sábado, 3 de julio de 2021

El segundo viaje misionero: Pablo en Atenas (Hechos 17:16-34)


 

Al llegar a Atenas, el apóstol Pablo se enfrentó bruscamente a la realidad de una ciudad entregada a la idolatría, enfureciéndose al ver este triste espectáculo de la cultura humana. En Atenas contrasta la grandeza de la filosofía griega, sin dudas base de nuestro pensamiento occidental, con la decadencia de la idolatría. Ni siquiera la más alta expresión del desarrollo intelectual humano inmuniza a la gente de caer en los encantos del culto idolátrico.


La cultura helénica supo combinar su tradicional politeísmo con el desarrollo de la filosofía, o pensamiento racional. Como se mencionó, la filosofía es uno de los mayores legados que entregaron los griegos a la cultura occidental, con figuras como Platón, Aristóteles y otras escuelas de pensamiento. Sin embargo, los griegos nunca pudieron dejar de lado a sus antiguos dioses. Un historiador señaló al respecto: "El ateniense se diferencia del romano y del espartano en mil rasgos de carácter y de espíritu; pero se les parece en el temor a los dioses. La ciudad de Atenas y su territorio están cubiertos de templos y capillas; los hay para el culto de la ciudad, para el culto de las tribus y de los demos, para el culto de las familias. Cada casa es un templo, y casi en cada campo hay una tumba sagrada”.

 

El cristiano debería sentir la misma ira al presenciar prácticas que transgreden la ley de Dios, más aún cuando se realizan en plena consciencia y de manera desafiante. Debemos sentir rabia e incluso odio contra lo que mancilla el nombre de Dios. De hecho, lo opuesto a la actitud del apóstol es el amor al mundo, Juan establece la dura verdad de que si alguien tiene amor por alguna ideología o marco de "construcción de sentido" contrario a la voluntad de Dios, se trata de un síntoma inequívoco de la ausencia del amor del Padre en tal persona, o sea, es evidencia de su condición no regenerada. 

 

Después de esta primera impresión nefasta de la realidad de los atenienses, Pablo concurre primeramente a la sinagoga, lugar donde estableció discusiones con los judíos y prosélitos presentes. Posterior a esta visita, el apóstol salió a proclamar el evangelio a lugares abiertos, para ser escuchado por más personas. En una plaza de Atenas se encontró con un par de representantes de las escuelas filosóficas más populares en aquel momento: los "epicúreos" y los "estoicos". Los primeros decían que el placer era el objetivo de la vida del ser humano, aunque debía buscarse de forma responsable; la vida vinculada a la política acarreaba muchos problemas, lo contrario del placer, por lo que no era un objetivo de vida para los epicúreos. Por otro lado, los estoicos decían que el pensamiento racional debía estar siempre por sobre las emociones y sensaciones, reflexionaban sobre las consecuencias de las acciones y en función de esa reflexión tomaban decisiones, lo que los transformaba en ciudadanos muy ordenados. A diferencia de los epicúreos, los estoicos estaban dispuestos a participar en política, porque era un instrumento de transformación de la vida. Ambos grupos eran politeístas, creían en las famosas deidades del panteón greco-romano.

 

El primer encuentro con los griegos fue en una plaza. Pablo despertó el interés de una audiencia que reacciona de forma despectiva: "¿Qué querrá decir este palabrero" (Hch 17:18). El discurso de Pablo era muy diferente a lo que ellos solían escuchar, por lo que no supieron asimilar sus ideas. En su cosmovisión politeísta prontamente concluyeron: "Parece que es predicador de nuevos dioses". Claramente, su razonamiento está anclado a su realidad.

 

Posteriormente Pablo fue llevado al Areópago, antigua corte de justicia situada en lo más alto de una colina, pero que en tiempos de dominio romano era sólo de carácter ceremonial, funcionando en materias religiosas o filosóficas. En este lugar Pablo comienza su exposición del evangelio y se vale del entorno para establecer una especie de "puente de sentido" con los griegos, buscando facilitar su comprensión. Pablo dice: 

 

"porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio" (Hch 17:23) 

 

Esta mención al Dios "no conocido" fue meramente un ejercicio retórico, no debería entenderse que el Dios verdadero haya estado detrás de ese espacio sin nombre. El apóstol enfatiza el poder ilimitado y  soberano de Dios respecto de todo lo existente, "El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas" (Hch 17:24-25). Los dioses del panteón romano tenían una característica que los distinguía y que permitía su identificación por parte de la gente, ninguno de ellos tenía los atributos que Pablo proclama respecto del Dios de la Biblia. Esto de por si debe haber generado un rechazo al mensaje del apóstol.

 

Por otra parte, es de notar la diferencia entre la forma de pensar de los filósofos y la predicación de Pablo. El tema no es el sentido de la vida del hombre, ni en qué manera éste se puede beneficiar del favor de los dioses. El evangelio es justamente lo opuesto, el Dios desconocido es el que ha creado todo lo existente y no necesita de nada ni de nadie para existir. En otras palabras, el Dios que predica Pablo es ajeno a los cánones tradicionales de las divinidades griegas. 

 

"Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros" (Hch 17:26-27). Las ideas contraculturales siguen apareciendo en el discurso del apóstol, igualando a todos los hombres en origen y dejando en claro que es el Dios desconocido el que pone los límites a su actuar en el tiempo y en el espacio. Se trata de un Dios personal, que soberanamente decide por sobre la voluntad de los hombres, reduciendo su esfera de influencia y poder a su mínima expresión. Dios manda al ser humano que le busque "si en alguna manera, palpando, puedan hallarle", palabras que sin duda hacen referencia a la imposibilidad de los griegos de ver ni identificar al verdadero Dios, por eso les es "desconocido".  


"Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos" (Hch 17:28). Los cristianos vivimos por medio de la vivificación que hemos recibido de parte de Dios y que se hace realidad por medio del Espíritu Santo, por Cristo vivimos y por su voluntad nos movemos y somos. El apóstol aprovecha de vincular esta verdad al dicho del poeta griego Epimémides: "Porque linaje suyo somos". Con esta mención Pablo quiso enfatizar que hasta los poetas paganos reconocen que el hombre es linaje de Dios, por lo que es una insensatez pensar que la "Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres" (Hch 17:29). Los dioses presentes en el Areópago no eran más que esculturas elaboradas con materiales inertes.

 

Los contenidos predicados por Pablo estaban muy alejados de la cosmovisión griega. Sin embargo, fue la mención a la resurrección de Cristo lo que supuso la gota que rebalsó el vaso. La reacción de algunos fue de burla, mientras otros aprovecharon la oportunidad para retirarse. Desde un punto de vista pragmático, pareciera que la estrategia de asimilar elementos del recinto con la predicación del evangelio no fue del todo exitosa, sin embargo, el capítulo termina diciendo que algunas personas creyeron, entre los cuales se cuenta a "Dionisio el aeropagita y una mujer llamada Dámaris, entre otros más" (Hch 17:34). 

sábado, 12 de junio de 2021

El segundo viaje misionero: los nobles de Berea (Hechos 17:10-15)

 


Pablo y Silas salieron de Tesalónica de noche, para evitar ser agredidos por las turbas de judíos (Hch 17:10). Su siguiente misión fue en la ciudad de Berea, ubicada a 96 kms al oeste de Tesalónica y de la vía Ignacia. 

 

Los bereanos se hicieron universalmente conocidos por el siguiente texto: "Y éstos (los bereanos) eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así" (Hch 17:11). El judaísmo de aquel tiempo consideraba nobles a las personas que verificaban todo pensamiento con las Escrituras, también llamaban nobles a todos los que escuchaban atentamente a sus maestros. Algo parecido pasaba con los griegos, pues los maestros alababan a los alumnos que los oían atentamente (1).

 

La traducción en español Reina Valera 1960 utiliza la palabra "nobles" tanto en el versículo 4 como en el 11. En el 4 se describe a las nuevas creyentes de Tesalónica: "Y algunos de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y con Silas; y de los griegos piadosos gran número, y mujeres nobles no pocas", mientras en el versículo 11 se usa la misma palabra para calificar a los bereanos. Sin embargo, a pesar de estar apuntando a un mismo campo semántico, su significado en el idioma original es levemente diferente. En el verso 4 se está indicando literalmente que personas de "clase alta" se estaban convirtiendo a Cristo, mientras en el verso 11 la palabra "noble" es más bien un alago por la actitud de los bereanos, propia de alguien "bien nacido".

 

Si el Señor Jesucristo mandó a los fariseos a "Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí" (Jn 5:39), entonces claramente es de persona "noble" el obedecer su mandato. La Palabra de Dios trata esencialmente de Jesucristo, por lo que si alguien lo busca en sus páginas, inmediatamente se convierte en un ser humano de "alto rango". La palabra escudriñar implica investigar, interrogar o examinar, o sea, trata de una actitud activa al momento de leer el texto. Escudriñar la Escritura implica trabajo, no es una lectura rápida ni liviana, es una actividad demandante y que por cierto, se debe realizar diligentemente, para el Señor.

 

El resultado del ministerio de los hermanos en Berea fue alentador, el texto indica que "creyeron muchos de ellos, y mujeres griegas de distinción, y no pocos hombres" (Hch 17:12). Nuevamente aparece la idea de la distinción social. Mientras algunos piensan que el evangelio no puede ser predicado a personas con mayor "prestigio", la Palabra de Dios nos muestra que tanto en Tesalónica como en Berea hubo creyentes de alto rango. Nótese que el texto repite al menos tres veces la misma idea.


Lamentablemente, los judíos de Tesalónica supieron del ministerio de los hermanos en Berea y viajaron con el propósito de estorbar. Los tesalonicenses no tenían jurisdicción legal en Berea, pero las turbas agitadas no estaban muy dispuestas a subordinarse a las leyes, por lo que partieron de igual manera. Es de destacar la facilidad con que el liderazgo judío manipulaba la voluntad de ciertos grupos del pueblo, los cuales estuvieron dispuestos a viajar casi 100 kms sólo para causar alboroto. Considérese que en esos tiempos los 100 kms de distancia se debían recorrer caminando o a caballo, en el mejor de los casos.

 

Ante esta nueva persecución, los bereanos enviaron a Pablo hacia el mar mientras Silas y Timoteo siguieron en la ciudad. El destino del apóstol Pablo sería la ciudad de Atenas, lugar al que hasta el día de hoy no se sabe si llegó por vía marítima o terrestre. Finalmente, los hermanos que tenían el encargo de llevar a Pablo lo hicieron, y se dio la instrucción de que Timoteo y Silas partieran también hacia Atenas lo antes posible.

 

Creo que es pertinente una pequeña mención sobre los hermanos que condujeron a Pablo, tanto fuera de Berea como en dirección a Atenas: "Y los que se habían encargado de conducir a Pablo le llevaron a Atenas; y habiendo recibido orden para Silas y Timoteo, de que viniesen a él lo más pronto que pudiesen, salieron" (Hch 17:15). 


En toda la historia del pueblo de Dios han habido siervos anónimos como los que guiaron a Pablo hacia Atenas. Estos rara vez han sido reconocidos por las generaciones siguientes de la Iglesia, pero sus silenciosas acciones han significado un servicio fundamental a la iglesia de Cristo. Es un aliento para los cristianos tener presente que el Señor considera el actuar de sus hijos en base a parámetros muy distintos a los nuestros.

 



(1) Craig S. Keener, Comentario del Contexto Cultural de la Biblia. Nuevo Testamento. Editorial Mundo Hispano, Colombia, 2019.

sábado, 5 de junio de 2021

El segundo viaje misionero: tumulto en Tesalónica (Hechos 17:1-9)

 


Una vez retirados de Filipos, los hermanos siguen dirección sur por Anfípolis y Apolonia, llegando finalmente a Tesalónica. Sólo de esta última ciudad se dice que tenía "una sinagoga de judíos" (Hch 17:1), quizá ésta fue la razón para ministrar en aquel lugar y no en las otras ciudades.   

 

Como es sabido, el primer lugar al que Pablo se dirigía en cada ciudad eran las sinagogas. Ahí predicaba la Palabra en un contexto de personas familiarizadas con la profecía y con esperanza en el Mesías. Si bien Pablo se presentó como el apóstol a los gentiles (Rm 11:13), en el capítulo primero de su carta a los Romanos clarifica el orden de los destinatarios del evangelio: "Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego" (Rm 1:16). De esta manera, Pablo cumplió con el mandato de anunciar el evangelio primeramente a los de su nación, al olivo natural (Rm 11:24). El texto agrega que Pablo estuvo ministrando en la sinagoga por 3 días de reposo, lo que equivale a un periodo de 3 semanas.

 

Como hemos mencionado en otros análisis, Pablo presentaba el evangelio de forma diferente según la audiencia. No hablamos de variaciones en el evangelio, sino de distintas formas de introducir la exposición. Por ejemplo, tanto en la ciudad de Listra -en su primer viaje misionero- como en Atenas -durante su segundo viaje- Pablo no predica en una sinagoga, por lo que sus oyentes no son judíos. En ambos casos su exposición comienza con Dios y su poder creador de todo lo existente. En cambio, cuando visitaba las sinagogas el apóstol asumía que los oyentes tenían conocimiento del Dios de la Biblia y de la profecía del Antiguo Testamento. Pablo presentaba la historia haciéndola converger en la persona de Jesucristo, el cual debía padecer y resucitar de los muertos. Esto último generaba confusión en los judíos, pues la creencia común de ellos era que el Mesías sería una especie de conquistador que restauraría la nación a una situación más esplendorosa incluso que la de Salomón, además vengaría la opresión que sufría el pueblo en manos de los Romanos. Finalmente, el Mesías los conduciría al reino eterno. Por esta razón, un Mesías muerto en una cruz era un relato contradictorio a la expectativa del judío común, era una piedra de tropiezo para ellos (1º Co 1:23).

 

Probablemente Pablo apeló a pasajes como el Salmo 22 o Isaías 53 para comprobar que el Mesías debía padecer. El sistema de sacrificios del Antiguo Testamento, coordinado por los sacerdotes, fue un mero "adelanto", una "sombra" del sacrificio perfecto y completo efectuado por el Señor en la cruz del calvario (He 8:5). También es posible que Pablo haya citado el salmo 16 para describir la resurrección del Mesías.

 

Esta situación puede tener un paralelo en nuestros días. Es evidente que las promesas bíblicas no logran cumplir las expectativas de los hombres. Cuando el ser humano desea un progreso concreto en sus condiciones de vida, Dios "sólo" ofrece reconciliación con él mismo y una salvación cuyo disfrute se difiere al futuro más remoto. Cuando el mundo reclama la "ausencia" de Dios en las guerras, sufrimientos y catástrofes, se está clamando por un Dios que intervenga milagrosamente solucionando estas situaciones. Sin embargo, Dios no prometió intervenir resolviendo o anulando las consecuencias de las acciones humanas. De la misma manera en que el judío esperaba una liberación histórico-concreta, el hombre actual quiere la solución a sus problemas. Un Mesías sufriente y de muerte sustituta no satisfizo al judío del primer siglo, y tampoco al hombre natural actual.

 

Todos sabemos que la predicación del evangelio es un mandato para el cristiano, pero a veces es duro saber que Dios no garantiza resultados positivos. La predicación de Pablo en la sinagoga de Tesalónica hizo que "algunos de ellos creyeron" (Hch 17:4). El mismo Pablo escribió tiempo después a los Corintios "Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios" (2º Co 4:3-4). Esta impresionante cita da cuenta que la condición base del ser humano es de enceguecimiento, situación que sólo quizá pueda ser revertida por medio de la predicación del evangelio.

 

Entre los conversos en Tesalónica se contaron algunos judíos, muchos griegos piadosos y también mujeres nobles, o sea, la conversión traspasó fronteras sociales y raciales. Sin lugar a dudas esto gatilló el celo de los judíos dirigentes, los que reaccionaron tramando una especie de revuelta contra Pablo y la comitiva. Este "celo de los judíos" se ha repetido muchas veces a lo largo del libro de Hechos, y siempre tiene como consecuencia una expresión violenta contra los cristianos. El cristianismo no sólo ponía en jaque el sistema de rituales y toda la religión construida en torno al judaísmo, por sobre todo hacía tambalear el estatus privilegiado que tenían los grupos religiosos en aquella sociedad. Probablemente esto era lo que más indignación generaba en los cabecillas del judaísmo, la idea de perder la condición privilegiada que mantenían hasta ese entonces. 

 

Gracias a Dios no lograron encontrar a los hermanos. La turba creyó que estaban en la casa del hermano Jasón, el que tuvo que sufrir el mal momento. Siguiendo con este intento de encontrar a Pablo y su comitiva, sacaron a Jasón de su casa y lo llevaron a las autoridades de la ciudad, acusándolo de proteger a los hermanos: 

 

"Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá; a los cuales Jasón ha recibido; y todos éstos contravienen los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús" (Hch 17:6-7). 

 

En esta acusación hay dos verdades, pero utilizadas con la intención de dañar a los hermanos. Primero, es cierto que el mensaje que trata de Cristo reconciliando a Dios con el mundo es de tal relevancia que trastornó al mundo de ese entonces y sigue haciéndolo. Por otro lado, todo cristiano tiene sólo un Señor, y ningún gobernante puede atribuirse rasgos similares ni solicitar adoración ni nada parecido, lo que solía ser la norma en el imperio.

 

El versículo 8 confirma la acusación, el pueblo tesalonicense se "alborotó" y también las autoridades de la ciudad. Finalmente se pagó la fianza y Jasón quedó en libertad.

domingo, 9 de mayo de 2021

Estar a cuentas con Dios


Dios nos llama a estar "a cuenta" con él (Is 1:18). 

Primero, la Biblia enseña que todos los habitantes de este planeta cargamos con una cuenta con "saldo negativo", debido a que no somos buenos, de hecho somos bastante malos. El gran problema es que este saldo negativo es de un monto "infinito". En otras palabras, le debemos a Dios algo cuyo valor es "infinito".

 

¿Podríamos acumular buenas acciones para compensar el saldo en contra? Si juntamos buenas acciones al "debe" de nuestro pasivo no resolveremos el problema, ya que, como dijimos, la "valuación" de nuestra deuda es infinita, por lo que ni siquiera se iría reduciendo.

 

Por ejemplo, si valorizáramos en $1.000 cada buen consejo que damos, y juntáramos todos los consejos que podríamos dar en nuestra vida, no alcanzaría. Incluso, si aumentamos el valor de cada consejo a $100.000.000, al final de nuestras vidas tendríamos una suculenta suma, cada consejo multiplicado por $100.000.000. Sin embargo, el problema persiste, el saldo en contra que tenemos con Dios es infinito, y ninguna cantidad de buenos consejos bastará para pagar esa deuda.   

 

¿Por qué la deuda del hombre con Dios es infinita? Sencillo, toda acción mala del hombre es una agresión u ofensa contra Dios. Cuando David mandó a matar a Urías, su exclamación de arrepentimiento fue: 

 

"Contra ti, contra ti solo he pecado, (oh Dios)

Y he hecho lo malo delante de tus ojos..."

 

Toda maldad del ser humano es una ofensa contra Dios, y como Dios es un ser infinito, la gravedad de la ofensa también es infinita. Dada esta situación ¿hay alguna salida? ¿sólo esperar la condenación como sentencia? El carcelero de Filipos se dio cuenta de esta situación cuando preguntó: “¿qué debo hacer para ser salvo?” (Hch 16:30). 

 

La buena noticia se halla en Jesucristo, su muerte en rescate por los pecadores es el único evento en la historia de la civilización humana que puede pagar el infinito saldo negativo en nuestra cuenta. ¿Por qué sólo la muerte de Cristo puede cancelar la deuda? Porque el sacrificio fue hecho por Cristo, el cual es Dios hecho hombre, por lo que también tiene un valor infinito. Nuestra deuda infinita sólo se puede pagar con un sacrificio de valor infinito, el de Cristo.

 

Se demanda a la humanidad creer en Jesucristo y arrepentirse de su mala manera de vivir. Cuando el hombre cree y se arrepiente, el valor infinito de la muerte de Cristo se acredita a la cuenta del pecador.

 

"Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana." 

 

Isaías 1:18

 

sábado, 1 de mayo de 2021

El segundo viaje misionero: encarcelados en Filipos (Hechos 16:16-40)


La muchacha con espíritu de adivinación

Pablo y los hermanos, después de haber estado compartiendo en la casa de Lidia, se encuentran con una muchacha que tenía espíritu de adivinación "la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando." (Hch 16:16). Ocurren varios episodios similares en el libro de Hechos, recordemos a Pedro cuando tuvo su altercado con Simón el mago (Hch 8:9), o cuando Pablo amonesta a otro mago, Barjesús de Chipre, durante su primer viaje misionero (Hch 13:10). En ambos casos se trató de personajes que practicaban el ocultismo, buscaban la actividad de poderes sobrenaturales, todo lo cual es condenado por Dios.

 

Lo que diferencia este episodio de los anteriores es que la muchacha dedicada a la adivinación proclamaba la verdad, o sea, era un espíritu maligno que aparentemente se unía al equipo de misioneros proclamando una verdad. La muchacha insistentemente decía "Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación." (Hch 16:17), lo que claramente era cierto. El pasaje dice que la muchacha hizo esto durante muchos días, agotando finalmente la paciencia de Pablo quien ordena al demonio, en el nombre de Jesucristo, que saliera de la muchacha. La palabra agrega que el espíritu salió "en aquella misma hora", lo que indica su absoluta subordinación a la persona que Pablo apela para darle la orden de salir, el Señor Jesucristo. 

 

¿Por qué razón la muchacha proclamaba una verdad en torno al equipo de misioneros? la explicación más plausible es que se trató de una estrategia con el propósito de vincular la predicación del evangelio con la adivinación, una actividad condenada por Dios. La muchacha, al decir la verdad sobre los misioneros, podría llevar a muchos a pensar que los adivinos y los cristianos tenían cierta cercanía, cierta comunión que hacía que los primeros fueran capaces de reconocer a los segundos. Pablo detectó el ardid del adversario y prontamente dio orden al espíritu de dejar a la mujer, terminando con el lucrativo negocio en torno a ella.

 

Después del exorcismo, los amos se dieron cuenta que el negocio de la adivinación se había terminado, gatillando su ira. Por otro lado, el exorcismo practicado por el apóstol es una intervención directa a la actividad regular de las potestades de maldad. De repente, entremedio de la multitud de hombres muertos en delitos y pecados, los cuales se divierten y deleitan interactuando con demonios, aparece el apóstol Pablo desarmando el negocio. Si vemos la situación desde el punto de vista del hombre caído, el exorcismo constituyó una intervención abrupta en su tradicional manera de vivir, lo que podría ayudar a comprender el porqué de la violenta reacción de la comunidad.  

 

Este "atrevimiento" movió a los hombres a llevar a Pablo y a Silas a las autoridades, acusarlos de estar "alborotando a la ciudad" y de enseñar costumbres ajenas a las romanas (Hch 16:21). Este juicio tuvo dos sentencias: primero se les azotó mucho y luego se les echó en la cárcel, donde se les encerró con las mayores medidas de seguridad de aquel tiempo.

 

 

Pablo y Silas en la cárcel

 

El carcelero recibió este mandato y tomó las medidas de seguridad más estrictas: los envió al fondo del calabozo y les aseguró los pies con un cepo (un mecanismo que inmoviliza las piernas o las manos).

 

Sin embargo, nada afectó el ánimo de los hermanos, más bien sucedió lo contrario, tanto Pablo como Silas oraban y cantaban himnos a Dios, con tanta fuerza que los otros presos podían escuchar. Este episodio muestra la actitud correcta que todo cristiano debiera tener al enfrentar la adversidad, manteniendo la alabanza a Dios aún en los peores momentos, lo que finalmente impresiona a las demás personas. 

 

La actitud de Pablo y de Silas proviene de la certeza absoluta que Dios tiene el control de todas las situaciones. Tal confianza se vio confirmada con un repentino terremoto que abrió las puertas de la cárcel. Esto último impulsó al carcelero a intentar suicidarse, pues era responsable por lo que pasara en la celda, ningún preso debía escaparse. Sin embargo Pablo le dice "No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí" (Hch 16:28), mensaje que generó las condiciones para un diálogo sincero entre Pablo y el carcelero. Es de notar que el terremoto no permitió la liberación de los hermanos, pero si sirvió para que el carcelero tuviera la actitud correcta al escuchar la Palabra de Dios.

 

Todos los que hemos predicado el evangelio alguna vez sabemos que el oyente nunca preguntará al comenzar "¿qué debo hacer para ser salvo?", pues la cosmovisión del pecador no incluye condenación ni pecado. El hombre común considera a Dios como alguien que repentinamente perdió el control del mundo, que carece del poder suficiente para gobernarlo y que su rol es fundamentalmente proveer la felicidad y satisfacción que toda persona merece. La pregunta es "¿en qué me puede beneficiar saber de Dios"? y no "¿cómo puedo ser salvo?".

 

No obstante, el carcelero pregunta por su salvación, lo que sugiere que Pablo y Silas a través de sus oraciones o de sus alabanzas predicaron el evangelio al grupo de presos, tal vez lo hicieron directamente. Los misioneros no perdían la oportunidad de predicar la verdad en todo lugar, a toda persona, Pablo lo tenía muy claro: "ay de mí si no anunciare el evangelio!" (1º Co 9:16). ¿Cómo alguien puede preguntarse por su salvación? Para que esta pregunta surja se requiere comenzar hablando de Dios y de sus atributos; luego es necesario explicar la perspectiva bíblica del hombre; el pecado, la transmisión del pecado, la muerte, la condenación eterna. Sólo cuando alguien comprende la mala noticia, que la paga de su pecado es muerte producto que Dios en su justicia está "obligado" a juzgar el pecado, sólo en ese momento es que surgirá la pregunta: 

 

"¿Qué se puede hacer entonces?"

"¿Cómo puedo liberarme de todo esto?"

 

Esta es justamente la pregunta que hace el carcelero "¿qué debo hacer para ser salvo?". La salvación del hombre es una obra de gracia de Dios, que se recibe por la fe en Jesucristo (Ef 2:8-9). La fe genuina en el Señor Jesucristo, tal como ha sido revelado en la Palabra de Dios, conduce al hombre al arrepentimiento al cual llamó el mismo Señor.

 

El carcelero fue salvo y también su casa. Esta situación fue particular, no significa que en todos los casos de personas salvas sus familiares también lo sean. En una expresión de obediencia -al igual que sucedió con Lidia- tanto el carcelero como todos los que estaban en su casa se bautizaron (Hch 16:33). Finalmente el carcelero se alegró junto a su casa por haber creído en el Señor: "Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios" (Hch 16:34). Muchas veces el sentimiento predominante en el ser humano después de conocer al Señor es la alegría, el gozo. Similar situación sucedió en la conversión del eunuco por medio de la predicación de Felipe, "el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio más, y siguió gozoso su camino." (Hch 8:39). 

 

Finalmente, los magistrados dieron instrucción a los alguaciles de soltar a Pablo y a Silas, sin embargo, estos últimos no habían revelado su condición de ciudadanos romanos. Esto generó el temor en los que anteriormente habían dictado sentencia, ya que un romano tenía un estatus especial en el imperio; no pagaba impuestos, podía solicitar ser enjuiciado por el mismo Cesar, entre otros privilegios. Al parecer la mención del apóstol sólo fue un intento de intimidar a los agresores, ya que no se menciona ningún efecto posterior.

 

Nuevamente aparece la hermana Lidia en la historia, recibiendo a Pablo y a Silas en su casa. Finalmente, los hermanos de Filipos fueron a ver a los misioneros y les dieron el respectivo consuelo y aliento.

 

viernes, 16 de abril de 2021

El segundo viaje misionero: la conversión de Lidia (Hechos 16:11-15)


El equipo misionero parte del puerto de Troas y pasando por Samotracia y Neápolis finalmente llegan a Filipos, ciudad fundada en el 356 A.C. por Filipo, padre de Alejandro Magno, la ciudad más importante de la provincia de Macedonia (Hch 16:12). Una de sus principales características era estar ubicada en la "Vía Ignacia", la gran ruta comercial y militar que iba desde Asia a Roma a través de un paso entre montañas, a unos 500 metros sobre el nivel del mar. Neápolis funcionaba como el puerto marítimo de Filipos. 

A diferencia de lo que hacían en otros lugares, el equipo misionero no se dirigió a la sinagoga filipense, sino que se ubicó en un lugar apartado junto al río donde se reunía un grupo de mujeres en oración. Lo más probable es que no existiera sinagoga en Filipo, al no ser muy numerosa la comunidad judía en aquella ciudad.

 

En este grupo de mujeres estaba Lidia, la cual se dedicaba al comercio de púrpura, oficio propio de su ciudad de origen, Tiatira. El texto la describe como una mujer gentil "adoradora de Dios", expresión que en otros pasajes se usa para describir a personas que sin formar parte de la nación judía, estimaban la revelación de Dios y lo buscaban en conformidad a ella. Por otro lado, la actividad comercial de Lidia era próspera, sabemos que poseía una casa, algo no menor en aquel entonces (Hch 16:40). 

 

La fe de Lidia nos muestra que la gracia de Dios no se limita a la gente que vive en malas condiciones económicas, sino que trasciende a distintos grupos sociales. Normalmente se cree que la vida cristiana está reservada a los que no han tenido éxito en sus proyectos humanos. Sin embargo, el testimonio de Lidia nos demuestra que una persona de actividad próspera también puede centrar su interés en el Dios que la llama. Estoy seguro que Lidia no hubiera tenido problemas en utilizar su hogar al servicio del evangelio. 

 

Sin embargo, el tema esencial del pasaje se halla en la segunda sección del verso 14, donde se dice que mientras Lidia escuchaba las palabras de Pablo “el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía” (Hch 16:14). De este pasaje se desprenden dos cosas; cualquier persona necesita que Dios le abra el corazón para comprender el mensaje del evangelio, para ser capaz de "oír" la Palabra de Dios: "Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios" (Rm 10:17). También se infiere que Dios no siempre abre el corazón de los hombres, por lo que la predicación del evangelio no garantiza salvación en los oyentes, al contrario, la gran mayoría se mantendrá en su condición de muerte espiritual (Ef 2:1). La situación normal del ser humano ante el evangelio es de oscuridad producto de un enceguecimiento diabólico: "en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios" (2 Co 4:4). En resumidas cuentas, Dios es soberano en toda la obra de salvación del hombre, permitiendo que éste comprenda la luz del evangelio de Cristo o dejándolo con el entendimiento cegado por el dios de este siglo.

 

Nótese que nada en el texto sugiere que un acto o gesto de Lidia haya "movido" a Dios a abrirle el corazón, fue la voluntad de Dios la que actuó en esa dirección sin que Lidia lo hubiera merecido. La Palabra dice que Dios nos "predestinó para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad" (Ef 1:5), también dice que Dios hace todas las cosas según "el designio de su voluntad" (Ef 1:11). Dios actúa de acuerdo a su propia voluntad y no es afectado por ningún evento o circunstancia exterior, además los criterios de su actuar no son revelados a los hombres. Dios tiene misericordia de quien quiere tener misericordia, y se compadece del que quiere compadecerse (Rm 9:15). La bendición de creer en Dios y de haber sido reconciliado con él se reciben como un regalo de Dios, donde nada de nuestro ser influye de alguna manera. El ser salvo "no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia" (Rm 9:16).

 

A la luz de esta revelación pierden sentido razonamientos tales como: "no te preocupes, yo lo convierto", "cásate con él aunque sea inconverso, con el tiempo lo conviertes", "te explicaré de tal forma el evangelio que será imposible que no creas" o "apoyemos la exposición del evangelio con medios audiovisuales, para que a la gente le impacte más el mensaje". Todos estos razonamientos son propios de quien desconoce a Dios. Sabemos que si Dios no abre el corazón del hombre éste jamás tendrá fe salvífica, aunque se le obligara a escuchar los sermones de los hombres más reconocidos de la historia de la iglesia cristiana.

 

Finalmente, un primer fruto del Espíritu que demuestra Lidia es la obediencia, bautizándose inmediatamente a su conversión (Hch 16:15). Lidia mostró amor a Dios y gratitud con los hombres que le llevaron la Palabra al invitarlos encarecidamente a su hogar. Su actitud no fue mera cortesía, sino que sinceramente quería expresarles su gratitud por la Palabra de Dios, por eso fue tan insistente.

 

De esta manera, Lidia fue la primera convertida a Cristo en Europa por la predicación de Pablo.

viernes, 2 de abril de 2021

El segundo viaje misionero: la incorporación de Timoteo (Hechos 16:1-10)


La incorporación de Timoteo al equipo

Pablo junto a Silas comienzan el segundo viaje misionero recorriendo la misma ruta del primer viaje, con excepción del paso por Chipre. La intención era confirmar la fe en las iglesias que se habían plantado anteriormente, fortaleciéndolos en la Palabra de Dios. Recordemos que durante su primer viaje Pablo enfrentó situaciones extremas, como su apedreamiento en Listra después de haber sanado a un cojo (Hch 14:19). Por esta razón, pienso que el volver a recorrer estas localidades es en si mismo un acto de valentía y de amor para con las iglesias plantadas.

 

A pesar de este amargo recuerdo que dejó Listra en el apóstol Pablo, Dios permite que justamente en esa ciudad se una al equipo misionero un joven llamado Timoteo, un discípulo que gozaba de buen testimonio de parte de los hermanos de las localidades adyacentes (Hch 16:2). El texto destaca la doble nacionalidad de Timoteo, pues su madre era judía y creyente (hija de Eunice, también creyente), pero su padre era griego (asumimos como no creyente). Este rasgo “bicultural” de Timoteo puede haber sido pertinente para ejercer su rol en este ministerio. Este joven Timoteo con el tiempo se transformó en una ayuda importante para el ministerio de Pablo. El pastor John Macarthur caracteriza a Timoteo como la “mano derecha” del apóstol (1º Co 4:17, 1ª Ts 3:2, Fil 2:19). Además, se debe recordar que Timoteo llegó a la fe a través de la predicación de Pablo, por lo que era un “verdadero hijo en la fe” del apóstol (1º Tim 1:2).

 

Se podría sostener que el buen testimonio de Timoteo fue un aspecto clave para que Pablo lo hubiera considerado para formar parte del equipo. Esta conclusión no se apartaría del texto, aun cuando podrían haber otras razones de elección que Dios no reveló. Por “buen testimonio” entendemos la reputación de un creyente en lo referente a su vida personal diaria, se trata de algo importantísimo, pues una mala conducta sirve de material para que los inconversos blasfemen contra Dios. El mismo Pablo establece como requisito que todo líder en la iglesia local sea “irreprensible” (1º Tim 3:2, 10). 

 

El padre de Timoteo era griego, por lo que Pablo decide circuncidarlo para evitar mayores complicaciones con los judíos. Considerando el capítulo 15 como contexto, queda claro que la observancia de este rito en ningún caso fue porque se le considerase necesario para salvación, se trató de una acción netamente táctica, que se podría denominar “pragmatismo ministerial”. Al estar circuncidado Timoteo podría participar de los servicios en las sinagogas sin ser visto como un entrometido, sino como un miembro prosélito.  

 

Ya en compañía de Timoteo, el equipo misionero recorre las iglesias de la ruta posterior a Listra. En cada lugar confirman la fe de los hermanos predicando la Palabra de Dios y también aclarando las controversias que dieron lugar al concilio en Jerusalén, que se sintetiza esencialmente en que la obra de salvación de Dios en favor del pecador se recibe por gracia mediante la fe, sin la exigencia de algún tipo de acción meritoria en el ser humano. Finalmente, el pasaje conecta -una vez más- la predicación poderosa de la Palabra de Dios con un aumento constante de la membresía de las iglesias locales.

 

La visión del varón macedonio

 

Recordemos que este segundo viaje misionero comenzó con la intención de Pablo de visitar las iglesias establecidas en el primer viaje, por lo que una vez recorrida la zona de Galacia, ya se había cumplido con al menos el primer objetivo del proyecto. Ahora el equipo decide ir a visitar nuevas localidades para llevar el evangelio. 

 

El pasaje (Hechos 16:6-10) describe la intervención del Espíritu Santo impidiéndole a Pablo acceder a la zona de Asia, al oeste de Galacia, tampoco se le permite ir a ministrar ni a Misia ni a Bitinia, ambas zonas al norte de Asia. Desde una perspectiva humana esto parecería injusto, pues en Asia se encontraban muchas ciudades importantes, como Pérgamo, Tiatira, Laodicea, Sardis, o Colosas, las cuales no pudieron ser visitadas en ese momento. No obstante, este pasaje nos vuelve a revelar -y de una forma distinta a las anteriormente conocidas- el cómo se expresa la soberanía de Dios al guiar una empresa misionera como la comandada por Pablo. Como suele suceder, Dios no nos entrega mayores detalles del porqué privó a estas provincias de oír el mensaje de salvación, sólo sabemos que Dios tenía un interés especial en la zona de Macedonia y que por esa razón ordena las situaciones y los tiempos para que la ruta del equipo misionero los condujese primero ahí.

 

Finalmente, los hermanos llegaron a la localidad portuaria de Troas, en el Mar Egeo. En este lugar Pablo recibió una visión nocturna: “un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo (a Pablo): Pasa a Macedonia y ayúdanos.” (Hch 16:9). Con esta clara instrucción el equipo se dirige a la región de Macedonia, provincia romana de trasfondo helénico, la primera sección de Europa en recibir el Evangelio.

 

P.D. Para los interesados en hermenéutica, un detalle importante se observa en el versículo 10. El verbo “procurar” aparece en forma plural, lo que indica que el narrador -Lucas- se incluye por primera vez en la historia: “Cuando vio la visión, en seguida procuramos partir para Macedonia…” (Hch 16:10). De esta manera, asumimos que a contar de este momento Pablo estuvo acompañado de Silas, Timoteo y de Lucas.

domingo, 21 de marzo de 2021

Hechos capítulo 15: una lamentable separación (Hechos 15:36-41)



Finalizado el concilio de Jerusalén, y zanjada la problemática de la observancia de los ritos judíos para salvación (Hch 15:1), volvió la normalidad a la actividad de la iglesia apostólica. Pablo y Bernabé continuaron con su ministerio de enseñar la Palabra de Dios en el contexto de la iglesia de Antioquía (Hch 1:35).

 

“Después de algunos días” es la expresión que abre el versículo 37, la que implica en realidad un periodo bastante más largo que sólo unos “días”, fueron varios meses los que Pablo y Bernabé estuvieron de “punto fijo” en la iglesia de Antioquía sirviendo como maestros. Como sabemos, el Señor dotó a su iglesia de hombres y mujeres con dones espirituales, los cuales son desempeñados para el avance del Reino de Dios. Pablo y Bernabé eran ante todo evangelistas, por lo que no podían permanecer durante mucho tiempo sin pensar en la multitud de personas que no conocían el evangelio de Cristo. Si bien su labor de maestros en Antioquía fue igualmente valiosa, su llamado más profundo era a la misión, entendida como la evangelización más allá de las fronteras del entorno inmediato. Para el apóstol Pablo estaba clara la advertencia del Señor “Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y !!ay de mí si no anunciare el evangelio!” (1º Co 9:16).

 

Por esta razón, después de un tiempo de servicio en Antioquía, apareció nuevamente la inquietud por retomar los viajes misioneros, “Volvamos a visitar a los hermanos en todas las ciudades en que hemos anunciado la palabra del Señor, para ver cómo están” (Hch 15:36). Es de destacar que el equipo misionero mostró responsabilidad y preocupación por la situación de las iglesias que plantaron durante el primer viaje, la idea era saber en qué situación se encontraban, en especial en lo espiritual. Creo que esto se relaciona con el siempre secundario concepto de “discipulado” en la gran comisión; es bueno hacer hincapié en la evangelización, pero no se debe descuidar el discipulado, la formación del nuevo creyente en las verdades esenciales de la Palabra de Dios.

 

Lamentablemente el inicio del segundo viaje misionero parte con un episodio bastante desagradable y amargo para la iglesia cristiana. Se trata de una discordia importante entre Pablo y Bernabé originada por la idea de este último de incluir a Juan Marcos -el que había desertado al comienzo del primer viaje misionero- en esta nueva expedición, situación que a Pablo no le pareció. Probablemente el apóstol desconfiaba de Marcos, el que había abandonado la misión por motivos desconocidos (Hch 13:13).

 

Lucas es discreto al narrar este conflicto y no entrega mayores detalles. Por esto mismo no sé si corresponda a los cristianos dar algún veredicto en favor de Pablo o de Bernabé, considerando que la misma Palabra de Dios no se pronuncia en favor de ninguno de los dos personajes. Se puede poner sobre la mesa argumentos en favor de ambas posiciones, por ejemplo, se podría apelar a la autoridad apostólica de Pablo, la que debió haber sido respetada por Bernabé. Pero también podríamos decir que Bernabé mostró misericordia por su sobrino Marcos, dándole una segunda oportunidad en el servicio misionero (después de todo, sólo somos hombres caídos). Quizá la clave se halle en el versículo 40, donde se menciona que Pablo y su nuevo compañero, Silas, salieron a Siria y Cilicia “siendo encomendados” por los hermanos de Antioquía, o sea, se hace explícito que fueron enviados por la congregación. Probablemente tuvieron que partir por Siria y Cilicia para evitar cruzarse con Bernabé y Marcos, los que ya se habían dirigido a Chipre, el lugar de partida del primer viaje misionero.

 

Como se mencionó, Silas fue el elegido de Pablo para ser reemplazante de Bernabé. Silas era uno de los líderes de la iglesia en Jerusalén, hombre idóneo para la misión. Se menciona que Silas era profeta (Hch 15:32), por lo que estaba capacitado para predicar la Palabra de Dios poderosamente. Sumado a lo anterior, Silas -al igual que Pablo- también era ciudadano romano (Hch 1:37), por lo que tenía el mismo estatus privilegiado que gozaba Pablo frente a las instituciones romanas.  

 

Reflexionando sobre todo este episodio, parece evidente que la controversia no se resolvió de forma amigable. Sin embargo, aún cuando se gestó una división en el cuerpo de Cristo, no hay indicios que la situación haya implicado una confrontación más allá de lo permitido en el contexto de hermanos. En resumidas cuentas, el problema se acotó a una diferencia de opinión, propia de seres humanos con emociones y puntos de vista distintos. No se trató de una disputa con ataques verbales o agresiones físicas, fue una diferencia de opinión resuelta de forma pragmática.

 

Felizmente, la Palabra de Dios da testimonio que la relación de camaradería cristiana de Pablo tanto con Bernabé como con Marcos se restauró posteriormente, y este episodio de discordia no fue más que un asunto pasajero. Más adelante, en su tercer viaje misionero, Pablo escribió en buenos términos sobre el ministerio de Bernabé (1º Co 9:6). Por otro lado, Juan Marcos se convirtió en un colaborador tanto de Pablo (Col 4:10) como de Pedro (1 Pe 5:13). Por último, interesante es contemplar cómo la gracia de Dios, a pesar de todas estas situaciones poco felices, permitió a Juan Marcos quedar en la historia eterna como el autor de uno de los evangelios de la Palabra de Dios.

 

 

 

martes, 2 de marzo de 2021

Sobre los cultos virtuales


Desde mediados de 2020 se han ido consolidando los “cultos remotos o virtuales”, solución forzada para dar continuidad a la razón de ser de la iglesia: adorar al Señor. No obstante, sin intención de generalizar, he sabido de algunas iglesias locales donde se ha registrado una progresiva disminución de los participantes en las reuniones virtuales. ¿Cómo explicar esto? Se podría apelar a la “fatiga visual” de los hermanos o al poco atractivo que genera el culto remoto respecto del presencial. Sin embargo, creo que hay una razón más de fondo.

 

Para concluir me basaré en el siguiente supuesto: 

 

“El culto virtual supone eliminar prácticamente todos los componentes del culto presencial adicionales a la prioritaria exposición de la Palabra de Dios. No digo que los otros componentes del culto normal estén demás, sólo menciono que con la virtualidad se pierde en gran medida la lógica de los programas, de las actividades de apoyo, de la interacción informal o de la alegría o gozo que puede transmitir una alabanza interpretada colectivamente. Alguien podría objetar este supuesto diciendo que en la modalidad remota se mantienen estos componentes, sin embargo sigo creyendo que se ven reducidos en importancia. Finalmente, es la exposición bíblica el gran soporte o atracción de la reunión”.

 

Podemos ordenar los argumentos para llegar a una conclusión correcta en términos lógicos.

 

El primer escenario:

 

(1) Si la Palabra de Dios es correctamente expuesta en una iglesia local, entonces habrá una participación fiel de los hermanos.

(2) La Palabra de Dios es correctamente expuesta en la iglesia local.

(3) Entonces, en aquella iglesia local habrá una participación fiel de los hermanos.

 

En este escenario ¿cómo se explica la menor participación en las reuniones remotas? Considerando estas premisas habrían razones fundadas para dudar de los hermanos.

 

El segundo escenario:

 

(1) Si la Palabra de Dios es correctamente expuesta en una iglesia local, entonces habrá una participación fiel de los hermanos.

(2) No hay participación fiel de los hermanos.

(3) Entonces, en aquella iglesia local no se expone correctamente la Palabra de Dios.

 

En este caso, negando el consecuente llegamos a la conclusión opuesta, pero lógicamente correcta. O sea, como no se expone correctamente la Palabra en aquella iglesia local, entonces no se puede asegurar la participación fiel de los hermanos. En este caso habrían razones fundadas para dudar de los expositores.

martes, 16 de febrero de 2021

Hechos 15: El Concilio en Jerusalén (Hechos 15:1-34)


Judaizantes en Antioquía

 

¿Qué dio lugar al concilio en Jerusalén? la presencia de personas con enseñanzas judaizantes en la iglesia de Antioquía. Se trató de algo muy serio, pues los judaizantes modificaban la  doctrina de salvación por la sola gracia de Cristo diciendo “Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos” (Hch 15:1). Por tanto, para la salvación del hombre no bastaba la fe en Jesús, sino que era necesario participar del ritual ceremonial hebreo y también de guardar todas las disposiciones de la ley. Parece obvio que las ideas judaizantes provenían de Judea, en particular de la secta de los fariseos.

 

Este brote de cizaña doctrinal fue duramente enfrentado por Pablo y Bernabé. Sin embargo, se necesitó recurrir a la iglesia de Jerusalén para zanjar definitivamente el tema, lo que da cuenta del poder de la facción judía al interior de la congregación. Es de notar que una desviación doctrinal de esta envergadura no pudiera ser resuelta en Antioquía ¿Esto se podría interpretar como confusión o debilidad doctrinal del periodo? ¿no estaban seguros de la impertinencia de guardar los ritos de Moisés para salvación? Se estima que el concilio sucedió en el 48 D.C. tiempo en que al menos el apóstol Pablo no había dejado por escrito ningún documento con autoridad doctrinal.

 

Para resolver esta controversia, la iglesia de Antioquía envía a Pablo, Bernabé y a otros hermanos más a Jerusalén. En el camino tuvieron que pasar por Samaria y Fenicia, lugares donde pudieron contar las maravillas que Dios había obrado a través de ellos, trayendo salvación a los gentiles que oyeron el evangelio en el contexto del primer viaje misionero. Es de notar la reacción de las congregaciones ante los hechos narrados por Pablo y Bernabé, pues “causaban gran gozo a todos los hermanos” (Hch 15:3). Esa es la reacción natural de todo creyente al conocer sobre el avance del reino de Dios, no importando la pertenencia étnica, social o cultural de los beneficiados.

 

La iglesia en Jerusalén contaba con los apóstoles en ejercicio (o con algunos de ellos al menos), por lo que tenía la autoridad para poner un punto final a la controversia. De esta manera, al recurrir a los hermanos en Jerusalén se evitaba una potencial división de la congregación en Antioquía, y también se zanjaba, al menos temporalmente, un asunto que corrompía la sana doctrina. 

 

Judaizantes en Jerusalén

 

La iglesia en Jerusalén recibió con el debido amor a la comitiva desde Antioquía. Es de notar que si bien la razón de la visita a Jerusalén era el tema judaizante, Pablo y Bernabé acotaron su discurso a exponer lo realizado en el contexto del primer viaje misionero, en las iglesias de la zona sur de Galacia, sin intervenir directamente sobre el tema que dio origen al concilio. Al parecer eso estaba reservado a las autoridades de la iglesia en Jerusalén.

 

El versículo 5 da cuenta del grupo que probablemente originaba y exportaba estas enseñanzas judaizantes: los fariseos. Es de notar que el texto los describe como creyentes “Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés” (Hch 15:5). En este tiempo habían dos grandes tradiciones rabínicas farisaicas, la escuela conservadora de Shammai que prevalecía en este tiempo y la escuela de Hillel, que predominó tiempo después y que promovía un trato más comprensivo hacia los gentiles. La escuela de Shammai, por ejemplo, consideraba que las señales o testimonios, como el de Pedro en Hch 11:12 o Hch 15:8, no eran suficientes si contradecían las interpretaciones tradicionales de la ley (1).

 

El concilio procedió a desarrollarse con la presencia de Pablo, Bernabé y algunos hermanos desde Antioquía y con los apóstoles y ancianos de la iglesia de Jerusalén. A modo personal, me llama la atención el poco protagonismo concedido por Lucas a los apóstoles en términos individuales, tal vez no estaban presentes todos en aquel momento. Tampoco parece evidente la existencia de una jerarquización muy marcada entre los apóstoles y los ancianos de la congregación de Jerusalén.

 

Intervención de Pedro

 

El concilio comenzó con mucha discusión. Asumo que la defensa de la permanencia de los ritos de Moisés para salvación provenía sólo del grupo de los fariseos creyentes (v. 5). El apóstol Pedro, un primus inter pares, desarrolla un breve pero contundente discurso que considera su propio ministerio de predicación desde hace más de 15 años, y en especial su encuentro con Cornelio, sucedido aproximadamente 10 años antes del presente concilio. El argumento de Pedro se centra en que Dios ha impartido tanto a judíos como a gentiles el mismo Espíritu Santo, sin ninguna diferencia, “purificando por la fe sus corazones” (Hch 15:9). Pedro interpela a sus contrincantes con la siguiente pregunta: “¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?” (Hch 15:10). La versión NVI traduce la expresión “tentáis a Dios” de la RV60 como “tratar de provocar a Dios”. 

 

La apelación de Pedro a la gracia del Señor Jesús para salvación es algo que siempre estuvo presente en la predicación del apóstol. Además, el ya había declarado explícitamente la suficiencia de Jesucristo para salvación (Hch 4:12, 5:31-32, 10:36;43). Recordemos el episodio de Pedro y la visión del lienzo, revelación a través de la cual Dios esclarece la participación de los gentiles en el Reino de Dios. El capítulo 11 de Hechos narra la presentación que hace Pedro sobre la visión en cuestión a la iglesia de Jerusalén, la que establece claramente la posibilidad de incorporación de los gentiles al reino de Dios en igualdad de condiciones.

 

Después de la intervención del apóstol principal, Bernabé y Pablo vuelven a narrar los sucesos de su primer viaje misionero “Entonces toda la multitud calló, y oyeron a Bernabé y a Pablo, que contaban cuán grandes señales y maravillas había hecho Dios por medio de ellos entre los gentiles” (Hch 15:12). Esta participación se relaciona indirectamente con el tema que acababa de tratar Pedro, pues la misión realizada en las iglesias del sur de Galacia tuvo principalmente una audiencia gentil, y nunca se exigió el cumplimiento de las disposiciones de la ley moisaica como obligación cristiana.

 

Intervención de Jacobo

 

Posterior a la intervención de Pedro, toma la palabra Jacobo, el hermano del Señor Jesucristo, un hombre que al decir de F.F. Bruce, tenía el “respeto y la confianza de todos, se trataba de una especie de presidente del grupo de ancianos de la iglesia de Jerusalén” (2).

 

Jacobo comienza con la “paradoja del pueblo de Israel”; el pueblo que siempre hizo incapié en su diferenciación con las demás naciones gentiles, también surgió de grupos humanos gentiles (Hch 15:14). Acto seguido, Jacobo cita al profeta Amós con la intención de certificar la presencia de los gentiles en el plan de Dios. La cita es de Amós 9:11-12, pero no es exacta respecto de lo que expresa el texto masorético (que es la fuente de nuestras Biblias actuales). La cita es más cercana a la LXX (Septuaginta), pero tampoco es exactamente igual. Según F.F. Bruce, el texto que registra Lucas se trataría de una “espiritualización” del pasaje por parte de Jacobo, queriendo expresar lo siguiente: “Dios restaurará las fortunas caídas de la casa real de David, para que reine sobre todo el territorio que alguna vez estuvo incluido en el imperio de David, no solamente lo que queda de los edomitas, sino también todas las naciones que son llamadas por mi nombre”. En esta lectura, el tabernáculo de David corresponde a la iglesia del Mesías, la que ganará la posesión de todas las naciones que son llamadas por el nombre del Dios de Israel (3).    

 

En el contexto del pasaje hace sentido la espiritualización de la reedificación del tabernáculo de David, caído y decadente por siglos, identificándolo con la naciente iglesia cristiana apostólica, la que ha estado predicando el evangelio valientemente desde que el Señor Jesucristo ascendió. Justamente en el periodo en que se desarrolló el concilio se registraba una masiva conversión de gentiles, situación que causó los problemas que dieron origen al concilio mismo. Las palabras de Cristo “me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hch 1:18) eran ya una profecía de firme cumplimiento, lo que sintoniza plenamente con la cita del profeta Amós del versículo 17 “Para que el resto de los hombres busque al Señor, Y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre”.

 

Por otro lado, una lectura literal de esta cita del profeta de Amós nos lleva a esperar en un futuro reino milenial el cumplimiento de la reedificación del tabernáculo de David, tiempo en que los hombres buscarán al Señor en torno a esta edificación. El pastor MacArthur señala al respecto: “El pasaje de Amós citado describe claramente que quienes estén fuera de la comunidad del pacto de Israel reciben salvación, sin mencionar que primero deban convertirse en prosélitos judíos”. En esta interpretación, la cita de Amós por un lado espera un cumplimiento futuro, pero por otro está indicando que los gentiles no requieren convertirse en judíos desde un punto de vista étnico o cultural, sino que es sólo la fe la que distingue al hombre que invoca el nombre de Dios (4).

 

Conclusión del concilio

 

La primera conclusión del concilio es que los gentiles no deben hacerse prosélitos del judaísmo para alcanzar salvación, puesto que ésta es completamente por gracia por medio de la fe en Jesucristo y no requiere de algo adicional. Ahora bien, la creciente cantidad de gentiles en medio de judíos creyentes estaba generando problemas prácticos al interior de la congregación, por ejemplo, se hacía dificil la mesa de comunión entre judíos celosos de sus disposiciones alimentarias levíticas y los gentiles, los cuales no tenían ningún tipo de restricción. Por otro lado, tampoco se veía con buenos ojos que miembros formados de por vida en la tradición judía cambiaran de un día para otro sus costumbres influidos por la libertad que traía aparejada la conversión gentil. Se temía la “pérdida” de las tradiciones hebreas por una iglesia cada vez más gentil y menos judía. 

 

Por estas razones se decretaron unos “mínimos” de cumplimiento en áreas claves, los cuales buscaron ordenar la interacción entre ambos grupos de hermanos. Se establecieron cuatro prohibiciones:

 

Contaminaciones de los ídolos. Alimentos ofrecidos a ídolos paganos y luego ofrecidos en las carnicerías a menor precio. Es una manera de alejar las posibilidades de idolatría.

 

Fornicación. Refiere a toda clase de impureza sexual, no solamente a relaciones sexuales fuera del matrimonio. En el contexto histórico era necesario hacer énfasis en este pecado debido a la práctica común de sexo ilícito en el marco de la adoración a los ídolos. En aquel tiempo las sacerdotisas de los templos eran prostitutas sagradas.

 

Abtención de ahogado y de sangre. Ambas restricciones implicaban leyes dietéticas (Lv 3:17, Dt 12:16, 23; 15:23). Jacobo las estableció como requisitos mínimos para el compañerismo.

 

Comisión de hermanos a Antioquía

 

El concilio también resolvió enviar de vuelta una comisión de hermanos a la iglesia de Antioquía, los que llevaron por escrito las resoluciones adoptadas. Para este propósito se eligió a Judas -de sobrenombre Barsabás- y a Silas, principales entre los hermanos de la iglesia de Jerusalén. El documento escrito contenía el siguiente texto: 

 

“Los apóstoles y los ancianos y los hermanos, a los hermanos de entre los gentiles que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia, salud. 

 

Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros, a los cuales no dimos orden, os han inquietado con palabras, perturbando vuestras almas, mandando circuncidaros y guardar la ley, nos ha parecido bien, habiendo llegado a un acuerdo, elegir varones y enviarlos a vosotros con nuestros amados Bernabé y Pablo, hombres que han expuesto su vida por el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Así que enviamos a Judas y a Silas, los cuales también de palabra os harán saber lo mismo. Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. 

 

Pasadlo bien.”

 

La carta resume los acontecimientos que dieron lugar al concilio y también incluye las resoluciones a las que llegó la asamblea después de la discusión y exposición. Se destaca tanto de Pablo como de Bernabé el valor que han tenido como predicadores de Cristo, teniendo plena disposición a dar sus vidas por el Señor. El denuedo fue siempre una característica del apóstol Pablo, recordemos que cuando fue presentado por primera vez a los apóstoles, Bernabé destacó de él “…cómo en Damasco había hablado valerosamente en el nombre de Jesús” (Hch 9:27). El “hablar valeroso en el nombre de Cristo” fue la credencial que autenticaba la conversión del apóstol y fue siempre un atributo característico de su persona.

 

Una vez recibida la carta en Antioquía, se alegraron mucho los hermanos por las palabras de consuelo recibidas. Además, los enviados desde Jerusalén también tenían la calidad de profetas, oficio que tenía una especial capacidad de consolar y confirmar a los hermanos en base a la Palabra. 

 

Una vez terminada la tarea por la cual fueron comisionados, los hermanos volvieron a Jerusalén, a excepción de Silas que “le pareció bien el quedarse allí”, en Antioquía, (Hch 15:34). 

 

Superada esta primera gran “crisis doctrinal”, Pablo y Bernabé continuaron en la iglesia de Antioquía con su ministerio, enseñando la Palabra de Dios y anunciando el evangelio con muchos otros (Hch 15:35).



[1] Craig S. Keener, Comentario del Contexto Cultural de la Biblia, Nuevo Testamento. Editorial Mundo Hispano, 2003, Colombia.

[2] F.F. Bruce, Libro de los Hechos, Colección Teología Contemporánea, CLIE, 2016, USA. Página 305. 

[3] Ibid, Página 306. 

[4] John MacArthur, Comentario del Nuevo Testamento: Hechos, Editorial Portavoz, USA, 1994. Pág. 382.

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