1-5)

 

Un tercer caso de legalismo -mucho más sutil que los anteriores- corresponde al hombre que observa estrictamente la norma bíblica, pero su corazón está muy lejos de Dios, o sea, cumple con la ley sólo para imaginar que será recompensado por dicha obediencia. No hay una verdadera fe, no hay interés en conocer al Dios verdadero, sólo está el deseo de observar una norma y ser visto por los demás como alguien religioso. Un buen ejemplo de este caso es la exhortación del Señor Jesucristo contra el adulterio, en el sermón del monte (Mt 5:27-32), donde los aludidos, si bien no tenían relaciones sexuales ilícitas concretas, carecían de un "limpio corazón" (Mt 5:8).

 

Siguiendo en el Sermón del Monte, tanto la enseñanza del Señor sobre el adulterio, como sobre el falso juramento (Mt 5:33-37), sobre la venganza (Mt 5:38-42) o sobre el verdadero amor y su recompensa (Mt 5:43-48), corresponden a distintas maneras en que la Palabra de Dios nos llama a que nuestra conducta y modo de pensar sean producto de un corazón genuinamente transformado, que hace la voluntad de Dios tanto en lo público como en lo privado, o sea, con integridad, que agrada al Señor yendo al fondo de la ley: "amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mc. 12:31). 

 

De esta manera, de nada sirve agregar normativas a la vida cristiana, en especial si estas nunca fueron prescritas por Dios a través de su Palabra. Peor aún es poner la fe y confianza en ellas para salvación. Ambas expresiones de legalismo son relativamente sencillas de detectar. Sin embargo, la costumbre de observar preceptos bíblicos sólo para tener una reputación de religioso, o sólo "por cumplir", es la forma más peligrosa de legalismo en nuestros días. La vida cristiana que honra al Señor no se vive pensando en el qué dirán, sino en la convicción profunda de agradar al Dios que está detrás de la norma.

lunes, 25 de diciembre de 2023

Breve. La predicación que cita autores cristianos

 

¿Es adecuado citar autores cristianos en una predicación o ésta debiese remitirse solo al texto bíblico? 

 

Creo que es correcto utilizar autores cristianos. Razones:

 

I. Ciertos contenidos de la Escritura deben ser comprendidos por todos los salvos de Dios: "Mas el que fue sembrado en buena tierra, este es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno" (Mt 13:23). Como se puede ver, el "entendimiento" de la Palabra, en sus aspectos esenciales, es obligatorio en el salvo.

 

II. El apóstol Pedro, en su segunda carta, señala que hay aspectos en la Escritura que no son sencillos de comprender: "... como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición" (2º Pe 3:15-16). 

 

III. Lo anterior implica que alguien debe ser capaz de transformar los contenidos difíciles en fáciles, de modo que todos puedan entender al menos lo esencial. Los encargados de esta tarea -en el contexto de la iglesia- son los maestros, hermanos que tienen una especial habilidad para comprender y enseñar la Escritura. "Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas" (1º Co 12:28).

 

IV. La operación del don de maestro en el creyente supone la presencia del Espíritu Santo en él, "¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?" (1º Co 6:19). La iglesia de Cristo ha tenido durante siglos hermanos con el don de maestría. Es clave tener conciencia que la iglesia ha existido antes de nuestra propia vida, en otras palabras, la iglesia de Cristo no nació con nosotros (pensamiento muy propio de nuestros días). El Espíritu de Dios ha ministrado a través de hombres con capacidades sobresalientes durante generaciones. El resultado de esto son cientos y cientos de documentos de estudio y reflexión cristiana, donde los maestros han plasmado el don que Dios ha regalado a su iglesia. A su vez, las siguientes generaciones de cristianos han podido evaluar este material histórico, depurando los escritos y dejando atrás los errores. 

 

El trabajo de los antiguos ha facilitado la comprensión de los distintos contenidos de la Escritura, se han sistematizado las doctrinas, se ha profundizado en sus contenidos, se ha dado respuesta a objeciones aparentes, etc. Nosotros tenemos la posibilidad de contrastar estas conclusiones directamente y verificar su pertinencia. Esto nos ahorra mucho tiempo.

 

V. Por esta razón creo que citar la reflexión bíblica de autores cristianos de reconocida trayectoria y capacidad no sólo es un reconocimiento a la iluminación y ministerio del Espíritu Santo en aquellos, sino que también es una muestra de humildad en el creyente, el cual recurre a la iglesia de Cristo de siglos pasados en búsqueda de iluminación y orientación.

domingo, 26 de noviembre de 2023

Desde Malta a la prisión romana (Hechos 28)

 



Pablo en la isla de Malta

Estando ya a salvo, supimos que la isla se llamaba Malta. Y los naturales nos trataron con no poca humanidad; porque encendiendo un fuego, nos recibieron a todos, a causa de la lluvia que caía, y del frío. Entonces, habiendo recogido Pablo algunas ramas secas, las echó al fuego; y una víbora, huyendo del calor, se le prendió en la mano. Cuando los naturales vieron la víbora colgando de su mano, se decían unos a otros: Ciertamente este hombre es homicida, a quien, escapado del mar, la justicia no deja vivir. Pero él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningún daño padeció. Ellos estaban esperando que él se hinchase, o cayese muerto de repente; más habiendo esperado mucho, y viendo que ningún mal le venía, cambiaron de parecer y dijeron que era un dios.

 

En aquellos lugares había propiedades del hombre principal de la isla, llamado Publio, quien nos recibió y hospedó solícitamente tres días. Y aconteció que el padre de Publio estaba en cama, enfermo de fiebre y de disentería; y entró Pablo a verle, y después de haber orado, le impuso las manos, y le sanó. Hecho esto, también los otros que en la isla tenían enfermedades, venían, y eran sanados; los cuales también nos honraron con muchas atenciones; y cuando zarpamos, nos cargaron de las cosas necesarias.

 

Pablo y los sobrevivientes del naufragio recibieron una muy buena atención por parte de los habitantes nativos de la isla de Malta. La bondad de Dios permitió que la travesía marítima terminara siendo calmada mediante un fuego y alimentos. La palabra de Dios menciona la particular situación del apóstol Pablo siendo mordido con veneno mortal por una víbora mientras se calentaba en la fogata: "en clima frío algunas víboras pueden parecer ramas hasta que el calor del fuego las hace retorcerse" (1). Se esperaba su muerte, sin embargo, nada le sucedió, asombrando a los naturales de la isla. Esta situación hace a algunos recordar Marcos 16:18: "tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán". 

 

En agradecimiento a esta muestra de "no poca humanidad" (v.1), por parte de los naturales de Malta, el apóstol Pablo hizo varias sanidades, en particular la del padre de Publio, hombre principal de la isla. También hubo muchos otros no identificados que se acercaron al apóstol y fueron sanados. Investigaciones modernas señalan que la enfermedad descrita aquí puede haber sido malaria, o alguna muy similar. Lo anterior demuestra la presencia del don de sanidad en Pablo, el cual sanaba enfermos sin condición alguna.

 

Pablo llega a Roma

 

Pasados tres meses, nos hicimos a la vela en una nave alejandrina que había invernado en la isla, la cual tenía por enseña a Cástor y Pólux. Y llegados a Siracusa, estuvimos allí tres días. De allí, costeando alrededor, llegamos a Regio; y otro día después, soplando el viento sur, llegamos al segundo día a Puteoli, donde habiendo hallado hermanos, nos rogaron que nos quedásemos con ellos siete días; y luego fuimos a Roma, de donde, oyendo de nosotros los hermanos, salieron a recibirnos hasta el Foro de Apio y las Tres Tabernas; y al verlos, Pablo dio gracias a Dios y cobró aliento. Cuando llegamos a Roma, el centurión entregó los presos al prefecto militar, pero a Pablo se le permitió vivir aparte, con un soldado que le custodiase.

 

El trayecto hacia Roma fue realizado en un barco de Alejandría, la ciudad de partida de esta ruta a Roma, "Los dioscuros (Cástor y Pólux, héroes gemelos, hijos de Zeus que habían sido deificados) eran considerados como protectores especiales de los barcos, a quienes uno podía clamar en una tormenta" (2). El trayecto incluyó las localidades de Siracusa, Regio, Puteoli y Roma. En Puteoli se quedaron siete días producto del amor de los creyentes. Algo similar sucedió en Roma, donde los hermanos al saber de la presencia del apóstol en el lugar, salieron a recibirlo hasta el "Foro de Apio y las Tres Tabernas", todo lo cual lo animó grandemente. Pablo no quedó recluso en una cárcel común a la espera del César, sino que se le permitió vivir aparte, en una especie de "reclusión domiciliaria", encadenado holgadamente por la muñeca a un soldado (Hch 28:20), quien sería un miembro de la guardia pretoriana, guardia personal de la elite del César en Roma, la cual consistía de nueve o doce cohortes (3).

 

Es de destacar el amor mostrado por los hermanos, tanto en Puteoli, como al llegar a Roma. La expresión de ellos muestra cómo aflora espontáneamente el amor de un creyente genuino al encontrarse con otro hermano en la fe, amor desencadenado en un creyente cuando constata la presencia del Espíritu Santo en otro ser humano. El caso de Lidia, en Hechos 16, es pertinente para ilustrar este punto, pues ella mostró amor a Dios y gratitud con los hombres que le llevaron la Palabra al invitarlos encarecidamente a su hogar (Hch 16:15). Su actitud no fue mera cortesía, sino que sinceramente quería expresarles su gratitud por la Palabra de Dios. 

 

Pablo explica el por qué llegó a Roma

 

Aconteció que tres días después, Pablo convocó a los principales de los judíos, a los cuales, luego que estuvieron reunidos, les dijo: Yo, varones hermanos, no habiendo hecho nada contra el pueblo, ni contra las costumbres de nuestros padres, he sido entregado preso desde Jerusalén en manos de los romanos; los cuales, habiéndome examinado, me querían soltar, por no haber en mí ninguna causa de muerte. Pero oponiéndose los judíos, me vi obligado a apelar a César; no porque tenga de qué acusar a mi nación. Así que por esta causa os he llamado para veros y hablaros; porque por la esperanza de Israel estoy sujeto con esta cadena. Entonces ellos le dijeron: Nosotros ni hemos recibido de Judea cartas acerca de ti, ni ha venido alguno de los hermanos que haya denunciado o hablado algún mal de ti. Pero querríamos oír de ti lo que piensas; porque de esta secta nos es notorio que en todas partes se habla contra ella.

 

Ya en prisión domiciliaria Pablo convocó a los principales de los judíos, tratando la razón por la cual había llegado a aquel lugar. El designio de Dios había establecido que Pablo compareciera ante el Cesar, y por esa razón llegara a Roma. Pablo se encontraba en Cesarea, y los judíos intentaron que fuese enviado a Jerusalén para emboscarlo en el camino (Hch 25:20). Para evitar esta situación Pablo apela a Augusto, evento que no podía ser revertido.

 

Si bien Pablo llegó a Roma por apelar al Cesar, la razón de fondo de su presencia en la ciudad es el designio de Dios: "Así que por esta causa os he llamado para veros y hablaros; porque por la esperanza de Israel estoy sujeto a esta cadena" (Hch 28:20). El contexto da cuenta que Pablo aludía a la nación al referirse a la "esperanza de Israel". Recordemos que Pedro quedó encomendado con el evangelio a los judíos y Pablo a los gentiles, pero esto no significó la imposibilidad de presentar el mensaje de Cristo de forma cruzada. Como indica Craig Keener: "Pablo continúa enfatizando la continuidad entre el mensaje del AT y el suyo; este punto sería importante para los líderes judíos y también para los lectores romanos, quienes necesitaban entender que el movimiento cristiano estaba arraigado en una religión antigua digna de tolerancia" (4).

 

Los judíos en Roma querían conocer acerca del evangelio, el que describen como una "secta" (Hch 28:22). Es interesante notar que el mensaje de Cristo crucificado era notorio en el mundo conocido. Este diálogo da cuenta de las condiciones apropiadas para que Pablo expusiera el evangelio ante la audiencia de judíos y también de gentiles, su prisión domiciliaria se transformó en el mejor púlpito de predicación de la época.

 

 

Pablo predica el evangelio a los judíos en Roma

 

Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales les declaraba y les testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas. Y algunos asentían a lo que se decía, pero otros no creían. Y como no estuviesen de acuerdo entre sí, al retirarse, les dijo Pablo esta palabra: Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías a nuestros padres, diciendo:

Ve a este pueblo, y diles:

De oído oiréis, y no entenderéis;

Y viendo veréis, y no percibiréis;

Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado,

Y con los oídos oyeron pesadamente,

Y sus ojos han cerrado,

Para que no vean con los ojos,

Y oigan con los oídos,

Y entiendan de corazón,

Y se conviertan,

Y yo los sane.

Sabed, pues, que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios; y ellos oirán. Y cuando hubo dicho esto, los judíos se fueron, teniendo gran discusión entre sí. 

Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento.

 

Finalmente, el apóstol dedicó su tiempo de prisión en la actividad central de todo cristiano: predicar el evangelio. La mención del versículo 23, "persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas", sugiere que su audiencia era principalmente judía. Cuando Pablo predicaba a sus connacionales, el mensaje solía comenzar con los patriarcas o con Moisés, en cambio, cuando su audiencia era gentil, su predicación comenzaba presentando a Dios como el creador de los cielos y de la tierra. Recordemos las palabras con las que Pablo comienza su mensaje ante sus contendores atenienses: "El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas" (Hch 17:24-25).

 

Los visitantes del apóstol no eran sólo judíos inquisidores de su fe, sino que también la iglesia cristiana en Roma estuvo presente con él. Recordemos la reflexión de Pablo al momento de decidir quién llevaría la correspondencia a la iglesia de Filipo: "Espero en el Señor Jesús enviaros pronto a Timoteo, para que yo también esté de buen ánimo al saber de vuestro estado; pues a ninguno tengo del mismo ánimo, y que tan sinceramente se interese por vosotros. Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús" (Fil. 2:19-21). Pablo pensaba en enviar a Timoteo a Filipo con la misión de llevar la carta, ya que según su opinión, las personas que lo rodeaban en la prisión en Roma (lugar donde escribió las "epístolas de la prisión", entre otras, Filipenses), no tenían ni el ánimo ni el interés sincero en los filipenses que sí tenía Timoteo. Lo anterior indica la existencia de un grupo de cristianos, tal vez no muy maduros aún.

 

De esta manera, Pablo era visitado tanto por judíos como por la iglesia de Cristo presente en Roma. El versículo 24 señala explícitamente que algunos "asentían lo que decía", mientras otros "no creían". Podríamos suponer que los que "asentían" eran convertidos a Cristo mientras los otros definitivamente no. El contexto del pasaje de Isaías citado por el apóstol (v. 26 y v. 27) refuerza la idea que los visitantes que rechazaron el evangelio eran principalmente judíos.  

 

El Señor es el que cierra el corazón del hombre, y también es el que lo abre para vida eterna. Recordemos nuevamente el ejemplo de Lidia, en el contexto de la visita de Pablo a Filipos en su segundo viaje, donde se dice que mientras ella escuchaba las palabras de Pablo: “el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía” (Hch 16:14). De este pasaje se desprenden dos cosas; cualquier persona necesita que Dios le abra el corazón para comprender el mensaje del evangelio, para ser capaz de "oír" la Palabra de Dios: "Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios" (Rm 10:17). También se infiere que Dios no siempre abre el corazón de los hombres, por lo que la predicación del evangelio no garantiza salvación en los oyentes, al contrario, la gran mayoría se mantendrá en su condición de muerte espiritual (Ef 2:1). La situación normal del ser humano ante el evangelio es de oscuridad producto de un enceguecimiento diabólico: "en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios" (2 Co 4:4). En resumidas cuentas, Dios es soberano en toda la obra de salvación del hombre, permitiendo o no que éste comprenda la luz del evangelio de Cristo.

 

A estas alturas habían muchísimos creyentes gentiles, los que hacían visible el anterior "misterio de Dios" de ampliar su pueblo de una nación específica a una multitud de naciones y culturas sobre la tierra, personas injertadas en el pueblo de Dios -inicialmente étnico- a través de los siglos (Rm 11:17). Hechos describe ampliamente esta apertura con la revelación que Dios le dio a Pedro en su episodio con Cornelio: "Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia" (Hch 10:34-35). Como indica el versículo 29, el ingreso de gentiles a la salvación seguía siendo resistido por el judaísmo.

 

Si bien el libro de Hechos termina con el apóstol Pablo prisionero durante dos años, las palabras finales son de bendición y motivación para los cristianos de todas las épocas. Una situación adversa, como la privación de libertad, se transforma en una bendición para alguien que busca glorificar el nombre de Cristo; Pablo se dedicó a predicar el Reino de Dios y a enseñar sobre Cristo durante todo este tiempo, no perdió minuto alguno en reclamar por su situación injusta, sino que se dedicó a lo único de valor eterno: engrandecer el nombre de Cristo. 



[1] Craig S. Keener, Comentario del Contexto Cultural de la Biblia. Nuevo Testamento. Editorial Mundo Hispano, Colombia, 2019. Pág. 405

[2] Ibid, pág. 406.

[3] Ibid, pág. 406.

[4] Ibid, pág. 407.

sábado, 28 de octubre de 2023

El viaje a Roma (Hechos 27)

 


El capítulo 27 de Hechos es una narrativa sobre los problemas y sobresaltos del viaje marítimo del apóstol Pablo a Roma. El uso de pronombre plural en el versículo 1 "Cuando se decidió que habíamos de navegar para Italia..." indica que Lucas, el escritor de Hechos, se incluía dentro de la comitiva que abordó la embarcación. El hecho que Lucas estuviera dispuesto a acompañar a Pablo en este peligroso viaje demuestra el amor que le tenía al apóstol y al ministerio.

 

Recordemos que anteriormente Pablo, estando en Cesarea, había apelado al César: "Ante el tribunal de César estoy, donde debo ser juzgado. A los judíos no les he hecho ningún agravio, como tú sabes muy bien. Porque si algún agravio, o cosa alguna digna de muerte he hecho, no rehúso morir; pero si nada hay de las cosas de que estos me acusan, nadie puede entregarme a ellos. A César apelo. Entonces Festo, habiendo hablado con el consejo, respondió: A César has apelado; a César irás" (Hch 25:10-12).

 

Debido al carácter narrativo de este capítulo, lo abordaremos mencionando los lugares que incluyó el trayecto. A modo de adelanto, al finalizar el capítulo la embarcación naufraga en la isla de Malta, sin pérdidas de vidas.

 

Desde el comienzo del viaje hasta Lasea

 

En Cesarea parte el viaje, ciudad que en aquel tiempo disponía de un gran puerto marítimo, construido por Herodes el Grande entre 25 y el 13 a. C. El versículo 1 indica que el destino o dirección del viaje era Italia, en particular Roma, ciudad donde debía ir Pablo para comparecer ante César. El apóstol se trasladó hacia esta ciudad junto a otros presos, los cuales iban vigilados por un centurión llamado Julio, de la compañía Augusta. Hay evidencia que esta compañía existía en Palestina desde el reinado de Agripa II.

 

El versículo 2 habla de una "nave adramitena", refiriéndose a un barco que probablemente provenía del puerto con el mismo nombre, localizado en la actual Turquía. Se trataba de un buque comercial, tripulado con gente de acumulada experiencia haciendo el viaje y con abundante conocimiento sobre las inclemencias del clima invernal. El verso 3 señala que la embarcación llega a Sidón, ciudad ubicada al norte de Palestina, actualmente el Estado del Líbano. Posterior a esta ciudad, la embarcación llegó a Chipre, navegando con vientos contrarios. Después atravesaron las ciudades de Cicilia y Panfilia, llegando a la localidad de Mira (v. 5), la que se encuentra justamente al norte de Alejandría, Egipto (atravesando el mediterráneo). Por su ubicación Mira era importante para el comercio de granos entre Roma y Alejandría. Los barcos que navegaban de Alejandría a Roma no podían ir directamente al noroeste de Roma en esta época del año, porque los vientos predominantes eran opuestos. Por lo tanto, muchos tenían que seguir una ruta indirecta, navegando primero derecho hacia el norte hasta Mira y luego hacia el suroeste hacia Italia.

 

En Mira el grupo sube a un barco alejandrino que navegaba en dirección a Italia (v. 6), navegando en dirección contraria al viento de Creta, frente a una localidad llamada Salmón (v. 7). Como se señaló, estos barcos llevaban grano desde Alejandría a Italia. Dado que Mira era parte de la ruta comercial normal, encontrar un barco de grano alejandrino en este puerto no era difícil. Ya en el barco alejandrino, costearon con dificultad para llegar a un lugar conocido como Buenos Puertos, cerca de la ciudad de Lasea (v. 8). Al parecer en Buenos Puertos había una ensenada o cala -una bahía de tamaño más pequeño- la que proporcionaba protección contra los vientos de invierno. Puede que "Buenos Puertos" fuera una mera denominación descriptiva, por su clima adecuado.

 

En esta localidad Pablo señaló: "Y habiendo pasado mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la navegación, por haber pasado ya el ayuno, Pablo les amonestaba, diciéndoles: Varones, veo que la navegación va a ser con perjuicio y mucha pérdida, no solo del cargamento y de la nave, sino también de nuestras personas. Pero el centurión daba más crédito al piloto y al patrón de la nave, que a lo que Pablo decía. Y siendo incómodo el puerto para invernar, la mayoría acordó zarpar también de allí, por si pudiesen arribar a Fenice, puerto de Creta que mira al nordeste y sudeste, e invernar allí." (Hch 27:9-12).

 

La nave se retrasó mucho tiempo en Buenos Puertos. Como señala Pablo, ya había pasado el día de la expiación -"el ayuno"- y la demora se debía a la espera de vientos más favorables. Pablo advierte sobre una posible pérdida de cargamento y vidas, debido a las inclemencias climáticas. Recordemos que Pablo tenía mucha experiencia en viajes náuticos, pues ya había naufragado 3 veces anteriormente: "Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar" (2º Co 11:25). Finalmente, el centurión le dio más crédito al piloto de la nave que a Pablo, lo que era esperable. 


La tempestad en el mar

 

Como se mencionó, desde Buenos Puertos la embarcación avanzó a un lugar estimado mejor por el piloto, en desmedro de la opinión de Pablo. Nuevamente las inclemencias del tiempo pusieron el viaje en peligro. La tripulación pudo detenerse detrás de la pequeña isla de Clauda (v. 16). La isla ofrecía suficiente protección para dar a la tripulación tiempo para prepararse para sobrevivir al próximo golpe.

 

Ya habiendo perdido la esperanza de salvarse, producto de una nueva tempestad que debieron enfrentar (v. 20), y creyendo que iban en dirección a Sirte (v. 17), el apóstol Pablo entrega un mensaje de esperanza, tanto para los tripulantes de la embarcación como para el mismo: "Entonces Pablo, como hacía ya mucho que no comíamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo: Habría sido por cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no zarpar de Creta tan solo para recibir este perjuicio y pérdida. Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave. Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, diciendo: Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo. Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho. Con todo, es necesario que demos en alguna isla." (Hch 27:21-26).

 

En la decimocuarta noche, siendo llevados por el mar Adriático (v. 27), los marineros intuyeron que se estaban acercando a tierra firme, por lo que lanzaron una sonda al agua para medir la distancia al fondo marino. El primer lanzamiento arrojó 37 metros de profundidad, mientras que la segunda vez la distancia se redujo a 27 metros. Los tripulantes ansiaban que se hiciese de día (v. 29), para tener mayor claridad de si realmente se estaban acercando a tierra. Hubo un intento de escape por parte de los presos, pero Pablo le indicó al Centurión que si no permanecían en la nave, no serían salvados. A esas alturas el Centurión tenía confianza en Pablo, tanto por su buena conducta como por sus intervenciones acertadas. Por otro lado, Pablo era ciudadano romano, lo que le otorgaba otro nivel de trato por parte del custodio. 

 

Pablo rogó a la tripulación que comiesen, debido a que llevaban muchos días de ayuno. Además, Dios le había prometido a Pablo que "ni aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá" (v. 34), en referencia a los tripulantes. Pablo comió agradeciendo a Dios, lo que impulsó a los demás también a comer y recuperar el ánimo. Después de satisfacer su apetito, lanzaron trigo al mar con el objetivo de alivianar la nave. Este episodio da cuenta de la bondad universal de Dios, el cual no sólo cuidó la vida del apóstol en medio de la tempestad, sino que también consideró la vida de los demás hombres que tripulaban la embarcación.

 

Finalmente, la embarcación encalló en una ensenada (v. 39), no de forma perfecta (v. 41), sino con destrucción del barco. Los soldados eran responsables de lo que sucedía con los presos, debiendo responder con sus propias vidas en caso de fuga. Por esta razón, los soldados acordaron matar a los presos antes que se arrancaran. Sin embargo, por la providencia de Dios el centurión impidió esta matanza protegiendo al apóstol Pablo. Finalmente, todos llegaron salvos a tierra, tal como el Señor lo había anticipado. 

 

Como señala John MacArthur, "Hechos 27 inicia con Pablo como prisionero, sin responsabilidad de nada o de nadie. Sin embargo, todo se alteró cuando una grave crisis golpeó al grupo con que viajaba. Para el final del capítulo, el prisionero Pablo se había convertido en el líder reconocido sobre todos. Su habilidad para tratar con una crisis lo elevó a ese papel" (1).

 

 

 



[1] John MacArthur, Comentario del Nuevo Testamento: Hechos, Editorial Portavoz, USA, 2014. Pág. 636.

 

sábado, 23 de septiembre de 2023

Bosquejo 1º Pedro 3:8-17

 


1º Pedro 3:8-17

 

Conducta para vivir y amar la buena vida

 

8 Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; 9 no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición. 

 

El apóstol finaliza acá la sección comenzada en 2:11, referida al testimonio cristiano en un mundo hostil, especificando varias esferas de la vida humana: "Tras referencias específicas a las relaciones civiles (2:13-17), a las relaciones en el lugar de trabajo (2:18-20), y a las relaciones con cónyuges incrédulos (3:1-7), Pedro ofrece a todos los creyentes una exhortación general, que les abrirá las puertas a la vida de bendición que Dios desea que disfruten".

 

Los miembros de la iglesia deben ser de un mismo sentir, expresión que apunta a mantener una unidad de propósito en todo tiempo, incluso enfrentando una persecución. El Señor Jesucristo oró con gran pasión por la unidad espiritual de todos los creyentes (Jn. 17:20-23), oración que fue contestada: los creyentes somos uno en Cristo (Ef. 4:4-6; cp. 1 Co. 6:17; 8:6). Esta realidad espiritual debería ser la base para la armonía visible en la iglesia. El elemento aglutinador de los miembros de la congregación es la morada del Espíritu Santo y el respectivo deseo de adorar a Cristo. Pues bien, cuando este "elemento aglutinador" pierde relevancia y presencia en la congregación, es fácilmente reemplazado por aspectos de tipo terrenal y lamentablemente, también de tipo carnal, lo que va en desmedro de la necesaria armonía que debe reinar en la iglesia. Cuando el Espíritu no está presente en la congregación, se tienden a reproducir los patrones mundanos de orden y afinidad, por lo que ya no es Cristo el que nos unifica, sino nuestros intereses y posiciones en la sociedad.

 

Compasivos significa "tener en común el mismo sentimiento", la compasión es una característica y/o atributo de Dios, Él muestra compasión de los hombres, tanto de sus hijos como de los que no lo son, permitiendo que todos puedan experimentar las bondades de la naturaleza: "Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 45 para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos" (Mt 5:44-45). Ser compasivo significa no ser insensible, indiferente ni crítico, ni siquiera con los perdidos. El amor fraternal que la palabra de Dios nos exhorta a vivir es un atributo de Dios íntimamente relacionado con la compasión. 

 

La misericordia que el apóstol nos llama a mostrar también se relaciona con la compasión y el amor fraternal. En otras palabras, no es posible ser compasivo pero no misericordioso y viceversa. La misericordia -al igual que la compasión- es un concepto que implica el accionar de sentimientos, en este caso referidos a "sintonizar" con alguien que nos ha dañado, evitando la retribución negativa que estimamos "se merece".

 

La expresión "amigables" está gramaticalmente relacionada con la humildad, la cual es una de las mayores virtudes en la vida cristiana (Mt 5:3, Lc 14:11, Ef 4:1-2). La humildad de Pablo viene de no atribuirse las fuerzas ni la capacidad de llevar a cabo las obras hechas, sino de reconocer siempre que ha sido un mero "instrumento" en las manos de Dios: "Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Fil 2:13). El Señor mismo trató a Pablo como un instrumento "porque instrumento escogido me es este" (Rm 9:15), dejando en claro que el autor de toda buena obra es Dios. 

 

La humildad es un rasgo que debería fluir automáticamente en el cristiano, o al menos en el que se encuentra lleno del Espíritu. El ejemplo supremo de humildad es el de Cristo Jesús "el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres" (Fil 2:6-7). El Señor Jesucristo fue claro al describirse a sí mismo como un siervo, "Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos" (Mr 10:45). La verdadera humildad no consiste en la auto flagelación, ni en la auto humillación, sino en un corazón que estima a los demás como mejores a sí mismo: "Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo" (Fil 2:3). La verdadera humildad reconoce a Dios como el autor de las buenas obras realizadas. El humilde busca agradar a Dios y no tiene interés en crearse un buen nombre entre los hombres: "Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo." (Gal 1:10). 

 

De esta manera, el cristiano humilde no es el que lo anima una lógica franciscana de vida, ni tampoco el que publica su miseria. Se trata de alguien que glorifica a Dios con su vida, busca en primer lugar agradar a Dios siéndole fiel a sus estatutos, y no tiene temor al hombre, en otras palabras, no está interesado en la "reputación social" que puede construir en esta vida. 

 

Finalmente, la exhortación de no devolver mal por mal ni maldición por maldición, revela el corazón del amor de Dios derramado en el creyente (Rm 5:5). Es necesario la participación de un poder sobrenatural para que los hombres podamos hacer algo que es completamente contra naturaleza, dar bien por mal, como lo hizo el Señor: "Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros" (Rm 5:8). Aun siendo pecadores, o sea, ofensores de su santísima dignidad, aun así, Cristo murió en nuestro favor. Eso es la expresión máxima de devolver bien por mal. 

  

10 Porque:

El que quiere amar la vida

Y ver días buenos,

Refrene su lengua de mal,

Y sus labios no hablen engaño;

11 Apártese del mal, y haga el bien;

Busque la paz, y sígala.

12 Porque los ojos del Señor están sobre los justos,

Y sus oídos atentos a sus oraciones;

Pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal.

 

Esta es una cita del Salmo 34:12-16. Parte estableciendo una especie de "oferta" retórica, para todo aquel que quiera ver buenos días y amar la vida. Primero, debe ser capaz de controlar su boca, y evitar el engaño. En términos generales no debe evitar solo el engaño, sino también toda expresión que provenga de un mal subyacente. La palabra de Dios dedica extensas secciones al poder de "la lengua", simbolizando la capacidad del hombre de expresar contenidos pecaminosos: "Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal" (St 3:6-8). Evitar hablar engaño es estar comprometido con la verdad en todo lugar, y también contra toda mentira e hipocresía. 

 

La vida buena contemporánea -y quizá en toda época- asocia la "buena vida" a hacer lo que uno quiere hacer, o hacer lo que a uno le gusta. Sin embargo, Pedro nos mandata a hacer "el bien". Para el creyente no es difícil saber dónde está el "bien". El bien es Cristo y su voluntad expresada en su Palabra. Ahí está el secreto de la buena vida cristiana. De ahí se sigue el buscar la paz y seguirla. Los cristianos buscamos la paz de forma activa, tanto en la congregación como también con los que no conocen a Cristo. El único límite de la paz o de la actitud pacificadora de los cristianos esté en no comprometer la verdad.

 

Finalmente, el estímulo máximo para la buena vida es hallar el favor del Dios soberano que gobierna todo. "Los ojos del Señor" es una frase común del Antiguo Testamento que se relaciona con la vigilancia bondadosa y especial de Dios sobre su pueblo (Pr. 5:21; Zac. 4:10). El Señor está siempre consciente de todo en la vida de sus hijos. Esto ya debería ser un gran incentivo para la vida y para la tranquilidad y seguridad del creyente, saber que Dios está siempre pendiente de nuestras necesidades. En contraste, el Señor está en contra de aquellos que hacen el mal, y en su omnisciencia que lo ve todo, nadie podrá escapar. La ira de Dios es contra aquellos que hacen el mal y contra aquellos que desobedecen su Palabra (cp. Ap. 6:16).

 

13 ¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien? 14 Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis, 15 sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; 16 teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo. 17 Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal. 

 

Cuando el cristiano sigue el "bien", o sea, una vida caracterizada por generosidad, altruismo, amabilidad y consideración hacia los demás, tal estilo de vida tiene la capacidad de refrenar el accionar incluso de los enemigos más acérrimos del evangelio. Está el impacto de la constatación de coherencia entre el discurso y la vida, se desencadena un respeto por la persona que vive de esta manera.

 

El versículo 14 nuevamente nos expone la bienaventuranza de padecer por causa del Evangelio. En Hechos 5:41, la sesión del concilio culmina con una nueva advertencia para Pedro y Juan: “no hablen en el nombre de Jesús”. Después de dicho esto son azotados y puestos en libertad. Lo realmente asombroso es la actitud de los apóstoles ante tal intimidación, pues se sintieron “gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre”. El apóstol Pedro, que siente gozo al ser tenido digno de padecer por Cristo, es el que alienta en su primera carta a los cristianos que están sufriendo la persecución: “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría” (1 Pe 4:12-13). El misterio se profundiza cuando el apóstol Pablo, en referencia a las tribulaciones, dice: “A fin de que nadie se inquiete por estas tribulaciones; porque vosotros mismos sabéis que para esto estamos puestos” (1º Ts 3:3).

 

El mandato de "presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo aquel que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros" podemos analizarlo en dos aspectos: si la persona que nos solicita explicaciones no es creyente, entonces lo que debemos presentarle con toda reverencia y mansedumbre es el Evangelio. No es necesario agregar más. Por otro lado, si la solicitud se relaciona con aspectos controversiales de la fe, entonces de la misma manera -mansa y reverente- debemos presentar argumentos para defender la sana doctrina. La pureza doctrinal es fundamental, más aún si entendemos que el ministerio de estorbar y distorsionar la Palabra de Dios corresponde a las huestes de maldad. La responsabilidad de custodiar y velar por la pureza doctrinal está reservada preferentemente a los pastores, los cuales por lo mismo no deben ser neófitos (1º Tm 3:6) y aptos para enseñar (1º Tm 3:3), distinguiendo claramente la verdad del error (Ti 2:1). 

 

Debemos saber diferenciar errores doctrinales de carácter involuntario de otros que son parte de estrategias activas de engaño y maquinación (2º Cor 2:11). Hay errores que necesitan corrección, pero también hay posturas más generales que son imposibles de corregir, y que sólo dan cuenta de la condición espiritual de quien las emite.

 

Finalmente, todas las exhortaciones presentadas tienen por propósito que el cristiano guarde un buen testimonio ante el mundo circundante. En su carta a Tito, en el capítulo 2, el apóstol Pablo comienza con una serie de exhortaciones sobre ser sobrios, serios, prudentes, no calumniadores, etc. El punto es que al finalizar su exhortación en el verso 5 señala: "...para que la palabra de Dios no sea blasfemada". En otras palabras, cuida tu testimonio tanto por beneficio propio, pero sobre todo, cuida tu testimonio porque es el marco del Evangelio, de la sana doctrina. En el mismo capítulo 2, versículos 9-10, el apóstol señala: "Exhorta a los siervos a que se sujeten a sus amos, que agraden en todo, que no sean respondones; no defraudando, sino mostrándose fieles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador".

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